massobreloslunes

sábado, 15 de marzo de 2008

Astrología

TAURO (del 21 de abril al 21 de mayo).

SALUD: es posible que su acné recurrente desaparezca a corto-medio plazo, ya que, en vista de la poca efectividad de los tratamientos no farmacológicos, su dermatólogo le ha hecho el gran favor de recetarle su CUARTA tanda de isotretinoína (Roacutan). Hidrate labios y mucosas varias y dedíquese a imaginar la de fotos que se hará cuando esté curada y hermosa. Aun así, recuerde que hay vida más allá del acné.

DINERO: Por primera vez en meses, puede respirar tranquila gracias a la inyección de dinero y paz mental que ha supuesto el reciente pago de su malditamalditabeca. No obstante, no se confíe: un despilfarro excesivo en tapas y lujos marca hacendado podría conducirle de nuevo a la precariedad económica en un plazo menor del que se imagina.

AMOR: Ahora que no tiene vd. pareja estable, haga el favor de tener cuidadito, que en cuanto la dejan suelta tiene bastante peligro. En cualquier caso, este astrólogo se considera incapaz de hacer ninguna predicción fiable y/o válida respecto a su vida amorosa a medio-largo plazo. Sabe perfectamente que tiene las mismas posibilidades de acabar encontrando a su media naranja que de morir vieja y sola y ser comida por pastores alemanes.

TRABAJO: No pierda la perspectiva y no deje que el Crédito Europeo ensombrezca su visión, de natural optimista, sobre su desarrollo laboral. Procure ignorar al Hombrecito De la Posguerra, a la chalada de Educación Especial, al pequeño Hitler de Teórica y a demás freaks que tiene por profesores, y concéntrese en el hecho incuestionable de que en un año y medio podrá decir adiós a este universo de caos y mezquindad que es la universidad y lanzarse de morros en el mucho más terrible mundo laboral.

LE SENTARÁN BIEN: los amigos, el sol con protección (precaución con su tediosamente delicada piel), la familia en dosis moderadas y el descanso.
CUIDADO CON: la rumiación emocional, la culpa, abusar del mortífero combo cervecita+tapita (por el bien de la operación bikini) y el gasto en móvil.

lunes, 10 de marzo de 2008

Mira tu cuerpo como si fuera la primera vez que lo vieras. La manera en que tus pies y tus piernas mantienen el equilibrio sobre la pequeña superficie de tus pies. Las complejas pinzas de las manos, los cinco dedos desiguales rematados por uñas insensibles. Mírate como si fueras un crustáceo enorme y, con asombro, contempla los movimientos coordinados y cuidadosos de tus miembros.

Mira el mundo como si fuera la primera vez que lo vieras. La forma caprichosa en que se distribuye la tierra sobre el agua. Los continentes, cercando los mares y mirándose desde las orillas de los océanos. Piensa que podría haber sido de otra manera, que las orogenias y los terremotos podrían haber colocado lo sólido y lo líquido de cualquier otra forma. España es una isla. La bota de Italia ahora es un brazo, o un pez, o una enorme llanura en medio de la tundra.

Mira la Historia como si fuera la primera vez que te la contaran. Piensa que todo lo que ha pasado, todo, desde la caída del Imperio Romano hasta los atentados del 11 de Septiembre, no es más que una posibilidad entre miles, la consecuencia lógica de acontecimientos que muchas veces son producto del azar. Cuatro de los cinco hermanos de Hitler no llegaron a adultos. Quizá la Armada habría sido Invencible si ese día hubiera brillado el sol. Piensa en tu país, tu lengua, tu ropa, tu sistema de gobierno, y toma conciencia de cómo te alzas sobre los cadáveres de los millones de hombres y mujeres que vivieron antes que tú.

Mira tu vida como si fuera la primera vez que pensaras en ello. Podrías haber escogido otra carrera, otra pareja, otra ciudad. Cada día tomas caminos que cierran todos los demás, por cada cosa que haces pagas el precio de todo lo que dejas de hacer. Siente cómo crujen tus huesos bajo el peso de todas las vidas que no estás viviendo.

Abre los ojos. Mira a tu alrededor. Asómbrate del mundo.

sábado, 8 de marzo de 2008



Una de las cosas que me ha pasado este año es que me he enamorado de Granada. Llegué aquí casi de rebote, después de que Barcelona me escupiera como al hueso de una aceituna, y la he ido conociendo despacito, como se conoce a las personas a las que acabas por querer de verdad. Me siento feliz sólo estando en ella, sin necesidad de tomar sus famosas tapas o de irme de fiesta en su célebre ambiente universitario. Ni siquiera me hace falta estar en el mirador de San Nicolás, preguntándome asombrada cómo puede ser gratis una vista así. El otro día caminaba hacia casa de mi tía, que me invita a comer casero todos los jueves. Vive en un barrio nuevo, detrás de la estación de autobuses, con calles enormes, desangeladas, llenas de adosados clónicos y de edificios de nueva construcción, salpicadas de descampados cubiertos de esas flores silvestres, amarillas, que recolectaba yo cuando era pequeña para regalárselas a mi madre. No estaba en la plaza de la Catedral, ni en el Realejo que mi querido exnovio Funes idolatra y, aun así, levanté la cabeza, vi la sierra cubierta de nieve al fondo y el sol brillando sobre el cielo intensamente azul, y me sentí muy feliz de estar allí.

