massobreloslunes

sábado, 4 de junio de 2011

Ya'aburnee


Hoy es el cumpleaños de MQEN. Ya hace casi nueve años que nos conocemos y me sigue pareciendo increíble que esté en mi vida.

Yo a MQEN fue verle y amarle. Tengo que creer en el amor a primera vista, porque a mí me pasó: desde el primer momento en que le vi, preparando una obra de teatro para el pregón de bachillerato, fue como si me abdujeran los marcianos, y no quería más que estar con él y darle mi ternura y mi amor. Hoy por hoy, la única explicación que le encuentro a mi flechazo es que fue una cosa kármica: que le reconocí de vidas y vidas anteriores, aunque él dice que no cree en esas chorradas. Y cuando digo que me parece increíble que esté en mi vida, incluso ahora que ya hace mucho que no somos pareja, es porque durante los meses que pasé muriendo de amor mientras él me ignoraba (fue un flechazo one-way) sólo tenía la certeza de que había mucho que podíamos compartir y quería una oportunidad para hacerlo. Ahora, nueve años después, aquí seguimos: compartiendo tanto y de una manera tan rica que ojalá todos tuvierais un MQEN en vuestra vida para saber lo genial que es.

MQEN es fabuloso de principio a fin. Es como si coges a un chico muy alto y guapo, le añades cantidades indecentes de bondad y paciencia, un sentido del humor retorcido y sutil y una inteligencia privilegiada. Sus mayores defectos son que le gusta la música rara (y ahora es cuando él dice "¡pero eso no es un defecto, Peq!" Pues sí, Pepito, es un defecto, lo sentimos) y que se pasa la mitad del día con el arousal disminuido porque tiene hambre y/o sueño. Pero si le pillas en horario de alerta y lejos de un reproductor de CDs, es prácticamente perfecto.

A mí me quiere y me cuida por siete. Medita conmigo y me insiste para que medite yo cuando él está lejos y a mí me entra la pereza. Escucha mis parrafadas hipomaníacas y las escucha de verdad, sin limitarse a esperar para meter baza. Es a él a quien llamo para llorar y autocompadecerme, porque sé que es capaz de oírme sin angustiarse y porque si se lo pido me tira besitos por el móvil. Confía en mí y dice que sabe cuándo le oculto cosas, pero que no me dice nada porque me respeta. Me saca a cenar y me deja elegir sitio, y no se pide lo mismo que yo aunque le apetezca porque tengo esa manía y él es así de buena persona.

A veces le digo que no se le ocurra morirse. Hace un tiempo leí un artículo muy bonito sobre palabras intraducibles, y entre ellas encontré ésta: ya'aburnee. Se traduce como "tú me entierras", y según el artículo alude al deseo de morirse antes que el interlocutor, para no tener que sobrellevar su dolorosa ausencia. Cuando la leí pensé en MQEN y me di cuenta que que esa palabra define exactamente lo que siento por él. Porque yo puedo imaginarme mi vida sin muchas personas, pero no sin él.

Pepito: gracias por ser como eres. Te admiro cada día que pasa. Cumple muchos años más. Ya'aburnee. Felicidades.


domingo, 29 de mayo de 2011

El trasplante

Cuando el médico le dijo que el riñón de su mujer era compatible, no se alegró. "Es increíble, sois casi como gemelos monocigóticos - dijo el doctor -. Nunca en mi vida había visto algo así". Él asintió con una sonrisa de plástico mientras maldecía su suerte. Con lo fácil que hubiera sido que la estadística no estuviera de su parte y haberse marchado del mundo tan sin ruido como había pasado por él.

