viernes, 23 de agosto de 2019
MIs sueños tienen trama, pero es muy mala
Últimamente sueño tramas de películas. En lugar de que me ocurran cosas, veo pelis y novelas en mi mente con argumentos y giros inesperados.
Tiene que ver con que llevo todo el verano leyendo sobre storytelling y creación de trama. He leído Writing for Emotional Impact, de Karl Iglesias, y ahora estoy con Story, del legendario profesor de guión de Hollywood Robert McKee. Los guionistas saben más que nadie de contar historias porque, como dice McKee en su libro, en una pantalla no te puedes esconder. No puedes disfrazar con metáforas y frases rimbombantes una mala estructura
El problema es que mientras sueño, mis pelis mentales me parecen muy interesantes y grandes ideas para novelas, y luego me despierto y son chorradas.
Por ejemplo: hace un par de días soñé con un libro llamado Las once vidas de Jessica Brody. El libro de mi sueño iba de Jessica Brody, que tiene la oportunidad de vivir el mismo año de su vida de once formas distintas.
Ahora me parece una idea absurda. Sería muy difícil montar algo así y que mantuviera una mínima tensión narrativa. Si 1, 2, 3, 4, de Paul Auster, ya es un tostón.
Lo más curioso del asunto es que Jessica Brody existe. Es la autora de Save the Cat! Writes a Novel, otro de los libros sobre creación de trama que he leído este verano. Y obviamente el nombre estaba en mi subconsciente, pero hasta que no lo he buscado en Google hace tres minutos, no he recordado que se llamaba así.
La conclusión de este post es que los sueños son algo raro y mágico. Hace un par de semanas vino a verme a Italia Joseph, un amigo de Arizona al que conocí en Oregón en 2017. Mientras paseábamos por un hayedo que hay a media hora de aquí, me contó que el año pasado estuvo en un retiro para tener sueños lúcidos. Que al final del retiro les dijeron que hay una droga, la galantamina, que consigue básicamente los mismos efectos que el complicado ritual de meditaciones y ejercicios que habían estado siguiendo esa semana.
Le pregunté a Joseph qué le interesa de los sueños.
—Son parte de mí —me dijo—, parte de mi experiencia humana.
Estoy atascada y no sé cómo seguir este post. No sé a dónde me lleva la tangente de Joseph. Creo que se relaciona con lo que escribí hace unos días sobre querer ser más persona. Igual mis sueños tienen la respuesta. Igual tengo que empezar a prestar atención a más partes de mi experiencia como humana. Para eso estoy volviendo a escribir aquí.
Termino pidiendo perdón por los post horrorosos que estoy escribiendo y que probablemente escribiré durante un tiempo. He perdido práctica y me pongo demasiado tarde cada noche. Paciencia.
La muerte empieza a los treinta
Pablo y yo estamos cenando en una pequeña trattoria de Valsecca, un pueblecito en el Valle D'Imagna, cerca de donde estamos pasando las vacaciones. Pablo ha llegado hoy de pasar unos días viajando y escalando en la furgo y está muy guapo, con la barba crecida y la cara morena.
—¿Nos has echado de menos? —le pregunto yo, refiriéndome a mí y a Alana. Quiero que me diga que sí, que estar sin nosotras es extraño como no tener pies.
—Sí, y me da un poco de pena —contesta—. Porque cuando estoy con vosotras, echo de menos la naturaleza y la vida de furgo, pero cuando estoy allí, os echo de menos a vosotras. Es como si no fuera a estar completo nunca.
Me recordó a lo que pensé cuando cumplí treinta y andaba debatiéndome en las procelosas aguas de la decisión de si tener o no hijos. En algún momento, pensé: «ya nunca voy a ser feliz. Si tengo hijos, voy a echar de menos no tenerlos; si no los tengo, voy a preguntarme cómo sería no haberlo hecho».
