massobreloslunes: 49. Guardia

domingo, 18 de septiembre de 2011

49. Guardia

Estoy en la sala de estar de los médicos con la psiquiatra y la residente de psiquiatría. Nos hemos tumbado cada una en un sofá y dividimos nuestra atención entre la tele, el whatsapp y el techo. Estar de guardia es extraño. De repente el mundo se reduce a las paredes del hospital y a las veinticuatro horas que tienes que pasar en él. Se te van cansando los ojos de la luz del fluorescente y te vas sintiendo cada vez más alejada del mundo.

No es tan terrible, pero tampoco parece fácil. Nos han llamado tres veces, en los tres casos por intentos autolíticos de distinta intensidad y naturaleza. Una se había zampado varias cajas de pastillas y llevaba desde ayer en observación adormilada en una camilla. Otra se había tomado cuatro benzos y tres chupitos de whisky. La otra tenía las piernas abrasadas de quemaduras de cigarros y había intentado tirarse por una ventana. Viva la salud mental.

No tengo muy claro por qué elegí este trabajo. Cuando pasas un rato rodeada de desgracias puedes sentirlo de forma física. El dolor se transmite a través del aire como las ondas de radio y te va poniendo mustia. Es delicado: puede afrontarse cuando estás bien y te sientes fuerte y generosa, pero si estás mal te sobrepasa. Cuando trabajaba en el equipo pasé mañanas de verdadero pánico en las que me preparaba el desayuno y me arrullaba en voz alta "tú puedes, Marina, puedes hacerlo, tranquila, puedes ir allí".

Hoy concretamente, como me siento feliz y fuerte como los limones, el contacto con los suicidas vocacionales despierta mis ganas de vivir. Sobre todo, me da perspectiva. No quiero crear más sufrimiento gratuito. No tengo por qué hacerlo. Para mí, que soy lista y con recursos, que tengo amigos y gente que me quiere, ser feliz es una obligación ética. Por eso a veces me da rabia ver que alguien se tortura por cosas poco importantes. Me dan ganas de traerles un ratito aquí y decirles: mira, esto es lo que hay, así vive la gente, así de desigualmente se baten en el duelo de la vida. Aprovecha lo que tienes, mira lo positivo, tira hacia delante, da cariño a los que tienes cerca. Déjate de miedos y de neurosis, abre tu corazón, perdona a los que te hirieron y aprende a escalar. Hazte cargo de tu felicidad. Espabila, cojones.

Pero en realidad no debe de ser tan fácil, ni siquiera para los que de verdad tenemos la botella medio llena. Es rara la vida. Es trabajosa. No sé por qué elegí esta profesión, cuando seguro que las hay más fáciles o, por lo menos, más alegres. No creo que tenga que ver con ser particularmente buena persona. Dicen que los que vivían cerca de las centrales nucleares se sentían menos inseguros frente a un posible riesgo de desastre nuclear. Tener cerca el peligro te hace pensar que puedes controlarlo. A lo mejor pienso que ver el sufrimiento todos los días me ayuda a mantener la perspectiva, o incluso que puede inmunizarme. Me siento sensata y dura mirando a los ojos de los suicidas.

No sé cómo acabar este post. No sé si es fácil o difícil salir del sufrimiento. No sé si querer trabajar con la pena ajena es noble o increíblemente patológico. En realidad estoy hoy aquí por no hacer tardes entre semana. No tengo especial interés por pasar un sábado oyendo historias de gente que quiere morirse. Preferiría estar escalando o teniendo sexo. Y tampoco sé por qué elegí este trabajo. A lo mejor me gusta, a lo mejor pienso que tengo lo suficiente como para empezar a dar. A lo mejor alguien tiene que hacerlo.

Ahora mis compañeras se han ido, la sala está en silencio y la combinación de fluorescentes, linóleo y sofás de polipiel es un poco deprimente. Pienso en los hospitales, tan llenos de pena y ruido. Mi alrededor está lleno de enfermos y muertos, y yo aguanto aquí con una conexión a Internet y una fe inquebrantable en el proceso de la vida.

Me voy ya a dormir, que me estoy poniendo mística. Os quiero y os agradezco los ánimos.

1 comentario:

  1. Supongo que las razones por las que elegimos algo son lo de menos (si elegimos antes de conocer...). Lo que cuenta es lo que haces con la "cosa" elegida.

    A mí me parece admirable, que seáis capaces de enfrentaros en vuestro día a día a la tragedia que supone vivir en algunos casos, que podáis, además, ayudar.

    ResponderEliminar