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miércoles, 14 de mayo de 2014

Dientes

Ayer fui a hacerme una limpieza dental. Últimamente siento una preocupación desmesurada por mis dientes. Creo que es el efecto de 1) hacerme vieja y 2) estar a punto de quedarme en paro. Lo primero tiene que ver con que hace cuatro días cumplí veintinueve años y bueno, ya se sabe: los veintitodos, el fin de una etapa, el Apocalipsis de la treintena acechando a la vuelta de la esquina. El cuerpo, que empieza a ser más traidor por su función que por su apariencia. En cuanto al paro y mis próximos merodeos por el umbral de la pobreza: si resulta que al final no consigo ganarme la vida, y acabo debajo de un puente o alquilándome por horas a Pablo para asegurarle mientras escala, al menos tendré las muelas empastadas.

El caso es que la higienista dental es majísima. Nada más entrar, me explica una peli truculenta acerca de cómo después de las comidas se acumula la placa bacteriana, el cepillo no llega a todos los rincones y la placa muta a sarro, y cómo entonces sólo un profesional podrá eliminarlo, dejando como única alternativa la piorrea y la exclusión social. La limpieza, continúa, se hace con ultrasonidos y agua. Es un poco molesta. Sólo un poco. Me pasa en aparato por los dientes, pidiéndome disculpas cuando tiene que insistir en alguna zona, y se detiene varias veces para que me enjuague con agua y colutorio. Después trae la maqueta de una dentadura para enseñarme técnica de cepillado y yo asiento frente a su implacable lógica. Me fijo en que tiene unos dientes preciosos. Son de un blanco perlado, como los de las princesas, y brillan bajo la luz fluorescente de la consulta. Me pregunto si se pasará ella misma el ultrasonido una vez por semana para mantenerlos; imagino que es importante para una higienista tener los dientes bien.

Por enésima vez en los últimos meses, pienso que me he equivocado de trabajo y me admiro ante la sencillez del suyo. Tus dientes están sucios por esta razón y yo te los puedo limpiar de esta manera. Buscas dientes limpios y eso es lo que voy a darte. Los míos, obviamente, también lo están.

Creo que ya he dicho que llevo un tiempo quemada. Lo llamo así para no decir que estoy deprimida, porque eso sería (perdonad la obviedad) demasiado triste. Estoy convencida de que no es depresión, en cualquier caso. Tiene que ver con mi trabajo, y parcialmente con el otro blog; en general, tiene que ver con pasarte un montón de horas diciendo a la gente lo que tiene que hacer.

Hay personas que se creen que un psicólogo lo único que hace es escuchar, y yo a esas personas les digo, gaditanamente, que un carajo pa ti. Pruébalo un día. Hazte pasar por psicólogo. Siéntate enfrente de alguien, deja que te cuente su movida, hazle preguntas, incluso. Devuelve la pelota todas las veces que sepas:
- ¿Debo dejar a mi novio?
- No lo sé, ¿qué piensas sobre eso?

Servirá un tiempo, pero en algún punto, más tarde o más temprano, el paciente/cliente se callará, te mirará directamente y te dirá: ¿Ahora qué? ¿Qué opinas? ¿QUÉ HAGO? Y puedes evadirte todo lo que quieras, pero entonces se dará cuenta y pensará que eres un inútil: "el psicólogo en realidad no me está ayudando nada". Quiere algo. Algo tangible, una diferencia que pueda notar al llegar a casa, igual que yo noto la superficie lisa de mis dientes cada vez que paso la lengua contra ellos.

Tú haces lo que puedes. Les das tests, autorregistros, tareas, metáforas, técnicas de relajación, hipnosis, imaginación guiada. Escuchas sus soluciones, las amplías, las tuneas y les das media vuelta. Hay colegas que no están de acuerdo contigo y que creen que es presuntuoso decirle a la gente lo que debe hacer. En el fondo, tú también lo piensas, así que procuras recordar que el cliente siempre tiene la razón. Preguntas de una forma que querrías calificar como socrática y que quizá no sea más que molesta. Intentas no ser directivo. Das opciones.

