massobreloslunes: European Rock Trip
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martes, 29 de julio de 2014

Escribiendo en el aire

Es de noche y estamos en un camping del suroeste de Francia, sentados en la furgo, preparando seitán a la plancha para la cena. Yo pico muy fino un diente del ajo gigante y violeta que hemos comprado en la tienda, y Pablo me pasa cuando se lo pido los objetos que están en su lado de nuestro salón-cocina: la sartén, el aceite, la pimienta.
- Y entonces – dice él, como si retomáramos una conversación de antes -, ¿cómo se hace para escribir sobre un recuerdo y que no quede aburrido?

Al mediodía, mientras yo dormía la siesta bajo el techo elevable de la furgo, él ha estado escribiendo. No tengo ni idea de qué. Lleva y trae de un lado a otro el ordenador y “Writing Down the Bones”, como si él y Natalie Goldberg anduvieran conspirando en secreto.
- Pues... no sé. Depende. Utilizas los detalles, supongo. ¿Qué recuerdo?
- Por ejemplo, la tarde de hoy. Pienso en cómo la contaría y suena aburrido.

Cubro con aceite el fondo de la sartén y enciendo el fuego al mínimo.

- Lo importante – digo, mientras sostengo la mano unos centímetros encima del aceite – no es contar lo que pasó, sino transmitir qué significa para ti lo que pasó. Los lectores quieren identificarse contigo, que eres el protagonista.
- ¿Y cómo se hace eso?
- A ver. ¿Qué querrías tú recordar de esta tarde?
- No sé – arruga la boca y mira hacia arriba -. La aproximación al sector, que era muy bonita. Las raíces de los árboles a las que había que agarrarse para subir, el tronco con muescas que habían colocado para que hiciera de escalera, el bosque... Luego contaría cómo tú has empezado a escalar, y de repente se puso a llover, y tú no podías seguir, y yo me estaba cagando de frío... Porque era un poco como... ¿catrasca existe acá?
- ¿Catrasca? No, ¿qué es?
- Cuando alguien es muy... no sé, que se va dando golpes con todo, y va a escalar y le llueve, y luego no puede desmontar la vía.
- ¿Torpe? ¿Gafe?
- No, no exactamente...
- ¡Yo no soy gafe! Un poco torpe sí, lo admito.
- No vos, la situación era catrasca. Bueno, pues eso quería contar, que tardamos un montón y nos mojamos, y que luego para bajarte de la vía te soltaste de la pared porque querías hacer un péndulo, y eso me levantó a mi también y nos partimos de risa. Que tú colgabas de un lado a otro gritando: “¡Uiiiiiii!”, pero luego vi toda tu cara de pánico cuando casi te das contra la pared, y nos empezamos a enredar los dos en la cuerda y parecíamos tarados.

Mientras Pablo habla, yo corto el seitán en lonchas finitas sobre la tabla de plástico naranja.
- Lo que pasa – continúa – es que todo eso lo escribo y es aburrido. Si lo leo dentro de... qué sé yo... un año, me va a parecer una estupidez. Como esa gente que tiene blogs de escalada y que cuenta: fuimos a tal sitio y a tal otro, hicimos tal y tal vía, se puso a llover y nos tuvimos que ir. ¿A quién le importa eso?
- ¿Qué es lo más importante para ti de todo eso? Pásame la sal, porfa.
- Creo... - me alarga el tarro de sal marismeña que compramos en Cádiz – que la idea es que estaba ahí asegurándote, muerto de frío, y después no me esperaba lo del péndulo. No pensaba que iba a salir volando. Después los dos nos quedamos mirando a la chica que escalaba en la vía de al lado y eso me motivó, me dieron ganas de escalar más. Pero ¿ves? Dicho así suena estúpido.
- A ver... - pongo un poco de pimienta a los champiñones que se rehogan en la otra sartén -. A veces yo empiezo a escribir un post y sé cuál va a ser el final. El cierre, por así decirlo. Ese es el mensaje del post, lo que tú quieres comunicar con él. En tu caso, yo me quedaría con... Cómo lo expresaría... Algo como “a veces para escalar no hace falta escalar”, o “para divertirse escalando no hace falta escalar”. Quizá lo diría de una forma más sutil. No sé.
- Lo tenías pensado, eso. Confiesa.

Suelto una risita.
- Empezaría contando que el camino era... “como la entrada al país de las Maravillas”, u otra imagen potente que evoque algo al lector. Diría que “nunca pensé que utilizaría las raíces de un árbol como agarres”, para que puedan imaginarte trepando por ellas. Después... no sé, quizá comenzaría con un tono bucólico, profundo, explicando lo mucho que te motiva verme escalar, porque “es casi como si escalaras tú”... pero después, todo empieza a salir mal. Yo enseguida estoy colgando de la cuerda porque no me salen los pasos, y la lluvia me está empapando las gafas y no veo. Tú tienes frío y te aburres, y piensas que vaya mierda, que cuando yo escalo NO es como si escalases tú, que tú quieres escalar, y no estar ahí parado en el pie de vía bajo la lluvia helada.

Pablo se ríe. Yo, entusiasmada, doy vueltas al seitán y sigo hablando:
- Entonces, en medio de todo eso, de tú todo negativo y mosqueado, y después de una hora para montar y desmontar la vía bajo la lluvia, a la tarada de tu novia le da tirarse en el aire a hacer un péndulo, y tú, que estabas pensando ya en tomarte un café calentito en el bar del pueblo, te encuentras volando por los aires. Describes “su repentina cara de terror al darse cuenta de que un péndulo tiene dos direcciones – yo también me estoy riendo ahora – y, aunque una de ellas estaba limpia de obstáculos, la otra la trae de vuelta contra la roca a toda velocidad”. Terminaría contando un poco sobre la chica que escalaba al lado, pero poquito, para no aburrir al lector. Después concluiría con la frase que te dije... Algo como “mientras bajábamos empapados hacia la furgo, preguntándonos cómo se diría colacao en francés, pensé que lo bueno de la escalada es que a veces escalar ni siquiera hace falta”.

