massobreloslunes

viernes, 7 de marzo de 2008

Hola a todos:

Después de un año y medio juntos, J. y yo hemos decidido seguir cada uno por nuestro lado en esta cosa llamada vida.

No estaba muy convencida de publicar este post, pero este blog trata de mí, y a mí ésta es una de las cosas más importantes que me han pasado últimamente. Y prefiero contarlo así, tal y como ha ocurrido, a andar soltando indirectas o dejarlo simplemente pasar. J. ha sido muy importante para mí durante los últimos años, como sabéis los que me leéis desde hace tiempo, y se merece su propio post de despedida en lugar de licuarse poco a poco en el limbo de la actualización.

De momento, prefiero no contar mucho más. Ni razones, ni culpas; ni siquiera mis sentimientos respecto a algo tan raro como es resignarse a perder a alguien a quien has querido. Mejor ser aburrida que bocazas.

Una vez hecho este inciso, volvemos a la programación original.

lunes, 3 de marzo de 2008


Hola, personitas:

Hoy voy a hablaros de la frigopoesía.

En un mundo gris de madrugones y penas de amor, de atascos y revistas del corazón, a alguien se le ha ocurrido esta idea tan bonita. Son pequeños imanes para el frigorífico con palabras en ellos. Nombres, verbos, adjetivos y desinencias que puedes combinar para hacer poesía mientras se calienta en el microondas la leche del desayuno. Lo tenían en el frigorífico del primo de J. en Madrid, y en cuanto lo vimos allá que salimos los dos como locos a comprar uno aquí. No sé dónde más lo venden, pero hay más información en su página web

Allí en Madrid tenían la versión erótico-amorosa. Salieron frases bonitas: "disfrutemos desnudos entre bombas" o "hambre de olor grosero" o "tengo menos ropa cuando te amo". A las dos de la mañana, yo seguía sentada frente al frigorífico moviendo palabras. "Gorda", me dijo J., "vas a perder el curso con esto". Nosotros nos compramos la versión normal, no por nada, sino porque aspiramos a la literatura universal y no-cursi, y porque una no puede hacer realismo sucio de nevera con palabras del estilo de "orgasmo", "bragas" o "Cupido". Pero la versión normal mola bastante. Salen "lunes", "ironía", "silencio" y muchísimas palabras hermosas.

Al llegar ayer a casa, mirando qué decía la gente sobre el invento en internet, me encontré con el siguiente comentario: "está bien, pero deberían ser letras, o sílabas, para que uno pudiera componer más fácilmente lo que quiere decir". Pero qué va: la frigopoesía mola porque te abre la mente. Porque juegas con lo único que te queda y tienes que inventar nuevas combinaciones, por extrañas que sean. Para decir "te quiero churri" ya están los postit. No sé, amigos; lo que sé es que ahora cada vez que voy a coger algo de la nevera, se me va la olla con los imanes. Si cumplís años de aquí a unos meses, que sepáis que ya os tengo un regalo pensado.

Me encantan las pequeñas buenas ideas.

Y a lo mejor de ésta dejo definitivamente la prosa. O la carrera.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Esta mañana me he levantado contenta. Sin motivo, pero contenta. Es lo que tiene la ciclotimia: cada día es una sorpresa. Y eso que he puesto el despertador una hora antes para hacer un ejercicio de clase que tenía que haber entregado hace una semana.
Después de hacer mi ejercicio con máxima eficiencia espídica, me he ido a la cocina a tomarme un colacao complet, que me lo he ganado. Y cuál no sería mi sorpresa al ver que alguien había fregado todos los platos que dejamos (sobre todo yo) sucios ayer.

Qué buen rollo, he pensado. Cómo molan las guiris. Y más eso de que sean poco asertivas y no me echen la bronca por no limpiar.

Luego he visto una nota encima del fregadero. “Chicas, tenemos que hablar de la situación en la cocina. Dejar la vajilla sucia un día está bien, pero toda la semana!?! Hablamos el fin de semana.”

Entonces dos vocecitas se han desatado en mi acelerada mente matutina. La vocecita uno es mi parte nazi-perfeccionista, enganchada a las matrículas de honor y al reconocimiento ajeno. La parte dos se ha ido criando poco a base de libros de autoayuda, e intenta amortiguar el trauma de la parte uno para que no me dé (demasiada) ansiedad.

