massobreloslunes: No dormir

viernes, 14 de diciembre de 2012

No dormir

Ya hace tiempo que no me gusta dormir, en el sentido de que me parece una pérdida de tiempo. Dormimos, entre otras cosas, para darnos un respiro de realidad. Porque demasiada vida sobre nuestros hombros puede resultar agotadora. Hoy me gustaría poder recargar energía en un rato y seguir aquí. Hoy querría escribir insomne toda la noche. Quizá debería hacerlo. Quizá la misma energía que puede mantenerme despierta para estar de fiesta podría aguantarme también hoy, y entonces me quedaría aquí tecleando hasta que amaneciera el día detrás de la ventana. Escribiría sobre mi primer beso. El primer beso verdadero; nada de aquellos contactos seguros y torpes jugando a la botella y a las tres monedas. El beso que nos dimos al final de la ruta del Cares el chico al que conocí en un campamento con catorce años y yo. Nos sentamos en el lecho de un arroyo, él me pasó el brazo por los hombros y nos besamos como dos trenes que se chocan. ¿Quién te enseñó a besar?, dijo él luego; no sé si lo pensaba de verdad o si era peloteo. Una vez alguien me dijo que todo el mundo piensa que besa bien. Pues claro. Yo beso bien. Me gustan los besos decididos y sin babas. No me gustan los besos breves ni los labios blandos. Me gustan el mordisqueo y los agarres de pelo. No me gustan los dientes que chocan. Me gustan las lenguas por el borde de los labios y los ojos abiertos.

Querría escribir sobre muchas cosas hoy. Sobre mente y ficción, sobre las personas, sobre el señor de mi barrio que tenía una tiendecita pequeña y que la cerró hace unos días porque ya no vendía. Ni siquiera sabía su nombre, pero me saludaba con mucha alegría cada vez que pasaba por su puerta, como si de verdad se sintiera feliz de verme. Siento mucho que haya tenido que cerrar su tienda; por él y por mí, que me voy a perder sus sonrisas resplandecientes cuando volvía a casa cargada con la mochila de escalar. Querría escribir sobre ti, por qué no. Sobre todos tus detalles y todo lo que te hace persona. O quizá querría escribirte sobre todo lo que me gusta a mí y me hace persona. A veces pienso en ti y tengo que decir tu nombre con los labios porque no me cabes entero dentro del pecho. Sé que ni siquiera escribirte me salvaría.

Ahora podría escribir cualquier cosa, hacer cualquier cosa. Cualquier cosa menos dormir; todo menos perderle al día seis o siete horas valiosas entregada a los caprichos de mi subconsciente, que se empeña en soñar con el pasado, con gente que no existe o que no me quiere, y que me recuerda que olvidar no es nada sencillo. Cualquier cosa menos eso.

Pero no me queda más remedio, así que duermo. Cierro el portátil, cierro los ojos y duermo. Recordando que mejor no ponerme dramática, porque las cosas están bastante bien como son. Recordando, eso siempre, que lo mejor de no poder escribir más es querer hacerlo.

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias, primor. Tú sí que eres bella :D

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  2. Yo al contrario, últimamente duermo mucho, muchísimo, no tengo nada de energía. Y cuando me levanto también pienso que estoy perdiendo el tiempo.

    Y qué pena me ha dado lo del señor de la tienda.

    P.D. Los sueños los carga el diablo.

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    1. Sí, lo del señor de la tienda ha sido una putada. Menos mal que ayer me lo crucé por la calle y le pude preguntar y desearle suerte en lo que sea que haga ahora. Los sueños... pues yo qué sé, mi subconsciente es una mezcla entre obvio y estúpido.

      Un besote!!

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