massobreloslunes: Libertad y decisiones (I)

jueves, 25 de octubre de 2012

Libertad y decisiones (I)

Cuando terminé tercero de carrera estuve a punto de volverme a Málaga por motivos económicos. De hecho, llegué a pedir el traslado de expediente. Cambié de idea en el calentón de una bronca familiar y me fui a Granada de una forma un poco loca. Empecé a trabajar en la maldita-maldita beca, mi madre tuvo el detalle de ayudarme con el dinero mientras me la pagaban y conseguí subsistir. Era una subsistencia precaria en la que tenía que valorar seriamente relación coste-beneficio de incluir proteínas en mi dieta, pero no estaba mal.

Más adelante, mientras reflexionaba sobre las consecuencias de esa decisión, pensé que había sido una decisión correcta por motivos equivocados. La decisión la tomé de un día para otro en mitad de una bronca, pero los resultados fueron muy buenos. Los dos últimos años en Granada aprendí mucho, trabajé y disfruté de la ciudad. Sobre todo, completé una etapa de mi vida y no la dejé a medias. Ahora echo la vista atrás y se me ponen los pelos como escarpias de pensar en haberme vuelto a Málaga. Seguramente estaría casada con J., embarazada y cubierta de mechas rubias. No me preguntéis por qué, pero creo que mi karma universal habría ido en esa dirección.

Luego decidí hacer el PIR en Cádiz. Recuerdo la primera vez que se me pasó la idea por la cabeza. Estaba todavía en Granada, en los exámenes finales de quinto, y pensando en hacer el PIR me imaginé en Cádiz: rodeada de palmeras, viento y olor a mar. No sé por qué lo de las palmeras; aquí tampoco hay tantas. Sobre todo, podía imaginarme el viento y la sensación de ciudad de vacaciones en invierno. Sentí una extraña tristeza anticipada y pensé que quizá no era una buena elección.

Mientras estudiaba en Málaga aún no tenía claro a qué ciudad me iría, pero sabía positivamente que iba a largarme de allí. Todavía ahora me es difícil explicar mi decisión. No es que no aguante a mi familia. No son perfectos, pero no están mal, en Málaga también me habría ido de casa el primer mes. Tampoco es que aquello no me guste; se vive bien, hay mucha gente a la que quiero y tiene zonas de escalada dentro de la ciudad (por otra parte, a lo mejor si me hubiera quedado allí nunca habría empezado a escalar). Pero desde el primer día que puse mi culo en el asiento de la biblioteca para estudiar el PIR lo dejé bien claro: en Málaga no me quedo Ni De Coña.

Fue difícil mantener mi decisión. J. estaba allí, mis padres estaban allí y alguno presionó sutilmente para que me quedara. Bueno, corrijo. Mantener mi decisión no fue nada difícil, en el sentido de que no dudé ni por un microsegundo que me iba a ir de Málaga. Lo difícil fue convivir con las consecuencias de mi decisión en las personas a las que quería. Todavía hoy, dos años y medio después, sigo sintiendo que haber elegido esto es como decir a todo aquello que no lo quiero. Que no me interesa. Todavía me siento mal cuando asomo la cabeza por allí apenas tres veces al año.

Hoy, mientras fregaba los platos, pensaba que fue una decisión estupenda. Cádiz es lo mejor que me ha pasado en... no sé, quizá en la vida. A lo mejor no es Cádiz. Quizá sea el trabajo, los amigos y la escalada. Pero hoy iba conduciendo desde la Isla y he visto una puesta de sol brutal, en serio, brutal: sobre mi cabeza llovían las nubes grises y algodonosas, pero a mi izquierda se abría un claro por el que se veía esconderse el sol, y la luz era amarilla y sepia, como en las fotos antiguas. He bajado la ventanilla y giraba la cabeza intentando no morir mientras conducía, y he pensado que bueno, que igual son las circunstancias, pero que Cádiz tiene algo.

Pensaba en mi decisión, y en que no sé si también fue una decisión correcta por motivos equivocados. Mis motivos para venir a Cádiz fueron inexistentes. ¿Por qué Cádiz?, me preguntaba todo el mundo. Pues porque sí, no sé. La plaza no es especialmente buena. La ciudad está a tomar por culo de todo. No hay casi de nada. Ángel, un lector de Seattle con el que he quedado el sábado para hablar por Skype, me dijo que si no tenía ADSL en mi casa me fuera a un Starbucks. Ja. Un Starbucks en la Isla, bicho. ¿Te imaginas? Si os soy cien por cien sincera, yo tenía una idea de Cádiz en mi cabeza. Me imaginaba rodeada de gente así hippy, durmiendo en las playas vírgenes, saliendo al campo y tomando el sol. Me imaginaba feliz aquí. Y, por una serie de circunstancias, todo eso se ha cumplido con creces. He dormido en las playas y en los bosques, me he rodeado de gente estupenda y Todo Va Bien.

La cosa es que querría saber qué me hizo tomar esa decisión, para seguir tomando decisiones buenas en ésta mi vida.

(El post sigue, pero lo voy a dejar aquí porque se está haciendo infernalmente largo y una tiene que dormir. Mañana seguimos)


8 comentarios:

  1. A veces me olvido de que en el resto de ciudades del mundo no hay un Starbucks con Wi-Fi gratis en cada bloque :P

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    1. Jeje. Cuando viva en Madrid igual sí, pero aquí lo que hay son un montón de cafeterías la mar de majas. ¡Y algunas tienen wifi, ojo! En cualquier caso, ya tengo wifi en casa, y gratis, así que no habrá problema y te podré saludar en pijama.

      Un besín.

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  2. Yo nunca he estado en unStarbucks; ni siquiera he visto uno.
    Me ha gustado mucho este texto, sobre todo el hábil cambio entre planos temporales. A ver cuándo sale la segunda parte ;)

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    1. Me alegro de que te haya gustado. Y sí, el manejo de la nostalgia no se me da mal ;) Besotes.

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  3. Yo tengo que tomar una decisión parecida pronto y no me atrevo. Ojalá fuera tan valiente como tú.

    Al menos este post me da ánimos y fuerza, para hacerme ver que el cambio es a mejor (que realmente lo es, pero yo soy demasiado miedosa).

    Como siempre, me das de lleno.

    Un abrazo Marina =)

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    1. ¡¡Tú eres valiente!! Ser valiente no es no sentir miedo, sino estar dispuesta a tolerarlo. Si te puedo dar un sólo consejo en mi vida es: no tomes decisiones basadas en el miedo. Nunca. No van a ser decisiones buenas.

      Besitos.

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  4. Me encanta el post! Yo la verdad es que estuve en Cádiz hace tres años y me encantó, quizás si tenga un... algo. Pero supongo que es una mezcla de todo lo que hace que te sientas bien, y no es nada fácil, me alegro un montón! :)

    Buen viernes!

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    1. Muchas gracias! Sí, Cádiz tiene algo. Será el viento, que la limpia y la descongestiona, o los espacios abiertos, o la luz, pero es una ciudad que facilita la alegría y el buenrollismo. En serio. Cuando quieras te vienes y me haces una visita. Un besote.

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