massobreloslunes

domingo, 2 de agosto de 2009

Lo que sé sobre la felicidad

(Nota: he escrito esto a raíz de una conversación con una persona. Sin embargo, persona, esto NO va dirigido a ti ni tienes por qué tomártelo como una respuesta. Es una reflexión mía, la he escrito aquí por si puede aprovecharle a alguien, y punto)

Yo creo que la felicidad no existe, y que en el momento en que todos aceptemos eso, seguir adelante nos va a resultar muchísimo más fácil. La felicidad, entendida como un estado de continuo éxtasis y armonía con el mundo y con los demás, es una mentira; es como la zanahoria del burro, que nos sirve para seguir caminando pero que nunca va a estar en nuestro estómago.

¿Quién puede creerse que es posible conseguir esa supuesta felicidad? Vivimos en un mundo impredecible, aleatorio y complicado, y el final de nuestros cuerpos es morir y pudrirse. Sólo por eso, por el hecho de que algún día tendremos que despedirnos de todo (¡¡De todo!! Del sol, del mar, del sexo, del sushi, de nuestros amigos, de la hierba, de nuestra colonia favorita, de correr, de respirar... tú y yo, Obama y Beyoncé) la felicidad como un estado constante de bienestar es inconcebible. Cuanto más ordenadito y tranquilo lo tenemos todo en nuestras vidas, más fácil es que venga alguien y nos lo joda. Perdemos dinero, nuestro novio nos deja, nos diagnostican un cáncer y a tomar viento la felicidad. O, simplemente, nos levantamos una mañana con el paso cambiado y en lugar de sentirnos contentos, nos sentimos tristes, o enfadados, o desilusionados.

La vida está llena de malas sensaciones. Como mucho, podemos aspirar a pequeños momentos de tranquilidad, de alegría, de ilusión. Con práctica, podemos incluso atisbar la paz interior. Pero tampoco la paz está exenta de sensaciones desagradables; sólo la iluminación lo está, y ni siquiera tengo claro que la iluminación exista (no por nada, sino porque todavía no lo he vivido).

Ya he dicho muchas veces que para mí la meditación es el camino para la paz interior (que no para la felicidad entendida como he explicado antes). Es el camino (para mí) porque es el que he experimentado y el único que me está funcionando. Sin embargo, incluso a un nivel un poco menos espiritual, la perspectiva de la propia vida puede cambiar mucho si dejamos de pensar en términos de "sentir"y nos enfocamos en "hacer". Sentirse bien todo el rato es imposible, y es el deseo de sentirnos bien el que nos paraliza.

Es mentira que podamos elegir cómo reaccionar ante las cosas, en el sentido de que no podemos elegir nuestras sensaciones. Eso es una mentira de la psicología cognitivo-conductual: cambia tus pensamientos y cambiarás tus sensaciones. Aunque esto fuera cierto, aunque el vínculo pensamiento-sensación fuera así de sencillo y de unívoco, no podemos controlar nuestros pensamientos. Con un poco de introspección se da uno cuenta de que la mente viaja a gran velocidad y de que, además de la corriente de autohabla que solemos generar todo el día, existen otros pensamientos muchísimo más sutiles y veloces. Una sensación puede venir en respuesta a un pensamiento claramente formulado o a una percepción casi inconsciente, que ha desencadenado una oleada de recuerdos o de imágenes que nos han puesto tristes sin que nos demos cuenta.

Lo que sí podemos controlar es el hecho de intentar movernos constantemente en la dirección de aquello que nos importa. Elegir lo que nos importa en el ámbito laboral, social, familiar, físico o lo que sea y movernos en esa dirección es algo que está al alcance de cualquiera. No se trata de objetivos, porque un objetivo es algo estático, y la vida cambia todo el rato. Ir en dirección a algo es como ir al este. Siempre se puede ir hacia el este, porque el este ni llega ni se acaba nunca.

