massobreloslunes: Ángel y la curiosidad

lunes, 29 de octubre de 2012

Ángel y la curiosidad

El sábado por la tarde conocí a Ángel: un lector extremeño que vive en Seattle y que me escribió hace ya dos años para preguntarme sobre la Vipassana. Desde entonces nos mantenemos en contacto intermitente, pero el despiste y las diferencias horarias han atrasado el encuentro por Skype hasta el sábado a las seis de la tarde, hora española, o nueve de la mañana, hora seattlense. Yo estaba nerviosilla. Había visto Anatomía de Grey para ambientarme, porque transcurre en Seattle, y llevaba un rato haciendo tiempo frente al ordenador. No tenía claro cómo iba a resultar eso de hablar por Skype con alguien a quien no había visto nunca.

Cero motivos para la preocupación: Ángel es un encanto. Él se tomó el café matutino y yo mi descafeinado de media tarde. Hablamos un poco de todo: de la vida, el trabajo y el futuro. Intenta mirar el mundo con los ojos anchos; tanto, que en breve deja su curro y se va a viajar por Asia. Os lo voy a preguntar honestamente: ¿no es genial la vida? ¿No es genial que yo esté aquí en San Fernando y pueda hablar de proyectos internacionales con un notas que está en la otra punta del globo?

Hoy te quiero dedicar este post, Ángel. Me gustaron tu sonrisa y tu curiosidad, así que quiero responderte mejor a una de las preguntas que me hiciste cuando hablamos. Más bien es la respuesta ampliada, porque ya te la contesté parcialmente el otro día. Me preguntabas cómo hacía para sobrellevar las penas de mis pacientes además de las mías. Es una pregunta que me han hecho muchas veces. Cuando uno contesta lo mismo muchas veces, acaba respondiendo de forma automática y no se plantea que quizá hayan surgido nuevas respuestas a esa pregunta.

Te contesté de forma estándar. A saber: que a mí me producen mucha más angustia las noticias de la tele que mis pacientes, porque a ellos al menos les puedo ayudar en algo. Que procuro darme cuenta de que cada persona tiene su propio karma o, lo que es lo mismo, su propia colección de momentos para vivir asignados sobre la tierra. Que cuando veo que alguien mejora un poquito es muy gratificante.

Pero ayer pensaba en mis pacientes de la semana y me di cuenta de una cosa. No me llevo el sufrimiento a casa porque no es sólo sufrimiento. Casi nadie sólo sufre. Hay algo que se llama "buscar la parte sana", y quiere decir que está bien darse cuenta de qué áreas de la vida del paciente funcionan todavía bien. La mayoría tiene momentos de mucha luz. Es verdad que los hay que te dan cien patadas y te caen fatal, y también los que no hacen más que quejarse, y quejarse, y quejarse. Pero incluso a esos les puedes encontrar el punto. Se trata de sentarte con ellos e intentar encontrar lo que se le da bien. Y después, algo de lo que reíros juntos.

Además, para mí los pacientes son problemas. Como el cubo de Rubik que tanto nos gusta: son puzles que tienes que resolver. Apañártelas para encontrar las llaves que generan el cambio. Eso hace que enfoque el asunto desde una forma intelectual además de emocional, y que casos que podrían ser dramáticos se conviertan en interesantes. La terapia es una manipulación benevolente, y en mis mejores días gesticulo con las manos sobre la mesa cuando se marchan de la consulta, mientras murmuro "bailad, marionetas, ¡bailad!".

Por último, tengo mucha suerte. Forrest Gump decía que la vida es como una caja de bombones, y es verdad que uno tiene que abrir su propia caja para ver con qué se va encontrando. Pero en mi trabajo puedes observar cómo mucha gente desenvuelve sus bombones. Es como vivir muchas vidas a la vez. Dicen que nadie escarmienta en cabeza ajena, pero si abres bien los ojos y los oídos sí que aprendes algo. Se te ensancha la perspectiva. Percibes que esto es cíclico y que, a largo plazo, la mayoría de los problemas no tienen ninguna importancia.

Así que esta es la forma en la que yo afronto el sufrimiento de los demás. Busco luz, pienso e intento aprender. Y después salgo y me voy a escalar, para desconectar un rato y para ver si así se me ensanchan las espaldas y puedo seguir llevando en peso los secretos ajenos.

4 comentarios:

  1. Esa quizá sea la parte mas complicada de la profesión. La vida es como un escenario en el que actuamos cuando estamos en compañía y a mi me ha tocado muchas veces conocer la otra parte de la escena. En muchas ocasiones he deseado no conocerla, pero los demás se abren a ti y te la muestran. Y una aprieta los dientes, hace para que no le afecte en su relación con el resto y ensancha la espalda.
    Te comprendo

    Besos Marina

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    1. Muchas gracias por la comprensión, Alejandra. Creo que, a pesar de todo, la apertura ajena me beneficia mucho más de lo que me perjudica, así que me siento agradecida. Un abrazo.

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  2. Yo también me lo he preguntado alguna vez, así que me gusta mucho la actualización!

    Un beso!

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    1. Eres mi fan más verdadera :*********** Gracias por estar ahí siempre!!

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