massobreloslunes: Besos que fueron y no fueron (II)

lunes, 2 de abril de 2012

Besos que fueron y no fueron (II)

A veces, cuando estoy como ahora enfrente del portátil pensando sobre qué escribir, me pongo a observar los objetos que me rodean. Lo que es una estrategia absurda, porque siempre son más o menos los mismos y no me dan muchas ideas. Los mismos libros sobre la estantería, los mismos pintaúñas tirados sobre la mesa, objetos variados que no están donde deberían (la sal de cocina, un martillo, la cámara de fotos); todos ellos sin mucho potencial para la evocación.

Llevo unos cuantos días, sin embargo, en que me fijo en el libro ilustrado que me compré hace unos meses, "Besos que fueron y no fueron". Me da por pensar en cierto tipo de besos que tienen cara y cruz, como las monedas. Los besos que primero no fueron y después fueron, o viceversa.

El beso que no fue: estamos sentados en un bar irlandés de la Malagueta, bebiendo Guinness. Charlamos mucho, como siempre; nos reímos, nos ponemos serios, nos metemos el uno con el otro. En un momento dado, él me pide un beso y yo me niego, no recuerdo exactamente por qué. Creo que llega a acercarse a mí, temeroso, y que yo le hago un principio de cobra mientras intento suavizarlo con una sonrisa.
El beso que fue: horas más tarde estamos en su casa, en la cocina, a oscuras. Sus padres ven la televisión en el salón y yo he entrado a beber agua antes de marcharme. Entonces le veo de pie frente a mí en la penumbra, clavándome los ojos oscuros y redondos, mortalmente serio, y le digo que nunca me ha parecido bien negar un beso, y nos besamos de una forma total, absolutamente absorta en el presente. Nunca fue un gran besador, pero esa vez es perfecta y redonda como una moneda brillante.

El beso que no fue: llevamos lo que parecen horas tumbados en este colchón. Deberíamos estar durmiendo hace rato, pero tenemos los ojos abiertos como platos en la oscuridad. Él me acaricia la oreja y la nuca con la punta de los dedos mientras me cuenta historias que se está inventando acerca de unos monstruos salvajes que viven en un jardín lejano. Entonces me doy la vuelta, le miro y sé que estoy poniendo cara de pena cuando se inclina hacia mí y yo suelto un "no puedo, no puedo", mortal de doloroso, casi heroico.
El beso que fue: meses más tarde, me ha acompañado a hacer la mudanza a mi casa nueva, y esta vez sí que puedo y además sí quiero. Pero se hace el remolón, como el niño que cuando ha conseguido un juguete ya no tiene interés por él, así que soy yo quien tiene que acercarse desde detrás literalmente de rodillas mientras él descansa tumbado en el sofá del salón. Miro fijamente a su cara del revés y recuerdo cuando de niña jugaba con mi hermano a tapar el resto de la cara, dejar sólo la boca e imaginar que la barbilla era la nariz, y la gracia que nos hacía aquel rostro invertido y siniestro. Se resiste un rato, hasta que al final se da la vuelta y me besa, y besa tan bien tan bien que lo único que tengo claro es que seguramente lo ha hecho demasiadas veces.

El beso que no fue: llevamos un siglo buscando por las callejuelas del centro un bar que él recuerda de su primera época universitaria. Si no está en esta calle nos vamos, en serio, me promete; al final está en esa calle, así que no nos vamos. Tomamos cerveza y hablamos sin parar; cuando estamos juntos nunca nos hace falta nadie. Entonces yo miro dentro de sus pestañas espesas y oscuras, a esos ojos que siempre le dije que eran del color del toblerone, y nos reímos, y seguro que tenemos las pupilas dilatadas. El caso es que le rodeo el cuello con las manos y tiro con energía, y él se resiste todavía con más energía, nos puede ver alguien, y yo persisto en el intento y al final me enfado un poco.
El beso que fue: delante de mi portal, me pide perdón. Me dice que debo entenderlo. Yo me meto las manos en los bolsillos, hundo la mirada, giro hacia dentro la punta de mis botas. Te queda muy bien esa falda, dice. Y me besa, no sin antes mirar a los dos lados de la calle como un cazador furtivo, y yo debería negarme, pero qué queréis que os diga; cuando se trata de los besos que me deben no sé guardar rencor.

Pienso en el karma de los besos. Parece como si te devolvieran un beso por cada uno que te niegan, o como si por cada uno que niegas tú hubiera luego alguien que te quita la boca. Me pregunto si habrá un espacio donde se quedan los no besos: ¿dónde están los besos que me debes? se pregunta el Rober en "A fuego". En una cajita, responde luego, y ahí me los imagino yo. Todos los besos que no fueron, porque éramos cobardes o estúpidos, porque pensábamos que tendríamos todo el tiempo del mundo para besarnos, porque nos dio miedo quedarnos demasiado rato enchufados al puerto USB de la boca del otro, no fuera a ser que absorbiera nuestros datos y nos dejara secos, fundidos. El problema del contacto verdadero es que uno tiene que abandonarse, y como en los relatos donde se sale del cuerpo, lo que da un miedo verdadero es la posibilidad de no ser capaz de entrar luego otra vez.

