massobreloslunes

domingo, 24 de octubre de 2010

Día tonto

Hoy he tenido el día tonto. He empezado soñando con J., en un sueño mitad romántico mitad guarro, y me he levantado con el ánimo revuelto. Ya hace tiempo que me paso los días sin pensar en él, las cosas como son, así que tenerle hoy revoloteando sobre mi cabeza no me ha hecho ninguna gracia. En un impulso autodestructivo he mirado su blog y lo que he leído no me ha hecho mucha gracia. Había escrito aquí un par de frases poco amables sobre el tema, pero resumiendo: tiene sexo con otras y, aunque yo ahora mismo sólo me lo tiraría si fuera mudo, tampoco me muero de gracia de la idea.

(Lo de tirármelo si fuera mudo tampoco es que sea como súper gentil, pero es que no estoy en mi mejor momento)

Hecha esta constatación tan masoquista, me he pasado la tarde escuchando el último de Quique González, tostándome lentamente en la tristeza y el rencor como un pavo al horno. Cuando he salido a la calle para tomar algo con mis compañeros de teatro, ya estaba tocada. Tocada y hundida ha sido tener que aguantar a una de las chicas contándome su reciente ruptura con su novio, para ver si "yo como psicóloga" le puedo arreglar la vida.

Y todo ese dolor en sus ojos, la decepción, la incomprensión de que una excusa absurda sirva para dejarte... Sentirte engañada, estafada, repasar las últimas semanas para ver si te dio una pista, si había algo que podrías haber hecho... y pensar en qué hace él, con quién está, por qué ya no eres suficientemente buena y por qué no te quiere y quizá no te quiso nunca... Todo eso me parece que es universal, y a mí se me han levantado las ampollas del recuerdo y me he vuelto a casa lloriqueando entre el aire húmedo de Cádiz en otoño.

Ahora estoy mejor. He meditado una hora y estoy cansada, pero me encuentro mejor. Iba a meterme directamente en la cama, pero me da miedo lo que pueda aguardarme al otro lado de mi subconsciente. Así que escribo un poco porque la escritura son las grapas de mi vida, y la tristeza que vivo y luego se vuelca en palabras es como menos triste, más literaria. Menos real. Como si yo no fuera más que un personaje y mi dolor pudiera resumirse en letras negras sobre fondo blanco, y después cerrarse y colocarse en la mesilla de noche.

PD: Que nadie me diga que la culpa es mía por leer el blog, que no está el horno para bollos.

jueves, 21 de octubre de 2010

Trabajadora del SAS

Si algo aprendes trabajando en el ámbito sanitario es que la vida te puede cambiar en un momento.

Tienes cuarenta años, haces deporte, comes sano, te cuidas y, de repente, te da un infarto, se te muere un tercio del corazón y te encuentras convertido en una bomba de relojería andante, limitada y muerta de miedo.

O estás preñada de seis meses, tan contenta y, sin venir a cuento, se te rompe la placenta y en cinco días tienes un bebé de un kilo cien que se debate entre la vida y la muerte.

O te operas de columna, no queda bien y te ves obligado a convivir con el dolor toda tu vida.

O tu hija tiene un accidente de moto y muere en el acto.

O estás un poco triste, el médico de cabecera te manda un antidepresivo y das un viraje, te pones maniaco y te has convertido de repente en un TMG (Trastorno Mental Grave).

O tu hijo, que era tan rarillo de adolescente, te empieza a hablar de conspiraciones y voces y, de la noche a la mañana, se convierte en un TMG atiborrado de neurolépticos.

Nadie se espera la desgracia y, sin embargo, las desgracias ocurren. Lo que quiero decir es que el cuerpo es frágil. La mente es frágil. Nada es seguro. Así que vivid y amad a todo lo que os den vuestros cuerpos y vuestras mentes. No esperéis a que os duela la rodilla para querer escalar. No esperéis a la crisis de los cuarenta para plantearos qué estáis haciendo con vuestras vidas. La salud es un bien valioso, aunque a todos se nos vayan más los ojos hacia el amor y el dinero.

Si no valoras tu salud es porque la tienes. Entonces eres muy afortunado. Aprovecha.

miércoles, 20 de octubre de 2010

La vida, y punto

De la vida no me gustan las pérdidas.
La perversidad polimorfa de la desdicha.
Echar de menos, olvidar, perder el contacto.
La culpa, el pasado, lo irrevocable.