Al final, resulta que en lugar de estar pensando qué hacer con la cantidad limitada de problemas que te ha tocado como humano, lidias con los problemas de un montón de gente. De forma teórica y también emocional. Los piensas como un acertijo, como un cubo de Rubik, pero a veces te pesa en el alma que la gente sufra tanto.

Así que podría haber sido higienista, si fuera capaz, claro, en esta vida o en otra, de afrontar una jornada laboral explicando una y otra vez cómo se forma el sarro. Mi padre siempre dice que pesa menos una pluma que un martillo. El problema, papá, no es lo que pesa el martillo, o el aparato de ultrasonidos, para el caso: es lo que aburre. Al final, a la psicología le pasa lo que a algunas relaciones: que con ella nunca te aburres, y todavía no te has dado cuenta de que eso no tiene por qué ser necesariamente bueno.

lunes, 28 de abril de 2014

Un retrato

En la historia, ella encuentra su retrato escondido entre un montón de papeles antiguos. Es un dibujo a lápiz copiado de una fotografía. Él está de espaldas, tiene un cigarro entre los dedos y vuelve la cara, molesto, al oír el clic de la foto anterior.

En la realidad, ella encuentra su retrato escondido entre un montón de papeles antiguos. Es un dibujo a lápiz copiado de una fotografía. Él está de espaldas, tiene un cigarro entre los dedos y vuelve la cara, molesto, al oír el clic de la foto anterior.

En la historia, ella le pide su nueva dirección de correo postal sin decirle para qué. Manda el dibujo en un sobre grande acompañado de un sobre más pequeño con una carta. En la carta escribe a ordenador (porque su letra es horrible) que hace un tiempo empezó a dibujar caras, y que después de copiar unas cuantas que había encontrado en revistas, se dio cuenta de que dibujar es aprender a mirar de otra forma. Entonces se le ocurrió dibujar las caras de la gente a la que odiaba, para ver si así era capaz de mirarles de esa otra manera: diseccionando los rasgos hasta ver en ellos sólo algo neutro, una suma amoral de líneas. Por eso le dibujó a él. En el proceso, se dio cuenta de que había una ternura difusa en sus detalles, en las arrugas del ceño y en los ojos guiñados por el sol. Sintió los nervios del descanso del mediodía y la contracción de sus dedos sujetando el cigarro. Aprendió a perdonarle.

En la realidad, ella le pide su nueva dirección de correo postal y le cuenta por mail que hace poco estuvo aprendiendo a dibujar caras. Adjunta la foto que usó como modelo y le explica que es buena para dibujarla, porque el ángulo desde el que fue tomada no distorsiona tanto la imagen como para que tenga sentido en la foto y no en el dibujo. Añade unas breves notas autobiográficas, un par de buenos deseos y se despide. Después manda el dibujo en un sobre grande en el que no incluye ninguna nota.

En la historia, él observa el dibujo rascándose la cabeza. No ve esa ternura de la que habla la carta; más bien le parece que sus rasgos están torcidos y que ha emborronado las sombras con cierta perversidad. Se ve más cruel, más viejo. Después de mirarse un rato, arruga el papel y lo tira a la basura.

En la realidad, él observa el dibujo rascándose la cabeza. Sí que se le parece, aunque no recuerda el momento en que le hizo esa foto. Sonríe de lado pensando en ella, siempre tan llena de buenas intenciones. Después de mirarse un rato, decide que el dibujo no es tan bueno como para colgarlo y lo guarda bajo un montón de papeles.

En la historia, a ella le encantaría que la realidad fuera así de redonda y simple.
En la realidad, a ella le encantaría que la historia fuera así de justiciera.

viernes, 25 de abril de 2014

Mentiras Buenas


Hace algunas semanas vino a mi consulta una niña por un problema que no viene al caso. Lo importante es que, justo antes de terminar la consulta, la madre hizo el típico posyaque y me dijo que, posyaque habían venido, a ver cómo podía yo ayudar a la nena a que dejara de decir mentiras.