Tengo la impresión de que a partir de cierta edad, uno ya no es por completo feliz nunca. Son demasiadas las sombras de todo lo que podría haber sido. Demasiados los caminos que vamos rechazando, las versiones de nosotros mismos que se van quedando atrás.
A veces pienso que feliz-feliz, solo se puede ser en la veintena. No porque tu vida sea mejor ahí que en ninguna otra etapa de tu vida, que no lo es, sino porque solo en la veintena todas las posibilidades parecen abiertas, nada se ha quedado todavía atrás y el fantasma de tu propia mortalidad aún te queda muy lejos.
Echo eso de menos de tener veintipocos. Eso y enamorarme.
Y soy consciente de que podría elaborar mucho más sobre esto, pero tengo un montón de sueño.
miércoles, 21 de agosto de 2019
So Where Was I?
Mi persona favorita de Internet es Penelope Trunk. Mi segunda persona favorita de Internet es Isra Bravo.
Es mi favorito porque llevo casi una hora leyendo sus entradas de blog, que son también los mails que manda a su lista y que, por lo general, resultan bizarros o desconcertantes, pero que casi siempre son divertidos, macarras y un poco tiernos.
Isra debe de tener mi edad, más o menos, y cuenta cosas de mi generación que me hacen reír y recordar con nostalgia otras épocas en las que la vida me gustaba más. Últimamente la vida no me trata mal, pero ya casi nada me encanta. Ya no logro encontrar en mí las reservas de pasión infinitas que alimentaban antes este blog.
Últimamente, de hecho, estoy sumida en una espiral de nihilismo. Algo así como que todo me la suda y al final todos vamos a morir, así que para qué esforzarse. No es exactamente tristeza, ni depresión. Es más bien como estar ya de vuelta de todo. A veces vivir más o menos bien me parece un esfuerzo inmenso. A veces me gustaría morirme mientras me duermo y terminar de una vez con todo esto.
Vale, lo admito, suena medio depresivo. Pero no es en plan triste-querer-acabar-con-el-sufrimiento. Es más bien en plan pereza-querer-acabar-con-los-detalles-molestos. Porque ya lo he contado alguna vez aquí: que mi amiga Pilar decía que la vida está llena de detalles molestos y es verdad.
Está mi hija, claro. Pero el preoblema es que es tan difícil escribir sobre Alana sin que suene a cliché como lo es vivir la maternidad como si fuera algo único y apasionado y especial, en vez de algo que le sucede a la mayoría de la gente. No sé si me explico.
A ver:
Cuando yo tenía dieciocho, veintidós años, incluso veinticinco y veintiséis, y escribía aquí como si el mundo fuera a acabarse al día siguiente sobre la existencia, el amor, mis paseos por la Caleta en Cádiz, mis noches de pasión en el Micra rojo de mi ex y, en fin, La Vida, con mayúsculas, yo tenía la sensación de que lo que me pasaba era especial. No especial de interesante y digno de ser visto en el show de Truman, pero sí lo bastante mío como para sentirme una persona en tres dimensiones.
Ahora, con la maternidad, y quizá también con todo lo que ha pasado desde entonces, con Internet, y las redes sociales, y la cacofonía de voces, y esta sensación de que ya todo ha sido dicho y visto y hackeado, no me siento persona. Siento que estoy andando por un camino pisado por otro montón de gente y que lo que siento por Alana no es ni más ni menos que lo que se supone que tiene que sentir una madre.
Es probable que el problema sea que no escribo y por eso estoy hoy aquí. Creo que escribir otra vez en este blog, o en otro similar, mejoraría mi vida un 2000%. Creo que quizá podría aprender a sentir algo de pasión por mi día a día otra vez. Lo que pasa es que no sé si voy a ser capaz. Es así de triste. Soy capaz de un montón de cosas (¡ayer hice tres dominadas yo sola! No seguidas. Separadas entre sí por varios minutos. Pero ¡eh! Yo sola. Hacer una dominada estricta siendo mujer te coloca del tirón en el percentil noventa y nueve de fuerza) y no soy capaz de hacer esto, que es lo más importante.
