massobreloslunes: 12. Post muy largo e incoherente sobre mi fin de semana. Allá vosotros

domingo, 24 de julio de 2011

12. Post muy largo e incoherente sobre mi fin de semana. Allá vosotros



Supongo que pasará con todo, pero en la escritura hay una diferencia fundamental entre escribir a gusto, con convicción, disfrutando del proceso y oyendo encantada el ruidito de las teclas, o escribir despacio, encajando una frase detrás de la otra con esfuerzo sobrehumano y más bien poco contenta con el resultado. Escribiendo del modo B se pueden sacar textos, sobre todo si tienes práctica y no se te da mal esto, pero cuando noto que lo estoy haciendo así suelo borrar el post entero y empezar de nuevo. Suele ser una cuestión de estructura o de punto de vista, y lo suele resolver arrancando de otra forma totalmente distinta y dándome permiso para escribir chorradas gigantes.

No sé si la gente puede disfrutar algo que yo no he disfrutado escribiendo. Igual sí; sería muy egocéntrico pensar que mi propio disfrute es condición necesaria para el de los demás. Aun así, hay algo en esos post construidos con sudor y sangre que me resulta ajeno y acartonado, y por eso casi todos acaban el la carpeta de borradores. Me ha pasado con la versión anterior de éste, y como no me gusta escribir como el que exprime a una vaca moribunda, he vuelto a empezar.

La cosa es que me mola escalar muchísimo. ¿Lo he dicho ya? Creo que mi entorno está un poco extrañado de esta nueva afición mía. Mi padre, el pobre, cada vez que le digo que he estado escalando me dice "ten cuidado, no te vayas a caer, que tú eres muy torpe... muy lista con la cabeza, pero muy torpe con las manos". Tócate los pies. ¡Yo no soy torpe! Dibujo bien, toco instrumentos mal pero con cierta solvencia y también tengo habilidad en otras cosas manuales que no incluiré aquí porque no está bonito.

Aunque no lo parezca, procuro contenerme al escribir sobre escalar, porque es como cuando conoces a alguien o empiezas a enamorarte: todo te parece fabuloso, pero en realidad no sabes cómo va a acabar la cosa, así que procuras mantener los pies en el suelo hasta que no tienes las ideas un poco más claras (curiosamente, con la escalada mejor no mantener los pies en el suelo, porque entonces vas listo. Jejejej, juego de palabras).

Pero de vez en cuando se lo tienes que decir a alguien. Estoy TAN enamorada. O escalar me gusta TANTO. Empiezas con alguien y todo el tiempo que pasas con esa persona te parece poco. Yo me quito la cuerda y ya estoy loca por ponérmela otra vez. De esa persona te parece adorable hasta la forma que tiene de rascarse la nariz. De escalar me gusta ir al campo, me gusta ir con gente, me gusta que te aseguren y asegurar tú. Asegurar es bonito: mola que pongan en ti toda esa confianza. Me gusta el respeto que hay en general por el que está arriba peleándose con la piedra. Me gustan las palabras de ánimo desde abajo. Me gusta estar arriba y encontrar por fin la manera de subir un poco más, porque eres capaz de percibir cómo está tu cuerpo, la relación entre tus fuerza, el equilibrio y el tamaño del agarre.

He estado estupendamente a gusto este fin de semana en Bolonia. Aunque he escalado menos de lo que querría, claro, pero quién no. Quién no se marcha de la cama de su enamorado como si le estuvieran arrancando por la fuerza. La zona es preciosa: las rocas están rodeadas de árboles y se alzan sobre una extensión de colinas y campos que terminan junto al mar. Desde la roca se ve la forma de las olas: lar cortitas, picadas y peleonas del levante; las largas, remolonas y cuasi-sensuales del poniente.

Cuando estoy en el campo me relajo. Me dan igual la mugre, los bichos, dormir en la tienda con la cadera clavándose contra el suelo y recordándome que ya no estoy en los scouts ni tengo doce años. Atardece despacio. No te pasa eso que ocurre en la ciudad, de estar de repente en una habitación viendo la tele o trabajando, y mirar al exterior y darte cuenta de que ha anochecido. Puedes sentir cómo las sombras se alargan, la luz se vuelve cada vez más mortecina y a ti te entra una nostalgia dulce de pensar que ya no habrá más día hasta mañana.

Por la noche hablo por teléfono con llamémosle interlocutor adorable (IA), un personaje de reciente aparición en mi existencia del que no voy a decir mucho más, salvo que es adorable y punto. Me alejo del grupo y camino a tientas por entre las piedras. La oscuridad no me da ningún miedo; casi me parece peor el cerco de luz tramposo de la linterna, que te deslumbra y te impide adaptarte a la poca claridad que den la luna o las estrellas. Esta visión tan poética ha estado a punto de costarme un tobillo en alguna ocasión, pero me da un poco igual.

Termina la conversación con IA y me quedo sentada en el suelo, y después me tumbo en la hojarasca con las manos hundidas en la tierra. Pienso vagamente que podría haber algún bicho muerto o (más plausible) algún clinex sucio bajo mi espalda, pero me da igual. No me importan ni el frío, ni la piedra que se me está clavando en las costillas ni las hormigas que empiezan a subirme por las piernas. Hay incluso algo de agradable en esa sensación de estar siendo fagocitada por el suelo, como si las hojas y los bichos me estuvieran acogiendo. Estoy tan tranquilita y tan zen. No sé si será por haber escalado, por IA o por mi momento campestre, pero en este instante podría morirme aquí, comida por las hormigas o apuñalada por algún asesino rural y loco, y me daría igual.

Me están saliendo hasta musculitos, que lo sepáis. Yo pensaba que entre el hombro y el codo sólo tenía piel y grasilla, pero resulta que no. Me siento ágil y dueña de mis extremidades. Me fascina todo lo que me queda por conocer de este deporte, y me encanta sentir que es muchísimo y que me puede acompañar un montón de tiempo. Espero que esto no se tuerza, igual que una espera con optimismo que una relación no se joda nada más empezar. Pero en los comienzos hay que tener fe. Realismo, sí, y a cabeza en su sitio para no pegarse un batacazo real o figurado, pero también un soplo de fe. El aliento que necesitan las cosas hermosas para estar vivas. El optimismo necesario para decidir levantar los pies del suelo.

2 comentarios:

  1. Que suerte tiene IA, no? la verdad es que la parabla "adorable" es genial.
    Un besazo y a seguir "petando el gozimetro"

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  2. Creo que la que tiene suerte soy yo :) Otro besazo.

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