Por ejemplo: yo me muevo hacia ser una mejor profesional. Ahora mismo estoy estudiando con ese objetivo. Cuando saque mi plaza PIR, seguiré moviéndome: haré la residencia, estudiaré terapia ACT, abriré mi consulta, quizá oposite a psicóloga de la seguridad social... el número de cosas que puedo hacer para ser mejor profesional es infinito. En ese camino, probablemente tenga malos momentos. Estaré estresada, cansada, aburrida, no tendré ganas de escuchar a mis pacientes, perderé pacientes que no están contentos con mi manera de trabajar. Sin embargo, eso no querrá decir que yo no siga moviéndome en dirección a lo que me importa en todo momento. Elegir un camino profesional que sólo me reportara satisfacciones sería prácticamente imposible, y tengo que estar dispuesta a la frustración para seguir creciendo.

Tengo el carnet de conducir desde hace casi cinco años y he conducido poquísimo, porque no tengo coche y por ciudad prefiero ir en mi moto. Sin embargo, intento coger el coche de mi madre de vez en cuando por carretera para no perder la práctica. Cada vez que tengo que hacer un viaje (Málaga-Granada, por ejemplo) lo paso un poco mal. No es que vaya acojonada, pero voy en tensión y me canso mucho, y tengo algún sobresalto por mi culpa o por la de los demás. Me siento mejor tumbada en mi cama que conduciendo hacia Granada y, obviamente, podría elegir estar tumbada leyendo un libro y tomando una limonada. El problema es que entonces no iría a Granada. No me movería. Tengo que elegir entre tener sensaciones agradables y estar quieta, o no tenerlas y moverme.

La queja con la que la mayoría de los pacientes van al psicólogo tiene que ver con "me siento mal". Es lo que se llama el criterio alguedónico, y figura incluso en el DSM-IV, el manual de trastornos psicopatológicos con que se manejan los clínicos. El penúltimo criterio de cada trastorno suele ser "los síntomas descritos causan un malestar clínicamente significativo y un deterioro social, laboral o personal en la vida del sujeto". Entonces la filosofía es: me siento mal y estoy parado. Me siento mal porque me pasan cosas malas, luego cuando dejen de pasarme y me sienta bien, podré ponerme en marcha. Señor psicólogo, por favor: haga usted que me sienta bien.

Como psicóloga, pienso que es importante reconocer el dolor ajeno. No se trata de menospreciar el sufrimiento de los demás o de decir que no tienen motivos para estar tristes. Pero la tristeza es como un pasajero que va en nuestro coche separado por un cristal blindado, que deja pasar el sonido pero no le deja tocarnos: molesta, resulta cansino, pero sólo hace falta darse cuenta de que, en realidad, no puede impedir que sigamos conduciendo.

No se trata de negar que se está triste. Se trata de no asustarse del sufrimiento y de no dejar que nos paralice. Como decía Don Quijote: "Ladran, luego cabalgamos".
Queridos lectorcillos:

Tras mucho reflexionar (es un decir) y unas cuantas entradas en mi blog secreto, he decidido (más o menos) cómo voy a organizar mi pequeño y minoritario universo online.

Voy a seguir escribiendo aquí con la frecuencia escasita a la que os vengo acostumbrando, me temo.

Voy a seguir escribiendo en mi blog secreto y contando intimidades a quien se apunte al carro. Las entradas que publique en este blog, también las voy a colgar en el otro, para que no os volváis locos y sólo tengáis que leer uno.

Hale, besitos.

jueves, 23 de julio de 2009

Brand new blog

Queridos lectores:

Me he abierto un blog de desahogo para escribir chorradas y burradas. Pensaba llamarlo así, CHORRADAS Y BURRADAS, pero me he decidido por algo menos sonoro.

He limitado el acceso, así que si os apetece leerlo, por favor, escribidme un mail y os agrego a la lista de seguidores. Por razones de seguridad, de momento sólo voy a admitir a personas con blog propio, más que nada para saber que no son conocidos que quieren cotillear. La gracia está en desahogarme con desconocidos; si no, apaga y vámonos.

Si no tienes blog, quieres leerme y se te ocurre alguna buena manera de demostrarme que no eres mi madre o mi ex, adelante. Estoy abierta a sugerencias.