Me gusta Isra, entonces, porque es una persona en tres dimensiones. Es real y auténtico, y estas dos palabras, real y auténtico, también se han convertido en algo muy gastado y que quiere decir que en tu página de "acerca de" cuentas un par de defectillos tuyos (¡soy demasiado perfeccionista! ¡Antes era como tú, pero luego cambié, y si yo puedo, tú también!). Pero Isra es real-real, como un buen personaje de novela, lo que entiendo que es en sí una paradoja.
Voy a intentar escribir aquí. Por mí y por mi hija. Por acordarme de ella y de nosotras durante estos meses y años. Alana ya tiene diez meses, ¿lo podéis creer? Lo escribo y me entran ganas de llorar. Está empezando a caminar apoyándose en el sofá. Va de un lado a otro persiguiendo cosas que le llaman la atención. Sonríe todo el rato. Tiene una carita muy graciosa y yo la veo guapa pero podría entenderlo si alguien me dice que es normal; lo que sí afirmaría sin temor a equivocarme es que sus ojos azules son como mi fuerza en dominadas: percentil noventa y nueve de belleza.
Lo voy a intentar, de verdad.
martes, 11 de julio de 2017
De vuelta en la Dimensión Desconocida
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| El plan es usar mi abanico como conversation opener |
He venido para asistir al World Domination Summit: un encuentro de artistas, emprendedores, bloggers y gente rarilla en general. El evento se celebra en Portland, Oregon; si todo va bien, en un par de horas embarcaré hacia allá.
¿Qué espero de mi viaje? Lo primero es simplemente estar aquí, en EEUU. Mi interés por viajar tiene mucho más que ver con el estado emocional al que me transporta el viaje que con lo que puedo ver o experimentar mientras estoy en él. Me gustan los sitios nuevos en la medida en que me generan una relación distinta con mi vida interior, y en ese sentido EEUU es como el país del espejo: parecido, pero distinto, y separado de mi realidad cotidiana por tantísimos kilómetros de tierra y agua que parece que mis actos no tengan las mismas consecuencias. O quizá tenga que ver con entrar en las escenas que he visto tantas veces en las películas o leído en los libros, y de repente verme como un personaje con una libertad extrema para crear mi propia historia.
Así que lo que querría de estos diez días son nuevos y exóticos elementos para mi vida interior, descubiertos en la seguridad de las cafeterías perfectas, los cuidados parques y el excelente customer service de la DD. Lo que querría es que mis fantasías de hojas en blanco y actos sin consecuencias me lleven de nuevo a la apertura extrema del CACP, y llenarme de nuevo de cosas que me pasen y que os pueda contar aquí, en este blog.
Lo dejo aquí por hoy. Llevo veinticuatro horas sin dormir más que un rato en el avión, y en cualquier momento voy a tumbarme en posición fetal en una esquina y a perder el conocimiento. Quizá debería pegarme la tarjeta de embarque en la frente para que puedan llevarme rodando al avión, como el que echa un sobre perdido al buzón de correos.
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| Esta soy yo hace veinticuatro horas, en el aeropuerto de Málaga. Imaginemos todos que todavía tengo esta cara tan fresca. |
[Hasta entonces, se admiten sugerencias para el nombre de este viaje; os recuerdo que otros nombres con más o menos éxito han sido el Summer Steinbeck-Hill Project (SSHP) o el Crazy American Climbing Project (CACP)]
martes, 14 de marzo de 2017
Cómo sobrevivir a tu primera novela, III: lo que querría haberme planteado antes
No sé muy bien cómo empezar este post. Más que nada, porque tengo la impresión de que lo que he aprendido escribiendo mi novela solo me puede servir a mí. Probablemente esa sea la primera lección: que no podemos aprender en zapatos ajenos, y que si vas a escribir una novela tienes que estar dispuesto a atravesar tu propio proceso, tu habitación 101 particular.
