massobreloslunes: Tu primer día en el mundo

miércoles, 24 de octubre de 2012

Tu primer día en el mundo

Tu nombre significa verdadera, justa, sincera, y hoy es tu primer día en el mundo. Y vaya día, pienso mientras espero el autobús a la salida del hospital. Llueve como si ese mismo mundo se estuviera acabando. Así llueve en la Ciudad del Viento, el lugar donde te ha tocado nacer; aquí no nos andamos con chiquitas. Yo he apoyado la cadera en la pared de un soportal y estoy leyendo "Mentiras de verano", de Bernard Schlink. Disfruto como un cerdito, porque Schlink es muy bueno. No sé qué te espera en la vida, pequeña niña con nombre de verdad, pero ojalá te guste leer. Seguro que sí. A tu padre le gusta y tu abuela dirige una biblioteca revolucionaria. Eres una niña con suerte.

Pienso en tu primer día mientras el autobús navega por las calles inundadas de la Isla. La gente se asoma a los barrotes de las casas bajas que hay cerca de Camposoto y le grita al conductor que vaya despacio. Como si el conductor no lo supiera. Yo planeo hacer una tarta esta tarde y llevarla mañana al hospital, y mientras me pregunto qué pasaría si el autobús se queda encallado en esta Venecia súbita, intento decidirme entre un brownie de chocolate y una tarta de manzana. A favor del brownie: lo controlo, me sale bien, le gusta a todo el mundo. A favor de la tarta de manzana: tengo manzanas en casa y pega con esta tarde. No me preguntes por qué, pequeña, pero pegan el aroma de la manzana y la canela saliendo desde el horno y mezclándose con la lluvia detrás de la ventana.

Llego a mi piso, almuerzo sopa y ensalada con salmón, contesto con excesivo entusiasmo el mail de un lector. Has de saber, pequeña niña con nombre de verdad, que el mundo es un lugar precioso. Ojalá llegues a darte cuenta. La vida es muy corta: tú sólo has gastado un día y yo ya he dejado atrás varios miles de los que me tocaban. Pero es ancha, mi niña, y transcurre entre los cauces de nuestra mente con la misma fuerza que el agua esta mañana por las calles de la Isla. A la vida, como a mi furgo, como a ciertas mujeres, le cabe tela. Ésa es la sensación que tengo hoy, mientras contesto el mail de un lector encantador que, curiosamente, se llama casi como tu papá, y que me demuestra por enésima vez que la gente con ilusión e ideas existe: que sólo hay que encontrarla.

Después de contestar el mail voy al súper, porque aunque las manzanas reposan, redondas y rojas, sobre la encimera de la cocina, me faltan algunos ingredientes para la receta que he elegido. Me acerco al Supersol en chándal, con las llaves en la mano, cruzando el espacio fantasma de la calle Real donde se supone que debería haber un tranvía. También la calle Real es ancha y está llena de espacio entre la gente que pasea. El súper no tiene mucha variedad, pero yo elijo con cuidado los limones, la leche entera gallega, la mantequilla asturiana. Ojalá todo esto sepa rico, pequeña, porque tú te lo mereces.

Vuelvo a casa, me lavo las manos, pongo a José González en el ordenador. Igual lo escuchas algún día, en un futuro lejanísimo en que yo seré una anciana rodeada de gatos y tú una jovencita intelectual y adorable. Me cuesta describir su música, pero digamos que es buena para hacer cosas que requieren tranquilidad de espíritu. Como dibujar o cocinar tartas de manzana. Me relajo y sigo la receta paso por paso con sumo cuidado. Meto el dedo en la masa un par de veces, lo confieso, pero confío en que a ningún miembro de tu linda familia le importe. Cuezo las manzanas en zumo de limón y azúcar, bato la mantequilla con más azúcar, huevos y harina. Mido la levadura con poca fe. Los pasteles nunca me suben y siempre echo el doble para compensar, pero esta vez quiero ser exacta. La tarta que he elegido, pequeña niña con nombre de verdad, se llama tarta de manzana con crumble de canela. El crumble es como una cobertura crujiente de grumitos. Me gusta la idea de la diferencia de texturas, y también que es una tarta larga de hacer, sosegada. En tu primer día en el mundo, pequeña, te mereces que alguien piense en ti y te dedique algunas horas de su tiempo.

Ojalá siempre sea así. Ojalá siempre tengas a alguien que te piense y te quiera. Seguro que no te va a faltar amor. Has tenido suerte, en serio: has caído en un sitio bueno, con unos buenos padres y un buen hermano, con vientos que barren la pena en las dos direcciones y la sustituyen por una sensación alegre de continuo movimiento. Crecerás rodeada de libros y de risa. Serás en la vida todo lo que quieras ser, y vivirás muchos momentos hermosos, llenos de luz azul y de olor a canela en las tardes de otoño.

Por mi parte, paso parte de los cuarenta minutos de cocción mirando fijamente al horno y amenazándole de muerte. Si me jodes la tarta, maldito engendro de Satán, te mataré. Miro la foto de la receta en la página web de donde la he sacado. Después vuelvo al horno y comparo mi tarta con la foto. Después miro el reloj. Cuando abro no las tengo todas conmigo (¿no te encanta esa expresión?), y el vaho que sale del horno me empaña las gafas. Gruño, las limpio, observo el aspecto de la tarta y el del crumble. La tapo con un trapo y me tumbo en el sofá a seguir leyendo a Schlink, mientras con una mano aparto los mosquitos que persisten en el otoño gaditano a pesar (o quizá a causa de) esta lluvia salvaje.

Y adivina qué, pequeña niña con nombre de verdad. Hace unos minutos he cortado la tarta en pedazos para meterla en un tupper y no he podido resistirme a probar uno. Y la tarta, tu tarta, está perfecta. Y tendrías que ver lo mal que se me ha dado siempre la repostería. Pero la tarta es perfecta, de verdad, y deliciosa. La manzana está tierna, el bizcocho esponjoso, el crumble cruje. Es una tarta genial, y espero que algún día te enteres de que en tu primer día en la tierra se hizo una tarta perfecta a lo largo de varias horas de música y cariño contenido. Yo, personalmente, lo consideraría un buen augurio.

Sin más, me despido, deseándote que vivas una vida larga y sana y seas feliz. Que siempre tengas alegría, libros y alguien a quien querer. Que haya en ella muchas tartas y un poco de suerte. Y acuérdate siempre de ser amable.

9 comentarios:

  1. Eres muy, *muy* adorable!

    :*

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    1. De alegría, ¿eh? Que es todo muy feliz, de momento.

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    2. De alegría y por bonitas palabras ;)

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  3. Vera es un bonito nombre. También una canción de Pink Floyd y, quizá eso le guste menos, una mujer –como no- de Factotum…xD
    Entrañable, como siempre.

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    1. A mí también me gusta el nombre. Y lo de Factotum pues bueno, ni imaginarme quiero las perversiones que hará la pobre Vera en la mente de Bukowski, pero ésta concretamente es pequeña, preciosa, dulce e inocente, así que ahí se queda. Besis.

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  4. Qué bonito texto, ojalá que cuando esa pequeña niña crezca sepa también que alguien además de haber hecho una tarta especial para celebrar su nacimiento también escribió un hermoso texto para ella. Yo lo enmarcaría. Saludos.

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    1. Muchas gracias. Quizá lo sepa, quizá no. Quizá se la pele. Lo importante es el gesto (digo yo). Besitos.

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