massobreloslunes

viernes, 12 de agosto de 2011

28'5. Todo llega

A partir de hoy al mediodía...

V
iajar
Aviones
Ciudades
Adorable Interlocutor
Campo
Ilusión
Olas
Sexo


Pero qué mal vivo, joder.

jueves, 11 de agosto de 2011

28. Dos vicios

Mi vida es últimamente tan genial que no tengo grandes problemas. Están el Acné del Averno, el Mal Articular, mi casa quemada y poco más. Sin embargo, si hay dos asuntos que me preocupan verdaderamente y que hacen de mí una persona peor, o al menos no tan sensata y racional a la par que interesante y espontánea.

La primera es el tema del chocolate. IA flipó este finde viéndome consumirlo con urgencia de yonqui. Háztelo mirar, me ha dicho hoy, que vas a heredar la Nestlé. Esta mañana me he comprado dos tabletas, dos, de chocolate ecológico marca Yoguitea, uno con jengibre y limón y el otro con canela y especias. Me han costado casi siete euros en total. ¡Siete euros en chocolate, por el amor de Dios! ¿Qué me pasa?

El tema del chocolate me supera. A veces creo que es malo para el Acné del Averno y me desintoxico durante unas dos semanas. Luego concluyo que el AA es maligno y perdurable, y que ya que parece que me perseguirá toda la vida, prefiero sobrellevarlo comiendo chocolate. Es un sabor que me alucina por lo complejo y perverso que me resulta, y supongo que la prohibición lo hace todavía más deseable. Dicen que es el sustituto del sexo. Ja. A lo sumo, el sexo es el sustituto del chocolate.

El otro problema que tengo son los esmaltes de uñas. Que antes bueno, eran un vicio permisible porque me cundían, pero desde que me di al trepar indiscriminado cada vez lo veo más absurdo. Para empezar, mis manos y antebrazos cada vez se parecen más a los de Angelina Jolie, y no hacen más que salirme venas raras. Y no sé por qué, el hecho de pintarme las uñas como que exacerba el efecto travelo. Aunque no fuera así, escalar te destroza la manicura, no lo vamos a negar, por no hablar de mis pobres pies de princesa, que firman un destino futuro de juanetes y podólogos cada vez que se introducen en los gatos.

Aun así, sigo comprando esmaltes a pares como una capulla. El tema es que hay tantos tonos. Y los matices son tan sutiles. Y me veo convenciéndome de que no puedo vivir sin este esmalte rosa, porque a ver, tengo rosa chicle, rosa fresón y rosa coral, pero justo este rosa un poco violeta y con un toque de purpurina no lo tengo, y total, ¿qué daño le hago al mundo?

Hago esta reflexión porque hoy me he gastado casi veinte euros en esmaltes y chocolate y me siento un poco culpable, lo confieso. Además, me estoy dando cuenta de que esta es la típica entrada en la que los lectores dirán algo como "¿y a mí qué cojones me importa?". Pero yo qué sé, qué queréis que os diga, cada día escribo más tarde y más espesa, mañana cojo las vacaciones y cuando una tiene que inventarse los problemas para rellenar los post es porque su vida, en general, no debe de ir ni tan mal.

miércoles, 10 de agosto de 2011

27. Palabras para Sergio

En un mes se me casa mi primo favorito y me ha pedido que lea algo en su boda. Me lo dijo hace un año y medio y estoy viendo que lo prepararé la última semana. Esta noche he soñado que ya era la boda, que Sergio me preguntaba si lo tenía todo listo y que yo fingía que sí, pero en realidad tenía que irme a un rincón a improvisar algo en un cuaderno chungo. Así que he de ponerme ya al tema. La cosa es que no sé muy bien por dónde empezar; si hablar del amor así en general, si hablar de mi primo en particular o si inventarme alguna historia alegórica y contarla poniendo voz de cuentacuentos. Estoy algo confusa.

Así que hoy voy a hablaros un rato de mi primo, para entrar en calor. Entretanto, acepto sugerencias sobre lecturas en bodas civiles, en las que no tengo mucha experiencia.