En mi caso, he escrito esta novela a lo largo de tres años muy difíciles. Solo ahora me estoy dando cuenta de lo difíciles que han sido. Creo, de hecho, que si he dejado el blog de lado en este tiempo ha sido, en parte, porque no quería enfrentarme a algunas partes de mi vida.
No quería enfrentarme a que al final del PIR estaba prácticamente deprimida. Hace un tiempo, Pablo me preguntó de qué estaba más orgullosa en mi vida, y le dije que de haber sacado y completado el PIR. Lo que es curioso, porque he hecho cosas mucho más difíciles en este tiempo, incluyendo terminar la novela, crear y vender varios cursos online y escalar 7a+. Pero el PIR fue una larga prueba de resistencia emocional de la que no podía escapar.
Por supuesto, los que me leíais entonces sabréis que también fue una época intensa y luminosa. Quizá eso fue parte de la dureza. Me pasé cuatro años con la impresión de que andaba por ahí sin piel. Vi literalmente a cientos de pacientes contándome cientos de desgracias. A gente que quería matarse, a gente que se murió y a gente que quizá habría estado mejor muerta.
Después de eso, no quería enfrentarme a que en realidad mi vida en Margalef no me gustaba, ni a las cosas que iban mal con Pablo, ni a lo jodidamente duro que es emprender. No quería enfrentarme a que me he pasado los últimos años sin tomarme vacaciones y a que todavía no tengo una fuente de ingresos medianamente estable. No quería sentarme aquí y poner todo eso por escrito.
Y en medio de eso, estaba mi novela. Estaba mi Proyecto Grande y Loco que no quería abandonar pero que nunca encontraba el tiempo para abordar. La capacidad de organizarse el propio tiempo es uno de los aspectos más complicados y neurotizantes de trabajar para ti.
Así que terminar la novela en medio de estos últimos años ha sido un acto heroico de resistencia emocional, comparable al Ironman que se está preparando Joan, el protagonista, al principio de la historia. Y ojalá alguien me lo hubiera dicho. Que estaría tan desesperada después de todo este tiempo. Que tendría ganas de llorar cuando pienso en lo cansada que estoy.
Por supuesto, todo esto depende. Depende de cómo te lo montes, de lo perfeccionista que seas y de la capacidad de concentración y productividad que tengas. Depende de lo importante que sea para ti que tu historia cierre bien y que todas las comas estén en su sitio.
Yo he aprendido de mí que soy más perfeccionista de lo que pensaba, que mi historia me importa y que se me da bastante mal ser productiva y trabajar lo bastante rápido como para no acabar quemándome.
Así que, por resumir. ¿Qué me gustaría que algún alma amable me hubiera dicho antes? Aquí va una lista de diecisiete consejos aleatorios.
Así que, por resumir. ¿Qué me gustaría que algún alma amable me hubiera dicho antes? Aquí va una lista de diecisiete consejos aleatorios.
- No escribas por escribir. Planea primero, escribe después (más sobre esto en el futuro post sobre pantsing que quiero escribir).
- Léete Wired for story antes de tocar una sola tecla.
- Esto va a ser duro. Asúmelo ya.
- Planea y respeta tiempos para trabajar en la novela. Practica el foco y trabaja de modo más intensivo. Nada de «ya lo haré en algún momento». «En algún momento» no aparece en el calendario.
- Contrata a una correctora ortotipográfica más barata.
- Tus personajes te van a caer mejor que muchas personas reales.
- Al final resolverás la historia. Tranqui.
- El mundo no se acaba porque muchos capítulos no te salgan bien a la primera.
- No puedes escribir veinticinco escenas que tienen lugar en cafeterías o bares, por mucho que la novela tenga lugar en España.
- Esta no es la historia de por qué la gente se desencuentra. Es la historia de por qué la gente se encuentra. Los desencuentros no tienen interés.
- Si las pelis de Hollywood cometen errores, tú también te lo puedes permitir.
- No te dejes atascar por tu propio perfeccionismo. Concéntrate en contar la historia.
