massobreloslunes: Fuertectual: fuerte e intelectual

jueves, 23 de febrero de 2012

Fuertectual: fuerte e intelectual

El comentario de Khal Yeleytr en el post anterior me ha hecho reflexionar. Dice algo como que le cuesta conciliar mi faceta de escaladora con la de intelectual con blog, post diario, trabajo sedentario etc etc. Eso me ha hecho pensar un poco en mí y en mi relación con el deporte. La verdad es que ayer, mientras saltaba a la comba en plan Rocky entre serie y serie de movimientos de escalada, le decía a otra chica que hace poco que entrena: "Yo antes no era así. En serio". "¿Así cómo?". "Yo qué sé, así de... ¿activa?".

A lo largo de toda mi vida, mi relación con el deporte ha sido terrible. Para mí era un castigo; algo como si Dios, cuando lo de la manzana, hubiera dicho: "ganarás el pan con el sudor de tu frente y además tendrás que hacer deporte".

Cuando era pequeña, mis padres parecían conscientes de que tenía que hacer deporte para salvarme de la obesidad infantil. Durante muchos años probé, de forma más o menos intensa, el ballet, la natación, la orientación, la vela, la equitación, el esquí, el tenis, el baloncesto, el atletismo y el yoga. Sólo se me dio medio bien la orientación, porque había que pensar y pensar es mucho mi rollo: fui a campeonatos y gané hasta medallas. Yo en un podium con dos medallas de oro al cuello: una vez en un siglo, como los eclipses.

El resto se me daba normal o directamente fatal. En baloncesto, por ejemplo, tardé MESES en meter una canasta EN LOS ENTRENAMIENTOS. No era un lastre para el equipo porque jamás me eligieron para los partidos. En tenis el profesor repartía dos tipos de puntos reforzantes: unos amarillos por jugar bien, otros verdes por portarse bien. Adivinad cuáles me daba a mí. A yoga me apuntaron porque con once años ya estaba tan estresada por la vida como para que me lo recomendara la psicóloga del colegio, y con mi elasticidad nula gemía de dolor en la postura del loto mientras me preguntaba por qué me odiaban mis padres.

Luego llegó la adolescencia y el deporte pasó a convertirse en "eso que debería hacer para estar buena". Claro, que en mi caso estar buena era algo bastante improbable si tenemos en cuenta que iba a las mercerías a buscar sujetadores y los dependientes me decían que tan pequeños no los fabricaban. Pero todos los meses la Super Pop sacaba alguna tabla de ejercicios donde chicas preciosas posaban sonrientes, y te permitías creer que si sacabas tiempo para hacer tres series de abdominales al día durante un mes tú también te parecerías a esas chicas perfectas. Así que hacía abdominales durante más o menos cuatro días y luego volvía a comer donetes y a medirme las tetas para ver si me habían crecido.

En la facultad pasé al pragmatismo. Ni me iban a crecer las tetas ya más, ni iba a estar buena, ni nada. Más me valía pasarme a los hombres gafapasta, que apreciarían mi encanto intelectual y mi genio creativo. Y el deporte pues bueno: una vez al año me proponía salir a correr, y durante el mes y pico que aguantaba me sentía fuerte y sana. Y pensaba: ya está, me he convertido en deportista. ¿Cómo he podido vivir antes sin esto? Soy adicta al deporte, lo necesito, soy sana y activa. Mentira cochina, que a la mínima excusa volvía a dejarlo estar y a pasarme las tardes sentada en el ordenador y/o en el taburete de un bar.

Para no convertirme en un desecho obeso, caminaba mucho por Granada y montaba en bicicleta. También me apunté a danza del vientre o, como decía J., a danza de la panza. Allí conocí a Silvia, por cierto. Fue divertido y aguanté un año y pico, e incluso participé en un super espectáculo que montó mi profesora. Estuvo bien porque tampoco soy de las que bailan. Hasta entonces, mi cara de bailar era algo como "no sé bailar y me da vergüenza y soy un fraude y todo el mundo se está dando cuenta". A partir de la D de la P adquirí un poco de confianza en mi coordinación, y ahora directamente me da todo igual y bailo como una retrasada así, sin complejos.

Y llegamos a la etapa actual. La Etapa Adulta. A partir de mi diagnóstico de rodillas de anciana y de darme cuenta de que no podría correr más, ni siquiera un mes al año, decidí que tenía que hacer deporte. No para estar buena ni para evitar la obesidad, sino para estar sana. Física y mentalmente. Así que empecé a nadar. Y no me iba mal; nadar me gusta. Me relaja, me desconecta el cambio de gaseoso a líquido y cuida mi espalda. Y así habría seguido, nadando despacito y mal hasta ser una anciana que toma leche de soja enriquecida con calcio, de no haber sido por ese evento que cambió mi vida para bien hace ocho meses, a saber:

EMPECÉ A ESCALAR (¡¡sorpresa!!)

