massobreloslunes: Ser escrita

domingo, 13 de noviembre de 2011

Ser escrita

Ayer tuve un día de escalada muy, muy bonito. Me lo pasé peleándome con una vía sin conseguir encadenarla, es decir: terminarla sin caerme. Era la primera vez que me pasaba algo así, quiero decir: he intentado vías, he encadenado algunas, otras no, pero ayer fue diferente. Pasé todo el día como poseída por una relación intensa entre la vía y yo.

La cosa es que llegas al sector, ves la vía, la intentas, no lo consigues. No pasa nada, te bajas, pero en realidad lo has visto cercano, así que descansas un poco y le das otro pegue. La vía es "No es broma, es kanfor", la que intenté el día que grabé los vídeos que colgué aquí. Una vía larga, que requiere continuidad, buenos pulmones, fuerza y saber distribuir la energía para llegar al final sin hacerse polvo. No sé cuánto tiempo duraba cada intento, pero eran muchos minutos al límite de mis fuerzas. Aunque el segundo pegue fue mejor, me caí casi al final; seguía sin pasar nada, pero me había quedado tan cerca.

Al tercer pegue estás ya nerviosa. No son nervios que tengan que ver con encadenar o no la vía, sino con esa situación de estrés máximo a la que vas a someter a tu cuerpo y a tu mente, el reto extraño y gratuito en el que vas a meterte sin que nadie te lo pida. Ayer la gente me hablaba y yo no veía a nadie. No hacía más que dar vueltas en torno a la vía, calentar los brazos, mirar las cintas colgando al sol y darme autoinstrucciones: respira, Marina, respira y descansa, date aire, no aprietes demasiado los cantos, busca buenos pies, tú puedes.

Me caí la tercera vez, de nuevo justo antes de llegar al final, y pedí que me bajaran para descansar antes de intentarlo una cuarta. Se estaba yendo la luz y me dolía hasta el alma. Se podían cascar nueces con mis antebrazos. Aun así, descansé lo que pude, estiré, comí algo de chocolate y lo intenté otra vez. Y volví a caerme a medio metro del final. Me cabreé un poco, pero no mucho, porque sabía que lo había dado todo. Había funcionado al máximo de mi capacidad en ese momento, y conseguiría la vía cuando tuviera más habilidad, más fuerza, menos cansancio o un poco más de suerte.

El caso es que cuando me bajaron al suelo me di cuenta de que estaba llorando. Llorando poquito, no os creáis; lágrimas de estas silenciosas, bonitas, que se te caen rodando por las mejillas aunque tú quieras disimular porque te da vergüenza. Ni siquiera yo sabía por qué lloraba. Encadenar tampoco me importa tanto; es algo que sucederá, tarde o temprano, si lo intentas lo suficiente; si no lo consigues, pues hay más vías que judías. Pero lloraba, era un hecho. Me di la vuelta superavergonzada hasta que me recompuse y conseguí quitarme los gatos, deshacerme el nudo del arnés y empezar a recoger las cosas para irnos a Cádiz.

Aun así, estaba en un estado de felicidad difícil de describir. Había encontrado, una vez más, la belleza del proceso. No sabía qué era exactamente lo que había cambiado en esos cuatro intentos, pero yo era una persona distinta, y quizá fue precisamente no encadenar lo que me hizo distinta. Darme cuenta de hasta qué punto me había hecho feliz sólo intentarlo. Iba en el coche de Pablo oyendo música y sentía que absolutamente todo estaba bien sobre la tierra. Llegué a casa y me dolía quitarme la camiseta, verídico; me di una ducha, me hice la cena y me puse a escribir aquí y en el blog de escalada.

Entonces me llamó Kpot, mi amigo y ex profe de escalada, que había pasado el día penando conmigo y animándome a pie de vía. Que he escrito una cosa en mi blog, quilla, que lo voy a publicar en el Facebook, pero que quiero que lo leas tú primero. ¿Y eso? pregunté yo. Bueno, pues porque en realidad es un poco de ti y tal, no sé, tú léelo. El Kpot se traba un poco cuando se pone nervioso, así que abrí la página y leí el post.

Yo quería hacer una presentación breve y dejaros con su texto, pero ya sabéis que si con algo tengo un problema es con la brevedad. La cosa es que cuando uno se acostumbra a escribir sobre los demás y de repente escriben sobre ti, es mágico. Te das cuenta de lo mucho que puede significar que alguien te atrape con sus palabras, te entienda y, sobre todo, te vea. Él supo quién era yo como escaladora ayer, en esos momentos. Lo sabe porque lleva viéndome trepar desde que empecé y porque compartimos un carácter enfermizo al respecto muy preocupante. Sus palabras fueron el mejor homenaje a mi pequeño gran esfuerzo. Y como vosotros sois mis lectores y os quiero de una manera virtual y rara, quería que lo compartierais, aunque la escalada os importe un carajal y estéis ya un poco hartos de leerme sobre el tema (sobre todo teniendo en cuenta que me hice un blog de escalada para eso, pero qué queréis que os diga; éste tiene más lectores).

El post de Kpot está aquí. Leedlo, de verdad, que es cortito y muy fumable. Que me conmovió tela.

El mío, describiendo el día de ayer de manera exhaustiva y sólo apta para frikis del trepar, está aquí. Ahí ya os adentráis at your own risk.

Y ya me voy a dormir. Mis findes escaladores molan demasiado. En serio, ¿qué hacéis los demás? ¿Qué hacía yo antes? Empieza a preocuparme.

1 comentario:

  1. Emocionante el post qoe te han hecho.

    lectora

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