Ahora que está trasplantado, con su cóctel diario de inmunosupresores y su recién estrenada salud, mira a su mujer con odio. Sabe que debe hacer honor al regalo que se le ha hecho y aprovechar cada día que le quede sobre esta tierra. Sabe que tiene que agradecer cada sonrisa de bebé y cada rayo de sol porque, como todo el mundo le dice, "ha vuelto a nacer". Y, sin embargo, sólo es capaz de pensar en la forma tan refinada y efectiva que ha encontrado ella de controlarle. La muy bruja.

martes, 24 de mayo de 2011

El mal accidental, o cómo se quemó mi casa

Cuando hablé con mi hermano el miércoles pasado y me dijo que la casa "se había quemado un poco", me resultó surrealista. Desde que me leí este libro estoy intentando practicar con los sueños lúcidos, así que comprobé la realidad un par de veces. "Ha prendido el calefactor y ha ardido el cuarto de estar entero", me explicó mi hermano. Así dicho no parecía tan terrible. Ahora, a medida que me van llegando noticias, la cosa pinta cada vez peor.

En el cuarto de estar estaban todas nuestras fotos. Parece que algunas se pueden recuperar, pero parece también que concretamente las mías estaban en una bolsa aparte que no aparece por ningún lado y que todo apunta a que ha ardido de lo lindo. La mayoría de los libros también han ardido, además de los portátiles, el tresillo y la tele nueva de plasma. Los bomberos han echado algo abajo, no sé si la pared o el techo, y está todo cubierto de cascotes.

Además del fuego están el calor y el humo. El calor ha inutilizado la cocina y los baños, y el humo todo lo demás. Porque mis libros, MIS libros, los de mi infancia y los que iba robando del cuarto de estar (los buenos), están llenos de hollín y apestan a quemado. Llevo toda la vida diciendo que no pensaba regalar mis libros infantiles porque quería guardarlos para que los leyeran mis hijos, y que allá donde fuera yo a parar de una manera definitiva iban a venir también ellos. Ahora probablemente tenga que tirarlos todos. Si hubiera sido más generosa, los mejores los tendrían mis primas y podrían recuperarse.

¿Sabéis una cosa? Todo es impermanente. El viernes estuve en Toledo y nos enseñaron la torre del ayuntamiento, desde donde podía verse toda la ciudad. Fuimos asomándonos por turnos para contemplar los hermosos tejados medievales deslizándose a través de la ladera. Lo primero que hizo todo el mundo fue sacar fotos. ¿En serio crees que tus chungas fotos digitales tienen algo que ver con estar ahí subido una tarde de mayo, respirando el aire fresco de la primavera castellana, planteándote si podrías llegar de una punta a otra de la ciudad saltando de terraza en terraza?

Intentamos retenerlo todo. Los momentos y los libros. Yo siempre he dicho que no leo ni vivo para acumular datos ni experiencias, pero resulta que sí estaba apegada a mis experiencias leyendo y a mis fotos de pequeña, y ahora echo de menos mi cabezota de bebé mirándome desde el papel satinado y mi enorme estantería verde con los libros ordenados alfabéticamente. La sensación de protección que me daban todos esos personajes descansando entre las tapas. La tranquilidad de tener un pasado. La posibilidad de acariciar los lomos con la punta de los dedos. La posibilidad de enseñar los álbumes a mis futuros novios y a mis futuros hijos.

Pero bueno, no nos pongamos dramáticos. Mi familia está bien. Podrían haber muerto todos y están bien. Mi hermano y su novia, que estaban en mi cuarto durmiendo, consiguieron salir por el tejado cuando el humo ya empezaba a subir la escalera. Mi madre salió a la calle en pijama, para tener grandes momentos de autoescarnio frente a los bomberos buenorros.

Tenemos seguro y los libros se compran, y ahora seré como los antiguos, que sólo se hacían unas cuantas fotos a lo largo de su vida y las tenían que guardar como oro en paño. Esas fotos se cotizarán un montón cuando sea rica y famosa, viva y bravo. Y puedo practicar el desapego y acercarme al Nirvana.

Aun así, recordad: los calefactores encendidos sin vigilancia no son una buena idea.

lunes, 23 de mayo de 2011

Sobre los 26

Pasan cosas importantes en mi pequeña existencia. Se ha quemado mi casa, la de Málaga (verídico, no es ninguna metáfora sobre la pérdida de la infancia y el transcurrir de la vida: se ha quemado con fuego caliente). Mi familia está bien, afortunadamente, pero parece ser que aquello es un desastre. Además, están la revolución, el movimiento 15M y demás. Y yo he cambiado de rotación, y ahora estoy en Atención Primaria contemplando cosas repugnantes, como citologías (iuh).