Y bueno, para mí escalar no es deporte. No lo es en el sentido que para mí ha tenido el deporte siempre, a saber: esa actividad sufridora que quieres que se acabe cuando la estás empezando. Cuando miras a los que salen del gimnasio cuando tú entras y piensas: qué envidia, cojones. Yo quiero estar en mi casa comiendo ensalada con la sensación del deber cumplido, y no aquí sudando mientras me grita el monitor de spinning.

No sé qué tiene la escalada que la hace tan distinta a todo lo demás. No sé si es la parte mental: es analítica, exige cierta creatividad y mucho autocontrol. No sé si es el chute intermitente de neurotransmisores felices que te produce conseguir un paso difícil o encadenar una vía. El caso es que a mí no me hace falta fuerza de voluntad para escalar ni para entrenar. Me apetece siempre.

Y sobre si siento que no encaja con el resto de mí... me está costando aceptarlo. Sí que me siento un poco una farsante. Como si no perteneciera a ese mundo tan físico. Además, me neurotizo con las lesiones, y me preocupa estar, como dice Murakami en su libro sobre correr, "echando sin parar agua en una olla que tiene un agujero". Peeeero... me gusta vivir la vida como si de verdad contuviera todas o la mayoría de las posibilidades. Que ahora, después de 26 años de sedentarismo intermitente,  ponerme fuerte sea una meta en mi vida, me parece divertido. Me ilusiona como pocas cosas. En mi mundo gafapasta de alternar escribir con dibujar con tocar el piano con leer con pensar muy fuerte, desarrollar mi parte física ha enriquecido mi vida de una forma que no me esperaba.

J. siempre decía que la canción que le recordaba a mí era "Physical", de Nine Inch Nails. "You're just too physical to meeeee", me cantaba aporreando su guitarra eléctrica. Yo. Que me he pensado siempre como un cerebro con patas. Y ahora me siento física. Miro mis manos, capaces de agarrarse (más o menos) de finas regletas, y mis brazos, capaces de levantar mi cuerpo de una barra de dominadas, y me siento orgullosa. Diferente. Más persona. Y me ayuda a escribir mejor y a trabajar mejor, sin duda. Me relaja, me construye, me integra.

Y no creo que pase con todos los deportes ni a todas las personas. Creo que tienes que encontrar el tuyo, y que igual ni aun así. Pero cuando pasa pues mola mucho. Así que espero seguir mucho tiempo.

Y ahora os copio un trocito del libro de Murakami:


Aunque este tipo de vida, vista desde fuera, pueda parecer efímera, inútil y sin mucho sentido, o sumamente ineficaz, me digo que hay que resignarse a lo que hay. Y aunque realmente no se trate sino de un acto vano, como verter agua en una vieja olla agujereada, al menos siempre quedará el hecho de haber realizado el esfuerzo. Tendrá su utilidad o no, será o no atractiva a los ojos de los demás pero, en definitiva, lo más importante para nosotros es, en la mayoría de los casos, algo que no puede verse con los ojos (aunque sí sentirse con el corazón). Y, a menudo, las cosas realmente valiosas son aquellas que sólo se consiguen mediante tareas y actividades de escasa utilidad.

14 comentarios:

  1. Perdón por mi ignorancia, pero qué práctica deportiva es la orientación?

    Mi.

    ResponderEliminar
  2. Tienes razón en eso de que tienes que encontrar tu deporte. Quiero decir que yo estoy de acuerdo, vaya. No todos los deportes valen. Mi equivalente a tu escalada es la bici.

    Correr me gusta. Pero sí tengo esa sensación de sufrir que dices. No sé quién dijo que corría por el placer que suponía dejar de correr. No me gusta tanto la parte física de correr, sino la mental. Hay algo de adictivo en esa lucha interna que tiene lugar cuando tus piernas quieren parar y te obligas a seguir. Hay algo extremadamente placentero, mágico, en hacer que siempre gane tu cabeza. Eso es lo que me hace seguir corriendo. Por otra parte, no es fácil: no siempre me sale natural, y muchas veces no me apetece. Requiere sacrificio y algo de sufrimiento. Y corriendo aprendí a aceptarlo (el sacrificio, el sufrimiento) como algo natural. Y no sólo en el ámbito del deporte. Y eso es algo que nunca me habría podido enseñar la bici.

    En cuanto a un posible choque con la parte intelectual, para mí es al contrario. Conociendo las limitaciones de tu cuerpo aprendes a valorar lo que puedes hacer con tu mente.