Mi primo Sergio vive en Madrid, me saca ocho años y me adora desde que nací, y yo le adoro a él supongo que desde que tengo uso de razón. ¿Por qué? Pues no lo sé, fue una especie de flechazo primil que nos tiene enamorados desde pequeños. Todos los demás primos saben que él me quiere más a mí que a ellos y que yo le quiero más a él que a ellos, y nos da exactamente igual.

La primera anécdota que os contará sobre mí es que cuando era un bebé nos bañamos juntos y me cagué en la bañera. Se la cuenta sistemáticamente a todas sus novias y a todos mis novios, no tengo claro si para avergonzarme o para mostrar lo escatológicamente unidos que estamos. Cuando era pequeña e iba a casa de mi tía siempre dormía con mi primo, sin rollos incestuosos, que conste. Él me contaba cuentos de miedo y fue el primero que insertó en mi cabeza el pánico irracional a que me enterraran viva, describiéndome historias de cadáveres que eran desenterrados años después con la tapa del ataúd llena de arañazos.

Cenábamos en la cocina y jugábamos a que éramos cavernícolas comiendo con las manos y masticando con la boca abierta. Una noche se puso a gritarme que estaba poseído y yo salí corriendo por el pasillo mientras él se descojonaba. Otro día cogió a mi muñeco favorito y se puso a girarle la cabeza como si fuera el muñeco diabólico, y después lo tuve que tirar a la basura porque me daba pesadillas. Me cantaba la canción de Freddy Kruger y se partía mientras yo me tapaba los oídos y gritaba para no escucharle. Aun así, cuando estaba con él nunca tenía miedo.

Fue un niño trasto y un adolescente imposible, pero para mí siempre encontraba tiempo, y recuerdo el olor de los abrazos que me daba con su chaqueta de cuero de rebelde de los noventa. Un día de verano se comió mis chucherías, y me enfadé tanto que a la tarde siguiente me sacó de paseo y me compró un helado de limón y todas las chucherías que quise, y nos fuimos por ahí los dos solos a tomar respectivamente cervezas y cocacolas mientras él se liaba cigarros y yo me sentía super adulta.

Fueron pasando los años, y en lugar de llevarme a comer chuches empezó a llevarme de bares. Recuerdo una vez que vino de visita a Málaga con unos amigos y me sacó a cenar, y después me llevó a casa antes de irse de copas. Cuando le estaba diciendo adiós por la ventana me dijo que era capaz de escalar hasta mi habitación si después yo me iba de fiesta con él. Trepó los dos pisos de mi adosado y acabamos borrachísimos en el Copo, en Torre del Mar, pasando un frío increíble de costa en Febrero y fumándonos un trozo de hachís que yo había sacado de no sé dónde.

Le he visto crecer, enamorarse, desenamorarse, irse de casa, volver a casa. Es muy trabajador, guapo a reventar y no creo que le caiga mal a nadie. Es comercial de productos de limpieza, y se siente orgulloso porque dice que "de otra cosa no sabrá, pero para vender papel del culo es el mejor". Tenemos poco o muy poco en común, objetivamente, porque él no acabó el BUP y yo soy una gafapasta de pacotilla, pero nos da igual, porque podemos hablar de cualquier cosa. Tiene tatuada una pierna hasta el muslo y un brazo hasta el hombro, y siempre dice que cuando me quiera hacer un tatuaje se lo diga, que él me lo regala.

Nos seguimos yendo de fiesta juntos. Es la única persona con la que me lo paso bien todo el rato y a la que no le sé decir que en general no bebo. Acabo tajándome muchísimo y bailamos cualquier cosa, los dos solos, cantando a gritos y pegando saltos mientras todo el bar nos mira. Recuerdo una vez que salimos con una amiga suya que era una petarda. Fingimos que nos íbamos ya para que la chavala se largara, y en cuanto desapareció por la esquina enfilamos sin hablar hasta el bar más cercano y nos pasamos otras tres horas bailando sin parar. Él me enseñó que no hay que mezclar nunca y por él me dio por beber Four Roses con zumo de naranja durante años.

