massobreloslunes: Fruta y jabones

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Fruta y jabones

Llevo un rato tratando de escribir, para variar, y calculando inquieta el reloj en la esquina del portátil las horas que me quedan de sueño. Todavía no me habitúo a levantarme temprano para llegar a las ocho y media a Cádiz, y voy a arrastrando el sueño atrasado desde el lunes. Así que debería ponerme las pilas. ¿De qué quieres hablar hoy realmente, Marina?

Quiero hablar de que llevo todo el día con una frase de Paulo Coelho en la cabeza. Paulo Coelho. Te cagas. Y que la frase es, ni más ni menos: "Realmente la vida es generosa con quien vive su leyenda personal". A mí Coelho me parece un cursi y un sincretista espiritual, pero esa frase me está resonando últimamente. Si tuviera que destacar una palabra para describir mis últimas semanas sería esa: generosidad. La que he recibido y la que intento manifestar.

Hoy he estado en Vejer pasando consulta con Anxo. Él también me habló de generosidad hace tiempo. Ser generoso en el esfuerzo y compensar lo que nos falta como técnicos con lo que tenemos como humanos. Sí que somos generosos allí, porque siempre que voy salimos a las tantas. Pero no me importa: me gusta pasar consulta despacio y recrearme en los momentos, observar las caras de los pacientes como quien mira retratos, ver cómo la luz se les refleja en las lágrimas o en el brillo de la piel.

De camino a casa, me llega al móvil un mensaje de Matej. Matej es un chico esloveno de veinte años que se está quedando en mi casa vía couchsurfing. Es un chaval muy lindo y muy sensato que me está regalando de nuevo la alegría del viajero. Después del SSHP he quedado tan agradecida al universo que tenía muchas ganas de alojar a gente para devolver buen karma, así que intento cuidar a Matej todo lo que puedo: le cocino gazpacho y gambones a la plancha, le hablo entusiasmada de la luz de Cádiz y le pongo a Camarón para que lo escuche y se integre en la vidilla isleña. En el mensaje me dice que quiere prepararme una macedonia, que si hay alguna fruta que no me guste. Qué va, contesto, me gustan todas las frutas.

Cuando llego a casa me lo encuentro sentado en el sofá, leyendo El en corazón del sueño, un libro juvenil muy bonito sobre sueños lúcidos. Nos contamos qué tal nos ha ido el día y después me pregunta dónde está la frutería más próxima. Le oigo marcharse escaleras abajo mientras me tumbo en el sofá a descansar un rato. Pienso que no me dormiré, y entonces me despierta el ruido de la puerta: Matej cargado de fruta fresca, que se desliza silencioso hasta la encimera y empieza a cortar y pelar como si no hubiera un mañana. Yo remoloneo en el sofá y finalmente me levanto para hacerle compañía. La macedonia me sabe a gloria, y más todavía porque venía en el coche pensando cuánto me apetecía comer fruta. Terminamos y salimos de la casa en dirección a Cádiz, que he quedado con la roquipandi para tomar algo.

Mientras bajamos las escaleras, se abre la puerta de la oficina de abajo y es la chica de recepción para entregarme un paquete. Enseguida sé lo que es: unos jabones naturales que me ha mandado Pilar, una lectora encantadora de Madrid. Los hace ella para pieles con acné y van estupendos. Lo que más me gusta no son los jabones, que ya esperaba; me gusta que en el paquete ha dibujado una luna, unas estrellas y un par de corazones. Me encanta todo el cariño contenido en esos trazos a boli. 

Hace unas semanas vi en consulta, también con Anxo, a un señor con problemas de piel. Estuve recordando cuando leí Skin deep, un libro sobre psicosomática de la piel y los mensajes que transmite. Había varios mensajes con los que podías identificarte según tu problema, y el que más me resonó a mí fue "mostrar a los demás que sufres". De acuerdo con eso, mi acné muestra que sufro, que necesito ayuda y que a mí también me duele. En su momento le encontré sentido y me pareció puteante. Pensé que debía empezar a mostrarme vulnerable y a pedir ayuda, a ver si así se me quitaba el maldito acné. Pero últimamente estoy hasta encariñándome con los brotes que me quedan. Ciertamente es una función digna. Me muestra muy humana. Y fíjate que ha servido para que Pilar me enviara la ayuda que piensa que necesito; eso es bonito.

Después quedo con la roquipandi y me alegro mucho de verles a todos. Hasta saco una foto churretosa con el móvil, simplemente porque me encanta ese momento: mis amigos morenos y felices tomando cervezas frente al mar y planeando el club de montaña que vamos a formar y el sitio donde iremos a trepar este fin de semana. A la vuelta compro tomates de Conil en la tiendecita que hay frente a la piscina, y mientras camino hacia el coche me vuelve la frasecita a la cabeza: realmente la vida es generosa con quien vive su leyenda personal.

Yo no sé si vivo mi leyenda personal o qué. Tampoco entiendo mucho el concepto. Yo vivo mi vida como es, y ya es bastante. Pero realmente la vida es generosa conmigo, y yo intento serlo con ella. No sé si me lo merezco más o menos que otros. Sé que estoy encantada con mis pacientes, mis macedonias y los corazones pintados sobre el papel marrón de los paquetes de correos. A veces, de hecho, esta burbujita de alegría en la que llevo habitando un tiempo me da hasta miedo. Luego recuerdo el dolor que hay todavía en mi realidad, los pies diabéticos, los niñitos que se mueren en la UCI neonatal, la soledad que a veces me atraviesa el cráneo, y pienso que vale, que por ahí a lo mejor me libro de enfadar a Dios con mi felicidad.

Y sin más lo dejo aquí, sin corregir nada porque tengo sueño y recomendando la generosidad a todos los niveles; no como rasgo o modo de vida, sino como activismo, como rebeldía y como puerta abierta a todo tipo de esperanzas tontas.

3 comentarios:

  1. Me encanta este post, destila optimismo! Y la idea del couchsurfing me está tentando ampliamente desde hace unos meses! :)

    P.D. Llevo una semana muy ocupada, hoy me pondré al día con los posts, yay! :)

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  2. Pues a ver si leyendo el post que acabo de escribir te animas al couchsurfeo, que es muy genial. ¡¡Un besote!!

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  3. Yo tampoco entiendo muy bien el concepto de la frase, pero si que es verdad, que te hace pensar. Y entonces, me doy cuenta que a pesar de todo,la vida sí que es generosa conmigo y que aunque hay aspectos en los que es más restrictiva pues eso, que no me puedo quejar. Para agradecer, seguir siendo generosa en la medida que cada uno pueda y un poquito más.
    Un besillo
    ;)

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