- Vale que no te guste escribir sobre sexo, pero tampoco puedes saltártelo y esperar a que la gente lo averigüe.
- Siempre estás a tiempo de borrar. Pero para que eso te sirva, tienes que borrar en algún momento.
- Trata de depender de otras personas lo menos posible.
- No esperes tanto. Las ideas se decoloran cuando esperas.
- Si acabas esperando, no te machaques. Tiene sus ventajas.
Por supuesto, no sé cómo podría haber sabido todo esto de antemano, a no ser que esta noche se abra una ventana en el espacio-tiempo y pueda contarle estas diecisiete cosas a la Marina del pasado. Pero como me ponga a hablar con ella, no sé dónde podemos acabar.
Al final, como dice Joan, no hay carreras perfectas.
Y sí, voy a seguir citando a mis propios personajes. Probablemente durante mucho tiempo.
sábado, 11 de marzo de 2017
Cómo sobrevivir a tu primera novela, II: vista de pájaro del proceso en sí
Advertencia: esta serie de posts voy a escribirla principalmente para mí. Como ya comenté, no pretendo que sean especialmente divertidos ni didácticos. Creo que la única manera de que retome en algún momento este blog es eliminar absolutamente todas las expectativas y exigencias sobre el proceso, incluyendo: ser divertida, entretener, incluir imágenes, incluir enlaces, etc. Quizá si hago eso durante algún tiempo vuelva a considerar el tiempo aquí como una liberación, y no como una carga, y pueda volver más a menudo. Fin de la advertencia.
La escritura de EADEPC (El arte de encontrarse por casualidad) ha sido un proceso desestructurado y procrastinador, y en absoluto lo recomendaría si vas a escribir tu primera novela ahora. A mi favor diré que, como os contaba en el post anterior, en realidad nunca tuve mucha confianza en que terminaría la historia, así que empecé a escribir con poca fe y sin ningún plan previo para convertirlas en un libro completo.
Lo primero que hice fue garabatear escenas tal y como se me ocurrían, jugando con distintas posibilidades e improvisándolo prácticamente todo. En argot yanqui de escritura de ficción, eso se denomina pantsing: sentarte (sobre tus pantalones, o pants; de ahí el nombre) y escribir sin plan previo. Creo que voy a dedicar un post completo a explicar por qué NO recomiendo el pantsing casi en ninguna circunstancia, pero bueno; empecé así y ya está. De todas esas escenas que escribí, utilicé exactamente cero.
Lo segundo que hice, casi dos años después de aquellos primeros intentos de empezar, fue participar en el NaNoWriMo: una convocatoria internacional para escribir una novela de cincuenta mil palabras durante el mes de noviembre. Probablemente dedique otro post entero a explicar por qué tampoco recomiendo empezar sí tu novela. De este primer borrador completo conservé entre un quince y un veinte por ciento.
Un año después de acabar el NaNoWriMo, pude por fin dedicar un tiempo solo a escribir. Con el material y las ideas del NaNo, sumados a lo que había aprendido sobre cómo construir una historia en varios libros sobre el tema, completé un segundo borrador del que pude por fin empezar a sentirme medio orgullosa. Aproximadamente un setenta por ciento de ese borrador sobrevivió a la siguiente poda.
Después de eso, di a leer la novela a Pablo y utilicé su feedback para completar el tercer borrador: reescribí varios capítulos completos, eliminé otros, cambié de sitio algunas escenas y añadí algo de textura a la parte final, que había quedado un poco apresurada. Ahí cometí el error de dejarme pendientes las tareas menos agradables: investigar las partes técnicas de todo lo que tenía que ver con triatlón y revisar la línea temporal para que las fechas encajaran. Eso, sumado a que emprender es difícil, tenía mucho trabajo y estaba medio deprimida, hizo que tardara más de un año en retomar la novela.
En verano de 2016, por fin, me puse las pilas: completé lo que faltaba y la mandé a unos veinte betalectores. Creé un cuestionario en Google Forms para que lo rellenaran y conseguí dieciséis respuestas. Con ese nuevo feedback, terminé por fin el cuarto y definitivo borrador.