Es divertido, cariñoso y lindo. Me olvido de su cumpleaños sistemáticamente y no se enfada. Me llama cada pocas semanas, normalmente desde el coche, y nunca le entiendo absolutamente nada entre su acento de Madriz y lo mal que se escucha el manos libres, pero entre el gorgoteo de eses y ejques suelo captar que me quiere y me echa de menos. Es alucinantemente generoso y me sigue dando pasta cuando me ve aunque ahora yo trabaje. Nos queremos contra el tiempo y la distancia, de forma incondicional, aunque nos veamos dos veces al año cuando hay suerte.

Y ahora se me casa, y eso me hace feliz porque mi primo Sergio está hecho para el amor. Está hecho para querer porque es detallista y dulce, de los que regala flores, bombones y escapadas románticas a ciudades de interior. Es tierno y pegajoso y tiene a su novia como a una reina. Se compran camisetas a juego, siempre dice cosas bonitas de ella y le acompaña a mirar zapatos sin quejarse. No tiene miedo al compromiso ni al futuro, quiere con ganas y el corazón abierto y va a ser un marido genial y un padre estupendo. Y Esther es fantástica, es lista, guapa y estilosa, independiente y divertida, me trata muy bien (todas las novias de mi primo me han tratado bien, por la cuenta que les trae) y, sobre todo, le quiere muchísimo.

Y poco más puedo decir, salvo que en su boda me lo pienso pasar como los indios, voy a ir guapísima y a llevar unos tacones de infarto, voy a escribir el texto más bonito del mundo y le voy a hacer llorar. Me sentiré feliz de que exista, me sentiré feliz de que le pasen cosas buenas y después comeremos hasta hartarnos, beberemos whisky con naranja y bailaremos como locos hasta caernos muertos.

martes, 9 de agosto de 2011

26. Pause

Cuando estudiaba la carrera, a finales de curso, siempre había un momento en el que me daba la sensación de que todo se estaba yendo de las manos, y que si las vacaciones no llegaban pronto mi vida se iría definitivamente al traste. Se me desordenaban los apuntes, la casa acumulaba bolas de pelusa cada vez más aterradoras y el flequillo me empezaba a picar sobre los ojos.

Hoy me pregunto dónde coño está el botón de pause de la vida. Mi casa no es que esté desordenada; es que ha entrado en un estado anárquico de amontonamiento de objetos sobre superficies del que ya no sé por dónde empezar a sacarla. En el trabajo no hago nada y aun así me supera. Duermo mal, como peor, paso calor todo el rato y las siestas de verano están empezando a alargarse hasta lo indecente. Y en medio la vida sigue y se empeña en sorprenderme.

No sé si será porque quedan tres días para mis vacaciones, porque hace un levante furioso de estos que te hacen plantearte la emigración o porque llevo media hora delante del ordenador intentando sacar adelante un post que no hable ni de escalar ni de IA, pero en este justo momento siento que algo dentro de mí está diciendo basta. Quiero raparme la cabeza, prenderle fuego a la casa o agarrar un virus que me deje tres días en la cama. No quiero pensar en el acelerado e inevitable transcurrir del tiempo. No quiero sentir, al menos durante un ratito.

Pero como no hace ni una semana que me dejé una pasta en Llongueras, como no me quiero poner mala y como ya he tenido suficientes casas quemadas por este año, supongo que lo más parecido que tengo ahora mismo para darle al pause es irme a dormir. Y eso voy a hacer, lectores, incluso con esta mierda de post, aunque sólo sea para evitar que las lentillas resecas se me claven en la córnea y que este súbito hastío de vivir me empañe la alegría de estar viva.

lunes, 8 de agosto de 2011

25. Tres días en el mundo



Puedo escribir muchas cosas hoy.

Puedo ponerme cursi, como dice Sabina, y hablar de tus ojos, que son entre verdes y marrones, que sonríen casi todo el rato y que brillan con cierta luz de forma diabólica. Los ojos que me costaba mirar la primera media hora que pasamos juntos. Los ojos sobre los que colocaba las manos anoche para que no me deslumbraran. Puedo hablar de tus manos diestras ordenando objetos en la furgo, moviéndose con fluidez lenta y preparando el desayuno por la mañana en mitad de un prado desierto y lleno de flores. Puedo escribir sobre escucharte cantar Vetusta Morla en una carretera recta entre campos amarillos y que, de repente, mientras la letra decía "mírame, soy feliz/ tu juego me ha dejado así" tú giraras la cabeza y me miraras, sonriendo con la luz sobre tus ojos terribles, y me estrujaras el corazón como una servilleta vieja.

