massobreloslunes: Que veinte años no es nada: mi no-carrera literaria

domingo, 18 de noviembre de 2012

Que veinte años no es nada: mi no-carrera literaria

Pensaba el otro día en mis méritos como escritora porque tengo algunos proyectos relacionados con ese tema. Voy a empezar a hacer coaching literario con un lector, que es algo que básicamente me he inventado y que consiste en un taller individualizado vía Internet. Además, quiero organizar unos talleres de escritura terapéutica o psicoescritura con César, el amigo con el que di las clases cuando vivía en Granada.

Cuando doy vueltas a todos esos proyectos y a lo que se me ocurren por el camino, me entra la inseguridad. Escribir no es una carrera. Nadie me va a dar un título. Si los veinte años que llevo escribiendo los hubiera empleado en aprender a tocar un instrumento, podría ser concertista. En cambio, aquí estoy: intentando dominar una destreza cuyo secreto último muchas veces se me escapa.

Para huir de la paranoia, visualizo mi currículum de escritora, que está hecho ni más ni menos que de todas las imágenes de mí enfrente de un cuaderno o de una pantalla.

Siete años. Escribo sobre gemelas que quieren irse a Hawaii de viaje con un estilo copiado de Enid Blython. Creo que hasta tenían nombres ingleses. Cuando era pequeña estaba obsesionada con tener una hermana gemela: creo que es por mi ego gigantesco, que quería otra como yo.

Ocho años. Intercambio cartas con mi primera mejor amiga, Marta Arcas, que se quedó en Córdoba cuando yo tuve que mudarme a Málaga con mis padres. Escribo frases como: "he decidido ser santa; qué pena que tú no estés aquí para que podamos serlo juntas". Vale, admito que seguramente con esa edad todavía no utilizaba el punto y coma.

Nueve años. Llevo dos diarios: uno normal y otro llamado "Impresiones". Creo que "Impresiones" fue mi primer blog. Cuando mi padre lo vio, me dijo que él iba a empezar otro sobre problemas financieros llamado "Presiones".

Diez años. Me carteo con mi amiga Elsa, que está pasando un año en Irlanda. Planeo estrategias secretas para que deje de ser amiga de mi archienemiga María. Se enteran y se enfadan un poco; lógico. En la escritura y en la bondad aún me queda mucho camino por recorrer.

Once años. Sigo con los diarios (y eso que todavía no conozco a Ana Frank). Escribo sobre la boda de la Infanta Elena y todavía estoy empeñada en ser santa. Seguramente sea la única niña del mundo que se tomó en serio su comunión.

Doce años. Quedo tercera en mi primer concurso literario con un cuento sobre una historia de unas niñas que fundaban un club secreto y abrían un túnel que les llevaba a la India colonial. Verídico. Mi archienemiga María queda primera.

Trece años. Quedo también tercera en el Concurso de Redacción de Coca-Cola. Señor K., ahí va un estado de Facebook para ud.: el tercerismo sentimental.

Catorce años. Sigo escribiendo cuentos que nunca termino. Uno se llama "La vieja tienda de las curiosidades". No quería plagiar a Dickens; es que hay una tienda en Málaga que se llama así. Hablando de plagios: escribo un cuento titulado "La buscadora de conchas" y mi padre me dice que tenga cuidado para que no me denuncie Rosamunde Pilcher. Qué adorable.

Quince años. Intercambio salvaje de cartas con la PK y otras amigas de clase. Son cartas escritas con bolis de colores y un montón de dibujos absurdos que todavía hoy me hacen reír. La PK escribió una en tinta amarillo fluorescente en la que el primer párrafo estaba destinado a burlarse de mí porque iba a quedarme ciega. Entro en parálisis creativa en lo que a ficción se refiere. Me escribo mi primera carta a mí misma para cuando tenga veinticinco.

