massobreloslunes: Más Cádiz

domingo, 15 de abril de 2012

Más Cádiz

Que no es la mejor ciudad del mundo. Claro que no. Por mucho que digan los gaditas. Porque, para empezar, está en la puñetera esquina del mapa, mal comunicada con absolutamente todo, con peajes en todas las direcciones. Te abruma la agorafobia cuando no ves más que agua y marismas y marismas y agua, cuando tus ojos no tienen ni una mísera montaña donde fijar la vista. Hay sólo un Mercadona, a la gente la ahoga el paro, el puente de Carranza se atasca día sí y día no. Uno se desorienta dando vueltas por la bahía, cuando no hay levantazo hay ponientazo y muchas noches el viento entre los edificios no te deja dormir.

Me acuerdo de la primera noche que pasé en la ciudad cuando vine a buscar piso a casa de Erika. Escuchaba el levante aullar y me preguntaba qué coño pintaba yo aquí. Pensaba que me aterraría el viento y esa sensación de impermanencia que le da a todo. Y ahora es curioso lo mucho que todo esto tiene que ver conmigo. Porque Cádiz no es buena ciudad para prosperar económicamente, ni para la investigación, o la alta montaña, o la arquitectura puntera... o el periodismo, la moda, las comunicaciones y en general para casi nada que no sea el carnaval y los deportes de agua. Pero sí es una ciudad donde uno se puede reinventar un poco. A lo mejor soy yo y es la época que me ha tocado vivir aquí, pero siento a Cádiz como en otro plano de realidad: suspendida entre las marismas, permitiéndome ensayar la vida sin hacerme demasiado daño.

Hoy caminaba con el Kpot hacia un bar donde habíamos quedado para tomar un café con la gente del roco y el viento nos empujaba hasta que nos parecíamos a este señor. En los días de viento fuerte no puedes pensar bien: te limitas a sobrevivir, desorientado, y a intentar que no se te despeine demasiado el pelo. Enloquece el mar, se tambalean los coches, se levanta arena, y todo adquiere un tacto tan distinto a cualquier otro lugar donde haya vivido que es fácil creerse que las cosas no repercuten del todo.

Estoy contenta hoy. Mi reciente ruina económica está teniendo el efecto paradójico de hacerme más ligera. Creo que me había apegado demasiado a mis ahorros y a la supuesta seguridad que me daban. Ahora he decidido que bueno, que al final el dinero no es más que un instrumento y que lo importante cuando cambian las circunstancias es ser capaz de cambiar con ellas. Así que muy probablemente me compre una furgo en breve. Es pequeñita, pero yo también. Os la enseñaré cuando haya confirmado el trato. Y muy probablemente me mude a otra casa más barata o quizá a compartir piso.
Así que Cádiz, más que una ciudad, es un poco una experiencia. A ver cómo vivía yo hasta ahora sin saludar con un illooo prolongado o sin que el teclado predictivo de la Blackberry aprendiera la palabra cohone. A ver cómo vivía yo antes sin escalar. De verdad, todo es muy loco últimamente, pero es muy guay. Como si una especie de levante existencial me agitara de vez en cuando y me permitiera creer que muchas cosas son posibles.

4 comentarios:

  1. Poca gente soporta el viento porque nos demuestra que nos puede llevar, esto que dices tú, la ligereza ante la permanencia rocosa. Me encanta que te dés cuenta de estas cosas.

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  2. Es genial que así, poco a poco, un sitio acabe siendo tan parte de ti.

    Buen domingo!

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  3. Por un lado envidio un poco ese apego a la tierruca; por otro, mi condición de eterno forastero me hace rechazar ese apego como zona forma de estar atrapado y atado a ese lugar...

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  4. Por un lado envidio un poco ese apego a la tierruca; por otro, mi condición de eterno forastero me hace rechazar ese apego como zona forma de estar atrapado y atado a ese lugar...

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