Como no le he contado a Pablo que estoy publicando aquí, puedo escribir sobre él de forma medio escondida, casi secreta, y decir que es fantástico sin sentir que le estoy haciendo la pelota. Así que hoy os voy a contar la verdadera razón de por qué conocí a Pablo. Esto es un secreto, que conste, porque yo siempre me posiciono en contra de la ley de la atracción y de las creencias pseudomágicas. Pero he aquí lo que me pasó a mí:
Hace ahora dos años y cuatro meses, fui de viaje a EEUU. El primer fin de semana que pasé allí, Pablo y Jenna me invitaron a ir con ellos de Camping a Shelf Road. Alquilé en el REI (una especie de Decathlon extremadamente profesional) un saco de dormir, pero no quedaban de mujer y me dieron de hombre. Pablo y Jenna me prestaron una tienda para que durmiera y yo me metí en mi saco de hombre, que era demasiado grande y fino para mí. Me congelé de frío toda la noche. Recuerdo aquella noche como una de las más solitarias de mi vida. Era la metáfora perfecta: estaba muerta de frío y no podía hacer nada para escapar.
Al día siguiente, mientras caminábamos hacia el sector de escalada, tuve un pensamiento alto y claro. Me dirigí al hombre de mi vida, ese que yo sabía que estaba en alguna parte, y le dije: "Ya me he hartado de esperarte. Te necesito ahora. Ven ya, por favor".
Y una semana después, conocí a Pablo.
Curioso, ¿no?
Probablemente fue casualidad. Pero quién sabe si de mi frío y mi soledad, y de todos esos años que pasé tratando de ser mejor persona para merecerme a mi chico cuando llegara, surgió un único pensamiento, poderoso cual patronus de Harry Potter, que convocó a Pablo desde un remoto rincón del sur de Colorado.
Eso era lo que quería contaros hoy.
Posdata: tengo escrito un post sobre esa noche, pero no me apetece enlazarlo. Lo podéis buscar en los archivos si os apetece, o en google; creo que se titula "todos los fríos el frío".
Posdata 2: sí, es probable que haya tardado más en escribir la posdata que en enlazar el post.
Así que haciendo trampas....pues ha debido ser casualidad, porque no sé cuántas veces habré pensado yo eso...
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