¿Dónde están los besos que me debes? Ojalá pudiera reclamártelos. Mandarte detrás al cobrador del frac y exigirlos; decirte que son míos, que me pertenecen. Pero sería mentira. En realidad esos besos son tuyos y se los regalarás a quien tú quieras. Y mientras yo estaré aquí, enrarecida, pensando en esa cajita hipotética donde el karma guarda todos los besos no dados que me pertenecen. Custodiándolos como los objetos robados en la comisaría. Negándomelos por una razón que no alcanzo a entender muy bien.

8 comentarios:

  1. ¿Dónde están los besos que me debes?
    ¿Quién lo sabrà Marina....?
    Bonito libro "Besos que fueron y no fueron", fruto de la pasión i gran imaginación de Roger y David, pero se dejaron de explicar estos.... los que "nos deben" todos esos "amores" que hemos vivido o sufrido a quienes hemos desado besar y deseado que nos besasen. Por cierto Roger Olmos es un gran escalador, sus grandes pasiones son la ilustración y la escalada.

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  2. Me ha gustado mucho esta imagen: "porque nos dio miedo quedarnos demasiado rato enchufados al puerto USB de la boca del otro, no fuera a ser que absorbiera nuestros datos y nos dejara secos, fundidos".

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  3. Un amigo solía decirme que los besos robados eran los besos más intensos a probar. A mi amigo le fascinaba la aventura, los besos no consentidos le disparaban la adrenalina porque se exponía a que le cruzaran la cara. Por eso los besos le sabían mejor. Hoy, al leerte, he recordado eso. Y la de besos que me he perdido yo por intentar protegerme (no se de qué) por esperar el momento adecuado…

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  4. Marina, me han emocionado todos esos besos: dados, no dados, deseados, no deseados, deseados y no recibidos, recibidos y no deseados.Yo te añadiría los besos soñados. No hace mucho soñé que, por fin, un chico por el que yo bebía los vientos a mis 18, me besaba. Así que ya sabes lo que dice el dicho, nunca es tarde...
    Ahí te dejo mi regalito en agradecimiento a tus bellos besos,
    Marta C.

    http://www.youtube.com/watch?v=durIMfjpA2I

    Tu beso tembloroso y programa doble de cinco pesetas
    en el momento justo nos enchufaban con la linterna
    cuantos atardeceres por las callejas sin darse tregua
    que distintos los besos cuando pasabas de ir a la escuela...


    Del beso aquel de judas que descubrimos sin darnos cuenta
    junto a dos corazones atravesados por una flecha
    cuando tire su anillo el agua del rio se volvio negra
    de esto hace ya treinta y cinco y jamas he vuelto a pisar su acera.


    A donde iran los besos que guardamos,que no damos
    donde se va ese abrazo si no llegas nunca a darlo
    donde iran tantas cosas que juramos un verano
    bailando con la orquesta prometimos no olvidarnos

    Y el beso que te llega en aquella carta que nunca esperabas
    como no esta firmada miras distinto a las compañeras
    todo el frances que supe que sabre nunca fue culpa de ella
    le llamaban B.B y no la vi en "babette se fue a la guerra"

    A donde iran los besos...

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  5. Leer esto 18 horas después d que te nieguen uno importante... Je, alguien tiene x delante una noche de bucle de Extremoduro. Si es que siempre será mejor pedir perdón que permiso.

    Aunque no sé si prefiero cobrármelo cualquier día de estos, o empezar a quitármelo de las cabeza y con ello un peso de encima. Y sólo por lo original de las circunstancias se mitiga.

    Saludos nipones...

    J

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  6. Y los que nunca son porque pensabas que no era eso, ¿a dónde van?

    Apuf! Nivel de melancolía +1000.

    :*

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  7. Wilk: Qué guay que conozcas el libro y sepas de los ilustradores... un detalle que Roger escale, seguro que le inspira. Me gustan mucho las ilustraciones de cuentos infantiles; me ayudan a seguir soñando.

    Francesca: Si te soy sincera, lo del USB se lo leía parecido a Toni, el de Moriría por Ella... sorry por tomar prestada la imagen, espero que no se me enfade :D Pero es chula, ¿verdad?

    Marta C: Qué gracia, porque justo esta noche he soñado yo también con besos :) Gracias por el vídeo!

    J., el lurker: ¿Saludos nipones? ¿Por Japón andas? ¿Siendo rechazado por alguna japonesa cruel? Sobre lo de cobrártelo o quitártelo de la cabeza... yo últimamente he optado por creer que sólo merecen la pena los besos que nos dan con ganas, sin obligación, con deseo. Ánimo en la originalidad de tus circunstancias.

    Marta (Galicia): Creo que no he entendido bien el concepto :S Pero irán donde todos: a la enorme burbuja del karma.

    Abrazos a tutiplén. Y besos, por supuesto.

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  8. Muy interesante la imagen de la boca y el usb. Por cierto que eso de "que igual nos ve alguien"... jeje.

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