Así que me encanta esta ciudad. Me gusta mi facultad, encaramada en lo alto de Cartuja, y bajar andando los días de sol y frío oliendo las flores de los almendros. Me gusta caminar por las calles desiertas del centro las noches de diario, cuando vuelvo de tomar algo o de casa de Adri, y pensar que en algún lugar de la ciudad callada y hermosa hay un techo para mí. El fin de semana pasado, en Madrid, me comía la nostalgia, pensando en cómo podía haber alguien que viviera deliberadamente allí, todo el día encapsulado en ese metro odioso de luces fluorescentes, apabullado bajo los edificios enormes y los carteles brillantes de Starbucks, existiendo en algún lugar mi ciudad pequeña, preciosa y feliz. Vale, es amor de granadina, Madrid (supongo) tiene su punto, pero no podía evitar hacer comparaciones cuando nos pedían diez euros por un desayuno o cuando veía las caras derrotadas de la gente en los vagones de metro.

Me encanta esta ciudad, no lo puedo evitar, y ni siquiera tiene que hacer nada especial para encantarme. Le tengo un amor tan platónico, tan desmedido que, como cuando tenía trece años y me colgaba por un chico de un curso superior, me basta cualquier gesto suyo para soñar durante días. Levanto la cabeza en Constitución, veo el Albayzín y la sierra al fondo, y pienso que podría quedarme aquí toda la vida, pasando frío en invierno, achicharrándome en verano, demorándome en los bares por la noche y desayunando en las plazas los domingos. Podría quedarme toda la vida vagando por las bibliotecas con los apuntes bajo en brazo, subiendo al Sacromonte a ver atardecer, mirando los colores de la fruta en la plaza de la Romanilla. Algún día encontraré la manera de rapiñarle un sueldo a esta ciudad sin trabajo y me instalaré aquí, en cualquier barrio, en cualquier piso, y me alimentaré del sol de Granada los días helados del invierno, sintiendo cómo el viento baja directamente del Mulhacén para darme en la cara. Viajaré a Nueva York, a Tokio y a Barcelona, y en la más alta habitación del más lujoso hotel de la más cosmopolita de las ciudades pensaré en Granada, durmiendo tranquila al pie de la sierra y esperándome, y de verdad de verdad que no me hará falta nada más.

viernes, 7 de marzo de 2008

Hola a todos:

Después de un año y medio juntos, J. y yo hemos decidido seguir cada uno por nuestro lado en esta cosa llamada vida.

No estaba muy convencida de publicar este post, pero este blog trata de mí, y a mí ésta es una de las cosas más importantes que me han pasado últimamente. Y prefiero contarlo así, tal y como ha ocurrido, a andar soltando indirectas o dejarlo simplemente pasar. J. ha sido muy importante para mí durante los últimos años, como sabéis los que me leéis desde hace tiempo, y se merece su propio post de despedida en lugar de licuarse poco a poco en el limbo de la actualización.

De momento, prefiero no contar mucho más. Ni razones, ni culpas; ni siquiera mis sentimientos respecto a algo tan raro como es resignarse a perder a alguien a quien has querido. Mejor ser aburrida que bocazas.

Una vez hecho este inciso, volvemos a la programación original.

lunes, 3 de marzo de 2008


Hola, personitas:

Hoy voy a hablaros de la frigopoesía.

En un mundo gris de madrugones y penas de amor, de atascos y revistas del corazón, a alguien se le ha ocurrido esta idea tan bonita. Son pequeños imanes para el frigorífico con palabras en ellos. Nombres, verbos, adjetivos y desinencias que puedes combinar para hacer poesía mientras se calienta en el microondas la leche del desayuno. Lo tenían en el frigorífico del primo de J. en Madrid, y en cuanto lo vimos allá que salimos los dos como locos a comprar uno aquí. No sé dónde más lo venden, pero hay más información en su página web

Allí en Madrid tenían la versión erótico-amorosa. Salieron frases bonitas: "disfrutemos desnudos entre bombas" o "hambre de olor grosero" o "tengo menos ropa cuando te amo". A las dos de la mañana, yo seguía sentada frente al frigorífico moviendo palabras. "Gorda", me dijo J., "vas a perder el curso con esto". Nosotros nos compramos la versión normal, no por nada, sino porque aspiramos a la literatura universal y no-cursi, y porque una no puede hacer realismo sucio de nevera con palabras del estilo de "orgasmo", "bragas" o "Cupido". Pero la versión normal mola bastante. Salen "lunes", "ironía", "silencio" y muchísimas palabras hermosas.

