"La meva casa es diu Riu". Ya he repetido esta frase un montón de veces en mi catalán precario, porque mi casa tiene nombre y se llama Río. Da al Montsant: el río que pasa por delante de Margalef y en que Pablo y yo nos bañamos después de escalar. También da a los huertos de los vecinos y al monte.
| Afortunadamente, por la carretera pasan como tres coches al día |
Lo que más me gusta de la casa nueva es mi habitación. Todos los adultos deberíamos tener una habitación, como cuando éramos adolescentes: un lugar con paredes que llenar de fotos y de pósters, estanterías para colocar libros y adornos y, sobre todo, una puerta que cerrar. Cuando era pequeña, siempre pensaba que pobres mis padres, conformándose con una aburrida habitación para los dos en la que solo se podía dormir (por favor: que nadie haga referencia a las otras cosas que mis padres hacían en ese dormitorio. Llevo 29 años con la idea de mis padres
Mi habitación, de hecho, es casi un apartamento. Está dividida en dos por un armario, y tengo una cama en la parte de detrás y el estudio delante. La cama no la uso (todavía aguanto al porteño robándome la manta a medianoche), pero el estudio son diez metros cuadrados de puro éxtasis. Os lo enseño:
Al fondo está el secreter que compré hace dos años en una tienda de segunda mano. Un secreter es un escritorio con secretos: se abre y cierra, tiene cajones misteriosos y da a cualquier habitación un aire decimonónico y decadente. Este es el mío:
Desde que Ikea conquistó España, sus muebles están en muchos pisos de alquiler, lo que hace que te sigas sintiendo en casa aunque vivas en lugares distintos. Esta estantería, por ejemplo, me da buen rollo porque es igual que la que tenía en mi piso de San Fernando: el Zulo Autolimpiable.
En mi estantería tengo: libros variados; todos los papeles importantes (primer recuadro a la izquierda); al Buda para ver si un día de estos me animo a meditar; eltarot de Osho un microscopio; la caja con esmaltes de uñas... "No hay mañana" es la frase que usaba cuando empecé a escalar para motivarme, y me sigue pareciendo un buen lema. El abanico me recuerda a Andalucía, la postal es de Boulder, el cuadrito que hay detrás de la vela es de Granada y en el marcapáginas pone: "No hay como Cádiz para el mar. No hay como el mar para el amor". Era la frase que me animaba cuando estaba ultra-sola en Cádiz y echaba de menos a Pablo aunque aún no le conociera.
[Ahora diría "No hay como Utah para el desierto. No hay como el desierto para el amor]
Aquí voy a escribir miles de posts, varias novelas fabulosas y otros textos impredecibles.
Me pregunto si Virginia Woolf pensaba que tener una habitación propia era importante para las mujeres en particular o para los escritores en general. No sé si es por ser mujer, pero en el último año me he dado cuenta de que tengo que poner límites para no fusionarme con Pablo y seguir escribiendo. Es raro, porque se supone que el deseo de escribir no debería tener que ver con la arquitectura, pero sin una habitación es difícil sentirse lo bastante sola.
En Cádiz, por ejemplo, escribía en el salón; Pablo entraba y salía a veces, y la puerta estaba directamente en mi línea de visión. Cuando comíamos, tenía que quitar el portátil de la mesa. Sentarme allí y saber que la oportunidad de comunicarme y de ser escuchada estaba a unos pasos de distancia me quitaba las ganas de escribir. ¿Quién quiere esforzarse para lanzar palabras al vacío si tiene un oyente de verdad, con ojos y boca, que responde a lo que le dices y te da una opinión benévola?
Ahora tengo la hipótesis de que si me siento aquí el rato suficiente y miro al monte, olvidando que hay una puerta a muchos, muchos metros de mi secreter, la urgencia por decir algo al mundo me ayudará a escribir. Aquí aún no conocemos a mucha gente. No nos gusta ir al bar, y eso nos hace un poco raros. Vamos de casa a la roca y de la roca a casa. En algún lado tendré que colocar mis ganas de charlar con alguien.
En estos días seguiré enseñando la casa y hablando poco a poco de mi proyecto de vida. Al final vamos a acortar el European Rock Trip a un mes (las grandes novelas no se escriben solas) y probablemente salgamos la semana que viene, si conseguimos despegar el culo de este piso y esta roca. Voy a extrañar mi habitación propia cuando estemos por ahí. Pero bueno. Si todo va como debe, estará esperándome a la vuelta.
