massobreloslunes: Más sobre la crisis

lunes, 30 de abril de 2012

Más sobre la crisis

En mi escala del dormir, que últimamente va del medio qué al fatal, anoche dormí muy pero muy fatal. Como un bebé: me despertaba llorando cada dos horas. Lo del llorar es un decir, pero sí que me removía en la cama mientras me quejaba bajito de lo mucho que me dolía el cuerpo. Ascazo de sueño fragmentado.

Esto, unido a que hoy me gusta ser mujer, ha hecho que llegue al trabajo en un estado entre agotado y perplejo. Las dos primeras horas de mi curro te las puedes pasar en modo zombi: primero se da el cambio de guardia, luego se desayuna con calma y después es la reunión con enfermería, algo así como el resumen diario del Gran Hermano, donde te cuentan cosas como "Fulanito amenaza a un auxiliar con un cepillo de dientes" o "Menganito se queja de estreñimiento, por lo que se le proporciona un laxante, que es efectivo".

El tema es que cuando una tiene la mañana poco inspirada parece que los demás se lo huelen. Así que una adjunta se ha pasado todo el desayuno intentando hablar conmigo de la crisis, que es un tema que me aberra hasta la estratosfera. Me agobio, me siento impotente e indefensa y empiezo a pensar que no tengo futuro y que tendré que alimentarme de patatas con tomate frito el resto de mi vida. Y creedme: cuando una ha aprendido tanto sobre el omega 3 como yo en el último año, la perspectiva es bastante chunga.

Me gustaría hablar de la crisis si supiera qué puedo hacer yo para ayudar a solucionarla, más de lo que hago ahora mismo (trabajar, pagar mis impuestos, intentar que mis pacientes mejoren para que a su vez puedan trabajar y pagar sus impuestos). Yo soy de tipo proactivo. Si tengo un problema, busco soluciones  y las pongo en práctica. Más o menos. Esto de que me recorten la vida desde un estrado sin saber cómo decir esta boca es mía me agobia tela.

Sin embargo, a nivel individual y pequeñito me estoy replanteando algunas cosas. Querría aprovechar la situación para reubicar mis prioridades. A ratos me parece que lo que estamos haciendo en esta crisis es intentar vivir de la forma más parecida posible a como vivíamos antes, agachando la cabeza, aguantando el tirón y rezando para que de alguna manera esto se recupere. Cuando a lo mejor lo de antes no era lo deseable. Lo de comprar y tirar y comprar y tirar, y pedir créditos para seguir comprando, y construir y comprar y vender y seguir comprando. A lo mejor no era lo más feliz del mundo.

La gente se queja del precio de la gasolina y, sin embargo, si uno mira los coches que cruzan la Avenida por la mañana la mayoría va con una sola persona al volante. A mí me gustaría que de esta crisis saliera una voluntad por, por ejemplo, coordinarse con los compañeros para compartir gastos al ir al trabajo. Pero ya sabéis: depender de otros, tener que esperar o que te esperen, ¡ponerse de acuerdo! Dónde vas a parar. Mejor decido a qué hora pongo yo en marcha mis nosecuántas toneladas de metal quemapetróleo para dirigirme al curro. Y como eso un poco todo.

Yo últimamente intento simplificar y ser austera en el buen sentido. Pensar bien lo que compro y para qué lo compro. No por ahorrar, que también, sino porque ese efecto Corte Inglés del consumismo capitalista de que existe un objeto para cada una de nuestras necesidades me parece perverso. Intento ejercitarme en necesitar poco, quizá también porque me tranquiliza pensar que es mucho lo que pueden quitarme antes de empezar a afectarme de verdad. Por otra parte, me da rabia la sensación que os comentaba hace un tiempo de que todo esto no es culpa mía y que estoy pagando las consecuencias, y que en cualquier caso yo las estoy pagando baratas mientras otros las pasan putas de verdad.

Qué sé yo. Procuro ver las cosas no ya por el lado bueno, sino por el lado didáctico. A ver si aprendo algo. Desde que mi economía personal se fue parcialmente al carajo hace unas semanas, mi coco está más limpio. He dejado de hacer malabares con mis ahorros porque ya no tengo ahorros. Me voy a compartir piso y, por el camino, me pienso limpiar de algunos lujos físicos y mentales a los que me estaba acostumbrando demasiado. No quiero ser una individualista maniática y autocomplaciente. Me apetece más charlar mientras ceno con alguien.

Y mientras todo esto pasa, o no, yo sigo dándole vueltas a cómo quiero vivir mi vida en un futuro. Y me gusta imaginármela incluso más simple que esto. En contacto con la naturaleza, cerca del silencio, ocupada de cosas sencillas y más o menos reales. Por otra parte, me gustan mis locos y mis cosas. En fin. Quién sabe hacia dónde nos lleva este barco colectivo y raro de la existencia humana.