Al llegar ayer a casa, mirando qué decía la gente sobre el invento en internet, me encontré con el siguiente comentario: "está bien, pero deberían ser letras, o sílabas, para que uno pudiera componer más fácilmente lo que quiere decir". Pero qué va: la frigopoesía mola porque te abre la mente. Porque juegas con lo único que te queda y tienes que inventar nuevas combinaciones, por extrañas que sean. Para decir "te quiero churri" ya están los postit. No sé, amigos; lo que sé es que ahora cada vez que voy a coger algo de la nevera, se me va la olla con los imanes. Si cumplís años de aquí a unos meses, que sepáis que ya os tengo un regalo pensado.

Me encantan las pequeñas buenas ideas.

Y a lo mejor de ésta dejo definitivamente la prosa. O la carrera.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Esta mañana me he levantado contenta. Sin motivo, pero contenta. Es lo que tiene la ciclotimia: cada día es una sorpresa. Y eso que he puesto el despertador una hora antes para hacer un ejercicio de clase que tenía que haber entregado hace una semana.
Después de hacer mi ejercicio con máxima eficiencia espídica, me he ido a la cocina a tomarme un colacao complet, que me lo he ganado. Y cuál no sería mi sorpresa al ver que alguien había fregado todos los platos que dejamos (sobre todo yo) sucios ayer.

Qué buen rollo, he pensado. Cómo molan las guiris. Y más eso de que sean poco asertivas y no me echen la bronca por no limpiar.

Luego he visto una nota encima del fregadero. “Chicas, tenemos que hablar de la situación en la cocina. Dejar la vajilla sucia un día está bien, pero toda la semana!?! Hablamos el fin de semana.”

Entonces dos vocecitas se han desatado en mi acelerada mente matutina. La vocecita uno es mi parte nazi-perfeccionista, enganchada a las matrículas de honor y al reconocimiento ajeno. La parte dos se ha ido criando poco a base de libros de autoayuda, e intenta amortiguar el trauma de la parte uno para que no me dé (demasiada) ansiedad.

V1: Hay que ver, Marinapordiós, qué vergüenza, tu compañera de piso teniendo que echarte la bronca. Con lo que te has quejado tú de compañeras de piso sucias.
V2: No le digas eso, angelito mío, que ayer intentó fregar y se le caían los platos de las manos de sueño. Tú di que no, Marina. Fortalece tu autoestima. Has sacado matrícula en Ténicas de Intervención. Que no se diga.
V1: La estás malcriando ¿Cuánto le va a durar la excusa de la matrícula?. A ver, Marina, veintidós años e incapaz de hacer cosas básicas como tener la colada al día o no dejar platos sucios. Mucha buena nota, pero después, vaya tela. ¿Y te quieres ir a vivir sola? Tendría que ir una excavadora a sacarte por las mañanas.
V2: Pues cuándo quieres que limpie, la pobre, si se pasa doce horas al día en la facultad.
V1: Once.
V2: Las que sean.
V1: Pues para escribir posts y autocompadecerse sí que tiene tiempo, y energía.
V2: No es que utilice la energía para escribir posts, es que es de ahí donde la saca.
V1: Pues dirás lo que quieras, pero yo veo la nota esta y se me cae la cara de vergüenza.

Las he dejado discutiendo y he ido a vestirme. He pensado en dejar alguna nota en plan “mi vida se desmorona, no me pidas que friegue platos” o algo en plan “no tiempo, no ánimos, lo siento”, pero al final me he limitado a un: “Lo siento. No volverá a pasar”. Mi padre siempre dice que las excusas son como el culo: que todo el mundo tiene una.

Y ahora son las doce de la noche. He ido a dos clases, he estudiado cinco horitas, he leído mi nuevo y genial libro en inglés (The Secret Diary of Adrian Mole), he bailado danza de la panza, he discutido con J., he aconsejado a Andrea sobre su método de estudio y he hecho una transferencia telefónica para pagar el alquiler (día 26, lo sé. No me juzguéis, ¿vale?). Y ahora, aunque no pueda con mi alma, voy a LEVANTARME de aquí y a FREGAR mi olla, mi plato y mi vaso, y el fregadero que, como me dijo una amiga, es siempre el último plato, y que no se diga.

Que no es por convivencia. Ni por higiene.
Es porque lo de no tener razón lo llevo fatal.

lunes, 25 de febrero de 2008

He actualizado en La Magdalena de Proust, por si os queréis pasar. Salen Roald Dahl y secretos de mi vida íntima, ¿se puede pedir más?

De paso, me gustaría saber si alguien sabe cómo puedo añadir a este blog los archivos de mi blog antiguo. Es que los echo de menos.

Besitos a todos.