Sin entrar a fondo en mi intervención, que incluyó a un par de marionetas haciendo de Mentira y de Verdad y luchando a muerte sobre el escritorio, os diré que le puse como tarea que escribiera un cuento. No tengo muy claro por qué, y quizá fuera estúpido: podía haberme limitado a decirle que la Mentira es Mala y la Verdad es Buena, y que ella y la Verdad tenían que trabajar duro para derrotar a la Mentira. Sin embargo, consideré importante aclarar que uno puede decir Mentiras, y es malo, pero también puede contar Cuentos, porque los Cuentos son Mentiras Buenas. Y le propuse que escribiera un cuento.

Hoy me ha traído el cuento. Tiene portada y todo. Y dos ilustraciones, y en la última hoja, de cuadros y grapada a todo lo demás, una historia de un párrafo escrita probablemente por la madre, porque ella aún está aprendiendo. La historia habla de una princesa que se encuentra a un caballo y se lo lleva a casa. El cuento no tenía título, así que, después de debatirlo un rato, hemos decidido llamarlo "La princesa y el caballo". No había príncipes, ni bodas. Me gustó.

Hace unos días estaba yo dando vueltas por la librería, buscando casi cualquier cosa para relevar a Alice Munro. Me está encantando Munro. Tanto, tanto, que me la voy a dosificar, para tener una apuesta segura cuando todo lo demás me falle. Me decidí por el último libro de Javier Cercas, "Las leyes de la frontera". Llevaba un tiempo rondándolo, porque tanto "Soldados de Salamina" como "La velocidad de la luz" me gustaron mucho. Mientras paseaba entre los montones de libros, pensaba: y que todo esto sea mentira. Que tanta gente invierta el tiempo en inventar cosas, y tanta otra gente en leerlas con interés. Qué cosa más rara.

Acabo de interrumpir la escritura de este post para mandarle un whatsapp a mi padre y decirle que me ha gustado el libro de Cercas. Mi padre y yo nos recomendamos libros con cierta frecuencia. Seguramente es, después del genético, el vínculo más potente que compartimos. Siempre me asombra cuando coincido con alguien en las lecturas: creo que la capacidad para conmoverse con el mismo tipo de ficción es un indicador potente de algún tipo de vínculo espiritual. 

También he vuelto a Fante hace un par de semanas. Le leo con más interés desde que estuve en Boulder y puedo imaginarle en la ciudad, cubierta por la nieve, paseando por Pearl y Walnut Street y con los Flat Irons al fondo. Ya comenté ayer que estoy un poco tristona desde hace unas semanas, y cuando leí "Espera a la primavera, Bandini", y fui capaz de trasladarme por unas horas al Colorado de la Gran Depresión, pensé: qué locura, esto. Fante está muerto, muy muerto, y sin embargo aquí estoy yo, al otro extremo de una conexión que cruza años y kilómetros. Él vivió su infancia miserable de hijo de inmigrantes italianos hace ya un siglo, y yo vivo el final de mi veintena acomodada al sur de España, y sin embargo aquí estamos: compartiendo un rato después del trabajo, en el autobús, donde me siento de espaldas a la marcha para que no me salude nadie conocido.

Luego está García Márquez, que se ha muerto, y mi sensación de que en realidad, no me importa tanto que esté muerto. Esto va a quedar infernalmente insensible y no quiero que se me malinterprete. Claro que es una pena morirse, para todo el mundo, aunque es el ciclo de la vida y es igual para todos. Pero quizá da menos pena que se muera él, porque no lo perdemos del todo. No perdemos casi nada, de hecho, porque lo más importante se queda con nosotros durante generaciones. Gabo nos hablará sin parar a través de los siglos.

Yo sigo escribiendo poco a poco, como una tullida, avanzando por un cuento largo en el que trabajo y que está precisamente ambientado en Boulder. Sigo trabajando en mis Mentiras Buenas. Hoy, mientras leía a Javier Cercas, me ha asaltado una vez más la certeza de que mi vida va a ser un Fracaso, así con mayúsculas, porque total, tengo casi treinta años y estoy deseando terminar lo único importante que he hecho (el PIR) para no volver jamás a la sanidad pública. Entro en el estudio de Pablo envuelta en mi mantita, con cara de perro mojado. ¿Y si no soy capaz de ganarme la vida?, le pregunto. Él me consuela, me dice que escribo muy bien, que soy una buena psicóloga, que todo va a salir estupendamente. Yo asiento a regañadientes, salgo del estudio, me siento a meditar una hora y luego a escribir. Y bueno, la pura verdad, y se me cae la cara de vergüenza de decirlo, porque llevo meses con un bloqueo literario de caballo, es que mientras estoy escribiendo no pienso en nada de eso. No me siento ni bien ni mal, ni me preocupa el futuro o me parece prometedor; simplemente se me olvida. Las dudas salen de mi cabeza y estoy en Boulder, con mis personajes, intentando imaginar lo que dirán a continuación y reconstruir la disposición de las mesas de mi cafetería favorita.

