massobreloslunes: CACP, VIII: Frío

martes, 7 de mayo de 2013

CACP, VIII: Frío

Deben de ser alrededor de las doce de la noche en Shelf Road, una escuela de escalada cerca de Canyon City, Colorado. Yo estoy en una tienda de campaña bajo varias capas de ropa y un saco de dormir y, por primera vez en mi vida, lloro de frío. No mucho; apenas unas lágrimas que me apresuro a contener, porque están heladas. Tampoco hace tanto frío. Imagino que andaremos por los dos o tres grados bajo cero en el exterior. El problema es que estoy sola aquí dentro, que quedan muchas horas para que amanezca y que yo (y esto es lo más importante) no sé que más puedo hacer para librarme de este frío. Me he frotado los dedos de los pies y de las manos, me he quitado ropa, me he puesto ropa y me he agitado vigorosamente bajo el saco. Y ahora, en esta oscuridad, no se me ocurren más opciones, y supongo que es por eso por lo que lloro.

"That's traveling", me dijo Peggy el miércoles, cuando le expliqué que había pasado media hora bajo la nieve de Denver. Supongo que este frío también es viajar. Y escalar, que en teoría es lo que haremos mañana, en cuanto asome el bendito sol y hayamos consumido nuestras raciones de café y copos de avena. Pero hay algo diferente en este momento concreto. Cierta desesperación, cierta parálisis. No puedo evitar recordar a Quevedo en "El caballero de las espuelas de oro": no me dejes para siempre con esta soledad y con este frío.

Pienso en ti, entonces. Pienso en el qué habría sido si y me traslado a este mismo momento en una realidad paralela en la que sigo contigo. Llevo mechas, seguro, y un corte de pelo decente, en lugar de estas greñas que crecen a infravelocidad sobre mis hombros. Tú te cortas a menudo el pelo canoso y te repasas la barba con las tijeras de las uñas para estar decente en el curro. Vivimos en Málaga, digo yo, y nuestros padres están muy felices por la forma extremadamente justa en que dividimos nuestros domingos para comer con ellos. Nos casamos hace ya un año, o quizá dos, y nuestras fotos de boda (eres demasiado joven, dijo mi padre, aunque se le ve orgulloso acompañándome hasta la mesa del juez) reposan contentas sobre el mueble del recibidor.

Nuestro piso es pequeño, pero bonito. Algo de IKEA, me temo, y algo de los trastos que tu síndrome de Diógenes y tú vais rescatando de mercadillos de ocasión y casas abandonadas. Hemos cubierto las paredes con poemas y la nevera con los imanes de los viajes que hacemos cada año. Primavera en París. Puente largo en Amsterdam. Quincena de verano en San Francisco.

Nos despertamos juntos, nos duchamos por turnos, preparamos cereales para dos y café cargado. Yo como sola a las tres y me acerco al gimnasio a hacer zumba. Tú apareces por la noche, cansado pero animoso, y hablamos de trabajo y de posibilidades mientras cenamos. De montar un negocio loco o dedicarnos a escribir. De irnos del país. Pero no nos vamos.

Cenamos fuera una vez por semana, vamos al cine una vez por semana, invitamos a amigos una vez por semana. Cocinamos algo con reducción de vinagre balsámico y hablamos de libros, de discos y de actualidad política. De vez en cuando cogemos el coche y las botas Quechua y hacemos alguna ruta por los alrededores. La Sierra de las Nieves, la Axarquía, la Alpujarra incluso. Me gusta ponerte la mano en el muslo mientras conduces, y me gusta cuando paramos a comer, y vas al baño, y vuelves del baño y te diriges a mi mesa. Después de cada excursión, descargo las fotos al ordenador y abro un nuevo álbum en Facebook.

Estoy preocupada por mi futuro laboral, y tú estás preocupado por el tuyo. Empecé mi tesis hace unos meses para ganar puntos en la bolsa, y por las noches, mientras yo trabajo en el ordenador, tú sacas adelante proyectos freelance y piensas en nombres para un estudio. Hacemos cuentas cada cierto tiempo a ver si me puedo quedar ya embarazada, y nos preguntamos si es mejor antes de que acabe la residencia, para aprovechar la baja. Seguimos usando condones y dormimos abrazados la mayoría de las noches.

