massobreloslunes

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Este verano he dejado de escribir. Ya lo hice otra vez porque sentía que necesitaba darme un respiro, y me sentó bien. En esta ocasión, sin embargo, no hay ninguna razón concreta: simplemente, no tenía ganas. Volví de Italia muy feliz, me fui a meditar y regresé aún más feliz. ¿Quién quería escribir? Hace un tiempo pensé que la relación entre felicidad y literatura tiene forma de U invertida: si soy muy feliz o muy desgraciada, no escribo. Necesito una cantidad moderada de desdicha que me dé el primer impulso, pero no tanta como para abrumarme y quedarme bloqueada en mi pena.

Por otra parte, a veces tengo dudas sobre si la escritura es buena o mala para mí. Quiero decir, que todo esto de tener un blog, de crear un personaje que soy yo y no soy yo al mismo tiempo, de buscar mi verdad aun al precio de partir (o resquebrajar) corazones ajenos, no sé si me acerca a la felicidad o me aleja de ella. Y yo soy de las que entre la felicidad y el arte, prefieren la felicidad. Así que me pregunto si escribir es conciencia o ego, ignorancia o iluminación. Si deforma las proporciones de la confusión existencial o, por el contrario, arroja un poco de luz sobre la oscuridad de estar vivo. Si me siento bien cuando escribo porque me hace bien, o es autocomplacencia transitoria.

Por otra parte, el amor.

El amor es como una importante misión de guerra. Uno se pasa toda la vida esperando a que se la asignen y, cuando por fin llega el momento, no sabe si estará a la altura. El problema no es el amor; es que lo que exige de nosotros es tan grande, tan valiente y tan suicida que la mayoría no queremos ni sabemos darlo. Entonces nos conformamos con sucedáneos de medio pelo con los que trampeamos, más o menos, la angustia de nacer y morir solos en este mundo tan raro. Y yo, de momento, no estoy a la altura. Me doy cuenta una y otra vez, y lo intento, y me equivoco, y a veces pienso que sólo voy a poder amar a alguien que, de vez en cuando, pueda prestarme el amor que a mí me falta y ponerlo por los dos.

Llevo un rato con las manos suspendidas sobre el teclado, pensando en cómo pretendo unir lo primero que he escrito con lo último, la escritura con el amor (por no hablar de Paul Auster, que realmente ha sido quien ha inspirado todo esto con su hermosa última novela, "El hombre en la oscuridad"). He empezado el post sin saber muy bien qué quería decir y me he hecho un poco la picha un lío.

Después de pensarlo unos minutos, se me ocurre que a lo mejor escribo porque no sé amar. Si supiera amar, a los demás y a mí misma; si mi corazón fuera compasivo y mi mente estuviera tranquila; si no necesitara que nadie me convenciera de que soy única, especial, maravillosa, y de que sube al cielo cuando me toca y llora mi ausencia... si no pasara todo eso, no tendría que escribir, porque no necesitaría demostrarme que dentro de mí hay una corriente de energía tranquila y potente, que no tiene principio ni tiene fin, que está ahí corriendo como el agua del subsuelo y sólo espera a que yo saque el pico y me ponga a buscarla.

Hago una pausa y localizo en mi estantería la libreta que me regaló J. cuando cumplí 21 años. Las tapas son de cartón de maqueta, y en una de las hojas centrales ha escrito una frase parecida a lo que he dicho antes: "Las capacidades son como una capa de agua en el subsuelo: no pertenecen a nadie, pero hay que cavar para encontrarlas". La frase no es suya, sino de Natalie Goldberg, pero me resulta curioso que la eligiera para incluirla en la libreta, rodeada de pozos dibujados a lápiz con su trazo delicado y nervioso. Como si profetizara que a lo largo de nuestra intensa y tumultuosa relación, yo necesitaría a menudo escribir para encontrar agua bajo mis pies, porque él (o yo cuando está él, mejor dicho) me había dejado muerta de sed.

Escribo porque cuando lo hago soy invencible y nadie puede hacerme daño. Y esto no es un tópico, aunque lo parezca. Nunca me ha preocupado registrar mis cuentos, porque no me da miedo quedarme sin ideas, igual que nunca se me ha ocurrido que mi pareja pueda aburrirse de mí (tendré otros defectos, pero no soy, insisto, NO SOY aburrida). Si alguien registrara todo este blog a su nombre, abriría otro y seguiría escribiendo.

Nota: Con este último párrafo se me ha vuelto a ir la olla y llevo tres horas intentando acabar el post, así que lo voy a dejar como está.

14 comentarios:

  1. Estoy con Caótica, eres humana y los humanos somos un cúmulo de contradicciones.

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  2. Me gusta sentirme invencible escribiendo...!!

    Qué bueno!

    La pluma, tiene más poder que la espada.

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  3. Insisto, NO ES aburrida...

    Precioso post.

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  4. ¡Hola, pescaditos!

    Caótica: ¿no soy siempre humana? :P
    Lucía: contradicciones es poco. Lo mío es más bien un constante vaivén. Cuando tengo que tomar una decisión, sólo lo hago si he mantenido la misma opinión durante una semana, por lo menos.
    Neikos: no tomo café, me pone verborréica.
    El_Vania: según el caso. No querría yo verme en Braveheart con una pluma en la mano.
    Funes: ¡Claro que no lo soy! Pero ya dijimos que eso no tiene por qué ser necesariamente bueno ;)

    Besitos para todos.

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  5. Uy... que nos me has entendido. No quiero decir que no seas siempre humana... (nunca he tenido la impresión de que seas un robot) si no que cuando hablas del amor, de que no sabes amar, de que tienes miedo, de que no sabes si estas a la altura... es normal como humana que eres... Y claro que siempre eres humana, pero en este post... deliciosa.

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  6. El amor, niña, es una contradicción en sí mismo. Yo nunca sabré si el amor es amor o es egoísmo.

    Escribir te hace fuerte... sí, ¿pero por qué ha de estar en contradicción con el amor? Amar y escribir son compatibles y hasta complementarios. Bueno, no pretendo pontificar; simplemente es lo que creo.

    En cualquier caso, me gustó mucho tu entrada.

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  7. Ya, ya, ya. Estoy con suqueridoexnovio, NO ES aburrida. Ahora, si en vez de ponerse las gafas de pasta se pone las lentillas no la llevéis a un museo ;)

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  8. [pescaditos=nunca serás un buen pescadito??]

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  9. Estimado Neikos:

    No fue mi culpa, sino un efecto combinado de los perfiles frontales de Picasso, los 21 grados húmedos de las salas y los vapores tóxicos de la arcilla blanca moldeada, incisa, cocida y parcialmente vidriada.

    En cuanto a lo de los pescaditos, explicaré que es un nombre cariñoso como cualquier otro para dirigirjme a mi público: como el "ciruelos y ciruelas" de Miliki o el "megasocios" del club Megatrix. Y dado que yo soy Marina, del mar, vosotros sois mis pescaditos. Jijijiji. Aunque eso se me acaba de ocurrir. En principio dije lo de pescaditos porque me parece una palabra muy graciosa, no por su valor simbólico.

    Besitos.

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  10. Eso es algo que no entendí cuando lo dijeron, porque el frío era "más seco" de lo normal. En cualquier caso el cubismo ha podido tener una influencia importante en su vida, pero ya estaba así antes, tirando los teses a la fauna circundante.

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  11. mopi!!

    me encanta que te ilusiona nuestro futuro hippilongo.a mi tb!!!tenemos que venir todas a la india!!

    besitos

    elsi

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