    P.D. Y ahí va la biblia profana... lo siento! :)

    :*

    ResponderEliminar
  3. Jaja! Tengo que reconocer que ayer vi un vídeo de escalada en Teledeporte y pensé 'joder! pues pensaba que si Marina escalaba no era algo tan físico'. Vamos, que en el fondo fondo no me terminaba de encajar a mi tampoco ese mundo físico con el 'gafapastismo' :D [hay que decir que era una escalada un poco extrema, creo! que no tengo ni idea del tema!]

    Pero mola mucho encontrar eso. A mi me encanta el deporte pero sólo el que me resulta divertido! Baloncesto, esquí...
    Pero prefiero una tortura china antes que salir a correr por ejemplo!!

    Un beso!

    PD. Tus post sobre la soledad me han hecho pensar mucho pero ya llego un poco tarde para comentar! Muxus!

    ResponderEliminar
  4. Holaaa! la verdad q me da mucha envidia esto de que hayas encontrado tu deporte. Porque es lo que dices, te ayuda a estar sana y además tiene consecuencias muy positivas.
    Yo soy una sedentaria...xo ahora mi cuerpo ha hablado y muy fuerte y tengo que hacerle caso...pero...necesito encontrar mi "deporte", tal vez solamente pueda empezar a mejorar mi mente y mi cuerpo en consecuencia, con irme a andar/pasear a la playa una vez acabo d trabajar cada día. Porque yo escalando, nadando y dando pasos de aerobic no me veo...no way...a ver si cojo el hábito de irme a la playa a pasear, oxigenar cuerpo/mente y todo empieza a funcionar mejor...
    :) feliz fin de semana

    ResponderEliminar
  5. Guau, he provocado una entrada en el blog, me siento poderoso, jaja.

    Me sumo al primer comentario. ¿Orientación como práctica deportiva? Ni la más remota idea.

    ResponderEliminar
  6. Hola a todos,

    Pues yo no puedo descubrir ningún deporte o más bien, no puedo elegirlo. En verano, en invierno, mi única opción es la natación y ¡Dios! ¡Cómo me cabrea el agua fría! Y no es sólo cabreo, es más que eso. Mi espasticidad se agrava y me quedo encerrada en un cuerpo que se niega a moverse. Eso es sufrir. No poder escapar. Sin embargo, necesito hacer natación no sólo por sus beneficios biológicos sino también mentales. Hasta hace unos años era sedentaria total porque esto es el culo del mundo y no había piscinas cerca. La piscina más cercana estaba en Valencia capi. Ahora llego del curro, me pongo mi traje de baño faja, cosa que es un sufrir y me pimplo 40 km. hasta la piscina más cercana. Sufro un retraso motor debido a una lesión cerebral provocada durante el parto y no existe en el mundo otra cosa que pueda hacer para no quedarme anquilosada y postrada en una silla de ruedas. Confieso que también lo hago por estética. He sido una "sortuda" hasta la fecha y podía pasarme el día comiendo pasteles y guarradas todo el tiempo sin mover el culo y tener un tipín apto para "deslizar" en un mono de licra. Aish, qué mona... Claro, que los años pasan y a mis casi 37, las carnes se resienten y ... se vuelven cada vez más inabarcables. En fin, ley de vida sin bisturí...
    De todos modos, como he dicho, el físico, es decir, la apariencia, no es importante. Se trata de salud.
    Mi discapacidad ha sido un factor decisivo para optar por la gafapastería, era lo único en lo que podía ser "normal" o destacar. Desde muy pequeña lo tuve claro: -Tú al estudio, usa el cerebro, que es en lo que eres buena y aparentemente no te lo han tocado -eso está por ver claro, porque de las ralladas mentales no me libra ni Dios.-
    En definitiva, que por operación "bikini", para no volverme loca con tanta hibernación y tanto sofá, porque quiero que la báscula marque 3 kilos menos, por salud mental y para liberar oxitocina o lo que se tercie, en asuntos de hormonas no soy muy ducha, sorry- en marzo me planto sin excusas en el gimnasio y a darle. Además, soy una nerviosa hiperactiva con una mente que no se corresponde con el caparazón de tortuga que cargo como indumentaria.
    ¡Esto no puede ser!. Vosotros que tenéis opción... ¡Hala! ¡a correr, gandules! ¡a liberar endorfinas de sufrimiento y lo que venga luego... ya se verá! Seguro que todo muy positivo y muy real.
    Saludos a todos y Marina, gracias por tus posts siempre tan "reales".

    ResponderEliminar
  7. Jo Marina, no dejas de sorprenderme!!

    Aquí una -gyn de mantenimiento en un centro cultural...

    Yo siempre recomendando el correr como el deporte x excelencia y pensando como Kundera "los otros, de quienes no entiendo muchas cosas, pero sobre todo no entiendo cómo aguantan la vida sin escribir (o correr)"

    Claro!! porque cada uno tiene su deporte que casa con él!!!