Por último, envié la novela a una editorial para la corrección ortotipográfica. Me hicieron un trabajo bastante chapucero para lo que mi nazismo lingüístico requiere, así que tuve que repasar el texto tres veces para asegurarme de que no quedaba ninguna errata.
Y ayer, por fin, mandé el manuscrito a maquetación. Cuando esté listo, solo quedará subirlo a Amazon y empezar a hacer algo de promoción a mi sufrida lista de correo.
Teniendo en cuenta lo anterior, probablemente escriba los siguientes posts sobre el tema:
1. Consideraciones generales sobre escribir y autopublicar una novela.
2. Por qué el pantsing es una mala idea y qué hacer en su lugar.
3. ¿Deberías escribir tu novela durante el NaNoWriMo? (Respuesta corta: depende).
4. Plotting (crear un argumento) y storytelling (contar una historia): qué es, para qué sirve y cómo aprender.
5. Los errores que cometí en mi primer borrador serio y cómo evitarlos.
6. Cómo investigar para tu novela si eres una vaga.
7. Editores freelance o cómo evitar que te timen.
8 y siguientes: ni idea, porque aún no sé cómo va el resto del proceso.
Y como estoy en el bus y tengo un rato libre antes de llegar a Granada, voy a empezar ahora mismo a escribir el primero post.
La escritura de EADEPC (El arte de encontrarse por casualidad) ha sido un proceso desestructurado y procrastinador, y en absoluto lo recomendaría si vas a escribir tu primera novela ahora. A mi favor diré que, como os contaba en el post anterior, en realidad nunca tuve mucha confianza en que terminaría la historia, así que empecé a escribir con poca fe y sin ningún plan previo para convertirlas en un libro completo.
Lo primero que hice fue garabatear escenas tal y como se me ocurrían, jugando con distintas posibilidades e improvisándolo prácticamente todo. En argot yanqui de escritura de ficción, eso se denomina pantsing: sentarte (sobre tus pantalones, o pants; de ahí el nombre) y escribir sin plan previo. Creo que voy a dedicar un post completo a explicar por qué NO recomiendo el pantsing casi en ninguna circunstancia, pero bueno; empecé así y ya está. De todas esas escenas que escribí, utilicé exactamente cero.
Lo segundo que hice, casi dos años después de aquellos primeros intentos de empezar, fue participar en el NaNoWriMo: una convocatoria internacional para escribir una novela de cincuenta mil palabras durante el mes de noviembre. Probablemente dedique otro post entero a explicar por qué tampoco recomiendo empezar sí tu novela. De este primer borrador completo conservé entre un quince y un veinte por ciento.
Un año después de acabar el NaNoWriMo, pude por fin dedicar un tiempo solo a escribir. Con el material y las ideas del NaNo, sumados a lo que había aprendido sobre cómo construir una historia en varios libros sobre el tema, completé un segundo borrador del que pude por fin empezar a sentirme medio orgullosa. Aproximadamente un setenta por ciento de ese borrador sobrevivió a la siguiente poda.
Después de eso, di a leer la novela a Pablo y utilicé su feedback para completar el tercer borrador: reescribí varios capítulos completos, eliminé otros, cambié de sitio algunas escenas y añadí algo de textura a la parte final, que había quedado un poco apresurada. Ahí cometí el error de dejarme pendientes las tareas menos agradables: investigar las partes técnicas de todo lo que tenía que ver con triatlón y revisar la línea temporal para que las fechas encajaran. Eso, sumado a que emprender es difícil, tenía mucho trabajo y estaba medio deprimida, hizo que tardara más de un año en retomar la novela.
En verano de 2016, por fin, me puse las pilas: completé lo que faltaba y la mandé a unos veinte betalectores. Creé un cuestionario en Google Forms para que lo rellenaran y conseguí dieciséis respuestas. Con ese nuevo feedback, terminé por fin el cuarto y definitivo borrador.
