massobreloslunes: La soledad y la escalada: llevando el frikismo un poco más allá

miércoles, 22 de febrero de 2012

La soledad y la escalada: llevando el frikismo un poco más allá

No sé exactamente qué hora es, pero digamos que algún momento entre las cinco y las siete de la tarde. Estoy en una tienda de alimentación del centro de Puerto Real. En estos momentos mi aspecto es el siguiente: trenza despeluchada, pantalones de deporte grises hasta la rodilla, camiseta de tirantes, una rebeca larga de lana morada y un pañuelo al cuello. Los pies de gatos puestos, aplastándome los dedos en la puntera. La cara y las manos llenas de magnesio, con las uñas pintadas de rojo destacando en medio del polvo blanco.

La razón de que lleve esta pinta de loca y no me haya quitado ni los gatos para ir a comprar agua es que ahora mismo me quedan siete minutos, medidos por el cronómetro del Kpot, para la siguiente serie de veinte movimientos en el desplome del roco. Cuando terminen los siete minutos sonará la alarma que hemos elegido, algo como una sirena de submarino en estado de emergencia, y me tocará colgarme de nuevo para que me marque otra vía.

El tema es que el amigo Kpot y yo no estamos leyendo un libro sobre entrenamiento para la escalada. Que no se puede ser más frikis. Que él vale, porque hace 8a y está muy fuerte y tal, pero ¿yo? Metro y medio de ex rubia sedentaria que cualquier día se lesiona y se tiene que poner a hacer ganchillo. Pero yo qué sé, vi el libro y me llamó la atención, lo compré, luego se lo presté al Kpot y este mediodía me ha recogido del hospital con un planning en Excel de lo que iba a ser a partir de ahora mi entrenamiento de escalada. Algo como: lunes y jueves nadar a muerte, sábado y domingo escalar a muerte, martes y miércoles en el roco a muerte. Ha diseñado series de movimientos con dificultad ascendente, descansos entre vías y entrenamiento de los músculos antagonistas. "Serás mi cobaya", me ha dicho. Y hemos echado la tarde con el cronómetro zumbando cada X tiempo, él marcándome vías y yo tirada de risa, apretando a muerte y sintiéndome como Patxi Usobiaga.

Me comenta Silvia en el post anterior que es complicado construir los vínculos necesarios para acabar con la soledad. Hoy he terminado el libro, y la verdad es que la conclusión es poco esperanzadora. Las herramientas no están claras, y aunque a veces parece que el fin de una soledad grave llega como resultado del esfuerzo de la persona, otras veces sucede de manera casi fortuita. Te cambias de trabajo, conoces a tu pareja en un bar o te apuntas a un curso de escalada de fin de semana, y bueno, los vínculos aparecen y la soledad se va. Más o menos.

La escalada ayuda porque es un deporte que necesita de la gente. No se puede ser un escalador independiente; como mínimo, necesitas a un compañero que te asegure desde abajo. Y asegurar o que te aseguren, de por sí, es una experiencia. Pones tanta confianza en la persona que dejas tu vida en sus manos. Confías en que responderá cuando lo necesites, en que te prestará toda su atención y sabrá amortiguar el dolor cuando te caigas. Aunque no sea más que una metáfora, creo que de alguna forma ayuda a que tu subconsciente construya esos vínculos y esa imagen de los demás como personas que están ahí para respaldarnos.

El tema del post de hoy es que bueno, yo parecía una loca en la tienda de comestibles. El dependiente me miraba contar monedas con las manos temblorosas y llenas de magnesio y no creo que se imaginara que soy la psicóloga de la Unidad de Agudos, y que por las mañanas hago cosas serias como valorar si un paciente tiene o no la intención de suicidarse. Y que es muy divertido y muy motivante ir al roco con un plan hecho, marcarse objetivos, querer mejorar y ser capaz de entrenar tres horas porque realmente no hay ningún otro sitio en el mundo en el que te apetecería estar.

