massobreloslunes: El Scherezadismo sentimental

domingo, 1 de abril de 2012

El Scherezadismo sentimental

Me llama mi padre mientras estoy comprándome un libro en Plastilina, una papelería-librería de la Avenida que por casualidad está abierta hoy domingo a las casi dos y media de la tarde.
- ¿Qué haces, pitufa?
- Aquí estoy, comprándome un libro.
- ¿Y eso?
- No sé, no tenía nada para leer, he visto la papelería abierta y he entrado.
- ¿Qué te has comprado?
- Lo último de Paul Auster.

En efecto; a pesar de decir hace poco que creo que PA está gagá, la señora de la tienda me estaba presionando porque iban a cerrar y he acabado apostando por él. Que quizá pueda defraudarme, pero seguro que no mucho-mucho.

Con los libros, me dice mi padre, pasa como con la droga: cuando la necesitas te llevas lo que te ofrecen. También dice que él no se va a comprar lo último de PA porque desde que se está haciendo viejo le deprime mucho. Le entiendo cuando abro el libro tirada en el sofá de mi casa y leo la primera frase: "Piensas que nunca te va a pasar, imposible que te suceda a ti, que eres la única persona en el mundo a quien jamás ocurrirán esas cosas, y entonces, una por una, empiezan a pasarte todas, igual que le suceden a cualquier otro".

Ahí está: la vejez resumida por Paul Auster en cuatro frases escasas. Imagino que a mi padre le tiene que sonar demasiado. Imagino que a lo mejor para mí, desde mis veintiséis años femeninos y sólo moderadamente destruidos, es más sencillo tolerar que un señor te hable con crudeza de lo que significa hacerse viejo.

"Sin duda eres una persona precaria y dolida, un hombre que lleva una herida en su interior desde el principio mismo (¿por qué, si no, te has pasado toda tu vida adulta vertiendo palabras como sangre en una hoja de papel?)." Precaria y dolida; me parecen dos adjetivos bien escogidos, muy precisos. Sé lo que es sentirse así. He pasado el fin de semana escribiendo, más o menos; tengo que pillar continuidad literaria, aguantarle el pulso a mi libro y ser capaz de pasar más tiempo sentada frente al escritorio sin abrir en Facebook, pero no me quejo. No sé si escribir está correlacionado con ser una persona precaria y dolida. Intento que no lo esté, pero yo misma he dicho varias veces eso de estar roto en un sentido básico de la palabra.

Me he atascado. Estoy cansada y tengo ganas de meterme en la cama. Pienso en lo que me comentó ayer el señor M.: algo como que cuando me lee es como si le estuviera hablando. Me ha gustado tanto la frase que la he apuntado en una de mis recién adquiridas fichas para ideas literarias. No sé por qué: me ha resultado un elogio encubierto. Es bonita la idea de que alguien te hable despacio todas las noches. A veces, no sé si lo sabéis, me siento como Scherezade, la de las Mil y una Noches. Siempre me gustó ese personaje, narrando sin parar un día detrás de otro para salvar la vida. Aunque siempre he creído que salvar la vida era un beneficio secundario; que lo que de verdad quería ella era mantener a su audiencia.

Últimamente siento que estoy perdiendo fuelle. Al mismo tiempo, siento que debo seguir escribiendo a diario. Es la única forma de que de vez en cuando salgan cosas bonitas, en medio de mareas y mareas de autocompasión y vueltas sobre los mismos temas. Lo veo a menudo en los blogs ajenos: una dice "ya está otra vez con lo mismo", y de repente sorprende un trozo de emoción reluciente, de los que te hace pensar: oye, pues la vida mola si uno tiene la oportunidad de sentir esto. Así que sigo escribiendo, a pesar de sentir esa pérdida de fuelle, o de chispa, llámalo X. No sé si vosotros lo notáis, pero bueno; aquí estaré. Aunque a veces relea los post y me produzcan sólo un encogimiento indiferente de hombros. Aunque nadie vaya a cortarme la cabeza a la salida del sol.

5 comentarios:

  1. Hola, Marina, me llamo Marta, como otra de tus seguidoras, así que firmaré Marta C.a partir de ahora para evitar confusiones. Solo hace dos o tres días que te sigo y me gustan mucho tus textos, como te decía alguien, parece que reflexiones en voz alta. En esta última reflexión parece que ya a tus 26 te dé miedo pensar en la vejez.¡tienes toooda una vida por delante, Marina! no pienses en eso. El deterioro del cuerpo es inexorable, a todos no ha de llegar, pero si yo llegara a la edad de Paul Auster habiendo dejado tras de mí tantas palabras, tantas historias y tantos personajes maravillosos como él, me iría muy satisfecha donde quiera que vayamos después del final. Yo, que te doblo la edad, he descubierto el placer de escribir hace poco y poco podré ya dejar escrito. Pero piensa en todos los años que te quedan a tí para seguir regalándonos esas reflexiones en voz alta a los que te seguimos. No pares, no pares, Marina, sigue que aquí estamos escuchándote.
    Muchos besos,
    Marta C.

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  2. ¡Hola!

    Gracias por tus ánimos/elogios :) No sé si no me he explicado bien, pero en realidad pensar en la vejez ahora mismo no me preocupa nada. Sólo a efectos de poder escalar sin lesionarme xD Es lo que digo en el post: que entiendo que a mi padre le dé rollo, porque es mayor y se puede identificar con las palabras de Paul Auster, pero que como yo me veo aún lejos de esa etapa, puedo leer su libro sin ponerme triste.

    Pero vamos, que gracias por tu visión!!

    Un abrazo y escribe tú también, que si te pones a ello es muchísimo lo que te queda por hacer.

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  3. Lo del “No pares, no pares Marina” que he leído de soslayo en el comentario de arriba me ha hecho gracia…xD
    Aunque tenga reminiscencias a libros de autoayuda literaria, sí, es lo mejor, seguir, seguir, seguir, y de vez en cuando, o de vez en mucho, rescatar las joyas que el inconsciente va plantando.
    Todos son elogios, encubiertos o no, usted es mi idilio a distancia favorito.
    Besos guapa.

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  4. Sólo comentaba para decir que pitufa me parece una palabra adorable.

    :*

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  5. Escribir de forma que parezca que hablas no es precisamente moco de pavo.
    Creo que yo voy a hacer como tu padre y voy a dejar al señor Auster en la librería, que eso que dice ya lo siento todos los días y no quiero que nadie me haga pensar en ello todavía más tiempo. Sí, soy unos años mayor que tú :)
    Finalmente, sí que noto (me estoy leyendo todos los posts tuyos pendientes de golpe, así que no he leído tus producciones recientes aún) un cierto cansancio, pero asociado a que estás menos animada que de costumbre. Seguramente será la astenia primaveral, que es mortífera.

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