massobreloslunes: El mal interpersonal

lunes, 8 de noviembre de 2010

El mal interpersonal


Mi vecina es fan de Bisbal. No de la música cutre en general, no: de Bisbal. Se pone los discos enteritos en bucle, la tía. Y eso me lleva a reflexionar sobre esta vida insatisfactoria, en general, y sobre la gente, en particular.

Esta tarde estaba como desanimadísima, porque por la mañana ha venido una paciente con su madre y se han puesto a regañarme por una historia que no viene al caso. Basta que escriba aquí que ver pacientes me relaja para que se pongan de acuerdo y me amarguen el lunes.

Total, que muy desanimada. Toda la hora de meditación pensando que la vida me sobrepasa y que tenía que llamar a Funes para darle la brasa sobre el tema y sobre que a mí esto del Dhamma no me funciona. Entre nosotros ese tipo de diálogos se desarrolla más o menos así:

Yo: Pepito, a mí esto del Dhamma no me sirve. Todo es impermanente menos mi sufrimiento.

Él: no, Peq... ya verás como tu sufrimiento es impermanente. Obsérvalo, que es tu verdad.

Yo: Vaya consuelo de mierda. Odio a Buda.

Él: ¡No te metas con Buda!

Y así.

Al final, sin embargo, entre el meditar (que en verdad ayuda), poner Fito mientras friego los platos y que estoy escribiendo una novela para adolescentes y me lo paso muy bien, ya no estoy tan desanimada. La vida me sigue sobrepasando pero, ¿a quién no?

Lo de la novela es curioso. Resulta que la empecé cuando tenía como diecisiete años, un verano que me aburría. Escribí como unas cuarenta páginas de estupideces, y la he retomado hace poco para trabajar algo de ficción a pesar del mortal bloqueo que tengo desde hace meses. Es como el hacer punto de la literatura: no me cuesta mucho hacerla avanzar, construir los diálogos e inventarme tontadas tipo Física o Química, y me mantiene entretenida y practicando.

Digo que es curioso porque cuando uno lee a escritores consagrados hablar de escritura, que es un tema que nos gusta mucho a los del gremio, siempre dicen cosas del tipo de “los personajes cobran vida propia y hacen lo que quieren”. Yo hasta ahora siempre había pensado que eso eran gilipolleces. ¿Cómo van a hacer lo que quieran? No son reales, salen de tu cabeza. Si no puedes controlar ni a tus personajes, apaga y vámonos.

Desde que estoy escribiendo mi novela adolescente, sin embargo, me he dado cuenta de que es cierto. Mi protagonista, que es tan divina de la muerte como quería serlo yo cuando tenía diecisiete, hace lo que le sale del mismo. Yo le había buscado un novio estupendo y se acaba de liar con su colega buenorro, la muy zorrón. No es que yo no quisiera, pero tampoco estaba en mis planes, y ahora no sé cómo arreglarlo.

En fin, que yo lo que quería decir hoy, en realidad, es que la gente es un coñazo. Convivir con ella, escucharla en consulta y hasta escribir sobre ella. Todo el mundo hace lo que le da la gana, hasta los seres inexistentes, y yo no me sé manejar ni a mí. ¿Qué hago cobrando por ser psicóloga? ¿A quién quiero engañar?

Posdata: si algún día consigo acabar mi novela adolescente (algo que dudo, porque soy una floja) seguramente la meta en un cajón por siempre jamás porque me avergonzaré de ella. Además, nadie querría publicármela si sigo transmitiendo valores terribles a nuestra juventud. Lo que quiero decir es que no me pidáis que la enseñe, que paso.

4 comentarios:

  1. jajaja, "la gente es un coñazo". Qué gran verdad. Creo que esa va a ser mi frase de hoy en Facebook. XDDDDDDD

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  2. Escribir por escribir, sin ánimo de fama ni lucro y siendo consciente de que se hace para disfrutar y practicar, es algo que poca gente hace en realidad. Es bonito que seas capaz de evitar pensar en qué será de ella y dedicarte al carpe diem escritoril :)

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