Sin embargo, voy a postear una chorrada como un camión porque no me apetece ponerme a escribir y blablabla. Me sugirió Elsa que escribiera un post acerca de los 26. Como número no me gusta excesivamente, pero temo que a partir de los 25 las cifras comienzan a perder personalidad y se convierten en sosas combinaciones de números cada vez más altas.

He hecho una lista de 26 cosas. No sabía muy bien cómo titularla. Se trata, grosso modo, de lo que he aprendido en estos 26 años de vida: digamos que son cosas importantes, o buenas, o prácticamente innegociables. Reglas de vida aprendidas a través de la experiencia, oh, ah, uh. Consejos que veo difícil que se vuelvan obsoletos con el tiempo. La comparto con vosotros pues porque sí, porque a lo mejor os interesan y tal.

Ahí va:

Es bueno/importante/casi innegociable...

...vivir en pisos con al menos una ventana al exterior.
...hacerse cargo de la propia salud.
...informarse, aunque sólo sea sobre lo que a uno le interesa.
...cuidar a los amigos.
...querer a los hermanos.
...aceptar a los padres.
...esforzarse para conocer a amigos nuevos y decir que sí a cosas que a veces no te apetecen, porque luego te alegras.
...tomar tus propias decisiones, le pese a quien le pese.
...hacer regalos.
...ser fiel.
...perdonarse/perdonar/pedir perdón. Por ese orden.
...llevar condones encima, incluso cuando has perdido toda esperanza o cuando vas a unas jornadas de psicología donde el 98% de los asistentes son mujeres y el otro 2% tiene novia.
...aprender a estar solo/a.
...mantener la capacidad de cantar a gritos, bailar mal, sentarse en el suelo, salir a la calle en chanclas y declararte a tíos/as a los que acabas de conocer.
...ahorrar.
...limpiar las tuberías de la casa con cierta frecuencia
...lavar los platos enseguida cuando hace calor.
...llevar siempre, siempre, SIEMPRE un libro encima.
...llevar siempre el dinero, el móvil y las llaves, porque nunca se sabe.
...llevar siempre una rebeca/chaqueta/pañuelo, especialmente si eres como yo y tienes la termorregulación de un bebé de pecho.
...de vez en cuando, no llevar nada (las llaves sí) (no me refiero al nudismo, señor K.)
...tener un médico de cabecera, un taller de referencia, un manitas de confianza y el seguro de la casa al día (porque, noticias frescas: a veces las casas se queman).
...pensarlo bien antes de medicarse y buscar alternativas. Nunca pensé que haría este tipo de afirmaciones hippyguays.
...aprender a cocinar.
...no dejarse los calefactores/radiadores encendidos si no hay nadie presente (porque, noticias frescas, ¡¡las casas se queman!!).
...celebrar los propios cumpleaños con velas, palmitas emocionadas, canciones y auto o hetero regalos.

Hay muchas más cosas, que seguro que habéis leído en bonitos power points reenviados... pero éstas son 26 que yo he aprendido de verdad, en mi vida, con el sudor de mi frente. Ahí quedan. Felices 26 a mí misma, otra vez.

sábado, 14 de mayo de 2011

Grandes cuestiones hipnagógicas

Me pregunto, se dice Él abrazándola bajo las sábanas, invulnerable al sudor fino que les recubre la piel. Me pregunto cuánto tiempo durará esto de dormirnos abrazados una vez que nos casemos o nos vayamos a vivir juntos. ¿Cuatro, cinco años? ¿Cuánto pasará antes de que uno se harte y prefiera descansar bien después de un día agotador, antes de que esta necesidad de ella se desvanezca y la pasión se largue?

Me pregunto, piensa Ella, buscando una zona fresca en las sábanas con la punta del pie izquierdo. Me pregunto cuánto tendrá que pasar después de irnos a vivir juntos para poder dejar este coñazo de dormir abrazados, que se me recuelga de la espalda como un monito necesitado y me da dolor de cervicales. ¿Seis meses, un año? ¿Cuánto antes de poder decirle que así no descanso y que mañana hay que madrugar sin que me mire mal? ¿Cuánto antes de que el amor tranquilo y seguro se mida en algo más que la necesidad de contacto?