    Para mi correr es... lo más de lo más. Soy feliz, no sufro nada, disfruto todo el rato, vuelo, vuela mi mente, se desentumece mi cuerpo, todo él está comprometido en un esfuerzo q reporta incontables beneficios, mi mente dispara endorfinas a destajo, pienso bien, siento bien, estoy en paz, medito, me quiero, quiero la vida, es la utopía y la panacea...

    Tb escalo: no es lo mismo. Es, como tú bien dices, casi un reto intelectual, sólo trabaja mi mente, y mi cuerpo le sigue, le obedece, pero para mi no hay unidad, uno manda, otro acata.

    Qué increíble que mismos deportes generen sensaciones tan distintas.

    Somos todos humanos pero todos tan humanamente distintos!!!

    PD.- Un consejo especial para ti, Marina: prueba la escalada libertaria: deja de entrenar las vías, escala a vista y disfruta, o incluso vete a la clásica, eso sí es desafío intelectual sin 2ª oportunidades!!

    ResponderEliminar
  8. Pues fíjate que a mi no me ha costado nada el asimilar el que además escales. De hechio, te aporta tanto (sólo hay que leerte) que parece que estaba esperándote pacientemente. Y me marabilla que tengas tiempo para todo y que hagas lo imposible por tenerlo. :)
    No creo que haya incompatibilidades del sistema entre las dos facetas.
    Un saludo,
    G.

    ResponderEliminar
  9. Me parto con tus historietas de patio de escuela y baloncesto. A todas les doy un idem, con la diferencia de que, en mi caso, no era baloncesto, sino voleibol. Y que mis padres nunca se dieron cuenta de que mi coordinación psicomotriz era un poquito, esto, de serie Z. Para ellos, el deporte era, todo lo más, salir a buscar espárragos cuando íbamos al pueblo de mi madre.

    Pero parece que llega una hora en la que descubres que tu cerebro anda sobre dos piernas, y que esas piernas son más poderosas y recorren más distancias de las que nunca hubieras imaginado. Empiezas a dominar el músculo y el cansancio y de pronto te sientes a punto de levitar.

    Y, por cierto, chavala, bailabas de puta madre.

    ResponderEliminar
  10. Mi experiencia con el deporte tb habia sido nula. Futbol y baloncesto se me daban fatal, y de pequeño no habia o no supe elegir nada mas. Hasta que un dia "de adulto" descubri que un amigo hacia kendo, algo que siempre habia querido probar.

    Y bueno, me paso algo parecido a lo de la escalada: gane 10 kilos solo con moverme y no me costaba levantarme a las 7 un sabado, ni tampoco se me daba mal. Luego empece con tiro con arco, que tambien me encanto. A parte de la cocina, nada consigue que deje de pensar tanto como el kendo y el arco. Uno es muy fisico, el otro es pura relajacion. Ahora ando en barbecho, pero me encantara volver a empezar en breve.

    ResponderEliminar
  11. Una farsante?

    jaja...Se nota que son 8 meses los que llevas.

    Sabes que escalo desde...más o menos.... el big bang?? No se, el caso es que aún no había sol...

    Siempre he pensado que ser escalador no tiene nada que ver con el grado que realices, ni con las dominadas que hagas, ni nada por el estilo. Sabes lo que te convierte en escalador? EL SENTIMIENTO. Sentirlo. Y vaya si lo sientes. Hacía años que no encontraba a nadie que expresara ese sentimiento con tanta luz en los ojos. La forma en la que te esfuerzas por superar tus propios límites es, sin duda, de TODO UN ESCALADOR/A.

    No creo que seas una farsante, sino más bien un ejemplo de una persona que siente y ama lo que hace, sin sacrificios, claro...

    Y el Murakami ese seguro que hacía 9a, mínimo... (aparte de ser un fumeta)....

    Murakami.... 9a???

    ResponderEliminar
  12. Oye, ¿eres mi hermana gemela? subscribo cada una de las palabras que has dicho. Menos lo de escalar. Yo ya no llego allí y será porque tengo unos añitos más que tú y mis rodillas de abuela ya son irreversibles. Pero puedo cambiar escalada por senderismo y entonces tu texto es mi texto. Repito, no te canses, me encanta este blog!

    ResponderEliminar
  13. PD: "maravilla" que desde el móvil no atino con mis dedazos con la pantalla táctil. (Qué dolor de ojos xDDD ).

    G.

    ResponderEliminar
  14. Por cierto, FYI el roco de Rivas que mencionaba hace tiempo:

    https://www.dropbox.com/sh/4dibr9mo3sxymp8/Qup_fgvbuh/Imagen%28148%29.jpg
    https://www.dropbox.com/sh/snq7o6iiq63ldfa/kzaFvwB7-V/Imagen%28149%29.jpg

    J

    ResponderEliminar