De la vida me gusta el movimiento.
La persistencia sorprendente de la bondad.
Abrirse, conocer, hacer amigos.
El perdón, el futuro, las segundas oportunidades.

martes, 19 de octubre de 2010

La lectura difícil

Y un comentario más sobre el post de ayer y mi ingesta selectiva de novelas.

A veces me pregunto si mi forma de leer es la correcta. Porque hay quien dice que algunos libros son difíciles, pero ahí está su encanto. Que a veces hay que esforzarse para llegar hasta donde el autor quería llevarte. Que no todo tiene que ser jiji jaja y engancharte al libro y no querer soltarlo hasta que lo acabas. Que leer, a veces, requiere su esfuerzo.

Pero luego me digo que mi vida está llena de obligaciones. Me obligo a trabajar, a meditar, a nadar, a preparar sesiones clínicas, a comer pescado, a levantarme de la siesta a la media hora, a depilarme las piernas con cera, a destender la ropa y a veinte mil cosas.

Así que no voy a obligarme a leer esto y lo otro. Paso de que me regalen libros, y paso de apuntarme a clubs de lectura. Elijo las novelas buscando primero en las cubiertas amarillas de Anagrama. Dejo de leer los libros que me aburren y puedo zamparme cuatro o cinco seguidos de un mismo autor si descubro que me gusta. Y me la refanfinfla no haber leído a gente mortalmente famosa e intelectual.

Empezaré con los libros aburridos cuando me haya leído todos los divertidos.

Porque leo lo que me apetece para poder preservar al menos un espacio de placer puro y perverso en esta vida perra.

Y punto.

domingo, 17 de octubre de 2010

Juliet, desnuda


Yo siempre digo que me gusta mucho leer, pero en realidad hay que matizar esa afirmación. Me gusta mucho leer lo que me gusta, y lo que no me gusta es mucho y además me aberra. No sé si me explico.

En general, y a no ser que me lo hayan aconsejado o que me interese el autor, no leo novelas españolas, sudamericanas, que transcurran en países exóticos, escritas hace más de tres o cuatro décadas, sobre la guerra civil, históricas, con composición rara (es decir: párrafos demasiado largos, diálogos sin guiones, sólo comas), ciencia ficción, con demasiadas metáforas o adjetivos o que, una vez que han pasado todo el filtro anterior, me aburran después de llegar al primer tercio.

Esto me deja un muestrario reducido de libros de autores contemporáneos ingleses o americanos, y lo poco que voy incorporando cuando me animo a experimentar con cosas nuevas. Mis pocas ganas de experimentar se deben a que odio aburrirme leyendo y prefiero no correr el riesgo.

Pero lo que me gusta me alucina. Me lo paso tan bien, tan bien leyendo, termino tan excitada y emocionada y entusiasmada que me dan ganas de decírselo a todo el mundo, de comentarlo con todo el mundo, y de hecho voy diciendo por ahí “me estoy leyendo un libro buenísimo”, y a nadie parece importarle.

Hace una semana entré en Quorum, la única librería decente del centro, que a mí no me gusta nada, porque los libros están revueltos sin orden aparente y hay un teléfono que nunca para de sonar. Pero entré por vicio, imagino, y vi que Nick Hornby había sacado un libro nuevo. Que es lo bueno que tiene que te gusten autores contemporáneos, que sacan libros cada cierto tiempo y a mí me hacen morir de la emoción. Agarré el libro sin leerme ni la contraportada y me fui al mostrador. Gano dinero para esto, y que le den si este mes he tenido que pagar luz y agua y en realidad no estoy como para muchos gastos extraordinarios.

Me he ido leyendo Juliet, desnuda despacio, en el autobús de camino al trabajo, en la cafetería del hospital mientras hago tiempo para entrar a la UCI. Me gusta Hornby. Es divertido, entretenido y compasivo con sus personajes, y es de estos escritores que hace que escribir parezca fácil. Y me hace reír, me descojono leyendo, que es algo que tiene mucho mérito. Me han gustado todos sus libros, desde que empecé con Cómo ser buenos, seguí con Alta Fidelidad y así, poco a poco, hasta llegar a Juliet, desnuda. Sé que soy capaz de leerme sus novelas de una sola vez y que se me atropellan los ojos y me salto párrafos, así que me he esforzado mucho para que éste me dure unos cuatro días.

Hoy he pasado un sábado solitario y tranquilo, cocinando, preparando la sesión clínica del jueves, bailando en el salón, meditando. He salido a dar una vuelta a eso de las nueve de la noche, y he caminado por el Paseo Marítimo desierto hasta la playa de Santa María. Corría un viento frío que creo que era poniente y me he quitado los zapatos para sentir la arena helada bajo los pies, extrañada de que fuera el mismo lugar donde se hacinaba la gente en agosto.

