massobreloslunes: Norte

martes, 21 de agosto de 2012

Norte

Jo. Alguien debería decirte lo mona que eres mientras aún eres mona.


De vuelta en Cádiz. Entro por la puerta del ZAL* después de un viaje en coche lento y ahorrativo y me sorprende el orden. ¿Estaré mutando a una adulta responsable que recoge su casa antes de marchar de viaje? ¿Se deberá todo a la autolimpiabilidad del Zulo? Me resulta extraño y genial estar otra vez aquí, que todas estas cosas sean mías y que nadie vaya a venir a interrumpirme. Recupero despacio a la Marina adulta a la que últimamente llaman "señora" por defecto.

Ahora estoy sentada con el aire acondicionado a tope, un par de velas encendidas y una botella de Comportillo a medias sobre el escritorio, así que reina un cierto ambiente satánico-alcohólico la mar de estimulante. ¿Por qué el vino? Pues por qué no, digo yo. Sobre todo, teniendo en cuenta que me he puesto perdida asesinando el corcho con un cuchillo porque tengo el sacacorhcos en la furgo. No me apetece escribir sobre nada porque estoy demasiado distraida con el SSHP; quiero coger ya el coche y tirar millas. El norte (El Norte) siempre ha tenido para mí una cualidad mágica. Lo conocí con los scouts, y nunca olvidaré la primera vez que viajamos a Asturias y amanecí en el autobús observando incrédula los prados a través de la ventanilla. Era como un anuncio de Central Lechera Asturiana. Mi infancia de niña andaluza que no tiene zapatos impermeables y asume el sol como una presencia segura se veía sacudida una vez al año por esos viajes al territorio del verde, de las vacas, de la gente que preguntaba de dónde éramos en cuanto nos escuchaba el acento.

No sé si sería capaz de vivir en El Norte o, si me apuras, en cualquier sitio de Despeñaperros hacia arriba. Quiero creer que sí: me calzaría las botas de Gore-Tex de modo permanente y me dedicaría a olfatear los prados y a patear las montañas. ¿Os he contado que la primera vez que besé a un chico fue en Asturias? Habíamos terminado la ruta del Cares y cnocí a un madrileño con los ojos azules y un colmillo torcido, que me eligió de entre todas mis amigas para darnos el lotazo sobre una caseta de electricidad. Se escuchaba el sonido del río y nos chocaban los dientes al besarnos, y me toqueteó con cierta gracia el broche de mi sujetador simbólico.

A pesar de que me confieso adicta a la sobredosis de luz gaditana, a los asombrosos matojos que resisten a la sequía y a las grandes planicies inundadas de agua, creo que necesito mi ración anual de Norte. Llego allí y doy palmitas entusiasmada observando los ríos, las extensiones de verde y la sensación de que hay algo por encima de ti: una naturaleza más impredecible y poderosa que la que tenemos aquí abajo.

Cuando viajamos a Cantabria hace unos años, J. y yo quisimos hacer una ruta a pie por el parque natural de Saja-Besaya. A J. el campo se la pela mortal, pero yo ya entonces echaba de menos el pateo y el olor a hierba, así que nos plantamos nuestras botas, metimos unas cuantas barras de muesli en la mochila y empezamos a caminar. No sé cómo nos pasamos el comienzo de la senda que marcaba la verdadera ruta, pero a medida que subíamos y cada vez había más vacas, más niebla y menos árboles, los dos empezamos a inquietarnos un poco. A las malas volvemos por donde hemos venido, decía yo. Nos dimos la vuelta, de hecho, y cuando nos quedaba poco para llegar al coche nos topamos con el comienzo de la senda correcta. Diez kilómetros, ponía. Eso se hace en dos horas largas, calculé muy puesta, así que todavía nos da tiempo.

De aquel paseo recuerdo cierto ambiente de proyecto de la bruja de Blair a medida que el sendero se internaba entre los árboles y la tarde caía despacio en medio de la niebla. No es que tuviera miedo-miedo, porque el camino estaba bastante claro y la opción de volver siempre permanecía pero, a medida que caminábamos más y más, cada vez me parecía más terrible tener que dar la vuelta, y la idea de la noche cayendo sobre nuestros cuerpos poco protegidos me asustaba. A veces teníamos que apartarnos del sendero porque estaba lleno de vacas o de caballos, y de vez en cuando algún animal salvaje de cuyo nombre no puedo acordarme (¿venados? ¿corzos?) cruzaba veloz el camino entre nuestros "ahs" asombrados.

Al final llegamos a una casa donde un mastín cántabro de 90 kilos casi nos asesina. De aquella excursión, que no fue nada del otro mundo, se me quedó esa inquietud de no controlar del todo lo que te rodea y de darte cuenta de lo lejos que estás de lo conocido. También me admiró la forma en que J. se tragó su miedo para cogerme de la mano y decirme que estuviera tranquila, que no iba a pasar nada.