La niña de la consulta de hoy me ha regalado el cuento que ha escrito. Yo no lo he metido en su historia clínica, sinceramente, porque le he dado a elegir entre hacerlo, quedárselo ella o dármelo a mí, y me lo ha dado. Digo yo que me lo he ganado. Está ahí en mi bolso, enrollado con delicadeza para no marcar dobleces en los dibujos. He bromeado con ella diciendo que si es una escritora famosa algún día, lo venderé por mucho dinero; creo que no me ha entendido. En cualquier caso, no voy a venderlo. No sé si será una escritora famosa, y lo más probable es que no lo sea. Sí estoy segura de que va a aprender algún día la diferencia entre la Mentira y la Verdad, y elegirá con buen juicio. Lo que si espero es que sepa distinguir las Mentiras de las Mentiras Buenas, y que no deje nunca de creerse con entusiasmo las segundas.

miércoles, 23 de abril de 2014

Yeah

Hoy he escrito.

Tacháan.

Me siento un poco como esa gente que tiene un accidente gravísimo y comprueba cómo, después de toda una vida de normalidad, ahora considera que es un gran logro mover un dedo del pie. He escrito. Con lo que yo he sido.

Si os soy sincera, creo que he estado un poco deprimida últimamente. A lo mejor por eso no escribía. No sé por qué he estado (y quizá sigo estando) un poco deprimida. Quizá he llegado al tope de mi capacidad para escuchar las vidas de la gente. Creo, aunque seguramente es mentira, que si el PIR durara un mes más, me tiraría por mi maravillosa terraza de noveno con vistas al mar.

Ahora, por las mañanas, atiendo a niños en Salud Mental Infanto-Juvenil, y por las tardes leo ficción y pierdo el tiempo. He leído seguidos dos libros de Alice Munro, que es lo mejor que me ha pasado en los últimos meses. He aparcado temporalmente Psicosupervivencia y, muy despacito, he empezado a considerar en serio la posibilidad de que me apeteciera escribir.

Y hoy he escrito, viva y bravo.

Nada del otro mundo. El inicio de un cuento largo, inspirado por Munro y por una canción de Steve Vai. Un intento de artículo pseudo-feminista para este blog sobre las tetas de Scarlett Johansson. Pero no se me dan bien los artículos de opinión. Me lanzo pensando: esta vez voy a ser polémica, y punto; esta vez le van a dar a todo el mundo y voy a decir lo que pienso. Después me empiezo a sentir culpable por ser tan vehemente, empiezo a suavizarlo todo y parece que estoy pidiendo perdón. Así que ahí está el artículo, en el archivo de borradores, y nunca sabréis qué pienso exactamente sobre las tetas de Scarlett.

Pero he escrito. Insisto.

Así que bueno. Feliz día del libro, y tal. Quizá mi alma no esté tan perdida para la literatura como parecía últimamente.

lunes, 27 de enero de 2014

Escalofríos

Está tú sentada, tan tranquila, tomándote una taza de caldito y dándote una vuelta por los periódicos digitales para ver qué se cuece por el mundo. Que si el referéndum catalán, que si la sanidad madrileña, que si a Dukan lo han expulsado del colegio de médicos. Tienes tu opinión sobre todo eso, claro, pero lo miras con cierta distancia: a través de la gruesa pared de metacrilato que te han enseñado a poner entre la realidad y tu mente.

Entonces lees que el gobierno cree que la reforma del aborto va a ser buena para la economía, y te vuelven a la cabeza los datos que has almacenado desde el sábado fatídico en que la ley acaparó los titulares. La necesidad de dos informes de psiquiatras, los días de reflexión, las nuevas normas en caso de malformación grave.

