massobreloslunes: El ultimátum de Euricienta

martes, 8 de abril de 2008

El ultimátum de Euricienta

Con ustedes, el final de esta magna obra de género épico-denuncia.

[Precuelas aquí y aquí]

Volvamos a la escena final de la última parte de nuestra historia, que está congelada como un DVD en pause. Euricienta mira a su alrededor con los ojos desorbitados. Los Caballeros Negros del Crédito Europeo desenvainan sus negras espadas. Los Psicolios enseñan los dientes mientras esgrimen armas, palos y cacerolas. Bolonio sonríe de medio lado y Decanus se esconde tras su sillón y temblequea (esto no se ve porque, como he dicho, la imagen está en pause). Le damos al play y comienzan a entrechocarse las espadas, mientras Euricienta grita, histérica: ¡Paz! ¡Compasión! ¡Amor!

Empezaban a oírse los primeros “ouch” y a agonizar los primeros combatientes, cuando se oyó un petardeo, como la traca final de una feria. Euricienta enseguida reconoció el sonido, así que no se sorprendió cuando vio a cientos de Duendecillos Estándar flotando a varios palmos del suelo y reluciendo con una luz cegadora. Los Caballeros y los Psicolios, sin embargo, pararon de inmediato de luchar, asombrados.

Entonces se oyeron unas trompetas, pretendidamente señoriales pero un poco chillonas, y entró una carroza tirada por dos ratones voladores donde se erguía, orgulloso bajo su diminuto manto de armiño, el Rey De Los Duendes Que Todo lo Puede.

- ¡Salve a nuestro señor! – gritaban los duendecillos con sus voces de pito - ¡Loado sea!
- ¡Silencio, mis diminutos aunque dignos súbditos! – dijo el RDLDQTLP.

Su voz sonaba extraordinariamente potente para su pequeño tamaño, pero si tenemos en cuenta que lo puede todo, es decir, TODO, tampoco hay que sorprenderse mucho.

- ¡Los Duendes hemos perdido hoy a uno de nuestros más queridos compatriotas! – prosiguió, solemne, el RDLDQTLP -. El Duendecillo Sam, recientemente investido Duendecillo ECTS, ha fallecido hoy de agotamiento, mientras repetía entre delirios nosequé de Bolonia, o Bolonio, y decía que se le iba a acabar el plazo para alimentar a una especie de bestia mitológica.
Euricienta se entristeció. Con lo majo y lo trabajador que era el Duendecillo ECTS.
- Ahora – continuó el RDLDQTLP -, los duendecillos sólo queremos una cosa.

Paz, pensó Euricienta que diría, y que algo como esto no vuelva a repetirse en Psicolia.

- ¡¡¡Venganza!!! – gritó el RDLDQTLP con el rostro congestionado, y todos los Duendecillos Estándar se pusieron a chillar como ratas enloquecidas.

Fue un visto y no visto. Las espadas de los Duendecillos eran como palillos de dientes, pero los Caballeros Negros no acertaban a dar a aquellos bichitos con las suyas, enormes y pesadas. Antes de que Euricienta pudiera empezar a hablar de la compasión universal, todos los Caballeros Negros yacían muertos en el suelo del salón de audiencias. Mientras miraba cómo los últimos agonizaban, Euricienta concluyó que de aquello concretamente tampoco se le podía echar la culpa a ella, y confió en que la ley del karma tuviera la manga ancha.

Bolonio contemplaba la batalla como si no fuera con él. Había que reconocerle al cruel dictador una notable dignidad. Pero cuando el RDLDQTLP se dirigió hacia él, enfurecido, para tener el gusto de terminar con su europeizante vida, Euricienta se interpuso, decidida.

- ¿Qué haces, joven guerrera? – preguntó el RDLDQTLP -. ¡Aparta para que se haga justicia!
- ¡Ni hablar! – dijo Euricienta.
- ¿Acaso quieres dejar con vida a este miserable, que os ha tenido atados al yugo ECTS durante todos estos meses?

Entretanto, los Duendecillos Guerreros mantenían a raya a la multitud de Psicolios que, frustrados por no haber podido intervenir apenas en la batalla contra los Caballeros Negros, estaban empezando a linchar a Bolonio arrojándole sus armas desde la distancia y gritándole cosas como "¡A ver cómo evalúas esto ahora!"

- ¡Psicolios! – dijo Euricienta -. Ahora que tenemos a Bolonio bajo nuestro control, no creo que el mejor castigo sea la muerte…
- ¡Eso, eso! – gritaban los ciudadanos -. ¡Que le aten al potro! ¡Que se suelten en una mazmorra con ratas rabiosas!
- ¡No me refería a eso! – exclamó Euricienta -. La muerte, queridos, es descansada, relajada. Incluso la tortura es inactiva y tiene un final. Hay algo mucho peor…

Se hizo el silencio y Euricienta expuso su plan.

Por acuerdo popular, los ciudadanos de Psicolia ataron a Bolonio con una cadena en las mazmorras del castillo. Cada vez que a un Psicolio se le antojaba, podía ir a él y mandarle una tarea autoformativa, a ser posible complicada, absurda y arbitrariamente evaluada. Bolonio fue condenado a cumplir todos los plazos de entrega, so pena de ser despedazado por Ágora, que había sido encerrada junto a él.

Al tercer mes, Bolonio dejó de hacer tareas, exhausto, y se dejó comer por Ágora, que murió poco después de hambre.

En Psicolia, todos fueron felices y comieron perdices.

Decanus había huido de la ciudad en el fragor de la batalla. Dicen que le han visto en Precaria, trabajando arduamente en las minas de sal.

Euricienta se casó con un Ingenio rico y guapo. En cuanto a la iluminación… bueno, está en ello.

3 comentarios:

  1. Vaya con el decano... su cobardía fue su penitencia...
    Estaba claro que Euricienta terminaría así... jajaa!
    Salud/OS!

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  2. Final feliz!! Me encantan!!

    Me alegro por Euricienta ...

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  3. Bien. Imaginativa y creativa obra. Me gustaron los nombres y los personajes. Mejor los episodios 1 y 2, pero sin desmerecer el 3º.

    Un abrazo.

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