Por último, envié la novela a una editorial para la corrección ortotipográfica. Me hicieron un trabajo bastante chapucero para lo que mi nazismo lingüístico requiere, así que tuve que repasar el texto tres veces para asegurarme de que no quedaba ninguna errata.
Y ayer, por fin, mandé el manuscrito a maquetación. Cuando esté listo, solo quedará subirlo a Amazon y empezar a hacer algo de promoción a mi sufrida lista de correo.
Teniendo en cuenta lo anterior, probablemente escriba los siguientes posts sobre el tema:
1. Consideraciones generales sobre escribir y autopublicar una novela.
2. Por qué el pantsing es una mala idea y qué hacer en su lugar.
3. ¿Deberías escribir tu novela durante el NaNoWriMo? (Respuesta corta: depende).
4. Plotting (crear un argumento) y storytelling (contar una historia): qué es, para qué sirve y cómo aprender.
5. Los errores que cometí en mi primer borrador serio y cómo evitarlos.
6. Cómo investigar para tu novela si eres una vaga.
7. Editores freelance o cómo evitar que te timen.
8 y siguientes: ni idea, porque aún no sé cómo va el resto del proceso.
Y como estoy en el bus y tengo un rato libre antes de llegar a Granada, voy a empezar ahora mismo a escribir el primero post.
jueves, 9 de marzo de 2017
Cómo sobrevivir a tu primera novela, I: introducción
Recuerdo cuando, allá por el año 2012, tuve una idea para una novela. ¿Y si en un alarde de imaginación y de distancia con mi propia realidad escribo una historia de un chico y una chica que se conocen por Internet?
Nunca tuve muy claro que fuera capaz de terminar la novela. Apuesto a que vosotros tampoco. Apuesto a que pensabais: esta va a ser como los «escritores que no escriben» de la canción de Sabina: que habla y habla de su novela pero nunca sacará nada.
Pues ahí está, la tía. 103578 palabras que han salido de mi absurda cabeza y que están a punto de emprender el viaje hacia vuestros amorosos cerebros.
He pensado en empezar una serie de posts contando cómo ha sido el proceso, por si a alguien le sirven. No van a ser posts de «primero haz A, luego B y luego C», ni pienso investigar, ni voy a poner negritas, ni nada. Van a ser absolutamente desordenados y aleatorios, porque para escribir manuales ordenaditos ya tengo mi otro blog.
Hoy iba a a contar cómo he hecho para pasar de las primeras escenas sueltas e inconexas al manuscrito más o menos coherente que tengo entre manos. «Vista de pájaro del proceso en sí», iba a llamarse el post. Como no recordaba muy bien las primeras versiones, he abierto la carpeta de documentos llamada Mi vida pequeña, que era el primer título que había pensado para la novela, y llevo un rato leyendo.
Es divertido. El otro día hablaba de la fanfiction, y las primeras versiones de la historia se parecen a eso. Hay muchos Joans (¿cuál es el plural de Joan?) y muchas Mayas; de hecho, Maya se llama de mil maneras al principio. Hay una Elsa, una Eva y una Emma. También hay un Joan llamado Ángel y otro llamado Bruno. En algunas escenas Joan es médico y Maya profesora; en otras, Joan trabaja en una tienda de móviles y Maya vive en una furgoneta. Irene, la ex de Joan, se llamaba Elena en el primer borrador. A veces es comadrona y a veces cirujana.
Y es curioso, porque ahora me parece que Joan y Maya no pueden ser distintos a como son en la novela terminada. No pueden tener otros pasados ni otros proyectos: los universos alternativos que creé al principio me parecen falsos. Me pregunto si me he quedado con la mejor versión de la historia y me respondo que, de alguna forma metafísica, la que existe es la única versión posible.