De nuevo, haces tus planes. Porque nunca se sabe, porque ningún método te ofrece un 100% de seguridad y porque si de algo estás tú segura es de que no quieres ser madre. Tienes tus razones, claro que sí, pero más importante que ellas es la certeza brutal que te corroe los huesos: respetas a quien lo elija, pero no quieres eso para ti, no quieres esa vida, no la quieres. Piensas que a ti no te sería difícil conseguir los informes psiquiátricos, que por algo trabajas en Salud Mental, pero luego te dices que al carajo; con tal de no aguantar la humillación de que otro decida por ti, mejor te miras un vuelo con Ryanair y te vas a Londres, como viste una vez en un capítulo de Cuéntame.

Y aun así, aunque sabes que lo tienes todo a tu favor y que, en cualquier caso, vas a gastar en condones lo que haga falta, y que muy mala suerte tendrías que tener para verte en esas, la sensación es distinta de la que te produce el resto de las noticias. Porque la ley del aborto te da miedo. Se te mete en el estómago como una presencia intrusa y cruel. La ley del aborto tiene que ver contigo, con tus entrañas, con tu futuro y con tu vida.

Te da escalofríos pensar en los niños que puedan salir de esa ley, porque recuerdas a tus pacientitos diminutos y cómo se te parte el corazón cuando intuyes que no son bienvenidos en su casa. Te da escalofríos pensar en las madres y padres que puedan salir de esa ley, en las depresiones posparto y las psicosis puerperales. Te da escalofríos pensar en los problemas de pareja, las peleas a gritos y las custodias compartidas.

Pero, sobre todo, te da escalofríos ponerte en la piel de la que no pueda conseguir los informes o pagarse el vuelo a donde sea. Porque tú, con toda tu suerte y todas las probabilidades a tu favor, no quieres ni imaginarte hasta dónde llegarías para evitar que pasara.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Balance del año

Ya está aquí, ya llegó: el meme de todos los años que a mí me gusta escribir y no tengo claro que a vosotros os guste leer. Pero qué queréis que os diga. Es mi blog, y etcétera etcétera. Por si alguien tiene curiosidad, aquí está el del año pasado y aquí el del anterior

1. ¿Qué hiciste en 2012. que nunca habías hecho antes?
Ir a Estados Unidos. Plancharme el pelo. Hacer vías de largos y algo de escalada clásica. Tener consultas vía Skype y vía mail. Escribir una novela en un mes.

2. ¿Mantuviste tus resoluciones de Año Nuevo, y harás nuevas?
Bah. Qué va. Si me propuse algo, no me acuerdo. Ya he comentado en varias ocasiones que yo me hago resoluciones casi cada día. Lo de fin de año me parece de cobardes.

3. ¿Se casó alguien cercano a ti?
 El MIR. Y fuimos Pablito y yo así de guapos



4. ¿Nació alguien cercano a ti?
No está cerca en espacio, pero sí en el corazón: el niño de Batalecotal. Que, además, nació el mismo día que mi novela.

5. ¿Murió alguien cercano a ti?
Una buena amiga de mi madre y dos pacientes. 

6. ¿Qué países visitaste?
Estados Unidos y Marruecos, ambos para escalar. Estoy on fire.

7. ¿Qué te gustaría tener en 2014 que no has tenido en 2013?
Preocupante la celeridad con la que el universo me concede lo que pongo en este apartado. ¿Furgo para 2012? Pues furgo. ¿Maromo definitivo para 2013? Ahí lo tengo, sentado frente a mí. Así que he de tener cuidado con lo que escribo.

Me gustaría ser capaz de ganarme (medio bien) la vida cuando termine el PIR, sin necesidad de recurrir a la prostitución o el tráfico de drogas. Eso supone a) que me vaya bien Psicosupervivencia y me salgan unos cuantos clientes vía mail/Skype y b) que mi novela, una vez editada y corregida, se convierta en un best seller mundial, tipo Sombras de Grey pero con más calidad y (lo siento) menos sexo.

