massobreloslunes: La entrada 1001

lunes, 8 de abril de 2013

La entrada 1001



Resulta que no he hecho bien la cuenta y que la entrada número 1000 fue la de ayer. Qué poco glamour. En realidad, todo ha ido mal en esta celebración. No he tenido tiempo (ni fuerzas, ni un sitio) para hacer tarta. No he terminado de poner bonito el otro dominio. No he empezado el desafío moleskiniano, a la convocatoria de Q-Ball ha venido UNA lectora (a los demás no os voy a decir que os odio, porque no sería verdad) y la sorpresa que quería preparar también está esperando en lo más bajo de mi lista de tareas.

En cualquier caso, voy a contaros cosas.

Es domingo, siete de abril, y yo estoy en el Retiro con seis personas de procedencia variopinta, intentando como si me fuera la vida en ello que no se me caiga al suelo una pelota de Dora Exploradora. Hemos jugado un rato al Q-Ball (que, por cierto, es probablemente el juego de equipos más grande desde el curling), hemos practicado el pino contra los árboles y ahora nos limitamos a pasarnos la pelota intentando alcanzar un número modesto de toques sin que se caiga al suelo.

Por supuesto, hoy estaba nublado, pero a mitad de la tarde se ha aclarado el cielo y Elsa y yo hemos ido a por helados a un kiosco cercano. Ahora entra una luz dorada a través de los árboles e ilumina el césped verde y las caras de la gente. Yo me siento como si tuviera... bueno, no sé, no me siento como ninguna edad anterior, porque a mí, en realidad, nunca me ha gustado demasiado jugar a nada, y menos con una pelota de por medio. Me sentía torpe y absurda. Igual hace falta crecer y darte cuenta de que tu cuerpo no va a estar siempre a tu favor para valorar este tipo de cosas.

En cualquier caso, éste es un momento feliz. Uno de estos momentos en los que sabes que estás creando bonitos recuerdos para tu álbum personal. Un momento de esos en los que J. diría "¡post!", porque son precisamente la diana inocente de lugares como este blog.

Mientras vuelvo andando a casa, cansada pero contenta, reflexiono acerca de estos momentos y de el poquísimo poder de convocatoria que hemos mostrado esta tarde Erika, Elsa y yo. Ha aparecido una lectora del blog. Un chico de couchsurfing. El resto éramos conocidos o víctimas inocentes amigas de los conocidos. Me pregunto qué se llevan a casa la lectora y el couchsurfer, y si se lo habrán pasado la mitad de bien que yo haciendo el idiota sobre el césped.

Voy pensando en esta entrada y en qué voy a escribir. Ya dediqué unas palabras a algunos lectores cuando alcancé las 50000 visitas. No quiero meterme en una de las mías, tipo "los 100 mejores momentos que el blog me ha traído", porque me conozco y después me paso escribiendo hasta mañana. Quiero encontrar la manera de transmitir lo importantísimo que esto es para mí y, al mismo tiempo, contar qué he aprendido escribiendo mil entradas de blog, si es que he aprendido algo.

Llego a casa y llamo a J. por Skype. Le cuento lo de las mil entradas. "Vaya, mi niña - dice él -. Tienes que estar orgullosísima. Me haces sentir pequeño". Me pregunta si releo el blog a veces y qué siento cuando lo hago. "Siento que soy genial", contesto yo, medio en broma, medio en serio. "Eso no está bien, chiquita. Tienes que ser humilde e intentar mejorar cada día". "Si lo soy, de verdad, pero también pienso que escribo bien. Si no escribiera bien, me dedicaría a otra cosa".

Esa llamada no habría sucedido de no ser por el blog. Si ese chaval moreno y chalado está al otro lado de mi ordenador declarando convencidísimo que me sienta muy bien la coleta, es porque en agosto de 2005 le dio por hacer click en marinainthemiddle* y dejar un comentario. Y no es que mi vida haya sido mejor o peor de lo que podría haber sido sin J., pero sin duda ha sido distinta. Lo que quiero decir es que las decisiones pueden tener un impacto enorme, y que escribir tiene un impacto enorme.

No tengo claro si mi vida cambia el blog o es el blog el que cambia mi vida. El caso es que le estoy tan agradecida. De verdad. Lo que no es más que un canto al ego, digo yo, porque el blog soy yo y punto, así que supongo que agradecerle cosas no es más que agradecérmelas a mí y a mi gigantesco sentido de la autoimportancia. Pero imagino que le agradezco que me dé esta estructura. Que sea un espacio al que puedo volver.

