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martes, 11 de julio de 2017

De vuelta en la Dimensión Desconocida



El plan es usar mi abanico como conversation opener
Estoy en un Starbucks en el aeropuerto de Los Angeles, y he decidido escribir esta entrada porque mi problema con este blog últimamente es que, como a John Watson en Sherlock, "nothing happens to me". Pero viajar otra vez a la Dimensión Desconocida, es decir: a EEUU, quiere decir que me está pasando algo y que quizá puedo escribir sobre ello.

He venido para asistir al World Domination Summit: un encuentro de artistas, emprendedores, bloggers y gente rarilla en general. El evento se celebra en Portland, Oregon; si todo va bien, en un par de horas embarcaré hacia allá.

Es la primera vez que vengo sola a la DD desde que conocí a Pablo y, aunque le echo de menos, mientras estoy sentada en el Starbucks y escucho los Lumineers, me resulta fácil conectar con esa Marina loca de hace cuatro años y pico, que iba por la vida con los ojos muy abiertos y el corazón oxidado, sí, pero de par en par. E igual que me pasa últimamente cuando camino sola por Granada y me descubro canturreando con los auriculares puestos, me gusta seguir conectada con el linaje de la yo misma más joven y más loca.

¿Qué espero de mi viaje? Lo primero es simplemente estar aquí, en EEUU. Mi interés por viajar tiene mucho más que ver con el estado emocional al que me transporta el viaje que con lo que puedo ver o experimentar mientras estoy en él. Me gustan los sitios nuevos en la medida en que me generan una relación distinta con mi vida interior, y en ese sentido EEUU es como el país del espejo: parecido, pero distinto, y separado de mi realidad cotidiana por tantísimos kilómetros de tierra y agua que parece que mis actos no tengan las mismas consecuencias. O quizá tenga que ver con entrar en las escenas que he visto tantas veces en las películas o leído en los libros, y de repente verme como un personaje con una libertad extrema para crear mi propia historia.

Así que lo que querría de estos diez días son nuevos y exóticos elementos para mi vida interior, descubiertos en la seguridad de las cafeterías perfectas, los cuidados parques y el excelente customer service de la DD. Lo que querría es que mis fantasías de hojas en blanco y actos sin consecuencias me lleven de nuevo a la apertura extrema del CACP, y llenarme de nuevo de cosas que me pasen y que os pueda contar aquí, en este blog.

Lo dejo aquí por hoy. Llevo veinticuatro horas sin dormir más que un rato en el avión, y en cualquier momento voy a tumbarme en posición fetal en una esquina y a perder el conocimiento. Quizá debería pegarme la tarjeta de embarque en la frente para que puedan llevarme rodando al avión, como el que echa un sobre perdido al buzón de correos.

Esta soy yo hace veinticuatro horas, en el aeropuerto de Málaga.
Imaginemos todos que todavía tengo esta cara tan fresca.


[Hasta entonces, se admiten sugerencias para el nombre de este viaje; os recuerdo que otros nombres con más o menos éxito han sido el Summer Steinbeck-Hill Project (SSHP) o el Crazy American Climbing Project (CACP)]

martes, 9 de abril de 2013

Yo estoy aquí, pero mi corazón...

Hace ya más años que el sol, cuando amaba a MQEN en silencio y él me ignoraba, me emborraché como una idiota en la fiesta de graduación de bachillerato. Él estaba en Pamplona, haciendo el examen de ingreso para la Universidad de Navarra, y yo le echaba de menos como llevaba haciéndolo casi un año. Soy experta en echar de menos a gente que nunca ha estado conmigo. El caso es que iba de mesa en mesa, con mi copa de vino malo en una mano, diciéndole a todo el quisiera escucharme: "yo estoy aquí, pero mi corazón... mi corazón está en Pamplona". 

Ahora mismo, yo estoy aquí, pero mi corazón está en Boulder.