V1: Hay que ver, Marinapordiós, qué vergüenza, tu compañera de piso teniendo que echarte la bronca. Con lo que te has quejado tú de compañeras de piso sucias.
V2: No le digas eso, angelito mío, que ayer intentó fregar y se le caían los platos de las manos de sueño. Tú di que no, Marina. Fortalece tu autoestima. Has sacado matrícula en Ténicas de Intervención. Que no se diga.
V1: La estás malcriando ¿Cuánto le va a durar la excusa de la matrícula?. A ver, Marina, veintidós años e incapaz de hacer cosas básicas como tener la colada al día o no dejar platos sucios. Mucha buena nota, pero después, vaya tela. ¿Y te quieres ir a vivir sola? Tendría que ir una excavadora a sacarte por las mañanas.
V2: Pues cuándo quieres que limpie, la pobre, si se pasa doce horas al día en la facultad.
V1: Once.
V2: Las que sean.
V1: Pues para escribir posts y autocompadecerse sí que tiene tiempo, y energía.
V2: No es que utilice la energía para escribir posts, es que es de ahí donde la saca.
V1: Pues dirás lo que quieras, pero yo veo la nota esta y se me cae la cara de vergüenza.

Las he dejado discutiendo y he ido a vestirme. He pensado en dejar alguna nota en plan “mi vida se desmorona, no me pidas que friegue platos” o algo en plan “no tiempo, no ánimos, lo siento”, pero al final me he limitado a un: “Lo siento. No volverá a pasar”. Mi padre siempre dice que las excusas son como el culo: que todo el mundo tiene una.

Y ahora son las doce de la noche. He ido a dos clases, he estudiado cinco horitas, he leído mi nuevo y genial libro en inglés (The Secret Diary of Adrian Mole), he bailado danza de la panza, he discutido con J., he aconsejado a Andrea sobre su método de estudio y he hecho una transferencia telefónica para pagar el alquiler (día 26, lo sé. No me juzguéis, ¿vale?). Y ahora, aunque no pueda con mi alma, voy a LEVANTARME de aquí y a FREGAR mi olla, mi plato y mi vaso, y el fregadero que, como me dijo una amiga, es siempre el último plato, y que no se diga.

Que no es por convivencia. Ni por higiene.
Es porque lo de no tener razón lo llevo fatal.

lunes, 25 de febrero de 2008

He actualizado en La Magdalena de Proust, por si os queréis pasar. Salen Roald Dahl y secretos de mi vida íntima, ¿se puede pedir más?

De paso, me gustaría saber si alguien sabe cómo puedo añadir a este blog los archivos de mi blog antiguo. Es que los echo de menos.

Besitos a todos.

viernes, 22 de febrero de 2008

Profesiones inventadas I: Vagabundo de biblioteca

El vagabundo de biblioteca se levanta cada día temprano, pero no demasiado (siempre después que el sol). Desayuna un cafelito y un mollete mientras lee el 20 minutos y va calentando motores para desempeñar bien su tarea.

Luego entra en la biblioteca y saluda a los que trabajan allí, que son gente muy amable, porque viven entre libros y silencio y en ese ambiente no puede uno estar cabreado. El vagabundo tampoco está nunca cabreado, porque estar siempre tranquilo y razonablemente feliz es uno de los requisitos indispensables para el puesto.

El vagabundo de biblioteca se dedica durante todo el día a dar vueltas por los pasillos de la biblioteca y a leer. Lee lo que quiere y cuando quiere: novelas, autoayuda, manuales de anatomía. A veces deja un libro a la primera página, y otras se enamora de un autor y engulle todo lo que ha publicado. Tiene sus rincones de lectura favoritos: unos cojines detrás de una estantería, una alfombra en la esquina de la hemeroteca, el penúltimo escalón de la escalera...

Cuando no lee, da vueltas por entre las estanterías y acaricia los tomos con cara de bobo. Para ser vagabundo de biblioteca es fundamental amar a los libros con todo el corazón, por lo que son; no a todos por igual, porque unos son más buenos que otros, pero sí a todos un poquito, por el mero hecho de existir valientemente entre sus tapas.