8. ¿Qué fechas de este año permanecerán en tu memoria?
El 8 de mayo: el día que el elefante entró en la habitación. O, bueno, el día que Pablo entró en la cafetería en la que habíamos quedado y empezó a iluminar mi mundo con sus ojazos azules.

9. ¿Cuál es tu mayor logro del año?
Encontrar el amor. Tuve que ir hasta Utah, ¡¡Utah!! 
Poner en funcionamiento mi fantabuloso blog de psicología, Psicosupervivencia, y tener ya casi 80 entradas publicadas y un número bastante decente de seguidores (726 víctimas a día de hoy. No nos mires, únete).

10. ¿Cuál ha sido tu mayor fracaso?
Creo que fui un fracaso como madrileña. No sirvo. Tampoco me importa.

11. ¿Has sufrido una enfermedad o herida?
Me hice un esguince de tobillo en febrero. Mi inconstancia rehabilitadora hace que aún me siga dando la lata. Por lo demás, todo bien. Además, el Acné del Averno ha desaparecido gracias a mi quinta tanda de Roacután. A ver cuánto me dura.

12. ¿Qué ha sido lo mejor que has comprado?
Un billete de avión a Denver, Colorado.
Y a pesar de lo que pudiera decir en el pasado... Me encanta mi iPad. Es tan prescindible como disfrutable.

13. ¿El comportamiento de quién merece celebración?

El de mi Pablo, por supuesto. Me cuida de una forma vergonzosa para una adulta. Por ejemplo: cuando me meto en la cama por la noche y se me ha olvidado TODO (la bolsa caliente de cereales, el móvil para poner la alarma, la botella de agua) pero, al contacto con el nórdico, me quedo inválida, como Frida Khalo, y le pido a gritos que me traiga mi kit de dormir. Me mima, me entiende, me respeta, me asegura cuando escalo, conduce cuando estoy cansada, se deja querer, se esfuerza por ser mejor. Además, trabaja como una mula, escala como un titán, corre, lee, escribe y, en general, hace que cada día me asombre de tener al lado a alguien como él.

También celebro el comportamiento de los lectores que hicieron de Madrid un lugar menos solitario (Laura, Carmen, Marta, Babette), el de Álex cuando me llevó a urgencias con el tobillo hecho polvo y me entretuvo para que no llorara, el de Pablo y Jenna con su hospitalidad en Boulder, el de los otros hosts de Couchsurfing que me cuidaron y alojaron en EEUU, el de mis compañeros de salud mental que hacen lo que pueden por aliviar el sufrimiento ajeno, el de mis pacientes bravos que luchan contra los problemas y buscan soluciones y... bueno, algo se me olvida, seguro, pero estáis todos en mi corazoncito.

14. ¿La actitud de quién te ha hecho sentir deprimido u horrorizado?
Todos los años me niego a contestar esta pregunta, y voy a seguir la tradición.

15. ¿Dónde ha ido la mayor parte de tu dinero?
A cafés en Madrid y cafés en general. Por otra parte, mi presupuesto en comida y mi paleo-obsesión han bajado un poco.
A libros. Tengo un problema serio con eso.
A EEUU. Qué ruina.

16. ¿Qué te ha hecho mucha ilusión?
Visitar Estados Unidos, alias La Dimensión Desconocida. Encontrar el amor: no ha defraudado para nada mis expectativas. Irme a vivir con Pablo. Mejorar en mi escalada con lentitud, pero con seguridad.

17. ¿Qué canción te recordará siempre el 2013?
Ho Hey, de los Lumineers. Oída por primera vez en Denver, en el coche de Jeremy, y reescuchada unos seiscientos millones de veces desde entonces.

18. Comparando con hace un año, estás: 
i. ¿Más contenta o más triste? Más contenta. Mucho mas contenta. Exponencialmente más contenta.

ii. ¿Más delgada o más gorda? Más delgada. El amor me alimenta, así que he perdido casi seis kilos desde mayo; esta mañana estaba en un sorprendente 49.4. No pesaba eso desde que era vegetariana y mi cuerpo se comía a sí mismo.

iii. ¿Más rica o más pobre? Más o menos igual: al borde de la indigencia. Vivir en Madrid y el viaje a EEUU destrozó mi bolsillo. Pero contenta. Y mucho.