Volvamos a mi paseo de esta tarde hacia Lavapiés. Pienso que hoy ha sido el primer día de verdadera primavera, con una tarde larga y dorada, correteando al aire libre. Le doy la razón a Erika y a Elsa, que me decían ayer frente al curry de un restaurante indio que no me desanime con Madrid: que lo mejor está por llegar. Me pregunto sobre mi escaso poder de convocatoria y pienso que no tiene nada que ver conmigo. Que la gente tiene mejores cosas que hacer un domingo por la tarde y, sobre todo, que presentarse a jugar con desconocidos a un extraño juego con rastrillos y pelotas es algo que sale bastante de la zona de confort de la mayoría.

Entonces me he dicho que si puedo transmitir una sola lección como bloguera el día que conmemoro (por error) la entrada número 1001 es la siguiente:

La próxima vez que alguien os proponga jugar al Q-Ball en el retiro, decid que sí.

No se trata de jugar al Q-Ball, ni de conocer blogueros, ni de celebrar conmigo las mil entradas. Eso es lo de menos. Se trata de decir que sí. Una vez dije que mi blog era mi manera de escribir sobre las cosas que amo. Hoy pienso que este blog es un sí constante. Un sí a estar viva, al riesgo, a atreverse a hacer cosas, a mirar alrededor, a arrepentirse, a hacer el ridículo, a masajearme el ego, a soltar chorradas, a sentarse aquí delante y sentir como si en vez de cerebro tuviera un limón reseco.

Un sí a conocer a lectores y lectoras. Cuántos momentos, queridos. Tomar cervezas con Fuckowski y sus amigos en el irlandés de la plaza del Siglo. Entrar al museo Picasso con Neikos. Comprar pintaúñas con Laura y remojarnos en el Spa, en la ducha de eucalipto que no huele a eucalipto. Pasar San Valentín con Carmen. Ir con Dani al japonés y lloriquear después en el Lobos porque ya no ponen pipas ni canciones de los Piratas (ni se llama Lobos, siquiera). Mirar libros con el señor M. Tomar gintonics con el otro J. (el lurker) y helados frente al mar con el señor K. Buscar sidrerías con el GPS de Nieves, y después levantarnos de la mesa porque no tienen platos vegetarianos. Jugar al Q-Ball con Marta. Beber vino con Babette, entrenar con Álex, ir al teatro con Elena. Montar un taller de escritura individual con Ángel en mi casa de San Fernando, y después verle trastear la plantilla de Psicosupervivencia en su bonito macbook Air.

Hablar y escuchar a IA. Escalar con él, mirarle con asombro desde el asiento del copiloto, oírle cantar Vetusta, compartir un dulce en un bar cualquiera en un pueblo desconocido de Castilla. Acariciar con los dedos su piel alucinante. Enfadarme con él, reconciliarme con él, seguir hablando y escuchando, entender algunas cosas. Agregarle al facebook, quitarle del facebook, agregarle otra vez al facebook. Esperar que, pese a todo, podamos volver a escalar juntos muchas veces.

Chatear con J. por el messenger (¿os acordáis del messenger?). Cruzarme con él en Rector López Argüeta, de camino a la facultad de políticas: yo con veinte años, sin saber nada de la vida, con las gafas de pasta puestas y una carpeta cruzada frente al pecho. Él con veintisiete, moreno como un tizón, montado en su bicicleta. Mirarle durante uno de los segundos más intensos de mi vida y pensar "es él". Tomar café en el Lisboa, cervezas en su tejado, espaguetis con nata en su cocina, almohaditas con chocolate a la mañana siguiente. Ocultarnos, encontrarnos y volver a empezarlo todo desde el principio. Contar chistes, hacernos masajes, conducir, escribir, leer mientras él terminaba su fin de carrera, cortar corcho para sus maquetas. Dormir, despertar, montar picnics urbanos y piscinas en las tartas ajenas. Perdernos en mitad de la nada, llamarnos en mitad de la noche, hacer fotos de saltos extremos y de edificios que a mí no me interesan un carajo. Dibujar en las plazas del Albayzín. Desayunar. Compartir palomitas. Dejarnos, volver, llorar, gritarnos, darnos sesenta millones de besos y echar sesenta millones de polvos. Querernos lo mejor que hemos sabido.