Dieciséis años. Descubro "El gozo de escribir". Se termina mi parálisis creativa y escribo decenas de hojas de ordenador sobre un montón de temas. Gano un concurso del colegio con un cuento muy cursi llamado "Ojos de lluvia".

Diecisiete años. Me apunto a mi primer taller literario. Soy con diferencia la más joven, pero creo sin ánimo de presumir que, proporcionalmente a mi edad, soy la que mejor escribe. Escribo un cuento llamado "Invisibles" sobre el divorcio de mis padres y por qué estoy emocionalmente tarada y empiezo a aprender sobre los peligros de la ficción y la realidad. Gano otra vez el concurso del colegio con un relato minimalista llamado "Qué tal ayer" parcialmente basado en MQEN, cuando yo le amaba y él pasaba de mí. Empiezo mi vergonzosa novela Física o Química.

Dieciocho años. Me mudo a Barcelona. Lleno varios cuadernos en mis tardes solitarias en la biblioteca de la facultad. Escribo temas en papelitos y voy llenando una caja que guardo en mi habitación. Pruebo lo de escribir en bares, pero nunca dejo de sentirme rara. Le presto "El gozo de escribir" a mi amiga Ana la Loca 1*, y cuando lo termina nos juntamos a escribir los jueves por la noche mientras la gente de la facultad se va de fiesta.

Diecinueve años. Escribo en Zulito con la luz encendida por la falta de iluminación natural. Redacto párrafos muy largos y muy deprimentes sobre lo sola que me siento y lo poco que entiendo que todo el mundo encaje en la facultad menos yo. Al menos, MQEN ya me ama, así que le escribo a él.

Veinte años: Me escribo mi segunda carta para el futuro, la "carta para los treinta". Describo detalladamente la primera noche que paso con J. y él la lee en mi casa con los ojos llorosos, justo antes de decirme que no vamos a volver a vernos más. Escribo post sugerentes para que él los lea. Escribo escenas de nuestro supuesto futuro juntos en las noches que paso sola en mi piso de Camino de Ronda. Vamos juntos al taller de César y nos besamos como idiotas en el ascensor que sube.

Veintiún años: sigo en el taller de César y le corrijo las comas de los apuntes. Él me odia y ama por ello al mismo tiempo. Intento inspirar a J. con alegorías ingenuas. Hago mi primera lectura en público en el Anaïs, con un cuento minimalista llamado "Fantasmas", pero la vida literaria, en realidad, me importa un carajo. Participo en varios concursos y no gano ninguno.

Veintidós años: publico mi primer minilibrito en el Anaïs, "Mi fea preciosa", y cuando termino de leerlo Cesar me pregunta si he traído algo más. Yo me encojo de hombros y digo que no. La autopromoción nunca ha sido lo mío. Intercambio mails con J. Sigo con el blog.

Veintitrés años: escribo en casa de Marco cuando todavía no había aprendido a identificar el desinterés poscoital de ciertos hombres y pensaba que unas palabras mías bastarían para sanarles. Leo en voz alta en castellano, aunque él no lo hable, y me abraza en silencio cuando termino; ahora pienso que probablemente quería que me largara ya de su casa, pero le daba cosa decírmelo.

Veinticuatro años: empiezo a impartir talleres. Mis alumnos me idolatran, y ni siquiera les importa que no haya publicado nada jamás y que sea, como dice el Señor K., un fracaso temprano. Me lo paso estupendamente organizando maratones de escritura y rondas de historias a la luz de las velas. Retomo mi vergonzosa novela Física o Química. Escribo a mano sobre J. en cuadernos de rayas.

Veinticinco años: dejo de escribir en el blog porque tengo que estudiar para el PIR. Abro otro blog sobre el PIR con artículos muy frikis donde el nombre en clave de J. es Mazinger. Me hago un pequeño grupo de fans en el Foropir. Retomo cautelosamente el blog cuando me doy cuenta de que lo necesito cual oxígeno virtual. Abro la carta que me escribí cuando tenía quince años.