19. ¿Qué te gustaría haber hecho más?
Meditar. Uf. Y entrenar, que la segunda mitad del año ha estado llena de perezón.

20. ¿Qué te gustaría haber hecho menos?
Ir en metro. Perder el tiempo en el curro por razones ajenas a mi voluntad.

21. ¿Cómo pasarás la Navidad?
Ya hemos liquidado la parte familiar, y ahora Pablo y yo nos vamos una semana a escalar a Margalef, en Tarragona. ¡Yuhu!

22. ¿Te has enamorado en el 2011?
Por favor. Enamorarse es un eufemismo. Yo he entrado en un estado de conexión espiritual con mi auténtica alma gemela, mi compañero de la vida, mi gemelo astral cósmico. Yo he alcanzado otro escalón en la conciencia humana. Yo he entendido el significado de las canciones de amor y he recuperado la fe en el género humano.
Vamos, que sí, que me he enamorado.

23. ¿Cuántos rollos de una noche?
Uno. Si todo va bien, el último.

24. ¿Tu programa de televisión favorito?

Anatomía de Grey permanece. También contribuye que tenga CERO competencia.

25. ¿Odias a alguien a quien no odiaras a estas alturas del año pasado?

Yo no odio. Yo soy amor. Pero a veces se destapan en mí profundos pozos de rencor que desconocía por gente a la que fingía apreciar. Tengo un par de pozos malolientes en funcionamiento ahora mismo, pero espero depurarlos pronto.

26. ¿El mejor libro que has leído?
Sin ningún género de dudas, El Arte de la Defensa, de Chad Harbach.

27. ¿Cuál ha sido tu mayor descubrimiento musical?

Los Lumineers. Obvio.

28. ¿Qué querías y conseguiste?
Un novio.

29. ¿Cuál es tu mejor recuerdo de 2011?
El viaje a EEUU. Conocer a Pablo en Utah y cada uno de los cientos de momentos maravillosos que hemos compartido desde entonces. El mes de noviembre escribiendo la novela.

30. ¿Tu película favorita del año?
Sé que suena fatal, pero vimos "The Hunger Games" ayer y me gustó mucho. Ya he dicho alguna vez que veo pocas pelis.

31. ¿Qué hiciste en tu cumpleaños y cuántos cumpliste?
Cumplí 28. Estaba escalando con Pablo en Idaho. Me enmarroné en una vía rarísima y tuvimos que dejar una cinta colgando hasta el día siguiente. Se nos hizo tarde y sólo conseguimos para cenar una ensalada muy cutre y unos dulces chungos de peanut butter. Lo comimos bajo las estrellas con los frontales puestos, y Pablo me pidió perdón por no haber conseguido una cena mejor. Yo le dije que apagara el frontal, miramos las estrellas y le dije que no había una cena mejor que esa. Después (censura, censura) y dormimos abrazaditos en la tienda North Face.

Best Birthday Ever.

32. ¿Qué es lo que hubiera hecho tu año mucho más satisfactorio?
Quizá que las rotaciones de Madrid hubieran sido un poco más satisfactorias. Pero es quejarse de vicio.

33. Describe tu concepto de la moda en 2011.
Vaqueros. Leotardos bajo los pantalones durante el invierno en Madrid. Más vaqueros. Mis pantalones térmicos color lila que Pablo está empezando a apreciar a fuerza de mera exposición.

34. ¿Qué te ha hecho permanecer cuerda?
En Madrid, los pequeños momentos de presente y soledad, entrenar en el roco e importar a un argentino para que me diera mimos. En Cádiz estoy bastante cuerda, pero el sonido del mar en el salón ayuda mucho.

36. ¿Qué tema político te ha inquietado más?
La nueva ley del aborto. Me parece una locura retrógrada e insultante. Ligadura de trompas YA.

37. ¿A quién has echado de menos?
A la PK, que está en la India. A Elsa, que está en Brasil. A Aran, que está en Málaga. A mucha más gente, porque cada vez me voy de más sitios.

38. ¿Quién es la mejor persona a la que has conocido?
Es que sé que me repito, pero es la pura verdad: mi Pablo.

