massobreloslunes

lunes, 17 de agosto de 2009

Las cosas que no son como recuerdas

Hace ya bastante tiempo escribí este post en el que recordaba a C., el heavy que se me declaró hace siete años en un campamento de verano. Sé que da pereza, pero entenderéis mejor lo que voy a escribir a continuación si leéis el post del heavy.

El viernes pasado empezó la feria de Málaga. Odio la feria. Odio las aglomeraciones, el alcohol, la música muy alta, el alcohol y las aglomeraciones (¿hay algo más?). El viernes por la noche había fuegos artificiales. Genial. Los fuegos molan si, digamos, tienes diez años y vives en la posguerra, pero en el mundo actual, con youtube, seriesyonkis y realidad virtual, ¿quién quiere ver fuegos artificiales? La playa se llena de gente borracha, y ya he dicho lo que pienso de las aglomeraciones y el alcohol. Así que me dispongo a pasar la noche en mi casa leyendo en camiseta y bragas cuando suena mi móvil. Número desconocido.

- ¿Sí?
- ¿Marina?
- Sí, ¿quién es?
- Soy C.
- ¡Ey, hola! ¿Qué pasa?
- Adivina lo que pasa.
- ¿Estás en Málaga?

Me visto, agarro la moto y me planto en la playa de la Malagueta para ver a C. A ver, no tengo ningún tipo de intención rara. Hace poco le escribí por el tuenti, y una de las cosas buenas que tienen los tuenti y los facebook es que te evitan las sorpresas desagradables. Mi heavy estaba gordo y calvo y eso ya lo sabía yo.

("Marina, eres una superficial". "No es eso, es que me gustan los guapos". Aclarado este punto, prosigamos.)

Llego a la playa y veo acercarse a C. en medio de la gente. Además de fondón y calvete, es más bajito de lo que le recordaba. ¿Habré crecido?, me pregunto. Sacudo la cabeza, me acerco a C. y le doy un abrazo. Sus ojos, eso sí, siguen brillando igual que cuando tenía 16.

Soltamos unos cuantos tópicos sobre lo rápido que pasa el tiempo y lo lejos que quedan ya los campos de trabajo. Hablamos de la vida. Mentira: habla él de su vida y yo suelto cuatro frases sobre qué hago con la mía. Habla sin parar. Recordaba a C. mucho más receptivo; a lo mejor el problema es que en aquella época intentaba ligar conmigo y esta noche no. Es bien sabido que el grado de escucha de un tío es directamente proporcional a su interés por llevarte a la cama.

Le noto alterado, un poco verborreico. Fuma un ducados cada diez minutos y se ventila rápidamente un cubata en vaso de plástico. Me ofrece. "No, gracias", digo, y le doy un trago a la botella de fanta de naranja que han traído sus amigos para mezclar con vodka.

Caminamos por la ciudad hacia el centro. Las calles están llenas de gente que canta y grita porque va hasta el culo: una alegría tan falsa como la moria. Me acuerdo de J. cuando me decía que no entendía el concepto "irse de fiesta" cuando no había nada que celebrar. Hablo con C. (C. habla y yo escucho) de las ganas que tiene de emborracharse mañana en la feria de día y del GPS que le ha instalado al móvil. Después me cuenta que ha dejado a su novia. Me pregunto si es una señal: C. está soltero y yo podría devolverle los besos que le dejé a deber en los campos de trabajo. Fondón y todo, me siguen gustando sus ojos y su sonrisa.

Me voy después de un par de horas, agorafóbica perdida en medio de las calles atestadas. Camino deprisa hacia casa y C. me manda un mensaje al móvil: "Mañana nos tomamos una cerveza, ¿no, chula?". Contesto que me he alegrado mucho de verle y no digo ni mu de la cerveza de mañana. ¿Cómo le explico que ya no tenemos nada que ver con nuestros yos adolescentes que hablaban de la vida en unas gradas vacías? "Mira, C., lo siento pero no tenemos nada que decirnos o que aportarnos, no ahora, no en estas circunstancias, en medio de la feria de Málaga de 2009, conmigo y contigo estudiando oposiciones, no tan mayores ni con tanto ruido".