Y mientas intento calcular a cuántos grados más estaría el aire de esta tienda si tú estuvieras a mi lado, no puedo evitar reírme en silencio de mí misma. Porque anhelo la seguridad de tu nombre junto al mío como si en realidad la deseara. Y porque pienso en estas cosas como si fueran posibles. Como si tú, o yo, o los dos, hubiéramos tenido alguna vez una oportunidad.

Cuando la realidad es que nunca la tuvimos.

9 comentarios:

  1. Hola Marina, ahora no se si te envidio :-), yo en canarias con sol y veintipico grados, aunque no te lo creas te comprendo, la vida no siempre sucede como esperamos, nuestros castillos a veces se derrumban, lo bueno es que podemos construir otros mejores más bonitos.

    Eres una fuente de inspiración, hasta creo que me apetece intentar lo de la escalada :-)

    Carpe diem, espero más noticias sobre tu viaje.

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  2. Mopi,

    la verdad es que la vida con él, aunque muy romántica, me ha parecido un perezón. Por mcuho frío que pases tu vida actual a mis ojos es más interesante.

    Nil besos calewntitos

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  3. Ikea for the win! Dicho esto, qué temperatura más baja para la época del año en que estamos, no? Abrígate! (modo madre off).

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  4. ¿No es un poco absurdo cómo nos empeñamos a veces en historias imposibles?

    Y sí, la descripción que has hecho de la vida del 80% de las parejas de hoy en día da grimilla.

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  5. Sinceramente, entre tu vida actual y lo que has imaginado ¡menos mal que estás en la actual! ;)

    Por otro lado, la descripción es preciosa, como nos tienes acostumbrados :)

    Ya llegará quien esté dispuesto a darte calor en esas noches de los días de escalada a tope. Seguro que con Él no hubieses terminado donde estás y sería una pena ¿no crees?

    Un abrazote y espero que hayas podido dormir un poco a pesar del frío :)
    Gina

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  6. No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió (Sabina dixit)
    A veces la vida nos da la maravillosa oportunidad de hacer algo un poco diferente, y esta oportunidad normalmente viene acompañada de situaciones muy dolorosas y complicadas, pero tenemos que aprovecharla y saborearla....e irnos a pasar frío para escalar en Colorado, y VIVIR.
    Me ha encantado tu relato, porque me he visto en él, y porque yo me veo como estás tú ahora.

    María extremeña

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  7. Marina, estoy sensible. Me has hecho llorar.
    Lo que has escrito es precioso.
    Eve.

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  8. ¡Precioso!!

    Mezcla de nostalgias, tu gran imaginacion y las probabilidades de una vida "media"

    Me pregunto que sentira el cuando lea estos pensamientos... ( me refiero a J) ....y de nuevo elucubro sin tener mucha informacion que posiblemente descubra en algun post... al menos parte....



    ;))

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  9. Despues de mi comentario he vuelto a leer el post... y lo he percibido de forma distinta....
    La primera vez era como leer una semana de rutina, que automaticamente se compara con la emocion de un viaje, presuponiendo que el viaje esta lleno de aventuras (como asi ha sido al final) como si la novedad y lo imprevisible siempre fuera mejor que la rutina y previsible ( unas veces lo es y otras no)
    Luego me he imaginado que los principios de Marina y J tambien debieron de ser emocionantes y magicos....para acabar preguntandome porque entonces no tuvisteis la oportunidad....

    Personalmente quitando lo de los domingos por castigo a casa de los padres, porque nunca me ham gustado este tipo de obligaciones fijas, y quitando lo de tener hijos porque es algo que no me va... el resto me parece bastante comun pero no por ello poco interesante...

    Es curioso pero al no conocerte pienso en ti como si estuviera leyendo una novela, con la diferencia de poder comentar en cada capitulo, de saber que eres real y que quizas hemos estado alguna vez comiendo en el mismo restaurante en San Fernando, esperado en la misma consulta del dermatologo, de la señora asesina del centro de estetica que te pelo la cara o vete a saber si te he vendido un libro de segunda mano en los mercadillos de San Anton para recaudar dinero para los animales....

    ;))

    Un beso

    Silvia C


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