massobreloslunes: Cádiz

miércoles, 19 de mayo de 2010

Cádiz


Estoy en la biblioteca pública de Cádiz, sentada junto a la ventana. No es tan bonita como la de Granada ni tan horrorosa como la de Málaga. Las mesas están llenas de universitarios y opositores, y por la ventana sólo veo un trozo del edificio de al lado y un fragmento pequeño pero poderoso de cielo azul. Una buena regla de vida es ir localizando las bibliotecas de las ciudades para no sentirse perdido; uno no puede sentirse solo cuando hay cubiertas de Anagrama para acariciar en las estanterías.

Perdón por no actualizar, pero aún no tengo internet en el piso y he estado liada desde que llegué. Ahora el problema es que se me han acumulado tantas impresiones y tantos pensamientos que no sé por dónde empezar. Así que segmentemos.

La ciudad.

La ciudad me gusta. A ratos echo de menos estar en Granada y saber exactamente dónde hay una copistería, una cafetería agradable, una librería o una tienda de pan ecológico, en vez de tener que dar vueltas por las calles preguntando a la gente con cara de idiota. Y creo que siempre me parecerá antinatural que la bebida no venga con tapa. Pero en general la ciudad me gusta. El Atlántico es azul eléctrico y parece más ancho que el Mediterráneo, me imagino que por el efecto óptico de verlo comparado con la lengua de tierra de la ciudad. El centro es como un pueblo grande, lleno de fruterías, mercerías, zapateros, cuchilleros, afiladores y muchos otros oficios bizarros que pensaba que ya no practicaba nadie.

La gente es simpática hasta el absurdo. Hoy el conductor de autobús me ha dejado subir gratis porque no llevaba suelto. Todo el mundo se pone a charlar a la mínima de cambio en cualquier tienda. Cantan por las calles y pronuncian la "ch" como "sh", y se llaman unos a otros "shosho" y "pisha". Como dice Erika, eso no está del todo mal; es en plan "tú tienes lo tuyo y yo tengo lo mío; dejémoslo claro desde un principio".

Aun así, no quiero apresurarme. Hace falta tiempo para conocer a las ciudades. Pero me gusta ver el mar a diario más de lo que estaba dispuesta a admitir.

El trabajo.

Aún no he empezado. Doy vueltas por los centros de salud y por el hospital conociendo a gente y entregando papeles. Mi R3 (el residente de tercer año; no hagáis bromas de la Guerra de la Galaxias, que están muy vistas) me ha acogido amablemente bajo su ala y me está ayudando muchísimo. La semana que viene tendremos el acto de bienvenida y algunos cursos más bien enfocados a médicos que van a hacer guardias en urgencias, así que me imagino que me dedicaré a ir a la playa solucionar importantes asuntos pendientes. Después empezaré por el centro de salud mental de adultos.

¿Tengo ganas de empezar? ¿Estoy nerviosa? Es lo que me pregunta todo el mundo. Digamos que creo que aún no me he implicado del todo con lo que conlleva estar aquí y comenzar la residencia. Voy tomándome los días uno por uno y las impresiones a medida que van llegando. Creo que hacerme realmente consciente de todo lo que implica mi nuevo trabajo me aplastaría, y creo que debo mantener un cierto distanciamiento si no quiero pasarme las tardes llorando en casa por lo injusto que es el mundo. En fin. Ya iré contando cuando esté más metida en faena.

Yo.

Yo estoy bien. De momento me está encantando lo de vivir sola. Mis naturales tendencias hacia el aislamiento se ven colmadas en mis 42 metros cuadrados de piso coqueto. A ratos me aturrulla un poco tener tanto control sobre mi tiempo y mi espacio, pero en general me gusta mucho. Aún no he escrito un "top ten de cosas geniales de vivir sola", pero está al caer, creedme. De momento creo que va ganando "echarme la siesta en el sofá", seguido de cerca por "nadie me impone su música de Satán".

De momento, eso es todo. A alguien en la biblioteca le huelen muchísimo los pies y en un ambiente así es difícil encontrar inspiración. Seguiremos informando desde la tacita de plata.

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