Al día siguiente vuelven a quedar para ir a la feria. Yo me callo, me quedo en casa y, sencillamente, dejo que la vida siga.

viernes, 7 de agosto de 2009

Exnovios, lectores y otras víctimas del Dhamma

J. se ha ido a meditar. Mi madre dice que tengo que dejar de deprimir a mis exnovios y luego mandarles a meditar para que se arreglen. "Francamente, mamá", le digo, "es una visión del asunto no falsa, pero sí un poco simplista".

En cualquier caso, os quería contar lo que me pasó en el último curso de Vipassana al que fui, que no pude terminar porque mi muela del juicio decidió salir gloriosamente de mi encía entre litros de pus y kilos de dolor no ecuanimizable.

Al curso había ido yo con MQEN, el primer exnovio que ha pasado por el proceso "Marina-depresión-meditación" (y que, por cierto, está bastante contento con el cambio... el cambio depresión-meditación, no el cambio Marina-meditación, espero). Estaba muy contenta de ir con él, aunque casi le da un soponcio el día que me tuve que ir por lo de la muela y no pude avisarle, porque pensaba que me había dado una embolia y nadie quería decírselo para que no se preocupara. (¿Por qué una embolia? Pues no sé, preguntádselo a él).

El caso es que el primer día, cuando todavía se podía hablar, me encontré con una chica en el baño cuyo nombre no mencionaré aquí por cuestiones de privacidad y blablablá.

- Oye, ¿tú eres Marina? - me dijo.
- Sí, ¿y tú?
- Yo soy X., la amiga de Y., ¿te acuerdas de mí?

Resultó que nos habíamos visto en feria y que era lectora habitual del blog.

- ¿Y cómo tú por aquí?
- Pues nada, que leí sobre la Vipassana en tu blog y he decidido probar.

No sé qué le pareció el curso, porque ya os digo que me tuve que ir a mitad y después no he tenido oportunidad de hablar con ella, pero me alegró mucho saber que mi indecente proselitismo vipasssanero sirve de algo, y sobre todo de que no va a ser necesario salir con, deprimir a y convencer a todas las personas que conozco para que se animen a probar.

Espero que a J. también le sirva, que está muy pochito.

domingo, 2 de agosto de 2009

Lo que sé sobre la felicidad

(Nota: he escrito esto a raíz de una conversación con una persona. Sin embargo, persona, esto NO va dirigido a ti ni tienes por qué tomártelo como una respuesta. Es una reflexión mía, la he escrito aquí por si puede aprovecharle a alguien, y punto)

Yo creo que la felicidad no existe, y que en el momento en que todos aceptemos eso, seguir adelante nos va a resultar muchísimo más fácil. La felicidad, entendida como un estado de continuo éxtasis y armonía con el mundo y con los demás, es una mentira; es como la zanahoria del burro, que nos sirve para seguir caminando pero que nunca va a estar en nuestro estómago.

¿Quién puede creerse que es posible conseguir esa supuesta felicidad? Vivimos en un mundo impredecible, aleatorio y complicado, y el final de nuestros cuerpos es morir y pudrirse. Sólo por eso, por el hecho de que algún día tendremos que despedirnos de todo (¡¡De todo!! Del sol, del mar, del sexo, del sushi, de nuestros amigos, de la hierba, de nuestra colonia favorita, de correr, de respirar... tú y yo, Obama y Beyoncé) la felicidad como un estado constante de bienestar es inconcebible. Cuanto más ordenadito y tranquilo lo tenemos todo en nuestras vidas, más fácil es que venga alguien y nos lo joda. Perdemos dinero, nuestro novio nos deja, nos diagnostican un cáncer y a tomar viento la felicidad. O, simplemente, nos levantamos una mañana con el paso cambiado y en lugar de sentirnos contentos, nos sentimos tristes, o enfadados, o desilusionados.

La vida está llena de malas sensaciones. Como mucho, podemos aspirar a pequeños momentos de tranquilidad, de alegría, de ilusión. Con práctica, podemos incluso atisbar la paz interior. Pero tampoco la paz está exenta de sensaciones desagradables; sólo la iluminación lo está, y ni siquiera tengo claro que la iluminación exista (no por nada, sino porque todavía no lo he vivido).

Ya he dicho muchas veces que para mí la meditación es el camino para la paz interior (que no para la felicidad entendida como he explicado antes). Es el camino (para mí) porque es el que he experimentado y el único que me está funcionando. Sin embargo, incluso a un nivel un poco menos espiritual, la perspectiva de la propia vida puede cambiar mucho si dejamos de pensar en términos de "sentir"y nos enfocamos en "hacer". Sentirse bien todo el rato es imposible, y es el deseo de sentirnos bien el que nos paraliza.