Mi mail es massobreloslunesspamnogracias@gmail.com Por supuesto, tenéis que quitarle el spamnogracias (ay, que hay que explicároslo todo).

Un beso y nos vemos allí.

sábado, 18 de julio de 2009

Mnemotecnia

Me estoy leyendo "Desarrolla una mente prodigiosa", de Ramón Campayo, el campeón mundial de memorización. Enseña técnicas de estudio, lectura rápida y asociaciones inverosímiles para memorizar los datos puros (números, nombres, etc). Así, por ejemplo, si yo quiero aprenderme que los antecesores de la noción de esquema en la psicología cognitiva son Head, Piaget, Neisser, Battler, Ingram y Kendall, me imagino a un pez sin escamas (Piaget, esquemas) y sin cabeza (Head) bailando ballet (Battler) con Nessie (Neisser) en IKEA (Ingram y Kendall). Pues mira qué bien.

Entonces me acuerdo de mi italiano al amanecer de hace casi un año, sentado en medio del bosque con las piernas cruzadas, señalándose los ojazos negros y diciendo "gli occhi", y luego los labios gruesos, "le labbra", y los huesos anchos de los hombros bajo la piel morena "la spalla", y pasándose la mano frente a la cara golfa y sonriente, "il viso".

Qué asociaciones inverosímiles ni qué niño muerto. Eso es mnemotecnia y lo demás son tonterías.

martes, 14 de julio de 2009

Aviso: típico post noactualizoporque.

No actualizo porque no sé muy bien qué escribir. Todo me parece demasiado íntimo, o demasiado estúpido, o demasiado pretencioso, o demasiado superficial. Me da la sensación de que o escribo cuentos (algo que ahora mismo no puedo hacer porque mi cerebro está a tope) o lo que escriba va a ser una chorrada. He empezado a autoexigirme. Malo, malo.

No actualizo porque estoy en modo enfadado últimamente. Me recuerda a la tira de Mafalda en que Miguelito dice que se encuentra pedante y Mafalda (creo) le pregunta algo como "¿y qué se supone que tedremos que aguantarte ahora?". Así que llevo un par de semanas muy enfadada y no sé muy bien con quién ni por qué. Tampoco sé qué es lo que vais a tener que aguantarme.

No actualizo porque estoy harta de que me lea gente conocida. No os ofendáis los conocidos. Ya he dicho que estoy enfadada. Siempre he sido partidaria de que me lea todo el mundo, hasta mi madre, porque creo que hay que abrirse a los demás por doloroso que eso pueda resultar. Pero enlazando con lo que he dicho del enfado, últimamente no tengo ganas de abrirme a nadie. Y he empezado a autocensurarme. Todavía más malo (peor, lo sé, se dice peor).

No sé si mudarme, privatizar el blog, borrar los comentarios o hacerme mechas, que decía el anuncio aquel tan guay de la sopa. Decidme qué opináis vosotros, si es que estáis ahí.

Besitos.

viernes, 3 de julio de 2009

El suceso anteriormente conocido como mi vida

Yo tenía una vida. Ahora tengo un examen a finales de enero. No os creáis que eso es malo, porque yo soy bastante monocanal: prefiero tener una sola cosa de la que ocuparme. Mi vida no es exactamente apasionante, pero estoy muy tranquilita.

Afortunadamente, el duendecillo que me lavaba la ropa y me hacía la comida cuando estaba en bachillerato ha decidido volver. Creo que le gusta más Málaga que Granada. Dejo la ropa en el cesto de la ropa sucia y el duendecillo no sólo la lava, sino que LA PLANCHA. Se me había olvidado la experiencia de llevar toda la ropa planchada; toda, hasta las bragas. Mi duendecillo hace que opositar resulte mucho más fácil.

Os dije que no tendría nada interesante que contar cuando me pusiera a estudiar y es cierto. Incluso mi intensa vida interior es monotemática. Se me ocurren cosas como el guión de una película que es como "Slumdog Millionaire" sólo que basada en mí y en el examen del PIR. Hago un examen perfecto (250 aciertos) y los del Ministerio de Sanidad me llevan a comisaría y me preguntan que cómo me las he apañado para acertarlas todas. Que a quién he sobornado. Yo les digo que sabía las preguntas, y que cada una de ellas se relaciona mágicamente con mi vida estudiantil y/o amorosa. Pero ese tipo de cosas sólo tienen gracia para mí y para mis amigos PIR.