39. Dinos una lección valiosa que has aprendido en 2013.
Que lo importante para encontrar el amor es estar preparado, no perder la esperanza y apostarlo todo una vez que lo ves claro.

40. ¿Dirías que el 2013 ha sido un buen año a pesar de todo?
Empezó regular, pero a partir de abril se ha puesto estupendo. Yo sé que todo el mundo va por ahí quejándose de 2013, pero yo no me puedo quejar. Conocer a Pablo ha sido, con diferencia, LO MEJOR que me ha pasado en la vida. Con diferencia. Un año con él no puede ser otra cosa que un año maravilloso, fabuloso, el mejor de mi vida. Estoy agradecida a ese número supuestamente tan feo. Para mí, siempre será el más hermoso.


Qué cosssssa

¡Feliz año nuevo, guapetes!

martes, 17 de diciembre de 2013

Vivir con Pablo

Vivir con Pablo es...

... irme a dormir con frío porque él no está y morirme de calor en cuanto entra en la cama.

... despertarme cuando él se acuesta, mantener conversaciones absurdas en el límite de la conciencia y arruinar mis ciclos del sueño para toda la noche.

... no poder salir de la cama por la mañana porque me atrapa con llaves poderosas y me dice: "¿pero dónde te creés que vas? Vos tenés que estar conmigo. Decíselo a tu jefe".

... preguntar qué significan dos de cada tres palabras que pronuncia, y asombrarme con la capacidad argentina para encontrarles sinónimos a los genitales y todo lo relacionado con ellos (por ejemplo, ¿quién adivinaría lo que quiere decir "acogotarse el pollo"?).

... no poder entrar en la cocina porque está invadida por frutas, verduras, germinados, cartones de leche de soja, la licuadora, la batidora y miles de botellas de agua mineral.

... tener ganas de ofrecerle palomitas y/o un babero cada vez que me quito (inocentemente) la ropa para ponerme el pijama.

... ver interrumpida la escritura por sesiones urgentes de mimo-time (os contará que yo le interrumpo más veces a él. Miente)

... recibir ofrecimientos generosos para ayudarme a sostener mi propio culo.

... tener un apoyo incondicional para comer chocolate, dormir siestas y autoproclamarme Emperatriz del Mundo.

... comer respondiendo las larguísimas encuestas sobre mí, mi pasado y mi futuro que se inventa sobre la marcha porque "gorda, yo quiero saberlo TODO de vos".

... estar lista para irme a dormir y no tener más remedio que sentarme con él a ver vídeos de escalada, porque no para de repetir "HOLY SHIT!" mientras mira a Ondra encadenar "La Dura Dura".

... sumar a mi desorden su desorden, multiplicarlo por dos y vivir en ello.

... ir siempre tarde al trabajo porque no me puedo resistir a esconderle notitas en el ordenador para que las encuentre cuando se despierte.

... haber tenido que aceptar por fin que quizá, pero sólo quizá, mi maravillosa bata de felpa morada para estar por casa no es la indumentaria más sexy del mundo.

... tener a alguien celoso de mi bolsa caliente de cereales.

... no poder mirar a Jackson Avery en Anatomía de Grey sin que él desee su muerte.

... proponernos ver pelis todos los fines de semana sin asumir que la escalada no nos deja tiempo para nada más.

... perder la objetividad sobre lo que escribo, porque para él es todo MARAVISHOSO y ME ENCANTÓ.

... ver la cara que pone mirando un vídeo de comer pulpos vivos, y luego aguantar que me diga que si yo sabía que no era bueno para él, ¿¿¿por qué le he dejado hacerlo???

... ser incapaz de entender cómo alguien puede pronunciar tan mal la palabra quillo [ki-i-i-o].


Vivir con Pablo es como si todos los días fueran la mañana de reyes.

Vivir con Pablo es como vivir a la vez con tu mejor amigo, con la Wikipedia y con un argentino ultra-sexy que quiere irse a la cama contigo.

Vivir con Pablo es lo mejor que me ha pasado en la vida.

Pablo incitándome a dormir la siesta para abusar de mí


[La idea me la dio este post de Lorz]