Es mentira que podamos elegir cómo reaccionar ante las cosas, en el sentido de que no podemos elegir nuestras sensaciones. Eso es una mentira de la psicología cognitivo-conductual: cambia tus pensamientos y cambiarás tus sensaciones. Aunque esto fuera cierto, aunque el vínculo pensamiento-sensación fuera así de sencillo y de unívoco, no podemos controlar nuestros pensamientos. Con un poco de introspección se da uno cuenta de que la mente viaja a gran velocidad y de que, además de la corriente de autohabla que solemos generar todo el día, existen otros pensamientos muchísimo más sutiles y veloces. Una sensación puede venir en respuesta a un pensamiento claramente formulado o a una percepción casi inconsciente, que ha desencadenado una oleada de recuerdos o de imágenes que nos han puesto tristes sin que nos demos cuenta.

Lo que sí podemos controlar es el hecho de intentar movernos constantemente en la dirección de aquello que nos importa. Elegir lo que nos importa en el ámbito laboral, social, familiar, físico o lo que sea y movernos en esa dirección es algo que está al alcance de cualquiera. No se trata de objetivos, porque un objetivo es algo estático, y la vida cambia todo el rato. Ir en dirección a algo es como ir al este. Siempre se puede ir hacia el este, porque el este ni llega ni se acaba nunca.

Por ejemplo: yo me muevo hacia ser una mejor profesional. Ahora mismo estoy estudiando con ese objetivo. Cuando saque mi plaza PIR, seguiré moviéndome: haré la residencia, estudiaré terapia ACT, abriré mi consulta, quizá oposite a psicóloga de la seguridad social... el número de cosas que puedo hacer para ser mejor profesional es infinito. En ese camino, probablemente tenga malos momentos. Estaré estresada, cansada, aburrida, no tendré ganas de escuchar a mis pacientes, perderé pacientes que no están contentos con mi manera de trabajar. Sin embargo, eso no querrá decir que yo no siga moviéndome en dirección a lo que me importa en todo momento. Elegir un camino profesional que sólo me reportara satisfacciones sería prácticamente imposible, y tengo que estar dispuesta a la frustración para seguir creciendo.

Tengo el carnet de conducir desde hace casi cinco años y he conducido poquísimo, porque no tengo coche y por ciudad prefiero ir en mi moto. Sin embargo, intento coger el coche de mi madre de vez en cuando por carretera para no perder la práctica. Cada vez que tengo que hacer un viaje (Málaga-Granada, por ejemplo) lo paso un poco mal. No es que vaya acojonada, pero voy en tensión y me canso mucho, y tengo algún sobresalto por mi culpa o por la de los demás. Me siento mejor tumbada en mi cama que conduciendo hacia Granada y, obviamente, podría elegir estar tumbada leyendo un libro y tomando una limonada. El problema es que entonces no iría a Granada. No me movería. Tengo que elegir entre tener sensaciones agradables y estar quieta, o no tenerlas y moverme.

La queja con la que la mayoría de los pacientes van al psicólogo tiene que ver con "me siento mal". Es lo que se llama el criterio alguedónico, y figura incluso en el DSM-IV, el manual de trastornos psicopatológicos con que se manejan los clínicos. El penúltimo criterio de cada trastorno suele ser "los síntomas descritos causan un malestar clínicamente significativo y un deterioro social, laboral o personal en la vida del sujeto". Entonces la filosofía es: me siento mal y estoy parado. Me siento mal porque me pasan cosas malas, luego cuando dejen de pasarme y me sienta bien, podré ponerme en marcha. Señor psicólogo, por favor: haga usted que me sienta bien.

Como psicóloga, pienso que es importante reconocer el dolor ajeno. No se trata de menospreciar el sufrimiento de los demás o de decir que no tienen motivos para estar tristes. Pero la tristeza es como un pasajero que va en nuestro coche separado por un cristal blindado, que deja pasar el sonido pero no le deja tocarnos: molesta, resulta cansino, pero sólo hace falta darse cuenta de que, en realidad, no puede impedir que sigamos conduciendo.