[Nota: después de una experiencia desagradable con una lectora, voy a moderar los comentarios, así que no saldrán inmediatamente cuando los escribáis. Tened paciencia y los publico en cuanto los apruebe. Aprobaré todo lo que no me falte al respeto a mí o a otro lector. ¡Gracias por vuestra comprensión!]
Al fondo está el secreter que compré hace dos años en una tienda de segunda mano. Un secreter es un escritorio con secretos: se abre y cierra, tiene cajones misteriosos y da a cualquier habitación un aire decimonónico y decadente. Este es el mío:
| No era el más decadente, pero sí el más barato |
En él se acomodan: mi portátil; la máquina de escribir rosa, que compré hace tiempo en un mercadillo; un pingüino de peluche que me regaló una amiga y que se llama como mi ex jefe, y otras cosas que me inspiran: fotos o mi llavero de Matilda.
También tengo un sofá para mí solita. Está muy bien para echarse siestas lejos de la mirada de censura de Pablo.
El cuadro sobre el sofá es horroroso, lo sé, pero por alguna razón está pegado al armario.
También tengo un sofá para mí solita. Está muy bien para echarse siestas lejos de la mirada de censura de Pablo.
| Es pequeñito, pero yo también |
El cuadro sobre el sofá es horroroso, lo sé, pero por alguna razón está pegado al armario.
Luego tengo una estantería de Ikea.
Desde que Ikea conquistó España, sus muebles están en muchos pisos de alquiler, lo que hace que te sigas sintiendo en casa aunque vivas en lugares distintos. Esta estantería, por ejemplo, me da buen rollo porque es igual que la que tenía en mi piso de San Fernando: el Zulo Autolimpiable.
En mi estantería tengo: libros variados; todos los papeles importantes (primer recuadro a la izquierda); al Buda para ver si un día de estos me animo a meditar; el
[Ahora diría "No hay como Utah para el desierto. No hay como el desierto para el amor]
Aquí voy a escribir miles de posts, varias novelas fabulosas y otros textos impredecibles.
Me pregunto si Virginia Woolf pensaba que tener una habitación propia era importante para las mujeres en particular o para los escritores en general. No sé si es por ser mujer, pero en el último año me he dado cuenta de que tengo que poner límites para no fusionarme con Pablo y seguir escribiendo. Es raro, porque se supone que el deseo de escribir no debería tener que ver con la arquitectura, pero sin una habitación es difícil sentirse lo bastante sola.
En Cádiz, por ejemplo, escribía en el salón; Pablo entraba y salía a veces, y la puerta estaba directamente en mi línea de visión. Cuando comíamos, tenía que quitar el portátil de la mesa. Sentarme allí y saber que la oportunidad de comunicarme y de ser escuchada estaba a unos pasos de distancia me quitaba las ganas de escribir. ¿Quién quiere esforzarse para lanzar palabras al vacío si tiene un oyente de verdad, con ojos y boca, que responde a lo que le dices y te da una opinión benévola?
Ahora tengo la hipótesis de que si me siento aquí el rato suficiente y miro al monte, olvidando que hay una puerta a muchos, muchos metros de mi secreter, la urgencia por decir algo al mundo me ayudará a escribir. Aquí aún no conocemos a mucha gente. No nos gusta ir al bar, y eso nos hace un poco raros. Vamos de casa a la roca y de la roca a casa. En algún lado tendré que colocar mis ganas de charlar con alguien.
En estos días seguiré enseñando la casa y hablando poco a poco de mi proyecto de vida. Al final vamos a acortar el European Rock Trip a un mes (las grandes novelas no se escriben solas) y probablemente salgamos la semana que viene, si conseguimos despegar el culo de este piso y esta roca. Voy a extrañar mi habitación propia cuando estemos por ahí. Pero bueno. Si todo va como debe, estará esperándome a la vuelta.
[Nota: después de una experiencia desagradable con una lectora, voy a moderar los comentarios, así que no saldrán inmediatamente cuando los escribáis. Tened paciencia y los publico en cuanto los apruebe. Aprobaré todo lo que no me falte al respeto a mí o a otro lector. ¡Gracias por vuestra comprensión!]