Luego he vuelto a casa sin ningún plan en concreto. Se me amontonaban las ideas en la cabeza. Quiero escribir mails y posts, quiero tocar la guitarra y cantar a voces, y hacerme una cena rica, y a lo mejor llamar a alguien para quedar pero en realidad no, porque estoy bien sola, descargándome de las voces que escucho sin parar durante toda la semana. Al final he decidido cenar y terminarme Juliet, desnuda, darme el gustazo de zamparme seguidas las ciento ochenta páginas que me quedaban

Ahora el libro se ha acabado y yo no sé qué hora es, y estoy tan feliz y complacida, y me siento tan plena que quiero que pasen muchos meses, que se me olvide y leérmelo otra vez. Porque no sé, es hermoso y divertido, con personajes bien construidos y una idea muy bonita. Me ha hecho soñar, emocionarme y vivir otras vidas a través de las palabras, que es de lo que se supone que va el rollo este de leer.

En fin, el post como crítica es una mierda, pero espero que se entienda el mensaje.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Por eso me quedé soltera, III: De la media naranja a la ensalada de acompañamiento


Ya dije en la primera entrega de esta magna saga que me parecía que, a menudo, lo que actualmente llamamos amor no es más que una lista de características que básicamente son las nuestras. De repente descubres a alguien a quien también le gustan David Lynch, Murakami y los bocadillos de sardinas con tomate y piensas: "¡Fabuloso! ¡Una casualidad astral! ¡Somos dos almas gemelas destinadas a amarse en la eternidad!". Comenté también que creo que un amor basado en ese tipo de coincidencias está destinado a agotarse una vez que te das cuenta de que el otro no es un calco de ti, sino un ente individual con ¡sorpresa! cerebro propio.

Sin embargo, hay parejas que funcionan justo al contrario, que parecen basar la relación en el desequilibrio. Uno de los miembros es muy creativo, o muy inteligente, o un intelectual, o muy carismático, y el otro es más soso/lento/sin inquietudes o, como dijo alguien, "tonto como una piedra". Yo antes era un poco escéptica respecto a este tipo de parejas. Me daba la sensación, sobre todo cuando era el tío el más listo/interesante, de que buscaban una tía guapa, dócil y calentita que no les hiciera sombra. Ahora, además de que intento no criticar, me planteo que, como dice un personaje de Woody Allen en una de las últimas pelis, si la cosa funciona, ya va bien. El que la lleva la entiende.

Ahora bien: yo no paso por ese aro.

¿Por qué? Pues porque ya lo he vivido. He vivido la experiencia de estar con alguien a quien consideraba bastante menos estupléndido que yo en muchos sentidos. Y, si os digo la verdad, no es agradable. No es agradable para una misma y, sobre todo, no es agradable para el otro, porque se acaba dando cuenta. La línea que separa la aceptación de la condescendencia es lamentablemente fina.

Porque le acabas cortando el pelo al amor y decidiendo que te basta con esto, mientras el otro sea buena persona, friegue los platos cuando a ti no te apetece y esté calentito por la noche. Pero la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma, y si para ti es importante meditar, reírte con los Monty Phyton o hablar de Kafka, y no lo haces porque a tu pareja se la pela a tope o porque, en tu opinión, no es lo suficientemente inteligente como para pillar los chistes, pues vas acumulando un caudal de frustración que tiene que escapar por otro sitio. O por otra persona.

Sobre todo, porque creo que está bien ofrecer lo que pides.. Y yo quiero que mi pareja piense que soy la hostia. Con mis taras, claro, y mis errores; borde, impulsiva, con cicatrices de acné y la circulación defectuosa, pero la hostia. Quiero que me quiera, pero también quiero gustarle. Así que actualmente creo que no puedo estar con alguien si no pienso que es la hostia. Sobre todo, porque si quieres a alguien aunque no te guste mucho, debes darle la oportunidad la oportunidad de buscar a otra persona que sí lo piense.

Y bueno, ya sé que últimamente están los comentarios poco animados, pero me gustaría saber vuestra opinión. ¿Creéis que existe el concepto ensalada de acompañamiento, o me lo estoy inventando? ¿Qué habéis encontrado, qué andáis buscando, qué creéis que busca la gente? ¿Habéis hallado el término medio en un nutritivo kiwi?

Venga, va, subidle la moral a esta bloguera o tendré que comentar yo bajo pseudónimo, y sería muy triste.