Pensaba explicar con más detalle mis planes sobre el SSHP, pero creo que lo voy a ir contando a medida que suceda. Así es más emocionante. Sobre los preparativos diré que están siendo más bien cutres. Esta tarde la he pasado nadando en la piscina de Cortadura y dando vueltas desconcertada por el Carrefour, tratando de recordar qué coño había ido yo a comprar allí. Me planteo si ingresar mi hucha de monedas de dos euros o acarrearla conmigo en la furgo como reserva de emergencia. He de comprarme unos pies de gato nuevos en algún punto de la ruta, ya que los míos han decidido quedarse sin puntera, así que busco por internet compañeros de coche para ahorrar en gasolina y poder gastar en material de montaña. Todo un poco anárquico, francamente.

De momento, anticipo que la primera parada es el barrio de Chamberí y la casa de la PK. Pocas formas mejores se me ocurren para empezar un viaje que pasando una noche con una de mis personas favoritas. Beberemos vino, comeremos algo con rúcula y nos echaremos fluflú de agua fría a media noche para aguantar el calor madrileño. Hablaremos, nos reiremos y nos resarciremos de la extrañeza física de pasar tanto tiempo sin vernos. El jueves saldré a una hora indeterminada camino de Jaca, en el Pirineo aragonés. Digo Pirineo y me da saltitos el estómago, verídico. Y todo esto sucederá con el portátil a cuestas y una batería auxiliar para la furgo que me pienso agenciar mañana en el Leroy Merlin. Porque ya sabéis que mi vida pierde mucho la gracia si no os la cuento a vosotros.

Tengo la tecla suelta a fuerza de Comportillo, así que lo voy a dejar mientras decido de la forma más objetiva posible si debería o no bajar a la calle a por un helado de Donetes. Mañana vagaré sin rumbo por otro par de establecimientos y acabaré por tirar millas con un equipaje precario encomendándome a San Cristóbal (patrón de los viajes) y a Santa Rita (patrona de los imposibles). Preparar equipajes nunca fue lo mío. Casi que prefiero ir llenándolos con lo que encuentre por el camino.

*ZAL: Zulo AutoLimpiable. Zulo porque es pequeño, AutoLimpiable porque me lo limpia una señora. Marina: pensando en los lectores despistados desde 1985.


8 comentarios:

  1. Marina si vas por Jaca i no tienes alojamiento previsto (qué supongo que lo tendrás) mira el camping que hay en una aldea muy pequeña cerca de Jaca que se llama Anzánigo. Esta en medio de un valle del río Ánzanigo. El camping es cutrillo, es de ambiento motard peró és muy barato y el ambiente es muy bueno. El link http://www.anzanigo.com/inicio.html
    Cerca tienes muchos lugares para hacer escalada. A este sitio intento ir simepre que puedo cuando salgo de escapada meditativa de ruta en la moto. Está "in the middle of nowhere", si te coges la media pensión se cena todos juntos a las 21:30h en el comedor así cada dia conoces gente diferente y de todos los sitios y edades.

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  2. Se me escapan las "i" y me dejo tildes por el camino..... perdón ;-)

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  3. Pobre de ti si pretendes pegar ojo en Chamberí mañana... Las horas de este comentario atestiguan que no hay quien pueda. Por otra parte, qué extraña la idea de que te materialices a metros de mi casa, uno se imagina a la gente que lee por Internet un punto... incorpórea, o algo.

    BTW, porque no te cuadrarán los horarios, pero si no, y a riesgo de que estén cerradas en Agosto, tendrías cienes y cienes de tiendas de escalada por la zona del rastro donde babear ante equipo (bueno, dieces más que cienes, pero aún así). Para tu información...

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  4. Qué foto más bucólica! :) Y qué bien suenan tus planes!

    A mí me pasa al revés, que no sé si me gustaría vivir algo más al sur del norte de Portugal :p La niñez, que supongo que lo condiciona casi todo!

    Un besote!

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  5. ¡Jisakiel, no sé por qué calle de este entramado vivirás tú, pero yo (Pk), a tres pisos de altura duermo en relativo silencio y tranquilidad!
    Marini, te espero con con calor y fluflú a partes iguales.

    Besitos
    Marta

    pd. A mi también me han empezado a llamar señora por defecto, y me preocupa.

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  6. Enfrente más o menos del Icade, xo no en Alberto Aguilera... Yo tb vivo en un tercero, aunque con el patio de vecinos bastante ruidoso, o será que soy muy fisno yo aunque ande medio sordo... Entre el perrito abandonado de los cojines (del dueño), la maruja telefónica ocasional y la tele a todo trapo hasta la 1 me están volviendo psicopático perdido... pero decía más bien por el maldito calor, anoche a esas horas pasaban los 30°C.

    Y sí, que te traten de vd es una jodienda xd. Crío d las narices, que llevo bambas y camisetas, coño!

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  7. Jaca y alrededores son siempre una buena idea! Pásalo genial! (y espero que al final bajaras a comprar helado de donetes, esas cosas no hay que perdonarlas nunca :P)

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