massobreloslunes: Bosom

miércoles, 10 de abril de 2013

Bosom

Uno de los cambios más curiosos que están ocurriendo últimamente en mi vida es que soy capaz de leer inglés sin (demasiado) esfuerzo. Empecé a comprar libros como una loca cuando me regalaron el Kindle y ahora ahí estoy: pasando anglopáginas con la yema del dedo como si no hubiera un mañana.

Hoy he descubierto una bonita palabra inglesa: bosom. Es el pecho de una mujer, pero en literario es algo así como "el espacio entre el pecho y la ropa, que se utiliza para guardar cosas". Creo que no tiene traducción al castellano. Lo utiliza Natalie Goldberg en "The true secret of writing" (hablando de títulos poco ambiciosos, por cierto) en la expresión "bosom friends". Algo así como amigos muy cercanos.

Cambiemos radicalmente de tercio y movámonos a esta tarde. Son las ocho y estoy sentada en la Libre, mi cafetería favorita de Madriz, hablando con un psicólogo amigo de una amiga que ha venido a preguntarme qué opino del PIR. Estudió la carrera de mayor y no tiene claro si invertir tanto esfuerzo y tiempo, perder su trabajo actual y arriesgarse a encontrarse de aquí a cinco o seis años en la calle y sin nada.

Cambiemos de tercio otra vez. Son las doce de la mañana y estoy sentada delante de M., mi paciente favorita de esta rotación. M. es una persona maravillosa a la que le ha pasado Algo Muy Malo (los lectores de la Guía Práctica Para Evitar al Psicólogo saben de lo que les hablo). Pero es una persona maravillosa. Muy sana, muy sabia, con una gran capacidad para ser feliz. Aprende, reflexiona y tiene un corazón grande. Yo la escuchaba hablar esta mañana y pensaba que tengo que encontrar la forma de agradecerle cómo me está iluminando esta rotación tan oscura.

M. me habla de la disyuntiva entre tener pocos o muchos amigos. Del dolor de mostrar los agujeros del corazón y dejar que los demás te vean a través de ellos. Yo recupero la fábula del huevo, el café y la zanahoria metidos en agua hirviendo. ¿Qué hace el sufrimiento contigo?, le pregunto. ¿Te destruye como a la zanahoria? ¿Te cubre con una coraza de rigidez y dureza, como al huevo? ¿O te permite enriquecer el agua que tienes a tu alrededor, como al café? Como siempre, yo, que tengo tendencia a ser zanahoria, defiendo la capacidad de vincularse. Defiendo la empatía y me acuerdo de un poema que leí hace tiempo en un libro de meditación Vipassana, y que decía algo así como "ojalá mi manta pudiera cubrir el sufrimiento del mundo". M. asiente. Comprende esa sensación.

Volvamos a la cafetería. Le digo al chaval que, aunque para trabajar en la pública haría falta que todos los facultativos presentes murieran de una extraña epidemia y que, aun así, es probable que el ministerio aprovechara para eliminar la psicología clínica de la oferta de servicios, el PIR merece la pena. Le hablo con entusiasmo de lo mucho que me gusta mi trabajo. Le digo que, sobre todo, tiene que pensar en sus pacientes: no en si es la formación que más le conviene a él, o la que le ofrece más posibilidades de mantenerse. Que es su obligación ética pensar en qué es lo mejor que le puede ofrecer a una persona que busca ayuda, y después esforzarse por aprenderlo.

Parezco Juana de Arco.

Después le suelto una de las grandes Frases De Anxo, de estas que él dice sin pensarlo mucho y que a mí me cambian la vida aún no sé si para bien. A saber: "La única manera de suplir nuestras carencias teóricas, técnicas y formativas como terapeutas es matarnos a trabajar". 

Ahí lo llevas.

El pobre chico asiente, da un sorbo a su zumo de naranja y papaya y me habla de psicología positiva. 

Volvamos al presente. Al bosom.

Yo a veces me preguntaba qué hace uno con tanta gente estupenda que se puede conocer en esta vida. Dónde los guardas. El sábado hablábamos Erika, Elsa y yo de la amistad. "Ésta se muere - decía yo, señalando a Elsa - y se muere un trozo de mí". Es verdad. Podemos hablar del desapego hasta aburrirnos, pero si Elsa (o la PK, o MQEN, o Aran) se van de esta tierra antes que yo, a mí el corazón se me queda cojo hasta que sea yo quien se vaya. No sería dolor, ni tristeza; sería una ausencia insustituible. Eso, como dirían en Cádiz, es así. Y creo que mi capacidad para querer de esa forma es limitada.

Pero está el bosom. En el bosom cabe mucha gente. Se puede ensanchar para llevar en él, bien calentitos, a todos los que alguna vez nos han enseñado cosas. Y, si me apuras, para ser un buen profesional tienes que encontrar la manera de llevar a tus pacientes en el bosom; al menos a algunos de ellos.

M. está en mi bosom.

Porque el corazón es limitado, pero el bosom es infinito.

Y ser PIR es la ostia.

1 comentario:

  1. Qué bonito! Me gusta tu filosofía.

    P.D. No conocía la palabra "bosom".

    Buen jueves! :)

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