massobreloslunes: Y entonces va la escalada y te salva la vida

viernes, 22 de marzo de 2013

Y entonces va la escalada y te salva la vida



1.

Estoy escalando en San Martín de Valdeiglesias, a una horita justa de Madrid. Es la primera vez que toco roca madrileña, y aún no le he cogido el gusto a este granito frío e inseguro. Aun así, me siento mortalmente feliz de encontrarme en la roca. Hemos salido una compañera del roco y yo, y aunque sólo seamos dos, ya hay cosas que me suenan. Quedar en el bar del pueblo: un sitio que se autodenomina "rey de las tostadas" y en el que conviven los discos de jazz con adornos horteras del Real Madrid. Conducir hasta el sector, y después caminar hacia el pie de vía con mi querida Edelrid Phyton de 80 metros encajada sobre el cuello. El sonido de las cintas tintineando cuando las sacas de la mochila y las colocas en el arnés. Las mariposas en el estómago mientras te calzas los gatos, te encordas y te ajustas la magnesera a la cintura.

Ahora, concretamente, me encuentro lo que podríamos denominar como enmarronada. Llevo dos meses y pico sin pisar la roca, y aunque no voy mal de fuerza gracias al entrenamiento, el coco lo llevo fatal. Miedo es un eufemismo para lo que estoy pasando en este momento. Como siempre, tiene lugar un diálogo en mi cabeza. Es una mezcla entre palabras y sensaciones, entre instrucciones verbales y gestos. Observo los agarres y los pies, sé intuitivamente cómo tengo que colocar el cuerpo para llegar a la próxima posición segura. Sé que sólo me queda el próximo salto de fe. El problema es que la última chapa ya queda por debajo de mis pies, y cuando suba un poco más estaré vendida. No tendré otro remedio que tirar para arriba y chapar de nuevo, o arriesgarme a una caída fea sobre este tramo irregular de la vía.

Desde abajo, mi compañera me anima.
- ¡Recuérdame por qué me gusta la escalada! - le pido. Necesito distraerme, rebajar la tensión.
- ¡Por el chute de adrenalina que te va a dar cuando saques el paso! - contesta ella -. ¡Y por la naturaleza, los paisajes y las cervecitas de después! Y... ¡porque ahora viene la primavera, y los chicos sin camiseta no están nada mal!

Luego me dice que cree que más arriba tengo un canto para la mano, y también que el apoyo que ahora mismo está a la altura de mi cadera parece bueno para el pie. "Pero eso sólo lo puedes saber tú", añade.

En ese momento, un pensamiento me viene a la mente con mucha claridad. De aquí sólo te puedes sacar tú, me digo. Ahora mismo, aquí arriba, no hay nadie más que yo. Es esta experiencia de ahora la que me fascina desde que empecé a escalar. Esta soledad. Esta intimidad profunda. La negociación entre las dos partes de mi mente: la que busca seguridad y confort, que piensa en lo sencillo que sería bajarse ahora a comer bizcochitos All Bran, y la que quiere seguir. La que insiste en que no hay nada malo en parar ahora y la que no me dejaría jamás bajar de una vía a medias mientras me quede fuerza física para terminarla. Sé que sólo tengo que observar, decidir y comprometerme. Y, por último, dar ese pequeño salto de fe.

Al final me sale el paso, y al final es mucho más sencillo de lo que parece. Y ahí estoy, en la siguiente chapa, a dos metros del siguiente paso y del siguiente miedo. Sigue siendo mi responsabilidad. Yo coloco mis cintas, yo decido mis secuencias, yo llego arriba sana y salva, y desmonto la reunión, y quito el material, y bajo al suelo. Mi compañera de cordada es indispensable, pero su ayuda es limitada. En estos momentos es mi vía, la he elegido yo y nadie me ha obligado. Yo seré quien tenga que acabarla.

