massobreloslunes: Fluyeeeeendo

domingo, 29 de enero de 2012

Fluyeeeeendo

No me puedo creer que ya vayamos otra vez camino al verano. Que eres una exagerada, Marina, me diréis algunos. Que estamos en enero, o bueno, si me apuras en febrero casi. Pero es que ya lo cantaba Quique González en Salitre, "nunca es primavera donde tú creciste", y aquí en el sur las cosas son así. Un invierno más que clemente, con un montón de días de sol de esos en que la Caleta parece la Quinta Avenida y casi no puedes andar. Las tardes cada vez más largas, que hoy me ha sorprendido ver que a las siete todavía quedaba luz. Febrero, que es un suspiro con los carnavales; marzo y abril, que igual sorprenden con los últimos coletazos de frío y lluvia. Y en mayo es mi cumple y ya hace calor, ya puedes irte a la playa, los días ya son estremecedoramente largos. Aquí en Cádiz no hay montañas y la luz reverbera en el océano, y a mí a veces me da miedo volverme loca como los del círculo polar cuando veo que son las diez y media y todavía no se ha hecho de noche.

Así que sí, vamos camino del verano. Cuando me quiera dar cuenta estaré otra vez tumbada al sol en la silla caletera. Acabo de estar echando un ojo a algunas fotos y vídeos antiguas que tengo en el ordenador. Que de verdad: si muero de forma inesperada, por favor, que alguien queme el Mac antes de que haya tiempo de meterle mano, porque me he dado cuenta hoy de que almaceno demasiados vídeos privados cantando Shakira con la guitarra. El caso es que hay uno de este verano y se me ve mortalmente rubia de pelo y morena de piel; parezco californiana, o algo. Canto Maldita Nerea con estusiasmo, pero sonrío poco y no sé por qué.

Llevan un par de semanas picándome las ganas de ir a vivir a otro sitio. En enero del año que viene me mudo a Madrid un mínimo de cuatro meses y un máximo de siete. Voy a rotar en la Paz con una psiquiatra que practica terapia narrativa con víctimas de trauma, y después quiero irme a un hospital de día a trabajar el apego en psicóticos. Me apetece muy mucho. No es que no me guste estar en Cádiz, que sabéis que me encanta, pero también me gusta mucho mudarme. Al final uno acaba amando las cosas si las hace el número suficiente de veces. Me recuerdo lloriqueando en Granada porque echaba tanto de menos... no Málaga, porque no era Málaga, sino cierta sensación de arraigo. Después aquí, extrañando Granada. Al final, para arraigar solo hace falta echarle un poco de corazón.

Me gusta más mudarme que viajar. Creo que es porque soy de reacciones lentas y tardo mucho en cogerle el ritmo a los sitios y a las personas. Pero al final, si te mudas dos o tres veces y consigues arraigar un poco en cada sitio, desarrollas una fe abrumadora en el proceso. Sabes que con la gente hay que ir despacio pero seguro, que quizá tengas que salir cuando no te apetece o pasar cierto miedo difuso si vas sola a entrenar a un rocódromo y temes que los maromos te hagan bullying. Pero al final no queda más remedio que conectar, y conectar es devastadoramente guay.

Ayer hice guardia con el MIR de psiquiatría. Iba a hablar bien de él, pero me ha pedido la dirección del blog y ahora me da vergüenza (¡hola, MIR!). Así que resumo diciendo que hizo de la guardia una buena guardia. Porque es un psiquiatra que escucha y que sabe hacer sentir a los pacientes que le importan. Porque es inequívocamente cálido y muy honesto. Porque aunque le cueste la misma puñetera vida quedar para tomar una caña, es la persona a la que llamo si me caigo con la moto y estoy llorando sola en el hospital a las ocho de la mañana. El MIR mola muchísimo. Y esta tarde he quedado para tomar algo con Nuria, que es BIR (Bióloga Interna Residente) y que también es mi amiga no tengo claro por qué. Las dos nos sentíamos solas al principio y las dos pusimos una voluntad tremenda en llevarnos bien: empezamos a quedar por quedar, sin coincidir nunca en ningún lado, y año y medio después seguimos llamándonos con regularidad aceptable y nos juntamos para criticar a los hombres. Hoy estaba todo cerrado y hemos terminado en un bar infumable del Mentidero, con el fútbol de fondo a toda pastilla, bebiendo un rioja de calidad dudosa mientras repetíamos "putos tíos" con una frecuencia aproximada de dos veces cada cinco minutos. Y eso está muy bien. El MIR salvó mi guardia, la BIR salvó mi domingo. Y me acuerdo ahora concretamente de los primeros meses que pasé en Cádiz, cuando pensaba: es una ciudad preciosa, pero para compartirla con gente. Quiero quedar con alguien para entrar en estos bares y pasear estas calles. En ese sentido parece que todo ha empezado a fluir bien, y me voy con el argentino a cenar vino con muffins de chocolate al Café Levante y con el Kpot a fumar tabaco de liar y a intentar descifrar los recorridos mentales de la gente. Y, en fin, esa es mi vida y es guay pero, aun así, me apetece un montón mudarme.