Porque he hecho dos amigos PIR en la biblioteca. Uno de ellos es muy majo pero un poco raro. Como le dije que llevo un expediente más o menos bueno, me hace bullying porque el suyo es muy bajo. Se me sienta enfrente y cada rato me da con los nudillos en la mesa y me dice "sshhht, ¡no estudies más!". Me pega unos sustos de muerte. He intentado explicarle que si salen 130 plazas, puede hacerle bullying a los otros 128 y apoyarme a mí, que soy su compi de biblioteca y ni siquiera me quiero quedar en Málaga.

La otra amiga PIR creo que sólo quiere fotocopiarse mis apuntes, pero bueno.

También he hecho amores platónicos de biblioteca, como sabía que me ocurriría en cuanto pasara allí más de una semana. Los de calle Ollerías son todos feos o pijos. Estudian para oposiciones de funcionario aburrido o de Derecho y no parecen tener mucho carisma. En la biblioteca rara del barrio raro, que por cierto me han dicho que se llama Huelin, he descubierto una nueva especie de opositor bibliotequil: el Opositor a Bombero. El que más y el que menos es alto (piden estatura mínima), tiene sus musculitos (para las pruebas físicas), no lleva gafas (necesitan una vista perfecta) y está moreno (a mí es que el moreno me ha molado de siempre). Aunque en general no sean mi tipo, ayer se me sentó uno al lado que me tenía desconcentrada. No parecía Einstein, pero nos habrían salido unos hijos preciosos. Utilicé mi famosa estrategia de "voy a poner pose y a parecer interesante". Seducir a un opositor a bombero calorro en una biblioteca: no es fácil.

Por lo demás, no hay mucho que contar. Voy a intentar vivir aventuras maravillosas este fin de semana a ver si así animo un poco el cotarro.

jueves, 25 de junio de 2009

Malagueando

Alguna vez he comentado que la Biblioteca Pública de Granada es uno de mis sitios favoritos de la tierra. Creo que es donde querría que se quedara vagando mi alma si por lo que sea no llega a transmigrar. Después de mantener un apasionado y friki romance con ese edificio durante cinco años, estaba muy poco predispuesta hacia las bibliotecas malagueñas. Es un poco como cuando te deja el amor de tu vida: todos los demás hombres te parecen basura y te cuesta mucho aceptar que otro pueda también tener sus cosas buenas.

Ahora estoy estudiando en el Centro Cultural Provincial, en calle Ollerías. La calle es sucia y rara, y la gente es un poco amenazante (en cualquier caso, toda Málaga es un poco así: sucia, rara y amenazante), pero la biblioteca es preciosa. Luminosa, modernita, de techos altos y suelos de parqué. En el descanso voy a desayunar a un bar super auténtico y me tomo un sombra descafeinado en vaso pequeño y un pitufo con tomate y aceite. Miro por la ventana y veo el balcón de enfrente con una malla alrededor de los barrotes, y me pregunto si será porque tienen gato y no quieren que se caiga.

Esta tarde, sin embargo, he ido a la Biblioteca Municipal de Málaga. La he encontrado buscando en google y he llegado milagrosamente en moto, teniendo en cuenta mi precario sentido de la orientación. Es algo así como el edificio más espantoso que he visto en mi vida: azul pitufo, con salas diminutas y oscuras y llena de gente amenazante en bañador y chanclas (y lo que que la gente es amenazante en Málaga es cierto. No es un sesgo mío). Además, está en un barrio que no sé ni cómo se llama, pero que es feísimo y que por lo que sé podría ser Algeciras o Getafe, por decir sitios raros y feos y lejanos.

Parece ser que tendré que pasar allí mucho tiempo, porque no he encontrado otro sitio que abra por las tardes en verano. Reconozcámoslo, he sido expulsada del paraíso. Y no lo digo sólo por la biblioteca.