****

Mientras escribo esto son casi las doce. Creo que es la primera vez en mi vida que he hecho una compra parcialmente tajada. Quiero decir una compra-compra; nada de ir al chino a por macarrones porque necesitas preparar algo en casa para que absorba el alcohol, o a por un par de bolsas de patatas fritas y otra de chuches. Quiero decir meterte en el Carrefour, pasear por las estanterías con una determinación casi cómica y coger yogures, leche, ensalada. Palpar los aguacates para ver cuál está maduro, meterlo en una bolsa y pesarlo en la báscula. Todo esto sin poder evitar que se te escape la risa por los costados de la boca, porque te has tomado dos botellines y medio con tu estómago vacío post-entrenamiento y todo te parece muy divertido.

Ha sido un entrenamiento estupendo. Desde el momento en que caminaba en dirección al roco comiéndome media palmerita de chocolate y tirando la otra media porque hay que cuidar la línea, he sabido que hoy iba a darlo todo. Me han bajado a la parte chunga, con los fuertes. He recuperado mucha fuerza en las dos semanas que llevo escalando después del esguince.

Calentamos cinco minutos en el plafón. Luego hacemos dominadas, abdominales, tríceps. Practicamos el agarre en pinza hasta que no tenemos fuerza ni para abrir las botellas de agua. Después van varias travesías infernales, que parecen prácticamente bloques largos porque no hay ni una presa buena, alternando con descansos activos: dos o tres minutos colgados de un desplome, sosteniéndonos de dos cantos buenos, sacudiendo los brazos mientras respiramos como parturientas. Por último, bloques de techo absurdamente difíciles en los que apenas me meneo.

Aun así, es mágico. No sé explicar por qué. No sé explicar qué tiene la escalada que encaja tanto conmigo. Hoy me sale un paso que no me salía el martes. Quizá sea eso. Quizá incluso en el plano puramente físico, sin filosofías extrañas de guerrero de la roca, el hecho de comprobar que te haces más fuerte, más potente y más ágil con una diferencia de días es alucinante. Quizá son también estos momentos en el plafón, cuando de repente un bloque te sale y, no sólo eso, te sale bonito, y tú te sientes bailar sobre las presas, y piensas que las cosas también pueden ser duras, y sencillas, y elegantes.

Qué os voy a contar. Después terminas, tomas cervezas, haces bromas sobre los panchitos rancios. Te ríes, te tomas más cervezas. Explicas el paso clave de la vía que hiciste el finde anterior, en esa jerga que a los que no escalan les tiene que sonar a chino ("y justo antes de la chapa tienes que agarrarte a una regleta, y después hay un canto medio bueno donde juntas manos, y de ahí subes mucho pies, y ya te lanzas al bueno y chapas"). La cosa degenera, hablas del curro, de la crisis, de los hombres, de las mujeres. Te integras en el humor madrileño ("como le pidas a uno de Madrid que se vaya a tomar una cerveza contigo, se salta la cerveza y te lleva a la cama, eso que tú lo sepas") y afirmas, convencidísima, que tú no has venido de Cádiz a Madrid a tomar bocadillos de calamares y/o sucedáneos de boquerones rebozados con vete-tú-a-saber-qué.

Todo esto para explicar sólo una pequeña parte de todo lo que me ha dado la escalada. Me ha regalado experiencias, amigos, unos brazos nuevos, viajes, una furgo, noches bajo las estrellas, largos ratos en coche llenos de risas, cordadas inesperadas. Me ha solucionado las tardes, los findes y las vacaciones durante los próximos (espero que muchos) años. Me ha dado una inspiración y unos sueños que no pensé que estuvieran al alcance de una patata de sofá como yo, y que no por absurdos son menos bonitos. Pero, sobre todo, me ha dado esto que estoy teniendo ahora, este momento: la capacidad de, en medio de un día de mierda de una semana de mierda de un mes de mierda, tener un lunes cojonudo, o una tarde de jueves cojonuda, y sentir que hay esperanza para casi todo, y después venir aquí, escribirlo, aburrir a muerte a todo el mundo menos a un par de frikis y que me dé exactamente igual.