Que no hay prisa, ojo. Que me quedan once meses en Cádiz y luego otros diez, cuando vuelva de Madrid. Pero no es tanto. Si consigo hacer las dos rotaciones externas seguidas, este verano será mi último verano aquí, así a priori. Lo que es muy increíble, porque el verano en Cádiz está ahí a caballo entre la indolencia y la magia y una se siente muy, muy afortunada cuando cabalga en moto por el aire cálido y puede oler el mar desde cualquier parte. Aun así, me imagino en Madrid de aquí a un año. Me imagino compartiendo un piso un poco cutre con veinteañeros largos como yo, gente que a lo mejor está también un poco perdida pero que se junta por las noches para contarse el día y tomar una caña en el salón. Me imagino apuntándome a algún roco, que allí debe de haberlos buenos, y quedando los fines de semana para ir a escalar adherencias en la Pedriza (y eso que no me gustan las adherencias). Me imagino discutiendo recorridos de metro para llegar lo más rápido posible de un punto a otro, y vagando por el centro los domingos solo porque están las tiendas abiertas y porque puedo. Escuchando conciertos en el Libertad 21. Comiendo al sol en los indios de Lavapiés. Paseando por el Retiro así toda melancólica y luego escribiendo aquí en el blog y creando una etiqueta llamada "Madrid".

Así que bueno, la vida. Uno siempre está en otro lugar, supongo. Estás en un futuro donde tienes amigos con los que tomar vinos, y después, cuando esos amigos llegan, estás en otro futuro en el que vagas por otra ciudad y piensas, a su vez, en un futuro en que podrás irte con alguien a descubrir sus mejores esquinas. Y en medio de todo eso vas haciendo el viaje. Y al final lo más importante, lo mejor de todo, es la gente a la que conoces por el camino. Porque ellos son los que construyen verdaderamente las ciudades que habitas.

7 comentarios:

  1. En el fondo todo el post es una excusa para justificar las ganas que tienes de crear una etiqueta llamada "Madrid" xD
    Espero que sobrevivamos al Apocalipsis maya, tengo curiosidad por ver como describes tus aventuras en un escenario conocido.
    Un saludo.

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  2. Qué abrazo te daría ahora por darme un inicio de lunes tan tranquiko, tan contento y con tanto ritmo. No había música de fondo pero como si la hubiera. Disfruta de ese sol y de tu colección de IRs ;)

    Cos

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  3. Qué razón tienes!

    Yo estuve en Cádiz hace un par de años y me pareció que tiene mucho encanto, pero desde que te leo me gustaría vivir allí una temporada! :)

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  4. Que alegría saber que te tendremos por aquí!! Ya sabes lo que decimos en Madrid..."Vives en Madrid...eres de Madrid"

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  5. Mr. M.: Yo también espero que sobrevivamos al Apocalipsis Maya. Y una etiqueta de Madrid tendrá sin duda su encanto. La verdad es que me apetece un montón, aunque sea casi a un año vista.

    Cos: jo, qué bonito. Me llega tu abrazo virtualmente. La pena es que no rotaré en Asturias, pero bueno; no descarto hacer una visitilla al norte este verano, que a ratos me puede la sed de verde.

    Marta: ¡qué guay! A mí no me impotaría vivir en Galicia una temporada, así que si quieres hacemos un cambio rollo tú a Boston y yo a California :p Ya en serio, dar a alguien ganas de vivir aquí es bonito, porque quiere decir que estoy sabiendo transmitir lo mucho que (me) gusta esto.

    Laura: la verdad es que Madrid es el sitio de donde me llegan más visitas, así que cuando vaya para allá espero tener una buena acogida ;) Y me ha encantado el dicho, lo tendré en mente desde ya.

    Besos para todos.

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  6. Venía de la guardia un poco triste y cabreado a la vez. Una guardia donde solo he visto al adjunto dos veces, cuando llegó y cuando se fue. Una guardia donde sin quererlo yo he hecho las funciones de FEA (sin cobrar lo que ellos claro), con lo que conlleva, responsabilidad, enteraza y "saber estar". No es que halla sido una guardia especialmente mala, mas bien solitaria, para terminarla con la mala cara del superior de la abadía, como reacción a mi esfuerzo.
    Pero al llegar me ha dado por leer tu blog, y al leer esto "Porque es un psiquiatra que escucha y que sabe hacer sentir a los pacientes que le importan. Porque es inequívocamente cálido y muy honesto. Porque aunque le cueste la misma puñetera vida quedar para tomar una caña, es la persona a la que llamo si me caigo con la moto y estoy llorando sola en el hospital a las ocho de la mañana. El MIR mola muchísimo.", la verdad es que ha cambiado la luz del dia, ya no es tan oscuro, o será que ya es medio dia, pero sea lo que sea, es mejor.

    Un besote PIR.

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  7. ¡MIR! ¡Qué alegría verte por aquí!

    Siento que hayas tenido una mañana triste, y me alegro de haberle puesto un poco de sol. Ya sabes que lo pienso de verdad, ¿no? Tú eres MUY GRANDE, MIR.

    Respecto a la soledad y esa sensación que se nos queda a veces de no estar valorados... al final tú sabes quiénes son los que importan, y yo sé que ellos se llevan lo mejor de ti.

    Un abrazo gigante :D Ya verás lo bien que vamos a estar el sábado!!

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