Pablo esboza una media sonrisa. Yo doy la vuelta a las lonchas de seitán y subo un poco el fuego. La luz dentro de la furgo es cálida y amarilla; más allá de las ventanas, todo es oscuridad y silencio.
- Quedó muy bueno. Me gustó. Me gustó lo que escribiste en el aire.
- Gracias.
- Aunque suena demasiado a ti.
- Probablemente.

sábado, 26 de julio de 2014

European Rock Trip 2104: pistoletazo de salida

En la casa más pija de Margalef, un tranquilo pueblo de la comarca del Priorat, se libra en estos momentos una extraña guerra fría. Sentada en su secreter, Marina escribe. No es que tenga nada demasiado importante que decir; además, le pican los ojos, porque lleva todo el día en el ordenador ultimando un Proyecto Literario Secreto del que ya os informará en su momento. Pero sabe que Tiene que escribir; no solo se lo debe a sus lectores, sino que ha recibido un tuit de Rafa Fernández, enfant terrible de la literatura underground, que dice que está esperando una actualización. Una no puede ignorar así como así un tuit de Rafa Fernández.

Pablo, por su parte, un argentino que hace un año estaba tan tranquilo en Utah y ahora, sin comerlo ni beberlo, se ve aguantando a la escritora a jornada completa, acaba de salir de su estudio. Se dirige despacio al de Marina y llama a la puerta. Entra descalzo, con el ordenador en las manos y cara de sueño.

- Che - le dice -, tu mochila, mañana, ¿qué onda?

Marina vuelve la cabeza y arquea una ceja. Mañana es el primer día del European Rock Trip: un viaje que ambos llevan un mes posponiendo con la excusa del trabajo de Pablo y del Proyecto Literario Secreto, pero que les ha permitido agarrarse como koalas al piso más pijo de Margalef. A un observador imparcial podría parecerle que Pablo solo quiere saber, de manera casual y desinteresada, cómo lleva ella la mochila del viaje. Un traductor Pablo-Español, sin embargo, nos daría la siguiente versión.

- Che - el traductor respeta los localismos -, te conozco y sé que no has empezado siquiera a pensar en hacer la mochila. Mañana nos levantaremos y tardarás tres horas, porque tienes que llenarla con gomillas de pelo, tapones para los oídos, Espidifén y ropa para todas las variedades climáticas posibles. ¿Por qué no dejás de pelotudear y la hacés ahora, antes de que yo me empiece a poner nervioso porque vamos a llegar a la fucking Francia por la noche, y nos perderemos, y encima vamos sin GPS, y la vamos a liar?

La silla giratoria de Marina da la vuelta despacio, como la de un mafioso de película. Se levanta y camina hacia Pablo.

- Mi mochila... yo qué sé. Lo de siempre, ¿no? - se encoge de hombros - Mañana me levanto y la hago, ya está. Como hacemos siempre que vamos a escalar. Tampoco voy a llevar tantas cosas.

Pablo se rasca la cabeza. Por supuesto, podría interpretar literalmente las palabras de Marina y quedarse tranquilo. Pero él también ha implantado en su cabeza un traductor Marina-Español. Lo que escucha es lo siguiente:

- Ni De Coña me voy a poner a hacer la mochila ahora. Y no porque tenga sueño, que lo tengo, pero me da igual, porque acabo de pasarme media hora leyendo los comentarios de un vídeo de Youtube. No voy a hacer la mochila ahora porque va contra mi religión hacer la mochila la noche antes. Me sienta mal, me cabrea y se me olvidan cosas, y además en cuanto empiece me va a entrar un sueño terrible y voy a empezar a gruñir. Por supuesto que mañana voy a tardar un montón, ¡¡nos vamos un mes a Europa!! Los europeos están locos y allí llueve todo el tiempo, y ¿qué pasa si me quedo sin tapones para los oídos? Aun así, no voy a ponerme a hacer la mochila ahora. Ni hablar.

- Ok - contesta Pablo.

Aquí el traductor Pablo-Español lo tiene más difícil, pero después de unos segundos procesando el pequeño fragmento de discurso, le manda a Marina la siguiente información:

- Sos DE TERROR. Vamos a salir a las tantas, vamos a llegar a las tantas, nos desorientaremos y encima estaremos rodeados de franceses, que nos son hostiles. Pero no te puedo decir nada, porque no me vas a hacer ni caso y, para variar, harás lo que vos quieras. Quién me mandaría a mí mudarme a gallegolandia. Menos mal que tenés un lindo orto. La concha de tu madre... no, no, no te estaba insultando; tu mamá se llama literalmente Concha.*

Marina retira con suavidad el ordenador de las manos de Pablo y lo deja en la cama. Le echa los brazos al cuello: está tan guapo cuando va descalzo. Le gusta cómo le asoman los antebrazos debajo de la camiseta, y el olor a champú de tío en el hueco de su cuello. Él la besa, distraído, porque se está meando, y luego se da la vuelta para ir al baño y cenar algo. Ella vuelve al ordenador y abre el editor de blogger.

Mañana empiezan el European Rock Trip.

Nadie dijo que viajar en pareja fuera fácil.

*Verídico.