Leo las guías de viaje que me he comprado (una general, otra de parques naturales), observo una y otra vez el billete de avión y me digo: esto no es real. Supongo que es el efecto Hollywood, pero EEUU me parece más que un viaje en el espacio: es algo así como cambiar de dimensión. En cualquier caso, mi corazón anhela viajar, y viajar sola. Anhela cierto tipo de libertad. Mi corazón está en el lugar en que va a colocarse en un continente, un país, un estado y una ciudad desconocidos. Me apetece salir de aquí, poder estar sola y abierta a nuevas experiencias, relajarme en el presente y metabolizar cosas. El viernes y el sábado pasados no podía hablar bien. No me salía terminar las frases y temí estar quedándome idiota. "Creo que estás procesando cosas - me dijo una compañera -, a nivel subconsciente, o algo así". "Haces demasiado con tu mente, Pitu", opinaba mi madre. Creo que necesito viajar y alejarme de todo esto para darle tiempo a mi cerebro para masticar. Eso, o me estoy quedando de verdad idiota (quién sabe).

El hospital me sigue deprimiendo y sorprendiendo a partes iguales, como lo hace en general mi vida aquí. Estoy pasándolo peor que en mucho tiempo, y también estoy aprendiendo más que en mucho tiempo. Es como cuando en Anatomía de Grey abren las costillas de los pacientes para operarles el corazón (¿toracotomía?) con esa especie de sacacorchos brutal. Así me siento yo, y sin anestesia. Todo el día se ponen sobre la mesa de mi quirófano existencial cosas importantes. La muerte y la salud. Nada se da por sentado. Veo a pacientes que no pueden hablar, o comer, o subir varios tramos de escaleras, o planear su futuro más allá de unos meses. Me obligo cada minuto a volver mi cabeza hacia mi presente afortunado de comida rica, gente encantadora, entrenamientos extremos y un futuro razonablemente extenso.

En estos días raros y madrileños, trato de buscar llaves en mi sufrimiento. Haber salido de mi zona de confort me hace feliz de una forma extraña. Quiero decir, que es como mirar una casa donde todo parece estar muy bonito y ordenado y darse de repente cuenta de la cantidad de basura que hay bajo la alfombra o detrás de los muebles. Me queda tanto por aprender todavía... Aquí mis defensas han bajado, y todo lo que me hacía ser yo y mantener la estabilidad (tener mi espacio, escalar casi todas las semanas, encontrar hueco y tema para escribir cada día, las playas, el sonido del levante entre los edificios del centro...) ha desaparecido y me ha dejado desnuda. 

En realidad, todo puede seguir desapareciendo. Conservo mi trabajo, mi cuerpo, mi salud y a la gente que me quiere, pero también eso podría irse. Hoy hablaba con la enfermera de cirugía maxilofacial porque estábamos viendo a un paciente de la planta. "Pierden la cara y pierden su identidad", decía ella. Yo trataba de esforzarme por creer que existe algo más en nosotros además de nuestra cara. Después me imaginaba con la mandíbula abierta, como alguno de los pacientes de allí, o simplemente me recordaba hecha polvo por el acné, y pensaba que sí, que ese algo debe de existir, pero que yo no sé muy bien dónde está.

Si a alguien le quedaba alguna duda de que necesito vacaciones, he aquí estos posts que escribo últimamente. Nada de composiciones bien logradas, con párrafos comprensibles y un bonito final. Escribir aquí en estos días se parece más a caminar a tientas por un espacio que no conozco, como cuando cruzo mi salón por la mañana y no quiero encender la luz para no despertar a Cris. Se parece a un acto de voluntad, o a conducir por una carretera donde sólo puedes ver el trozo de asfalto que alumbran los faros. No tienes claro que haya algo más allá. Simplemente te mueves con toda la confianza que eres capaz de reunir.

En cualquier caso, estoy mejor. Bastante contenta. Aprendiendo sobre hambre y saciedad, riqueza y pobreza, soledad y vínculos. Creciendo mucho. Y pensando en mi futuro más próximo. Porque, insisto: yo estoy aquí, pero mi corazón está en Boulder.