massobreloslunes: Locos, II

sábado, 21 de enero de 2012

Locos, II

Esta semana ha sido estupenda. Me gusta mucho, mucho Agudos. Mucho hasta el punto de tener ganas verdaderas de ir a trabajar por las mañanas, que es algo que no me ha llegado a pasar en otros dispositivos. Pero es que es superguay. Os cuento un poco, y si me pongo pesada con el tema me lo decís e intentaré reprimirme.

La Unidad de Salud Mental es una planta del hospital. Se llega por una puerta a la que tienes que llamar para que te abran o por un ascensor que te deja allí directamente; para bajar sí hace falta llave. Simplemente subir por las mañanas en ese ascensor y pulsar la cuarta me hace sentir un poco peligrosa: ahí voy yo, pienso, caminando decidida hacia la locura. En cuanto sales al vestíbulo ves el cotarro: enfermeros, celadores y los pacientes con sus pijamas azul desteñido, sus zapatillas y a veces sus batas de andar por casa. Unos están sentados, otros hablan y otros simplemente deambulan por allí.

"¿Aquello es como en las películas?", me pregunta la gente. Pues un poco sí. El otro día entré en un grupo clavado a los de "Alguien voló sobre el nido del cuco", con su maníaca agresiva, su catatónico con la mirada perdida al que los demás intentan convencer para que hable y sus paranoides apoyándose entre sí en la idea de que claro que la tele se comunica contigo con mensajes secretos, hombre: a mí también me pasa. A veces hay que amarrar pacientes a la cama y gritan; otros lloran a voces, insultan a sus familiares, se pegan o saltan el mostrador de enfermería amenazando al personal con un cepillo de dientes. La mayoría del tiempo, por otra parte, el ambiente es más o menos tranquilo.

Es un sitio tragicómico. La octava vez que una paciente entra en la consulta diciendo que no se va a poner el inyectable ni muerta y que se quiere ir a su casa PERO YA te tienes que reír, porque no te queda otra. Pero otras veces, la mayoría de las veces, de hecho, intuyes el sufrimiento y la soledad del trastorno mental grave y te estremece. Yo siempre digo que todos estamos rotos en algún punto, pero estas personas están rotas de verdad. Les faltan piezas de la mente que los demás traemos más o menos de serie: el sentido del yo, la percepción adecuada de la realidad, la capacidad de confiar en la gente. Lo que más me afecta es la fuerte sensación de que su cabeza se ha estropeado porque no podían aguantar la presión del entorno. Que se han roto por sufrir. Hay muchos locos con historias de maltratos, abusos y crianza inadecuada. Entonces tú te imaginas el grado de dolor que hace falta para que hayan llegado a donde están y se te ponen los pelos de punta.

A veces voy por el pasillo y veo a algún paciente solo, sentado en la galería, recibiendo el sol a través de los cristales. En un aire que siempre está un poco enrarecido porque no se pueden abrir las ventanas para que no se tire nadie. Otras veces los ves en el taller, dibujando, o coloreando, o haciendo estiramientos, como niños grandes en un colegio raro.

Yo nunca pienso en mis pacientes cuando estoy en mi casa, eso es así; tengo una capacidad casi psicopática para desconectar cuando salgo del curro y, sin embargo, hace un rato me he descubierto imaginándome a los internos de la Unidad en estos momentos, tumbados en sus camas. Solos de verdad. No solos como yo en mi piso de la Viña, con mi ordenador y mi blog y mi Vetusta Morla y mis movidas, no. Solos nivel no entiendo por qué la gente que se supone que me quiere me ha encerrado aquí, o nivel no sé qué cojones he hecho con mi vida para acabar ingresado en Salud Mental.

Y planteado así no sé por qué me gusta tanto. A lo mejor es porque, aunque no tengas claro si puedes ayudar mucho, al menos quieres intentar entender, y sólo entender algunas cosas, vislumbrar un pedazo de verdad a tu alrededor, ya me parece bonito. Porque ponerse en juego y poder sentir cosas también es bonito. Porque atisbas la posibilidad de descubrir qué tienen de sano los locos y qué tienen de loco los sanos. Y porque está guay intentar, o creer al menos, o llámalo X, que en la enorme capa de dolor que cubre el mundo esta niña de aquí intenta ser parte de la solución en vez de parte del problema.

PD: Creo que es la primera entrada que etiqueto a la vez como "Contenta" y como "Penita".

5 comentarios:

  1. Tengo una amiga catalana que trabaja en agudos. A ella también le encanta. Dice que hay días para todo, y también que a veces se aprende mucho de ellos.
    Una vez un paciente le dijo "Oye, no sé mucho de música pero... ¿no es un poco contradictorio que en agudos estemos los enfermos más graves?"

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  2. A mí también! ;)

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  3. No son ellos y nosotros...

    Ayer escuché a una persona muy sabia decir que la psicosis es otra forma distinta de estar en el mundo

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  4. Pab: me ha gustado el comentario del paciente nivel tuitearlo xD

    Nieves y Marta: me alegro mucho, que hace frío y nunca está de más tener braseritos del alma.

    Batalecotal: todavía tengo demasiada poca experiencia con la psicosis como para poder pronunciarme al respecto, y además sé que cuando se está entre psicólogos hay que andarse con pies de plomo. Tú sabes, el "eso lo estás poniendo tú" que tanto nos gusta. Pero vamos, que sí, que es una manera distinta de estar en el mundo y que a mí no me resulta tan lejana y tan rara como pensé que lo haría.

    Besotes grandes.

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