massobreloslunes: Historias y piel

miércoles, 16 de marzo de 2011

Historias y piel

Esta mañana estaba yo fantaseando con que se quemaba el equipo y no tenía que ir a trabajar, y podía quedarme toda la mañana leyendo en un banco del parque. Por las mañanas nunca me apetece ir a trabajar. Luego es verdad que va pasando el tiempo y me voy sintiendo más cómoda. Me gusta mi trabajo y me gusta trabajar, esa sensación de ser competente en algo, de tener algo que ofrecer y que te paguen por ello.

A veces me miro y no me reconozco, cuando hablo con seriedad sobre los síntomas y la ideación autolítica, cuando salgo a la sala de espera a llamar a un paciente, cuando hablo por teléfono con un orientador escolar para ver cómo le va en clase a un niño. Me veo actuando en el mundo real y teniendo una influencia real en la vida de la gente y esa sensación me gusta. Siempre pienso que me gustaría que alguien conocido me viera, que se asombrarían al ver cómo cruzo el equipo con mis botas de tacón y mis carpetas bajo el brazo, cómo hablo con los psiquiatras y las enfermeras y las auxiliares, y paso test y hago llamadas y ofrezco paquetes de clínex.

También me gusta el factor historias. Para una adicta a las historias como yo, mi trabajo es algo así como el paraíso. Cuando daba talleres de escritura en Granada intentaba explicar que los humanos somos contadores de historias por naturaleza, y que sólo cuando nos proponemos pasarlas al papel nos bloqueamos y pensamos que no servimos. Pero la historia es la unidad básica de comunicación humana: lo que te pasó ayer con tu jefe o hace diez años con tu madre, las dos son historias.

Los pacientes me cuentan las suyas, unos con más gracia que otros, y a veces te atrapan con detalles que parecen sacados de una novela. Hoy a última hora me explicaba un paciente que conoció al que ahora es su padrino cuando tenía siete años, porque se quedó fascinado frente a una caja de yogures que había en la puerta de su casa. “Por aquel entonces en mi casa no comíamos yogures”, me explica, y yo me quedo atrapada en esa imagen, en el niño de siete años parado de pie frente a la puerta del vecino, anonadado porque nunca había visto tantos yogures juntos.

El mismo chico tiene una enfermedad de la piel, neurodermitis. Ya os he contado que chequeo las pieles de la gente que me rodea, y en este chico ha sido lo primero en lo que me he fijado. Es rubio, de ojos claros, y tiene la piel de la cara irritada y roja, con cercos alrededor de los ojos donde se le marcan arrugas resecas. Pero no es desagradable, o quizá a mí no me lo parece porque soy la reina de la solidaridad cutánea. Transmite fragilidad y ternura, necesidad de ser protegido.

Las pieles hablan, y los problemas de piel son un mundo aparte de personas unidas por una sensación común de vergüenza y desesperación. Da más vergüenza tener acné que tener una úlcera, como si tuvieras más la culpa, como si no te lavaras. La piel deteriorada se relaciona con la falta de higiene y con el descuido. A mi paciente de hoy daban ganas de tocarle con suavidad la cara escamosa y enrojecida y decirle que no pasa nada, que es igualmente hermoso, que no se preocupe. Pero me tratarían de chiflada si fuera haciendo ese tipo de cosas con mis pacientes.

Al terminar la entrevista no sé si preguntarle o no por el problema de piel, y pienso que está ahí y que es parte de él y de su sufrimiento, y que si le pregunto con respeto no se va a molestar. Así que saco el tema, y me explica que tiene que ver con la contaminación atmosférica y que le pica y le molesta mucho. Pobre. El picor es casi peor que el aspecto físico, porque te recuerda a cada rato que el problema está ahí y que los demás pueden verlo. No ser capaz de esconder tu dolor es otro aspecto desgarrador de los problemas de piel: mientras los demás son capaces de ir por ahí fingiendo que son felices, tú tienes que dejar ver a todo el mundo cuánto sufres.

Le sonrío y le digo que siento mucho que tenga que pasar por eso.

Después, de camino a mi casa, voy pensando en mi paciente sintiéndome conmovida. Pienso que a veces es como si partes de mí misma se sentaran delante del escritorio. Como si todo esto de ver pacientes no fuera más que un gran juego de espejos. Hablo con miedos que yo también tengo y animo cualidades que no veo en mí o consuelo penas que también comparto.

Hoy hablaba con la parte de mí con problemas de piel e intentaba sanarla. Últimamente veo más a menudo la belleza en mí a pesar del acné. Me acuerdo de mi amigo A. cuando me dijo: “yo cuando te miro nunca veo tu acné”, y juro por Dios que es lo más bonito que me han dicho en mi vida. Últimamente me veo guapa en el espejo como he sido capaz de ver a mi paciente de la neurodermitis, aunque otras veces me saque de quicio. En realidad el sufrimiento del acné, para mí, tiene más que ver con la falta de control que con el auténtico deterioro físico. Cosas que salen en tu cara sin importar lo que hagas tú para intentar evitarlo.

Aun así, hoy le hablo a la parte de mí que sufre por su piel. Siento que tengas que estar pasando por esto, le digo. Pero eres guapa a pesar de todo.

6 comentarios:

  1. aysss, cómo pasa el tiempo...estás entrando en la fase típica de r2, cuando te sientes superadulta y supercompentente (lágrimas de emoción).Pero siento decirte que esta fase pasará y sufrirás una regresión dentro de un añito y pico (ahora con lo de los 4 años igual te dura más) Yo la llamo el canguelo del r3 (actualizado a r4). Te aviso porque a mí me avisaron (no olvides esto, pues te llegará el día en el que tendrás que contarle lo mismo a un invulnerable r2)

    y aprovecho para recomendarte un blog. el otro dia escuché a la autora del mismo en unas charlas y me dejó alucinada!
    es esquizoque.blogspot.com lee primero las primeras entradas para ver de qué va
    Besos!!!

    ResponderEliminar
  2. Algún día yo tb crearé un blog y espero poder compartir experiencias y pensamientos tan interesantes como los tuyos! :)
    Un beso fuerte!
    (Eva de Burgos)

    ResponderEliminar
  3. Seguro que tu comentario fue un balsamo para sus herida emocional de ese dia...

    Deberiamos ser capaces de exteriorizar tanto las cosas buenas como hacemos con las criticas, seguro que el resultado es que las personas que nos rodean son más felices y se crecen al ver reconocido un trabajo o una cualidad...

    :))

    Silvia

    ResponderEliminar