(Nota: yo sé que mis reflexiones socioeconómicas son bastante cutres, pero es a lo más que llego. Y porque me obligan, que yo por mí entraba en modo avestruz y no salía más que para escalar)

5 comentarios:

  1. [...]sino porque ese efecto Corte Inglés del consumismo capitalista de que existe un objeto para cada una de nuestras necesidades me parece perverso

    ¿Te imaginas un paciente que dijera que este "consumismo capitalista" por el que para dolencia mental y física existe un especialista y muchos medicamentos que pueden ayudarle es "perverso"?

    ¿Te imaginas un enamorado del teatro que se quejara de la asquerosa o perversa oferta de teatro que hay en la capital de España?

    Existe el consumo sanitario (igual de capitalista que cualquier otro) y existe el consumo de vivienda, y el de viajes y el de comida y el de entretenimiento y el de productos electrónicos (tu Ipod, por ejemplo).

    Otra cosa es que a ti subjetivamente te parezca que un tipo de consumo es más moral, ético, razonable, etc. Pero lo bueno es que puedes elegir y todos podemos elegir.

    Este capitalismo tan perverso hace que tengas un rango de opciones (nadie te obliga) muy amplio sobre el que elegir. Tú luego puedes decidir qué te interesa o no te interesa o si prefieres donar tu capacidad de consumo al prójimo.
    Pero no creo que las opciones sean nunca malas. En todo caso, pueden ser gestionadas mejor o peor.

    Nota: es muy de culturetas denigrar la riqueza y el dinero(lo has escrito tú en otro lado). También es igualmente habitual denigrar el consumo y las opciones que nos proporciona el libre mercado y el capitalismo.

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  2. Te contestaría explicándote con más detalle mi postura, pero tu mensaje me ha parecido bastante agresivo y con escasa voluntad de llegar a un entendimiento, así que no voy a hacerlo porque no me da la sensación de que vaya a servir para nada.

    Minimalismo mental.

    Un saludo :)

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  3. Lamento que lo hayas interpretado así. No era mi intención hacerte sentir mal. Creo que el mensaje es lo que la otra persona siente y entiende, no lo que yo quiero decir, así que asumo mi responsabilidad.

    Solo pretendía ilustrar de manera rápida y con lenguaje directo lo que pienso sobre determinados lugares comunes como lo de "consumismo capitalista" o "el dinero es malo".

    Por supuesto, no es nada personal (personalmente malo); porque si no me gustaras, no leería tu blog ni me molestaría en escribir comentarios.
    Un saludo (algo triste).

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  4. Ok, disculpas aceptadas.

    Respondiendo a tu primer mensaje: lo que me parece perverso del sistema capitalista es la forma en que está configurando nuestra relación con otros aspectos de nuestra realidad que no pueden someterse a su lógica. En ese sentido, la variedad y la adaptabilidad de opciones, el interés máximo por la comodidad y el confort o el poder para tirar o reemplazar los objetos y experiencias que no nos satisfacen son características del sistema económico que no pueden extrapolarse a la vida real. No podemos cambiar o manipular a nuestro antojo los sentimientos o los estados mentales. No podemos reemplazar a la gente cuando nos hartamos de ella. Creo que la creencia de que sí podemos, y cómo estamos actuando de acuerdo a esa creencia, tiene mucho que ver con el sufrimiento de la gente a la que veo.

    Mi hipótesis es que la incapacidad de muchas personas para asumir y tolerar cierta cantidad de molestias cotidianas o para aceptar que a veces la vida es así tiene que ver con eso. Es una hipótesis que se maneja sobre todo en terapias de tercera generación, como la terapia de Aceptación y Compromiso, y que resuena mucho conmigo.

    Curiosamente, respecto al primer ejemplo que has puesto: sí, a veces creo que tener un especialista y un fármaco para cada síntoma puede ser negativo a largo plazo, porque se parchea la salud física de las personas sin que se hagan responsables de ella. Te lo digo como residente que ha estado rotando en atención primaria y viendo todos los días a pacientes pluripatológicos y polimedicados con diez o quince pastillas y un protector de estómago.

    Está claro que los cambios tienen que empezar de nuestra forma de entender y gestionar nuestra vida y opciones. No creo que un sistema más simple o menos basado en el consumo o el capitalismo impuesto desde arriba sirviera de nada sin abordar nuestra propia actitud hacia el deseo, la aversión o el apego. Pero creo que no está de más tener en la cabeza que hay un montón de gente a la que le pagan para que no dejemos nunca de sentirnos insatisfechos, y que mantener un espíritu crítico hacia ese hecho, protegernos de sus consecuencias nocivas y darnos cuenta de que no toda la realidad se pliega a sus leyes es necesario y bastante sano.

    Espero haberme explicado.

    Por cierto: no estoy de acuerdo con que no te molestarías en leerme o comentarme si no te gustara, porque sé que hay quien encuentra cierto placer en tratar de mostrar a los demás sus errores. Me alegro de que ese no sea tu caso y espero que no haya más malentendidos.

    Un abrazo.

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  5. Yo encuentro bastante placer en mostrar a la gente sus errores. Pero no leo más de uno o dos artículos de nadie si me disgusta o si creo que no me puede aportar algo.
    A ti te he leído ya un par de decenas.
    Conclusión: O no me disgustas o creo que puedes aportar algo o ambas cosas.

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