massobreloslunes: Me voy a Cancún a bajarme el CI a fuerza de playa

sábado, 13 de septiembre de 2014

Me voy a Cancún a bajarme el CI a fuerza de playa

Mañana nos vamos a Cancún. Todavía mejor: nos vamos a Cancún gratis. Mi madre nos invita a toda la familia a pasar ocho días en un resort de lujo.

Cuando empecé a trabajar, en verano siempre me apetecía ir de pulsereo a un todo incluido, a tirarme en la playa en modo muerte cerebral. Es un sentimiento natural cuando eres psicóloga y te pasas el día oyendo las penas de la gente. Lo que pasa es que como siempre me las he dado de hippie y de alternativa, acababa yéndome por ahí con la furgo o a surfear sofás ajenos. Pero en mi interior había una Marina que soñaba con tirarse a leer en una hamaca con un cocoloco en la mano.

Ahora, por fin, mi sueño está a punto de hacerse realidad. Bueno, no Mi Sueño. Un sueño secundario y medio ridículo que tampoco me hubiera importado no cumplir. Las circunstancias han cambiado: ya no escucho penas de gente, e incluso me sorprendo leyendo los periódicos para mantener estables mis niveles de desgracia ajena. Vivo muy tranquila en un pueblito perdido y mi mayor fuente de estrés es la misteriosa pintada de Justin Bieber que hay en nuestro armario. A pesar de eso, me hace una ilusión tremenda el plan Cancún.

J., mi ex, decía que él no sería capaz de estar tirado en una playa y pensando "esto es México". Pues yo sí. No he comprado guía, ni me interesa la historia mexicana, ni la comida, ni conocer a coloridos personajes cancuneses. De verdad. Quiero ir a la playa, porque llevo dos meses sin tocarla, y quiero comer sushi en el restaurante japonés del hotel, porque con mi novio vegano solo voy de tofu en tofu, y quiero pedir servicio de habitaciones porque me hace ilusión, y quizá darme una sesión o dos de Spa. Quiero hacer snorkel, pero poco, porque el mar me da miedo (lo sé, lo sé, el nombre me lo pusieron regular), y no me importa que no me dé tiempo a sacarme la licencia para bucear, o lo que quiera que haga falta para ir con bombona porque, honestamente, el buceo me aterra.

Me da igual que irse a un resort de lujo en Cancún sea un poco decadente y nada, pero nada intelectual. ¡El hotel tiene un restaurante de algo llamado "comida molecular"! Y una cama gigantesca para compartir con Pablo, y ducha de lluvia, lo que quiera que sea eso, y cafetera en las habitaciones. Y playa, señores, PLAYA. De arena blanca, semiprivada, con aguas azules y... bah, me da igual cómo sea la playa, ¡¡es una playa!!

A veces me da la impresión de que llevo AÑOS esnifándome el mundo como si fuera coca, no queriendo más que abrirme a los demás, conocer nuevos lugares, nueva gente y ampliar mi zona de confort. Esta mañana hemos ido a escalar Pablo y yo a Espadelles, una hermosa zona de desplomes en la parte alta de la montaña que hay sobre el pantano. No os aburriré con grados y pegues, pero estoy escalando como una bestia. Paso un miedo que-te-cagas, claro, y me tiemblan los pies cada vez que los subo diez centímetros, y a cada nuevo paso pienso que los brazos me van a fallar. También escribo mucho, todos los días: este post es parte de mi desafío para escribir 1000 palabras diarias, y hoy es el 25º día consecutivo que lo cumplo. Avanzo a trompicones con mi novela y me pregunto si estoy escribiendo la mayor basura de la historia de la humanidad, y si tiene algún sentido pasarse diez años estudiando psicología y después retirarse a dárselas de artista.

Así que sí, de acuerdo: es probable que al segundo día esté hasta el potorro de playa y de sushi, o que mi estúpido fenotipo de falsa rubia me obligue a racionarme el sol, y que esté suplicando por una pirámide maya antes de que me dé tiempo a decir "otro cocoloco". Pero así a priori, unas vacaciones de relax decadente y diversión precocinada para turistas me parecen un plan estupendo.

Os dejo con una foto de mi maleta, con toda mi ropa enrollada para ocupar menos espacio. Es un truco que he aprendido hoy de Google y que está siendo la única luz divertida en el horrible túnel de hacer el equipaje.

Ni siquiera voy a llevarla como equipaje de mano. Es por entretenerme.

[Por cierto, me voy a llevar el ordenador y mi desafío de las 1000 palabras sigue en pie, así que lo más probable es que en estos días escriba para contar qué tal la comida molecular, el grado de mi moreno y otros asuntos importantes de nuestras aventuras cancunianas]

5 comentarios:

  1. Oh! yo también hice uso de los rollos ninja de ropa para mi maleta de Sicilia! El resultado fue dramático y en el viaje de vuelta, (después de perder el vuelo de conexión y estar hasta las narices de aeropuertos) me dijeron que llevaba 3 kilos de sobrepeso. Así que me puse todas las camisetas (después de desenrollarlas) para no pagar el exceso de peso (Como bien puede apreciarse en los últimos segundos del viaje). Disfruta y tómate un Cocoloco a mi salud! :-*

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  2. Loving you por lo de esnifarte el mundo como si fuera coca. Y lo del cocoloco debe de ser ya una especie de cumbre de lo hipster.

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  3. Dios mio.
    Soy agnóstica y he dicho "dios". Pero la ocasión lo merece.
    Hoy he recibido el libro "El gozo de escribir" por Natalie Goldberg en el trabajo.
    Hacía meses que quería leerlo. Y ver tu pasión en algunos posts sobre este libro, me decidió comprarlo al fin.
    Empecé a leerlo este mediodía.
    Y he descubierto que en la página 176 el título coincide con el nombre de tu blog.
    ¡Casi pego un grito en medio de la calle!

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