Puedo ponerme seria y hablar de que en un mundo donde cada vez cuesta más encontrar a personas valientes te he encontrado a ti, que de puro bravo estás medio loco, como yo, y que te has lanzado conmigo a desafiar en sesenta horas a todas las leyes de la lógica. Puedo decirte que el sentimiento más potente que tengo hoy es la admiración por cómo has sabido vivir esto, con la sinceridad y el coraje de un guerrero de la roca. Puedo gritar que estoy orgullosa de la cordada súbita y bien avenida que hemos compuesto este fin de semana.

Puedo ponerme alegre y contarte lo bien que lo he pasado, lo maravillada y agradecida que me siento de que todas las piezas del puzzle hayan encajado en su sitio. Unas con más facilidad que otras, claro está; algunas ha habido que probarlas varias veces y colocarlas despacio entre charlas en voz baja bajo un edredón nórdico. Pero en general diez sobre diez, pequeño, encadene a vista al primer pegue. Qué divertido ha sido escalar contigo a pesar de tu capacidad justita para el refuerzo positivo y a pesar de que me empeñe en utilizar las rodillas en vez de los pies. Cómo me ha gustado cantar Fito a voces y buscar prados para pasar la noche en la curva de las carreteras.

Puedo ponerme entusiasta y declarar, hoy por hoy, que la vida es de los valientes y de los kamikazes, que le siguen pasando cosas buenas a la gente buena y que si vosotros, oh lectores del blog, queréis descubrir de verdad la aventura de la existencia, no os va a quedar más remedio que echarle huevos e ir por el mundo con el corazón abierto y un coraje sin fisuras. Que no existen medias tintas para esto y que no me importa nada lo que pase ahora, porque no me arrepiento ni de un solo movimiento, desde el primer mail hasta el último beso.

Y al final, entre esta montaña rusa de emociones te me quedas tú, estremecido y lejano, brillante y consolador como una estrella. No quiero escribirte para cristalizarte ni quiero exhibirte como si fueras un trofeo. No quiero dramas, ni planes, ni apegos. Quiero regalarte estas palabras. Quiero recordarnos hermosos y alegres, morenos y fuertes como limones. Quiero que seas mi sonrisa en la cara en esta tarde de lunes y ser la sonrisa en tu mañana de martes. Quiero que siga siendo sencillo aunque no sea fácil. Y quiero darte las gracias y un beso de buenos días, y quiero terminar esto, darme una ducha e irme a la cama, porque hoy ha sido un día largo, estoy hecha polvo y hasta un corazón valiente de guerrera necesita a veces un descanso.

viernes, 5 de agosto de 2011

24. Causa mayor

¿Recordáis que dijimos que escribiría todos los días salvo causa mayor?

Bueno, pues hay una causa mayor :)

Así que nos vemos el lunes.

jueves, 4 de agosto de 2011

23. Frágil

A veces me pregunto si los conductores de autobús o los pilotos de avión son conscientes de lo que su trabajo significa para las personas. Si saben que transportan ilusiones, encuentros, posibilidades. Si se tomarán cada viaje como un trámite rutinario o mirarán a las caras de los pasajeros, intentando averiguar qué esconde la mirada de cada uno y qué les espera al otro lado del cuentakilómetros.

Pienso en la fragilidad de mi viaje en autobús, en el conductor llevándome a mi destino sin saber el tamaño de la ilusión que transporta. Mi vida y la de todos los que me acompañan dependen de la capacidad de concentración y de la salud de un solo hombre. Si le reventara un aneurisma, si hubiera venido sin dormir, si le diera un infarto... entonces mi vida, mis ilusiones y las de todos los que van conmigo se caerían rodando por la cuneta.

Por eso, cuando llego a mi destino y bajo las escaleras del bus, con mi mochila Quechua a la espalda y las piernas entumecidas después de las cuatro horas de viaje, miro al conductor agradecida. Me alegro de que no se haya dormido ni le haya dado ningún ictus. Me alegro de que la fragilidad de la existencia haya mantenido un poco más su precario equilibrio. Me alegro de haber llegado.