Con esto quiero decir que las cosas importan, y la gente importa y las decisiones también. Que por supuesto que lo que haces tiene consecuencias, y lo que escribes, y tus llamadas de teléfono, y atreverte a dar un salto al vacío y conocer a la gente. Intimar con la gente es difícil. Te puede cambiar la vida.

Aun así, insisto: decid que sí. Un sí en general. Un sí al Q-Ball. Un sí, me da igual pasar vergüenza porque no conozco a nadie y sí, voy a echar el domingo haciendo el idiota. O voy a aprender a escalar. O me voy por ahí con la furgo a un proyecto absurdo que me he inventado, o me propongo escribir todos los días durante un mes. Un sí, vamos a experimentar, vamos a probar y a abrirnos. El tema es abrirse. Si algo tengo que decir después de escribir mil entradas es que el tema es abrirse todo el rato, cada vez más, y que, al mismo tiempo, nadie os va a recompensar nunca por ello. No hay palmaditas en la espalda, ni una epifanía espiritual duradera: hay un dolor constante y sordo y, en mitad de ese dolor, momentos de una luz aterradora. Como esta tarde. Como todas las otras tardes y como todo lo que nos queda juntos, a vosotros y a mí, con las palabras que me quepan en los dedos.

Es curioso que sean 1001 entradas. Igual que Scherezade, sigo contando historias hasta que sale el sol. Confío en que queráis seguir oyéndolas a la mañana siguiente y no entreguéis mi cabeza al verdugo del olvido o del desinterés. Nunca sabréis lo que os agradezco vuestra clemencia.

Brindad conmigo por 1001 más.

Muchos besos.

*Todos los posts de allí están en este blog, por si os picaba la curiosidad.

7 comentarios:

  1. Siento mucho la poca gente que ha ido. No te desanimes, los domingos son raros.

    Por si te sirve de algo hubieses tenido una jipi más allí si no fuese porque estoy a 500 kms. redondeando ;)

    Cambiando de tema: 1001 entradas. ¡MIL UNA! Impresionante :)
    A diferencia de a J a mi me parece perfecto que te leas y te gustes y creas que lo haces estupendamente. La autoestima es importante y, además, nosotros también pensamos que lo haces de maravilla. :)

    Un abrazo muy fuerte.

    G.

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  2. Hola Marina,
    Enhorabuena por haber superado las 1000 entradas, es impresionante.
    Lo del Q-ball me parecía un plan muy chulo pero no me pronuncié al respecto porque ya tenía otros planes y pensé: total, si con la de gente que va a ir, pasaría desapercibida. Ya ves que tontería. La próxima vez me apunto. Además, me da mucha envidia lo de hacer el pino contra un árbol en el retiro.
    Un beso

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  3. Mopi,

    1001 mola más.
    Placer de todos los momentos.

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  4. Ay, qué bonito! :)

    Pues sí, es justo eso que has dicho lo que yo opino, tu blog es un sí y en general un canto agradecido a la vida, y precisamente por eso fuimos. Es genial sentirse parte de algo así por un rato, y en realidad... no hay demasiadas cosas mejores que hacer en Madriz un domingo por la tarde ;-)

    Felices 1001 y a por las 2002, que esto va de capicúas! :) Un besote!

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  5. Ayyyyyyy yo tb xk stoy muyyyyyyyyy lejos, sino ahí hubiese estado. Mu bonito todo lo q has escrito ;) a por las siguientes 1001 ;)
    abrazo

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  6. Tú eres para mí un brillante pedacito de cielo dentro de un oscuro universo de contradicciones porque mis malos momentos nacen de mis decisiones y crecen con mis sentimientos pero con tu honestidad consigues que desaparezcan.
    Yo aún sigo siendo un perfecto desconocido que se observa a sí mismo y todavía se sorprende de su ignorancia por eso sigue contando historias hasta que salga el Sol que yo seguiré leyéndolas hasta que caiga la Luna.
    Esa es mi verdad, esta es tu clemencia.

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  7. Leerte desde el móvil en el bus de camino a Madrid sabiendo que en unas horas voy a abraxarte.
    Eres muy grande, qué orgullo ser tu amiga y qurerte!!!

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