Las primeras escenas que escribí son escalofriantemente similares a mi vida. Dan un poco de vergüencita ajena, de hecho. Porque la novela actual, a la que vamos a empezar a llamar EADEPC (El Arte De Encontrarse Por Casualidad), tiene elementos de mí y de mis historias, pero ha crecido hasta existir por derecho propio, y no únicamente como una forma de exorcizar mis traumas.
Quizá el camino de mi primera novela no tiene tanto que ver con el número de borradores que he escrito y los betalectores que he utilizado, sino en cómo he conseguido metabolizar lo que pasó y sacarlo de mí. Y es bonito eso. Es una hermosa manera de sanar una herida.
Estoy fuckin' orgullosa de mi novela. En las últimas semanas, me la he releído entera cuatro veces buscando erratas para la última corrección ortotipográfica. Y aunque me sé las frases de memoria y estoy un poco hasta el potorro de Maya y de Joan a estas alturas, no me puedo creer que haya logrado escribir una historia que me suene tan verdadera.
Es raro, lo digo por experiencia, sentirse plenamente orgulloso de algo que uno ha creado, tener la certeza de que has hecho absolutamente todo lo que podías para crear algo hermoso. Porque en general vivo con la impresión de estar poniendo en lo que hago la mitad del esfuerzo del que dispongo. Pero con EADEPC no. Ahí he luchado desde las primeras escenas inconexas hasta la última coma de la última corrección.
Y a ver, que no es la novela del año, ni del mes. Que la historia no es nada del otro mundo, porque a mí el Rey del Cosmos tampoco me dio tanta imaginación, y que aún hay diálogos que me suenan un poco raros pero que no quiero tocar para no liarla. Pero os juro de verdad de la buena que es lo mejor que he sabido hacer en este punto de mi vida: que, como dice Franzen, es la mejor novela que podía escribir en su momento, y si escribo algo mejor más adelante, será porque he cambiado lo suficiente como para ser capaz.
Es una novela artesana. Tiene kilos de cariño. Y pensaba que en este punto de la vida sentiría cierto reparo, porque me acuerdo de aquella persona que me comentó en un post algo así como «¿y si con lo estupenda que te pones hablando de escritura, después resulta que tu novela no es buena?». Pensaba que me daría miedo la gente como esa, que se apresura a juzgar las creaciones de otros porque consuela un poco saber que los demás tampoco son perfectos.
Pero hoy, concretamente, tengo una tremenda y gozosa sensación de QUE OS DEN A TODOS. Porque yo sé lo que me he dejado por el camino escribiendo esto. Sé las paletadas de energía, y de amor, y de cuidado por los detalles que tiene EADEPC. Como me dijo Anxo hace mucho tiempo sobre la terapia: cuando no eres todo lo bueno que te gustaría, lo único que te queda es matarte a trabajar; y cuando lo has logrado, cuando te has matado a trabajar por algo, y te has pasado horas encerrada, y has reescrito y vuelto a reescribir, y has acribillado a tus betalectores con preguntas, y te has peleado a muerte con tu correctora porque osó cambiarte las comas de sitio... entonces a los haters no les queda mucho espacio, porque tú estás a tope, porque te has asalvajado en el proceso y solo puedes gritar con el pelo ardiendo y sabor a sangre en la boca y repetir: QUE OS DEN. He escrito un libro.
Por último, quiero dejar aquí un apunte friki. Cuando empecé a escribir la novela, Joan no era triatleta. Lo del triatlón ni se me había pasado por la cabeza. Las primeras escenas están escritas en febrero de 2012, y hasta noviembre de 2013 no se me ocurrió poner al pobre Joan a preparar un Ironman.
Pues la primera escena que escribí era el supuesto final de Mi Vida Pequeña, y se contaba a través de un post de Maya, que en aquel momento no se llamaba Maya, sino Elsa. Y al final del post hay varios comentarios de lectores ficticios. Y ¿sabéis cómo se llama el último comentarista?
Ironman.
En serio.
Esto de la ficción es un trabajo muy misterioso.
Y me voy a dormir, que mañana me voy a Madrid al máster y necesito mis neuronas en plena forma.
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