La gente que va a la biblioteca puede acercarse al vagabundo y preguntarle por un autor o por una recomendación. El vagabundo es un tipo con un gusto amplio y benevolente. No es nada exquisito ni elitista. Sabe conectar con los gustos de los lectores y recomendarles algo que les haga volar. También se sabe historias interesantes sobre los autores que cuenta a los que las quieran escuchar: cómo Roald Dahl fue probablemente el primer escritor que empezó a escribir sin quererlo; como Paul Auster casi se muere de hambre en su intento desesperado por vivir del arte; como la noche que Robert Louis Stevenson murió, los jefes indígenas de la isla de Samoa organizaron una comitiva que abrió (por primera vez en la historia) un camino hasta la cima del monte Vaea para que el cadáver del escritor pudiera reposar allí. El vagabundo de biblioteca debe saber esas historias, y muchas otras.

Otras cosas de las que puede encargarse son: contar cuentos en la zona de niños, repartir chocolate caliente gratis a la salida u organizar citas a ciegas de acuerdo con los gustos literarios de los lectores. Pero tampoco tendría que hacer mucho más, porque si por algo no existe la profesión de vagabundo de biblioteca es porque es perfectamente inútil.

Como títulos se requeriría una diplomatura en frikismo literario, inglés e informática (que hacen falta para todo). Las habilidades que debería tener un vagabundo de biblioteca están relacionadas sobre todo con la atención flotante y el pensamiento divergente.

El sueldo es negociable.

jueves, 21 de febrero de 2008

Neuramour

Me he enamorado.
Sí, qué pasa.

De un profe (Que es más joven que mi novio, así que tranquilidad).
Vale, J., tú puedes ponerte un poco nervioso.

Es mi profe de prácticas de neuro aplicada. Se parece un poco a Paul Rudd, el Mike de Friends.




Quiero ser tu mosca.


He dicho que se parece, así que dejad de intentar matricularos todas en NA que ya no quedan plazas.

Es mono, es divertido y sabe neuro. ¿Se le puede pedir más a un hombre?
El martes tuvimos la clase de presentación, aunque las prácticas no empezarán hasta dentro de un par de semanas (oh, desesperación). Mi amor, al que a partir de ahora llamaremos Paul Rudd (porque su nombre verdadero no me gusta y, además, tengo que respetar su derecho a no salir en este blog de gran difusión) me tuvo embobada la media hora de presentación. Hizo chistes sutiles que le salieron con naturalidad, no porque intentara hacerse el simpático. Dijo algunas cosas, como "evaluación de afasias", "amnesia anterógrada" o "hidrocefalia", que me pusieron bastante caliente. Por último, preguntó si alguien tenía alguna duda respecto a lo que había explicado.

Duda 1:
- ¿Cuáles son los horarios de prácticas?
Duda 2:
- ¿Es obligatorio asistir a todas?
Duda 3:
- De los dos horarios de prácticas, ¿cuál das tú?

Adivina, astuto lector, cuál de las tres fue la que yo le planteé.


Paul Rudd se puso colorado, y ahora tengo que estudiar mucha neuro para impresionarle.

Gratitud

A veces, rezo

Me sale solo. Normalmente, cuando estoy tranquila, como hoy, paseando por Cartuja, mirando la hierba y los almendros, disfrutando del frío y del sol. Entonces rezo la oración que decíamos en los scouts cuando yo era lobata (con 8 o 9 años) para contentar a las monjas del colegio que nos dejaba el local.

(Un lobato decía una frase y los demás la repetíamos, así que tenéis que leer la oración como con eco).

Buen Jesús,
enséñame a ver
lo bonito en lo que nos rodea
y ayúdame a descubrir
que soy hermano de todos:
de la flor, el viento, el fuego, el agua y los animales.
Y a hacer siempre lo mejor.


La recito deteniéndome en cada frase y escuchando mentalmente cómo la repite un grupo de niños pequeños. Y aunque no soy creyente, me ayuda a recordar las cosas importantes.




Besitos y buen jueves.