massobreloslunes: 50%

jueves, 26 de abril de 2012

50%

Así que tú eres la reina de la casa. Tienes el cuerpo pequeño, la cabeza grande, el pelo rubio natural y un cerebro poderoso. Con un año cantas canciones enteras de Ana Belén, con dos has aprendido sola la mayoría de las letras del abecedario, con tres lees. Eres buena, cariñosa, despierta, tranquila; tu único problema, al parecer, es que te gusta tanto el mundo que por las noches no quieres dormir. Yo no me quiero costar, repites a quien quiera oírte. Así que tu madre inventa cuentos larguísimos donde nunca pasa nada malo, para que no te den miedo, y los graba en una cinta que te pone en bucle antes de dormir.

Pero resulta que tus padres deciden que contigo no les basta y se ponen otra vez a procrear. Y como tu madre es fértil como un huerto abonado y tu padre donde pone el ojo pone la bala, cuando te quieres dar cuenta han traído a casa a una pelotilla rubia que, por lo menos, tiene todavía más cabeza que tú y hace que parezcas menos desproporcionada.

No es exactamente malo, pero te resulta... no sé, molesto. Lloriquea. Se pone penoso. Reclama atención. Tú eres tan, tan buena y él es menos bueno que tú y, aun así, le quieren. Miente sobre los deberes, trapichea con los juguetes, se hace amigo de los niños mayores del colegio para que le den pizza al mediodía. No come bien. Hace bola. Te llama a menudo a gritos desde la otra punta de la casa y tú, que te lo pasas mejor con los libros que con la mayoría de las personas, no encuentras la forma de compartir el tiempo con ese bicho inquieto y quejicoso. Te quejas a tus padres, que te dicen que no son el rey Salomón. Te tienes que buscar la vida en la relación personal obligatoria más complicada que vas a encontrarte.

Crecéis. Las cosas no mejoran. Cuando tú tienes uso de razón él no, cuando él la va adquiriendo tú te estás convirtiendo en una preadolescente absurda. Él quiere jugar y tú leer la Superpop. Cada vez que llega a una etapa tú ya has saltado a la siguiente, así que es complicado que os entendáis. Además sois tan, tan distintos. Tú con tu hiperresponsabilidad, tu obsesión con lo justo, tu asertividad, tus ganas de ser siempre la mejor en todo. Él con su todo me la pela existencial, su ley del mínimo esfuerzo, su capacidad para argumentar desde la nada y tener siempre razón.

Pero es muy gracioso, las cosas como son; hasta le eligen para un programa de la tele de esos de niños graciosos. En el colegio todo el mundo le conoce. Tú eres la mayor y, aun así, eres "la hermana de". Y es listo, el cabrón, porque mira que es vago, y mira que en su vida se habrá leído tres libros y, aun así, escribe bien: redacta claro y con contundencia. Sabe de memoria canciones al piano sin tener ni puta idea de solfeo, aprende solo a tocar la guitarra, tarda menos en conducir un coche a la perfección que tú en distinguir el embrague del acelerador. Vuestro sentido del humor se superpone con exactitud, y en vuestros mejores momentos os podéis pasar horas descojonados delante del Youtube. Tiene sus propias ideas, no deja que nadie le pisotee y cuando quiere algo moverá cielo y tierra para conseguirlo.

Te ha puteado muchas veces. Vas a coger tu bici y te encuentras con que ha utilizado las ruedas para un montaje de la facultad. Quieres tu guitarra y él se la ha prestado a nosequién que a su vez se la ha prestado a otro. Pone música cuando tú estudias, se come el jamón bueno con sus amigotes, se lleva el coche aunque le hubieras dicho que te hacía falta a ti.

Pero no deja de ser la persona de la tierra que más código genético comparte contigo; mínimo un 50%, si no te acuerdas mal de la genética que aprendiste en el cole. El único que entiende de verdad, para bien y para mal, lo que es ser hijo de tus padres, sobrino de tus tíos, nieto de tus abuelos. El que en las reuniones familiares mira el panorama, te mira a ti y se descojona, y luego toca la guitarra mientras tú cantas o canta mientras tú tocas. El que te lleva y te trae en coche aunque tú le prohibieras usar tu moto cuando te cabreabas con él. Es tan distinto a ti y a la vez tan parecido, como el perfil de tu sombra, y la manera en que encuentra la felicidad en las cosas simples te fascina.

Tú te has marchado porque quieres, y tienes tus razones, pero lo cierto es que ahora le entiendes más desde la distancia, y ojalá pudieras ser para él mejor de lo que eres, no sabes muy bien cómo explicarlo. Más útil, más cariñosa, algo más parecido a lo que debería ser una hermana. Así que le das dinero en navidad, buscas regalos bonitos para su cumpleaños, le prestas tu casa y le prometes que le dejarás tu furgo. Intentas construir cimientos nuevos para épocas nuevas.

Ya habéis crecido. Os habéis hecho mayores. Hoy cumple veintitrés años y tú estás convencida de que vino a la tierra para enseñarte cosas. Sobre ti, tu impaciencia, tu furia, tu capacidad para pasar dos horas meditando y pensando en el amor y cinco minutos después mandarle a la mierda a gritos por el hueco de la escalera. Y también tu parte luminosa y tu esfuerzo valiente por seguir adelante. Sobre él, y el hecho cierto de que su forma de ver la vida es tan válida como la tuya y tiene mucho más que enseñarte de lo que te atreves a reconocer. Lo mejor de los dos es que perdonáis deprisa; qué bien que sí os parezcáis en eso.

Una cosa está clara: se hace querer, y tú descubres sorprendida, después de todos estos años, de mosqueos frecuentes, de distancia generalizada, de cercanía ocasional, de estar condenados a entenderos... pues que sí, que le quieres. Seguramente de la forma más rara en que has querido a nadie en tu vida; pero le quieres mucho. Y escribes sobre él porque nunca lo habías hecho y porque te apetece, no sin antes advertirle a tu madre con mucha seriedad que si le enseña esto privatizarás el blog para siempre y nunca jamás podrá leer nada tuyo y no le dedicarás ni un best seller.

Felicidades, bro.

6 comentarios:

  1. se lo va a enseñar, que lo sepas....

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  2. precioso y valiente, una vez más, Marina. Bss, Fátima.

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  3. Aaaah, qué bonito, Marina, eres genial! Me has hecho sonreír!

    :*

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