miércoles, 21 de agosto de 2019
So Where Was I?
Mi persona favorita de Internet es Penelope Trunk. Mi segunda persona favorita de Internet es Isra Bravo.
Es mi favorito porque llevo casi una hora leyendo sus entradas de blog, que son también los mails que manda a su lista y que, por lo general, resultan bizarros o desconcertantes, pero que casi siempre son divertidos, macarras y un poco tiernos.
Isra debe de tener mi edad, más o menos, y cuenta cosas de mi generación que me hacen reír y recordar con nostalgia otras épocas en las que la vida me gustaba más. Últimamente la vida no me trata mal, pero ya casi nada me encanta. Ya no logro encontrar en mí las reservas de pasión infinitas que alimentaban antes este blog.
Últimamente, de hecho, estoy sumida en una espiral de nihilismo. Algo así como que todo me la suda y al final todos vamos a morir, así que para qué esforzarse. No es exactamente tristeza, ni depresión. Es más bien como estar ya de vuelta de todo. A veces vivir más o menos bien me parece un esfuerzo inmenso. A veces me gustaría morirme mientras me duermo y terminar de una vez con todo esto.
Vale, lo admito, suena medio depresivo. Pero no es en plan triste-querer-acabar-con-el-sufrimiento. Es más bien en plan pereza-querer-acabar-con-los-detalles-molestos. Porque ya lo he contado alguna vez aquí: que mi amiga Pilar decía que la vida está llena de detalles molestos y es verdad.
Está mi hija, claro. Pero el preoblema es que es tan difícil escribir sobre Alana sin que suene a cliché como lo es vivir la maternidad como si fuera algo único y apasionado y especial, en vez de algo que le sucede a la mayoría de la gente. No sé si me explico.
A ver:
Cuando yo tenía dieciocho, veintidós años, incluso veinticinco y veintiséis, y escribía aquí como si el mundo fuera a acabarse al día siguiente sobre la existencia, el amor, mis paseos por la Caleta en Cádiz, mis noches de pasión en el Micra rojo de mi ex y, en fin, La Vida, con mayúsculas, yo tenía la sensación de que lo que me pasaba era especial. No especial de interesante y digno de ser visto en el show de Truman, pero sí lo bastante mío como para sentirme una persona en tres dimensiones.
Ahora, con la maternidad, y quizá también con todo lo que ha pasado desde entonces, con Internet, y las redes sociales, y la cacofonía de voces, y esta sensación de que ya todo ha sido dicho y visto y hackeado, no me siento persona. Siento que estoy andando por un camino pisado por otro montón de gente y que lo que siento por Alana no es ni más ni menos que lo que se supone que tiene que sentir una madre.
Es probable que el problema sea que no escribo y por eso estoy hoy aquí. Creo que escribir otra vez en este blog, o en otro similar, mejoraría mi vida un 2000%. Creo que quizá podría aprender a sentir algo de pasión por mi día a día otra vez. Lo que pasa es que no sé si voy a ser capaz. Es así de triste. Soy capaz de un montón de cosas (¡ayer hice tres dominadas yo sola! No seguidas. Separadas entre sí por varios minutos. Pero ¡eh! Yo sola. Hacer una dominada estricta siendo mujer te coloca del tirón en el percentil noventa y nueve de fuerza) y no soy capaz de hacer esto, que es lo más importante.
Me gusta Isra, entonces, porque es una persona en tres dimensiones. Es real y auténtico, y estas dos palabras, real y auténtico, también se han convertido en algo muy gastado y que quiere decir que en tu página de "acerca de" cuentas un par de defectillos tuyos (¡soy demasiado perfeccionista! ¡Antes era como tú, pero luego cambié, y si yo puedo, tú también!). Pero Isra es real-real, como un buen personaje de novela, lo que entiendo que es en sí una paradoja.
Voy a intentar escribir aquí. Por mí y por mi hija. Por acordarme de ella y de nosotras durante estos meses y años. Alana ya tiene diez meses, ¿lo podéis creer? Lo escribo y me entran ganas de llorar. Está empezando a caminar apoyándose en el sofá. Va de un lado a otro persiguiendo cosas que le llaman la atención. Sonríe todo el rato. Tiene una carita muy graciosa y yo la veo guapa pero podría entenderlo si alguien me dice que es normal; lo que sí afirmaría sin temor a equivocarme es que sus ojos azules son como mi fuerza en dominadas: percentil noventa y nueve de belleza.
Lo voy a intentar, de verdad.
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Pues si vuelves estaré aquí encantado de leerte y comentarte. Los blogs han perdido mucho tirón desde hace unos años... pero algunos seguimos aquí.
ResponderEliminarUn abrazo.
Un abrazo.
Siiiiiii!!! Que ganas de leerte de nuevo bonita mía! Un beso enorme desde Madrid!!
ResponderEliminarQué feo no aparecer entre tus personas favoritas de internet. ¡Yo, que vivo en internet y la realidad sólo la piso a ratos! En fin, ingratitudes varias aparte, siempre llega un momento en la existencia a partir del cual sólo podemos decir que ya hemos vivido nuestros mejores años. Con este pensamiento tan alegre y vitalista te dejo. Besos y codazos de complicidad.
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