massobreloslunes: Contacto -- TMC16

lunes, 27 de junio de 2011

Contacto -- TMC16

Hoy he tenido uno de estos pacientes que te roban el corazón. Dieciséis años de chaval listo y guapete, de ojos claros y sonrisa traviesa. Por supuesto, tenía problemas de piel: placas de alopecia que no respondían al tratamiento, y que ocultaba con cuidado bajo el pelo castaño y revuelto. Nada más sentarse en la consulta ha empezado a largar sobre lo preocupado que está por la caída del pelo, por sus padres separados, por no tener moto, porque su abuelo ha muerto. Le he preguntado si tenía a alguien a quien contarle todo lo que me estaba contando a mí, si se desahogaba con alguien. "No. Eres la primera persona a quien se lo cuento", ha contestado él, y me he sentido honrada de una forma profunda y misteriosa.

Me he quedado con él durante la pausa para el café. Hemos meditado juntos. He intentado explicarle por qué con la piel se sufre tanto: porque el infierno son los otros, porque nuestro cuerpo se nos rebela y no nos deja ofrecer la imagen que queremos, porque nos lo callamos todo y al final es la piel la que habla. No le he dicho que quizá el dermatólogo no solucione su problema. No le he dicho que quizá tenga que plantearse, como me planteo yo hoy por hoy, que su problema es crónico, y que lo único que puede conseguir es que mejore un poco o que no empeore mucho. Es una verdad muy cruda para los dieciséis. Tendrá que aprenderlo solo. Ojalá no le haga falta.

Me gusta mi trabajo porque, de vez en cuando, entre ansiedades y ataques de pánico y agobios laborales, encuentras una tajada de vida tan real, tan honesta y tan cruda que te hace temblar. Sufrimiento y punto. Lo que me conmueve entonces es el contacto, que es lo mismo que tiene el arte, lo que tienen las fotos y la escritura, lo que tiene la música. Recuerdo que me gustaba escuchar la música de MQEN porque me parecía que escuchaba su cabeza. Hace un rato estaba mirando las fotos de un colega en el Facebook y pensaba que es hermoso poder mirar con sus ojos y ver la belleza que él fue capaz de capturar con su objetivo.

Mi esperanza es poder conseguir lo mismo cuando escucho a mis pacientes. El contacto, la calidez de sentirse comprendido, el privilegio de llegar con ellos a la parte humana, común y dolorosa que compartimos todos. No sé si mi paciente de hoy se ha dado cuenta de cómo su sufrimiento me estaba taladrando el corazón, o de las ganas que tenía de levantarme y estrecharle las manos o darle un abrazo. Me ha hecho falta respirar hondo para sobreponerme y seguir adelante con él. Al final no te puedes dejar arrastrar, porque entonces os vais los dos a pique: te tienes que quedar ahí, aguantar el tirón y acompañarle a través de su propia pena, que no es la tuya.

Entonces es cuando la escuchar se convierte en un arte, porque intenta conseguir el mismo efecto: la misma sensación de contacto, el chispazo de reconocer lo verdadero. A veces, cuando no estoy demasiado cansada o cuando, como hoy, un paciente me conmueve, les veo brillar detrás del escritorio. Les veo tan humanos, tan vulnerables y tan grandes. Sólo quiero que reconozcan su belleza y su grandeza, igual que lo veo yo. Porque en la buena terapia, igual que en las buenas fotos, o en la música, o incluso en el chulazo de mi profe de escalada trepando en horizontal por las rocas imposibles, el denominador común es el amor. Y al final, ya lo he dicho otras veces, es de eso de lo que se trata todo.

3 comentarios:

  1. Es que tu eres un amor! Y que conste que no había comentado este post porque no lo había visto.

    Y a mi sí que me gusta el resultado, porque me parece que está cargado de emoción cotidiana y ternura infinita.

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  2. Te gusta tu trabajo porque a veces encuentras tajadas de "sufimiento puro. Y punto"? ¿Si? A mi em parecería lo maś duro de tu trabajo, ¿no?

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  3. Precioso post... Es amor puro

    :))

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