Pero lo que de verdad me ha conmovido del día de hoy es el hecho de que el Kpot se haya parado a pensar un plan para mí. Porque yo me paso la vida en constante autocoaching. Que si escribe todos los días, que si estudia una tarde por semana, que si intenta meditar algo aunque sea antes de dormir. Que si ahora voy a planear mis menús para esta semana o a buscar en Google cómo cojones se cambia la bombilla del techo del baño. Vivo en la autosuficiencia. Y cuando alguien hace algo así por mí sin que yo se lo pida pues oye, me llega. Lo demás, teacher, no tiene tanta importancia: los minutos entre series,  el peso de las mancuernas, la cantidad de movimientos. Lo esencial ya lo tenemos.

Así que bueno, Silvia, no sé cómo se construyen vínculos. Es triste, pero creo que la suerte tiene mucho más que ver de lo que pensamos. Pero a veces sucede. A veces sientes esa conexión. Con una actividad, con una pasión, con una o varias personas. Y cuando sucede es tan estupendo que lo único que puedes hacer es agradecerlo así casi con disimulo y cuidarlo con todo el esmero del que seas capaz, porque es algo raro y valioso. Porque sabes que no es fácil. Porque merece la pena.

8 comentarios:

  1. Yo te dije que te cambiaba la bombilla del baño..no hacía falta buscar un tutorial en google...

    claro que las series, los minutos, los descansos no tienen importancia, ya que ni tan siquiera sabeos si lo estamos haciendo bien.. Somos cobayas, recuerda.. Lo importante es cómo lo hemos pasado esta tarde..

    jejej alguien dijo: "Para hacer lo que amas hay que sacrificar algunas cosas" . Y yo hoy he estado haciendo lo que amo, contigo, y no me ha dado la sensación de estar sacrificando nada..Ha sido todo un placer...

    Tú sí que me enseñas cosas cada día, teacher!!

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  2. Hahahahah a ver si es verdad lo de la bombilla, compadre, que cualquier día me salto un ojo depilándome las cejas :P

    Qué te voy a decir que tú no sepas. To the death, bicho. Un beso grande.

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  3. Sí, yo también creo que parte del meollo de la soledad o la conexión es cuestión de suerte. De timing, como tú has dejado escrito. Por eso la respuesta quizás pase por encontrar un equilibrio entre la modestia y la ambición: hacer lo que esté en la mano de uno, y luego aceptar lo que venga. O no. Y claro, agradecer siempre.

    Eres bonita!

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  4. No creo que las casualidades existan. Como dijo alguien por ahi "el maestro sólo aparece cuando el discípulo está preparado". Yo pienso que, de alguna manera, todas estas reflexiones que has hecho han abierto una ventana por la que colarse tu amigo y la escala. Qué ánimo, chica, yo ya soy demasiado sedentaria y miedosa para hacer algo así, pero has dado en el clavo: es una de las pocas actividades en la que depositas, tienes que depositar, tu confianza plena en el otro. Como me gusta este blog...:)

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  5. Ciertamente las relaciones humanas tienen un componente fortuito muy importante: tienes que tener suerte y tienes que estar en el estado adecuado para aprovechar esa suerte que has tenido.

    Por cierto que hay una errata en el post: escribes "no estamos leyendo" cuando debería ser "NOS estamos leyendo".

    ¿Soy el único al que le cuesta conciliar tu faceta de escaladora con tu faceta de intelectual con varios blogs, posts diarios y trabajo sedentario?

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  6. "creo que la suerte tiene mucho más que ver de lo que pensamos" (??!), lo siento, pero no creo en la suerte. La conexión es inevitable y existe de veras, pero se da o no bajo circunstancias determinadas. Por ej., si tienes ansiedad por conectar eso detendrá, incluiso tendrá un efecto de repulsión con la gente. Piensa en eso. Un besote psicoescaladora.

    CIUDADANO AT JOB

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  7. Silvia: totalmente de acuerdo. Y tú también eres bonita.

    Ada: yo no sé si creo en las casualidades. Desde luego, yo puse mucho de mi parte para encontrar algo divertido y provechoso que hacer. Pero sí creo que tuve un poco de suerte. Me alegro de que te guste el blog.

    Khal: contestación en el post de hoy.

    Ciudadano: pues yo sí creo en la suerte, es decir: creo que uno puede hacer las cosas de la misma manera y coincidir o no con gente con la que encaje, o estar mejor o peor, o... no sé, a mí me ha pasado.

    Marta: ¡¡y tú!!

    Besos para todos.

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