21 comentarios:

  1. Ya tocaba un día así :) ¡Mira que lo merecías!
    Un abrazo.

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  2. Respuestas
    1. No he tenido tiempo de explayarme en los últimos días (coincidiendo con tu ánimo más bajo) pero se resume en que creo que el no poder escalar te ha sentado peor que los demás factores. Al recuperar eso seguro que vas mejor :) Y el "We" es porque no hay más que decir, grito de alegría ;D
      :*****

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  3. Me picas con lo de la escalada. Pero no sé si tendría la fuerza mental necesaria -para correr no tengo la fuerza mental disponible siempre y fiable-. Me gustaría probar, eso desde luego. Quizás le diga a un amigo :-)

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    1. Si te apetece probar, prueba; para eso no hace falta mucha fuerza mental :p Después, si te picas, también la irás entrenando, como todo. Yo te animo al 100% a que lo hagas.

      Un abrazo y me alegro de tenerte por aquí :)

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  4. Sólo quien se enfrenta a sus miedos puede vencerlos. Vamos, como la vida misma. Porque tecnicismos y jerga de escalada aparte, es de lo que hablas siempre, de eso que algunos se empeñan en desperdiciar y otras en sentir, la vida misma.

    Brindemos por muchos jueves cojonudos, por muchos fines de semana enganchada a lo que sea que te enganches, por las próximsa vacaciones. Y porqué no, por muchos lunes, martes, miércoles!.

    Venga, pásame otro quinto!

    Besos

    Txabi

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    1. Jajaja me ha hecho gracia porque "quinto" también es un grado de escalada, y al principio había pensado que te referías a eso. Pero ambos quintos están geniales. ¡Chin chin!

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    2. ¡Ja, ja!. No, ya sabes que yo en cuestiones de escalada, soy de 0,0.

      Txabi

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  5. ¡Me encanta!, ¡me encanta!, ¡me encanta este post!... y ¡la escalada!

    Defines exactamente lo que se siente.

    Oleeeeeeeeeeeee Marina.

    "Mira un búho, V+"

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    1. ¡Gracias! A mí me encanta tu nick ;) Un abrazo.

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  6. Siempre hay algún destello de luz, me alegro de que lo encontraras :)

    Por cómo lo cuentas, la escalada parece el mejor deporte ever.

    Un besote y feliz viernes!

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  7. Me alegra muchisisisismo leer esto!!!! a apretar a muerte rubia!!!

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    1. SIEMPRE vamos a apretar a muerte, moreno. La roca y la vida. Un abrazo!

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  8. Me están entrando ganas de probar la escalada! Yo, que soy muy de suelo, pero es que tu forma de contar las cosas es guay.
    La sensación de que todo dependa de ti tiene que ser liberadora.
    Un beso!

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  9. No aburres Marina. ¿o soy una friky???
    Me alegro mucho de tu post positivo y de que decidas compartirlo.
    Creo que para mi ya es tarde, pero desde que descubrí el entusiasmo de mi hijo por los parques para escalar,estoy esperando a que cumpla 5 años para llevarlo a un roco que hay cerca de casa. A ver si le gusta. Ya te contaré¡¡

    Besos Guapa¡¡

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  10. Hola Marina, nunca he escalado, pero tal y como lo cuentas apetece un montón. No hablas solo de escalada, hablas de la capacidad de superación personal. De pasión y de vida. Un abrazo.

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  11. Disculpa Marina, el comentario anterior es mío. Me había confundido. Un abrazo.

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  12. Descubrí tu blog marinadesupervivencia de casualidad, me parece gracioso e interesante, y tu historia de amor americana me acabó enganchando hasta el punto de maruja esperando al siguiente capítulo de telenovela (jajajjajajaja) y acabé encontrado este blog y descubriendo la historia entera.
    Y yendo al grano, como friqui que soy, me encanta este artículo!!! Totalmente de acuerdo e identificada. VOLAR PARA SER LIBRES!!!!! Un abrazo! Sole

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