massobreloslunes: Yo estoy aquí, pero mi corazón...

martes, 9 de abril de 2013

Yo estoy aquí, pero mi corazón...

Hace ya más años que el sol, cuando amaba a MQEN en silencio y él me ignoraba, me emborraché como una idiota en la fiesta de graduación de bachillerato. Él estaba en Pamplona, haciendo el examen de ingreso para la Universidad de Navarra, y yo le echaba de menos como llevaba haciéndolo casi un año. Soy experta en echar de menos a gente que nunca ha estado conmigo. El caso es que iba de mesa en mesa, con mi copa de vino malo en una mano, diciéndole a todo el quisiera escucharme: "yo estoy aquí, pero mi corazón... mi corazón está en Pamplona". 

Ahora mismo, yo estoy aquí, pero mi corazón está en Boulder.

Leo las guías de viaje que me he comprado (una general, otra de parques naturales), observo una y otra vez el billete de avión y me digo: esto no es real. Supongo que es el efecto Hollywood, pero EEUU me parece más que un viaje en el espacio: es algo así como cambiar de dimensión. En cualquier caso, mi corazón anhela viajar, y viajar sola. Anhela cierto tipo de libertad. Mi corazón está en el lugar en que va a colocarse en un continente, un país, un estado y una ciudad desconocidos. Me apetece salir de aquí, poder estar sola y abierta a nuevas experiencias, relajarme en el presente y metabolizar cosas. El viernes y el sábado pasados no podía hablar bien. No me salía terminar las frases y temí estar quedándome idiota. "Creo que estás procesando cosas - me dijo una compañera -, a nivel subconsciente, o algo así". "Haces demasiado con tu mente, Pitu", opinaba mi madre. Creo que necesito viajar y alejarme de todo esto para darle tiempo a mi cerebro para masticar. Eso, o me estoy quedando de verdad idiota (quién sabe).

El hospital me sigue deprimiendo y sorprendiendo a partes iguales, como lo hace en general mi vida aquí. Estoy pasándolo peor que en mucho tiempo, y también estoy aprendiendo más que en mucho tiempo. Es como cuando en Anatomía de Grey abren las costillas de los pacientes para operarles el corazón (¿toracotomía?) con esa especie de sacacorchos brutal. Así me siento yo, y sin anestesia. Todo el día se ponen sobre la mesa de mi quirófano existencial cosas importantes. La muerte y la salud. Nada se da por sentado. Veo a pacientes que no pueden hablar, o comer, o subir varios tramos de escaleras, o planear su futuro más allá de unos meses. Me obligo cada minuto a volver mi cabeza hacia mi presente afortunado de comida rica, gente encantadora, entrenamientos extremos y un futuro razonablemente extenso.

En estos días raros y madrileños, trato de buscar llaves en mi sufrimiento. Haber salido de mi zona de confort me hace feliz de una forma extraña. Quiero decir, que es como mirar una casa donde todo parece estar muy bonito y ordenado y darse de repente cuenta de la cantidad de basura que hay bajo la alfombra o detrás de los muebles. Me queda tanto por aprender todavía... Aquí mis defensas han bajado, y todo lo que me hacía ser yo y mantener la estabilidad (tener mi espacio, escalar casi todas las semanas, encontrar hueco y tema para escribir cada día, las playas, el sonido del levante entre los edificios del centro...) ha desaparecido y me ha dejado desnuda. 

En realidad, todo puede seguir desapareciendo. Conservo mi trabajo, mi cuerpo, mi salud y a la gente que me quiere, pero también eso podría irse. Hoy hablaba con la enfermera de cirugía maxilofacial porque estábamos viendo a un paciente de la planta. "Pierden la cara y pierden su identidad", decía ella. Yo trataba de esforzarme por creer que existe algo más en nosotros además de nuestra cara. Después me imaginaba con la mandíbula abierta, como alguno de los pacientes de allí, o simplemente me recordaba hecha polvo por el acné, y pensaba que sí, que ese algo debe de existir, pero que yo no sé muy bien dónde está.

Si a alguien le quedaba alguna duda de que necesito vacaciones, he aquí estos posts que escribo últimamente. Nada de composiciones bien logradas, con párrafos comprensibles y un bonito final. Escribir aquí en estos días se parece más a caminar a tientas por un espacio que no conozco, como cuando cruzo mi salón por la mañana y no quiero encender la luz para no despertar a Cris. Se parece a un acto de voluntad, o a conducir por una carretera donde sólo puedes ver el trozo de asfalto que alumbran los faros. No tienes claro que haya algo más allá. Simplemente te mueves con toda la confianza que eres capaz de reunir.

En cualquier caso, estoy mejor. Bastante contenta. Aprendiendo sobre hambre y saciedad, riqueza y pobreza, soledad y vínculos. Creciendo mucho. Y pensando en mi futuro más próximo. Porque, insisto: yo estoy aquí, pero mi corazón está en Boulder.

3 comentarios:

  1. A mí eso de no poder acabar las frases y no encontrar las palabras también me pasó en un período de bastante estrés emocional. Probablemente necesitas relajarte.

    Y por lo demás, la estructura es muy importante en la vida, y quizás aún no te hayas acostumbrado de todo a Madrid. Cuesta adaptarse.

    Un besote!

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