massobreloslunes

lunes, 16 de junio de 2008

Hoy, post Amélie

Me gustan los exámenes de Junio.
Me gusta levantarme prontito, cuando todavía hace fresco, y coincidir con los niños que entran al colegio. Me encanta verles, tan pequeñitos, agarrados de la mano de sus padres, parloteando sobre sus profesores y sacándole antes de tiempo la pegatina al bollycao.
Me gusta llegar a la biblioteca y disponer mis apuntes y mis preciosos y brillantes rotuladores de subrayar, y levantarme a la media hora para ir a cotillear y tomar café en el bar de la esquina.
Me gusta cuando bajo al baño de la hemeroteca porque el otro está cerrado y la sala está llena de abuelitos que se van allí a leer gratis el periódico.
Me gusta leer culpablemente en los descansos.
Me gusta mirar a un chico mono toda la tarde y plantearme seriamente dejarle un post-it que diga algo como "Perdona, pero no puedo estudiar contigo delante, ¿te importaría ser un poco menos guapo?".
Me gustan estas noches cálidas, cordiales, y tomar helado de yogur en Puerta Real mirando las luces de la fuente contra el cielo índigo de antes de que anochezca.
Me gustan los placeres nocturnos culpables. Como un mistela en el Lobos con el chico de los ojos grises. O ciertas conversaciones con cierto bloguero ególatra de cuyo nombre no quiero acordarme.
Me gusta que después de cinco años, ya todo esto me da un poco igual.
Y me gusta, como hoy, levantarme temprano, hacer un examen, volver a casa, meterme otra vez en la cama y reiniciar mi día desde mi cuarto de persianas bajadas.
Así que os veo luego.

domingo, 15 de junio de 2008

- Besas tan bien...
- No, tú besas bien.
- Eres tú el que besa bien.
- ¿Y por qué te gusta tanto como beso?
"Besas como si me quisieras", pensó ella; pero no dijo nada.

sábado, 14 de junio de 2008

Divorcio

- Ella siempre me echa la culpa a mí, pero la verdad es que ella fue la que jodió nuestro matrimonio. Por cantar, tío. Por las puñeteras canciones.
- ¿Qué canciones?
- Cantaba todo el día. Por los pasillos, en la habitación. Mientras fregaba los platos o ponía la lavadora. Ni siquiera ponía la radio, sólo cantaba ella: una puta canción tras otra, mezclando trozos sin sentido, a voz en grito.
- Pero cantar es alegre, ¿no? No es para tanto.
- Tenía una voz horrible. Era como hacer chirriar una jodida plancha de metal contra el suelo. Una voz espantosa, tío, y no hacía más que cantar, y decía que no se daba cuenta, que no podía evitarlo. Me crispaba los nervios el puto chirrido, todos los días al llegar a casa: nada más que ese canturreo infernal. Ni siquiera tenía buen oído. A veces si siquiera sabías qué canción era.
- Así que la dejaste.
- Sí. La dejé.
- Realmente te entiendo, tío. Cantar mal puede ser muy desagradable.
- Sí, tío.
- Sí.

jueves, 12 de junio de 2008

Stendhal

Algunos hombres saben encontrar algo hermoso en todas las mujeres. A mí me gustan esos hombres, aunque no me casaría con ellos. Ésos que pueden aislar en un cuerpo inseguro unos hombros bonitos, o la boca generosa de una cara asimétrica. Ésos que siempre tienen los ojos idos detrás de las chicas que caminan por la calle, y le sueltan un piropo a la cajera sólo por ver cómo cambia cuando sonríe, atravesada por un breve relámpago de luz.

Se fijan en partes del cuerpo que ningún otro ve.

... tu nuca, te dicen.
... tu cuello.
... tus dedos.
... tus hermosos tobillos de princesa.