Veintiséis años: sigo con el blog. Empiezo y completo el Michelian Challenge. Escribo posts sugerentes para que IA los lea. Escribo en una libreta negra pensando en IA, y después lo paso todo a ordenador y se lo envío. Cuando lo releo, meses después, me doy cuenta de que no sé calibrar la intensidad y, por otra parte, de que escribo dramáticamente bien. Me engancho a bloguear todos los días de una forma salvaje y desesperada. Empiezo una novela con cierto entusiasmo, pero la dejo a los tres capítulos porque la vigorexia apenas me deja tiempo para más.

Veintisiete años: aquí estoy. Escribo casi todos los días. Me marcho de viaje en verano con el Summer Steinbeck-Hill Project y escribo en el portátil sobre gijoneses guapos. Hoy me he pasado escribiendo al menos tres horas. Ahora lo escribo todo. Proclamas revolucionarias sobre la huelga de residentes, largas cartas para Anxo donde comento los pacientes que me preocupan, mails para mis lectores, posts y más posts y más posts sobre mí, la vida, la psicología, la autoayuda, el futuro, el miedo, la vergüenza, la navidad, las peluqueras, los hombres y la copa menstrual. Enlazaría todas las palabras anteriores, pero quiero dormir.

Ahora, veinte años después de comenzar, puedo decir que la escritura y yo estamos en paz: somos un solo ser, y nada me va a faltar mientras la tenga a ella y os tenga a vosotros. Siempre va a estar de mi lado. No importa lo que pase en adelante. No importa si escribo un libro o dos, una novela o cinco, si se vende o no. Mi sueño siempre ha sido escribir y que me lean. Ser escritora.

Y, ¿sabéis qué? Lo soy.

12 comentarios:

  1. Ciertamente, reflexionar acerca de la propia carrera literaria dice mucho de uno. Veo en la tuya que siempre hay coprotagonistas en ella, ya sea para bien o para mal. Me alegro de que estés en paz con la escritura; dale recuerdos míos un día de estos ;)

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    1. Es verdad lo de los coprotagonistas. Al final, digan lo que digan, siempre escribes para alguien. Se los doy, descuida. Un abrazo enorme.

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  2. De hecho, lo del tercerismo sentimental es muy apropiado, que en su día me pasó esto:
    http://caramelitos.blogspot.com.es/2006/01/ni-ahora-ni-nunca.html

    P.D: ¡Rubia!

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    1. Otro post suyo de estos que reconfortan el corazón en los días de frío, señor K. :p PD: El otro día vi a un melenudo clavado a usted y estuve a puntito de hacerle una foto xD Un besote.

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  3. Qué bonito recorrer el camino contigo! :)

    Un besote y buen lunes!

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    1. Más bonito es recorrerlo con vosotros. Mil gracias y feliz miércoles.

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  4. Yo fui al Anaïs a oírte leer!! *amor de ex-compi de piso XDDDDDDD

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    1. Qué adorable :) Fueron mis quince minutos de fama, sin duda. ¡Qué tiempos aquellos! Por cierto, voy este finde a Granada, nos podíamos tomar una caña así como quien no quiere la cosa, ¿no? Besitos!!!

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    2. Pues me parece genial que nos veamos, aunque a mí me vendría mejor quedar para el café por eso de que en estos momentos solo puedo beber Agua e Infusiones xDDDDD

      Sigues teniendo mi número de móvil? Si no, te lo recuerdo por privado en Facebook o algo.

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  5. Eeeeh, como no pude tenerte de profe en vivo, a mí se me pasó por la cabeza una vez proponerte si querías dar talleres virtuales. Es ternísimo este post.

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  6. Todo llegara, Silvitxu, todo llegará...

    Tú sí que eres tierna. Un besito.

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  7. Me ha encantado este post Marina. Felicidades en tus ya veintidós años escribiendo ;) ¡Se te da de lujo! Y es un gozo leerte. Un abrazo.

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