massobreloslunes: Recuerda

jueves, 21 de junio de 2012

Recuerda

Me estoy reconciliando poco a poco con mi nueva rotación, pero lo que todavía no supero es tener que pasar todas las mañanas por delante del tanatorio. Que voy caminando despacio con la fresquita matutina, taconeando contenta entre los pinares que rodean el hospital, y de repente me encuentro con un coche fúnebre o con una familia que llora desconsolada. Menos mal que he encontrado una ruta alternativa que atraviesa la cafetería del hospital, así que dependiendo de mi estado de ánimo elijo una u otra. La ruta de la vida o la de la muerte.

Una vez superado el primer impacto, sin embargo, pasar por el tanatorio tiene algo de lección existencial. De memento mori matutino suspendido sobre mi cabeza. Ahí vas a acabar, Marina, me repito, así que disfruta del día de hoy. De tener un trabajo al que ir y de este poniente fresco entre los pinos; de la forma en que los pacientes te dan los buenos días y de cómo en general con ellos puedes reírte, conmoverte y también tener muchas ganas de mandar a alguno al carajo.

Ayer por la tarde estuvimos trepando en Bolonia. Curioso, porque después descubrí que justo hacía un año desde que empecé a escalar. Hace un año tenía las peores agujetas de mi vida después de pelear en San Anton con una vía de cuyo grado no puedo acordarme. Nadie daba un duro por mí trepando y lo sé, porque soy de las que se entusiasma rápido y después deja las cosas. Sin embargo aquí estoy, un año después, escapándome de la ciudad en la tarde de un martes para tocar roca un rato.

La escalada también es un recordatorio de la muerte y la fragilidad física. Mientras dudo antes de hacer un paso con la chapa anterior a un metro de mis pies, me repito lo que dice siempre mi colega Pablo. Recuerda cuando estás abajo y quieres estar arriba y vive este momento con toda su intensidad. Memento mori. Al final hago el paso y no me caigo, y cuando me bajo y me acerco a la vía que hemos probado al principio de la tarde encuentro a una cordada de chicos a los que no conozco. Cambio tres palabras con el que está asegurando y oh-dios-mío-es-lindísimo. No super guapo, ni DDM, ni nada, sino rematada y sorprendentemente lindo tras cruzar con él dos frases y unas cuantas sonrisas. Me quedo un rato charlando, le miro escalar y luego pienso que paso de los hombres y me voy (y luego vuelvo, y no sé cómo encuentro un pretexto para darle mi Facebook, y cómo eres Marina hija que no tienes remedio).

Volvemos a casa contentos. Yo conduzco la Dobloneta con calma, Irene come una barrita de muesli en el asiento del copiloto y el Cabesa critica a los perros ajenos desde detrás. Y, de repente, en mitad de la carretera entre Tarifa y Vejer, vemos a un mastín gigante blanco y canela parado entre los carriles. Yo voy a noventa, y entre el momento en que mis faros alumbran al bicho y paso a su lado me da tiempo a muchas cosas. A pensar: no des un volantazo. A pensar: no pites. A pensar: no sé qué va a pasarte, perro, y lo siento mucho por ti esta noche en mitad de la carretera, pero ahora mismo, por favor, quédate quieto. Quédate donde estás y no te asustes para que mis amigos y yo podamos llegar sanos y salvos a Cádiz después de esta tarde trepadora. Suelto un "illoilloillooo" acojonado, me desvío un poco hacia el arcén y sigo hacia delante más despacio. Memento mori.

Se nos va pasando el susto, avisamos a la Guardia Civil, llegamos sanos y salvos a casa. Esto es la vida, digo yo. Rozar muchas veces la catástrofe hasta que no puedes eludirla más tiempo. No hay que ser siniestros, claro, ni morbosos todo el rato, pero no está mal acordarse de vez en cuando. Más que nada, para no dejar escapar los momentos bonitos. Para alegrarse de haber decidido trepar en vez de currar en la UCIP. Y para atrapar todas las sonrisas gratuitas y dulces que mi absurdo destino sentimental se digne mandarme.

1 comentario:

  1. Desde luego estas experiencias tienen ese efecto que comentas. Hace no demasiado me pasó algo parecido, pero en una carretera estrecha, empinada y con muchas curvas, y lo que había no era un perro sino otro coche en trayectoria de colisión conmigo. Buf.

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