Una vez tuve un lío con un chico así. Él era guapo (estos hombres casi siempre lo son), y después de picotear un poco aquí y allá eligió por novia formal a una chica preciosa, de enormes ojos rasgados, labios oscuros y nariz respingona. La adoró durante meses, con palabras y besos y fotos. Luego la engañó tanto, y con tantas mujeres, y también tan hermosas.

A mí me gustan esos hombres, aunque les llamen golfos, o salidos, o donjuanes. No son malos; sólo tienen demasiado presente la polimórfica y perversa belleza femenina. Y les gusta tanto, la aman tanto, que les pasa que no saben qué hacer con tanto amor.

Omisión

Nadie tuvo corazón para decirle al ciego feo que la novedosa técnica para recuperar la vista por fin había sido probada, era un éxito y estaba lista para ser aplicada en cualquier hospital.

martes, 10 de junio de 2008

You made my day

Esta mañana se han dado cita en las coordenadas espacio-temporales a las que llamo mi vida una serie de hechos perturbadores. Ha empezado la única compañera de piso que me queda (algún día os contaré el misterioso efecto Agatha Christie que parece tener mi piso de este año) haciendo limpieza en su cuarto a las siete de la mañana, con gran profusión de cierre de puertas, arrastre de muebles y subida y bajada de persianas. A esto se han unido el nublado, un tenue pero potente síndrome premenstrual y una cucaracha agonizante a la puerta de mi habitación. Yo a las cucarachas no las mato, porque me da asco: espero a que mueran, luego les deseo una mejor reencarnación y las tiro al váter, acompañadas de toneladas de papel higiénico para que no se queden flotando. Así que esta mañana he pasado varias veces junto a la cucaracha poniéndome la mano junto al ojo en plan anteojera para no verla mover sus asquerosas patitas luchando por su vida.

La mente humana es curiosa. O a lo mejor sólo me pasa a mí. El caso es que en mañanas como la de hoy, de verdad que pienso que todo esto no es más que un arrastrarse sin sentido, y me siento como esa pobre cucaracha, esperando a morir para que alguien me tire al váter. Lo que es absurdo, porque en pocas horas me vuelvo a poner contenta como unas castañuelas. Pero en esos momentos pienso que es terrible y que va a durar para siempre. ¿Qué me salva entonces la vida? ¿Pensar en lo afortunada que soy de tener comida, amigos y el número adecuado de cromosomas? Eso ya lo tengo asumido. Es un reforzador que ha perdido su efecto, como dirían en Psicología del Aprendizaje.

Al final hoy me salva Cortázar. Leo "Historias de Cronopios y Famas" sentada al sol, en este junio que se resiste a ser caluroso. Mientras me dejo mecer por la dulzura absurda de los famas, los cronopios (esos seres verdes, húmedos) y las esperanzas, me pregunto qué es lo que diferencia a Cortázar de todos sus imitadores. Igual que se hacen concursos de Elvis falsos, deberían hacerse concursos de falsos Cortázares o de falsas Magas, todos escribiendo estúpidamente sobre casas que se inclinan y encuentros casuales en puentes de hierro.

Al final pienso que J. tenía razón y que Cortázar es como Walt Disney: sabe algo que los demás no saben. O no sabemos. Los cronopios y los famas no se parecen a nada que yo haya leído antes. Es como si realmente él se lo creyera. Quiero decir, que no hay nada de "mira qué original soy" en él, nada de "fíjate en el mundo imaginario que he creado". Parece que lo haya escrito borracho, suavemente embriagado de vino dulce, viendo a los cronopios a su alrededor susurrando "cronopio cronopio cronopio".

Me he sentido como si en algún lugar del mundo hubiera un inmenso manantial de ingenio y belleza y yo hubiera podido tocarlo unos segundos. Ni siquiera el amor le puede con tanta fuerza al tedio.


Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca...

lunes, 9 de junio de 2008

Malentendido

Cuando le dije que con ella nunca me aburría, creo que no comprendió que eso no tenía por qué ser necesariamente bueno.