No se trata de negar que se está triste. Se trata de no asustarse del sufrimiento y de no dejar que nos paralice. Como decía Don Quijote: "Ladran, luego cabalgamos".
Queridos lectorcillos:

Tras mucho reflexionar (es un decir) y unas cuantas entradas en mi blog secreto, he decidido (más o menos) cómo voy a organizar mi pequeño y minoritario universo online.

Voy a seguir escribiendo aquí con la frecuencia escasita a la que os vengo acostumbrando, me temo.

Voy a seguir escribiendo en mi blog secreto y contando intimidades a quien se apunte al carro. Las entradas que publique en este blog, también las voy a colgar en el otro, para que no os volváis locos y sólo tengáis que leer uno.

Hale, besitos.

jueves, 23 de julio de 2009

Brand new blog

Queridos lectores:

Me he abierto un blog de desahogo para escribir chorradas y burradas. Pensaba llamarlo así, CHORRADAS Y BURRADAS, pero me he decidido por algo menos sonoro.

He limitado el acceso, así que si os apetece leerlo, por favor, escribidme un mail y os agrego a la lista de seguidores. Por razones de seguridad, de momento sólo voy a admitir a personas con blog propio, más que nada para saber que no son conocidos que quieren cotillear. La gracia está en desahogarme con desconocidos; si no, apaga y vámonos.

Si no tienes blog, quieres leerme y se te ocurre alguna buena manera de demostrarme que no eres mi madre o mi ex, adelante. Estoy abierta a sugerencias.

Mi mail es massobreloslunesspamnogracias@gmail.com Por supuesto, tenéis que quitarle el spamnogracias (ay, que hay que explicároslo todo).

Un beso y nos vemos allí.

sábado, 18 de julio de 2009

Mnemotecnia

Me estoy leyendo "Desarrolla una mente prodigiosa", de Ramón Campayo, el campeón mundial de memorización. Enseña técnicas de estudio, lectura rápida y asociaciones inverosímiles para memorizar los datos puros (números, nombres, etc). Así, por ejemplo, si yo quiero aprenderme que los antecesores de la noción de esquema en la psicología cognitiva son Head, Piaget, Neisser, Battler, Ingram y Kendall, me imagino a un pez sin escamas (Piaget, esquemas) y sin cabeza (Head) bailando ballet (Battler) con Nessie (Neisser) en IKEA (Ingram y Kendall). Pues mira qué bien.

Entonces me acuerdo de mi italiano al amanecer de hace casi un año, sentado en medio del bosque con las piernas cruzadas, señalándose los ojazos negros y diciendo "gli occhi", y luego los labios gruesos, "le labbra", y los huesos anchos de los hombros bajo la piel morena "la spalla", y pasándose la mano frente a la cara golfa y sonriente, "il viso".

Qué asociaciones inverosímiles ni qué niño muerto. Eso es mnemotecnia y lo demás son tonterías.

martes, 14 de julio de 2009

Aviso: típico post noactualizoporque.

No actualizo porque no sé muy bien qué escribir. Todo me parece demasiado íntimo, o demasiado estúpido, o demasiado pretencioso, o demasiado superficial. Me da la sensación de que o escribo cuentos (algo que ahora mismo no puedo hacer porque mi cerebro está a tope) o lo que escriba va a ser una chorrada. He empezado a autoexigirme. Malo, malo.

No actualizo porque estoy en modo enfadado últimamente. Me recuerda a la tira de Mafalda en que Miguelito dice que se encuentra pedante y Mafalda (creo) le pregunta algo como "¿y qué se supone que tedremos que aguantarte ahora?". Así que llevo un par de semanas muy enfadada y no sé muy bien con quién ni por qué. Tampoco sé qué es lo que vais a tener que aguantarme.

No actualizo porque estoy harta de que me lea gente conocida. No os ofendáis los conocidos. Ya he dicho que estoy enfadada. Siempre he sido partidaria de que me lea todo el mundo, hasta mi madre, porque creo que hay que abrirse a los demás por doloroso que eso pueda resultar. Pero enlazando con lo que he dicho del enfado, últimamente no tengo ganas de abrirme a nadie. Y he empezado a autocensurarme. Todavía más malo (peor, lo sé, se dice peor).

No sé si mudarme, privatizar el blog, borrar los comentarios o hacerme mechas, que decía el anuncio aquel tan guay de la sopa. Decidme qué opináis vosotros, si es que estáis ahí.

Besitos.