massobreloslunes: TMS

sábado, 24 de diciembre de 2011

TMS


Cuando hoy Kpot me propone ir a tomar un café después de comer, decido saltarme mi Muy Sagrada Siesta y enfilo con la moto hacia Cortadura. Hace un frío húmedo y antipático, y la ciudad ha estado todo el día enterrada en una niebla rara. Kpot lleva su plumas amarillo y un gorro marrón de lana, y yo me he envuelto los pies en plástico de bocadillos entre dos capas de calcetines (verídico) porque el otro día me dijo la psicóloga del CTA que servía para conservar el calor.

Charlamos de la vida y especialmente del amor, de lo sumamente capullos que somos los dos, y de cómo cada uno sabe lo que el otro debería hacer pero es incapaz de hacerlo él mismo.
Después me voy al Corte Inglés, donde doy vueltas como una zumbada por entre los mostradores. Todas las dependientas me preguntan si me pueden ayudar en algo, porque creo que con mi mochila del roco a la espalda y mi jersey de lana gorda parezco una homeless. Y eso que no saben lo del plástico para bocadillos. Me apaño para comprar un par de regalos y entro en el Hipercor a dar vueltas ensimismada entre los estantes de comida internacional.

Entonces me llama el Kpot para contarme sus movidas sentimentales y le digo que quiero ir a la Zona Franca, donde están los polígonos, a comprar una cinta de equilibrio para mi hermano. Yo estoy aquí al lado, me dice, vente y te espero. Así que tiro para allá con la moto, que entre la niebla y mi falta de orientación no sé ni cómo llego, y ahí está él, parado al lado del Maxi Día. Que no me arranca el coche, quilla, me dice. ¿Y qué hacemos? No sé, cohone, contesta, porque el Kpot dice cohone aproximadamente una vez cada tres palabras. Ya veremos. Voy a fumarme un cigarro.

Estamos ahí parados, en mitad del polígono, con la niebla cubriendo las farolas como en una novela de Sherlock Holmes. Él no parece nada preocupado, y yo tampoco lo estoy mucho, aunque tengo frío y querría irme a mi casa a cenar algo y ver Bones. Pero en realidad cuando estoy con el Kpot me da igual, porque con él nunca me aburro. Que es más de lo que puede decirse de la mayoría de la gente.

Cuando conocí al Kpot pensé que nunca en la vida seríamos amigos. Le veía en otro plano de realidad: el de los escaladores avanzados y enfermizos. Ahora creo que es la persona de mi vida a la que veo con más frecuencia. Vamos al roco dos o tres veces por semana, coincidimos escalando los findes y, en general, estamos en contacto todo el puto día, desde que nos levantamos y nos saludamos por el Facebook hasta que nos vamos a dormir.

Es muy, muy divertido. O, por lo menos, a mí me hace mucha gracia. Tiene un sentido del humor mezcla entre absurdo e hijo de perra que me encanta. También es muy listo, y por alguna extraña razón nuestros mecanismos mentales se parecen tanto que a veces terminamos el uno la frase del otro, o sabemos lo que piensa el otro sobre un tema sin necesidad de decirlo. Le gustan tanto las iniciales como a mí, así que hemos creado el concepto TMS: Telepatía de las Mentes Sucias.

Por ejemplo hoy, hablando de A., su Gran Amor Complicado, hemos tenido esta conversación.
YO: Te voy a hacer una pregunta: ¿si te dieran la oportunidad...
ÉL: ... de no haber conocido nunca a A.?
YO: Sí, ¿cómo lo has sabido?
ÉL: TMS, compadre.
YO: TMS.

Y así todo el día. A ratos somos pesados, lo sé, porque otras veces hablamos en inglés para que él practique, y también tenemos bromas absurdas que sólo nos hacen gracia a nosotros. Nos llevamos muy muy bien, y es curioso, porque él es difícil, yo soy difícil, pero los dos juntos somos fáciles. Saca lo mejor de mí. Y aquí es donde aclaro que no le quiero dar un pegue (jerga de escalada, equivale al sexo y a casi todo), no sólo por lo típico de no estropeemos la amistad y blablabla, sino porque sería una mezcla entre incestuoso y poco serio.

Pasamos como una hora al lado del coche, empujándolo, charlando, fumando y diciendo chorradas. Por fin aparecen unas chicas que nos ayudan y el coche arranca. Nos vamos a tomar algo al paseo marítimo con Ara, que ha sacado a pasear a su enorme perro negro y después ha quedado con unas amigas. Cuando volvemos al coche, otra vez no podemos arrancarlo. Lo sacamos del aparcamiento empujando, que menos mal que estoy fuerte del roco, y después otro chico nos ayuda a ponerlo en marcha. Antes de irse, el Kpot me achucha un poco. "Ay, mi niña", me dice, "qué haría yo sin ti". Y me entran ganas de explicarle que, mientras pueda, yo siempre voy a estar ahí para él, porque me inspira una lealtad profunda y extraña que no sé muy bien de dónde sale. TMS, supongo.

Ya lo dije ayer: la vida sigue y nos trae a gente. La forma en que los humanos nos vinculamos unos a otros me fascina, y que un desconocido se vaya haciendo hueco en tu vida despacio hasta convertirse en parte de ella me parece precioso. Porque cuando paso unos días sin ver al Kpot, le echo un montón de menos, y eso que hace medio año ni sabía que existía.

Si tuviera que pensar en una moraleja para el post de ayer, diría que la vida es demasiado corta como para desperdiciarla con gente que no te quiere. Y si tuviera que buscar una para hoy, diría que, además, hay tanta tanta gente linda que sí que te quiere y que quiere pasar tiempo contigo que es esa gente quien se merece algo tan importante como tu lealtad y tan valioso como tu tiempo.

2 comentarios:

  1. Bonita entrada :)
    Y comparto completamente la reflexión del último párrafo.
    Por cierto, me hace gracia lo de que no pensabas al principio que fuera a surgir una amistad.
    Creo que, por tendencia natural, siempre buscamos conocer gente que comparta nuestros gustos y aficiones y tal, que en definitiva sean como nosotros. Pero eso no es una ley matemática que se cumpla. Gente con la que no tengo nada en común he llegado a congeniar mucho. Y gente que comparte mis hobbies puedo no soportarla.
    Las afinidades engañan.
    Un abrazo.

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  2. Precioso. Me sigue fascinando lo perfectamente que expresáis lo que pensamos, comparto la entrada y el comentario anterior. Besos. Fátima.

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