Y los dos se duermen, ignorantes de la distancia entre sus pieles pegadas.

viernes, 13 de mayo de 2011

Concierto


Fede Comín es pequeño, más que bajito. “Es un comin-o”, bromea Luna, mientras la camarera toma nota de nuestras bebidas y le vemos ir y venir entre las mesas del Libertad 8. Llevamos ya tres días vagando por Madrid, revolviendo el rastro, comiendo en restaurantes étnicos en Lavapiés. También atracando el Sephora, claro, y engullendo cafés y galletas en el Starbucks, y mirando libros. Yo hoy no quería venir, lo confieso: un concierto de cantautor es como la caja de bombones de Forrest Gump. Nunca sabes lo que te va a tocar. Hubiera preferido meterme en el cine y desconectar un ratito de la realidad. Quizá temía que el concierto fuera demasiado verdadero.

Pero ya estoy aquí, y miro el escenario con la silla y la guitarra y después al público. Creo que no llegamos a diez, literalmente. Es lunes, e incluso en el gran Madriz la gente parece tener cosas más importantes que hacer. Mañana es mi cumpleaños y me siento tan perdida. Cumplo veintiséis, y de repente es como si hubiera dado el paso que desequilibra la balanza de los veintitantos hacia el lado de los veintimuchos. Quiero hacer tanto y el tiempo, de repente, parece pasar tan deprisa.

Fede Comín se sube al escenario y se vuelve enorme. “Tengan cuidado, no se me amontonen”, bromea antes de arrancarse. Me engancha cantándole a Granada en la primera canción y sigue con Argentina, con el fútbol, con los marcianos. De los diez que somos, al menos cuatro se saben las letras y corean bajito, y como somos pocos él se turna para mirarnos a los ojos con los suyos, que son oscuros y se arrugan en las esquinas cuando sonríe. Yo ni me muevo en la silla, entro en un momento de esos que ahora en psicología se llaman flow o mindfulness o cualquier otro anglicismo y sencillamente escucho y el tiempo se para.

Cuando termina le compro un disco y le pido que me lo firme. “En un cuarto de hora será mi cumpleaños”, le digo, como si le importara. Se me olvida la asimetría del artista: la situación tan injusta de que los demás sepan tanto de ti y tú no sepas nada de los demás. Cómo los extraños pueden creer que te conocen y decirte algo tan idiota como que cumplen años en quince minutos.

Hay algo de pornográfico, algo de exhibicionismo insano en contar las miserias en un blog o sobre un escenario. Lo entiendes sólo cuando eres público y compartir esa intimidad te consuela de una forma extraña, y entonces deja de ser raro y se vuelve generoso, porque te hace pensar que no será tan mala la vida cuando hay otro que se emociona como tú. Y aunque me muero de vergüenza mientras espero a que me escriba una dedicatoria en la carátula, espero que comprarle un disco, y pedirle que me lo dedique, y contarle algo de mí para no ser una completa extraña, exprese aunque sea un poquito lo agradecida que me siento por haberle visto cantar hoy. Por la generosidad de su corazón en bandeja.

El flow se deshace despacio mientras Luna y yo caminamos hacia el metro. En la privacidad de la calle me atrevo a sacar el disco y leer la dedicatoria. “Gracias por ser testigo de esta intimidad”, ha escrito Fede, que se ha pasado una hora y media dejándose la garganta para diez gatos. Auguro que me iré de Madrid con su disco sonando en el ipod, comprobando si también se escucha su sonrisa a través de los auriculares.

Gracias a ti por crearla, pienso.

martes, 10 de mayo de 2011

¡Cumpleaños! ¡¡¡Viva yo!!!

¡Hoy cumplo 26!

Escribiría algo más profundo, pero estoy en Madrid, en casa ajena, y en realidad este post sólo es una excusa para que me lluevan felicitaciones y alabanzas.

Os quiere desde la capital,

M.