Nunca en mi vida había estado tan fuerte como ahora. De hecho, nunca en mi vida había estado fuerte. De hecho, si me apuráis, nunca en mi vida había pensado que mi cuerpo tenía el potencial de cambiar y ponerse fuerte, o que mi mente podría obligar a mi cuerpo a hacer el ejercicio suficiente como para que cambiara. Tú sabes, la posibilidad siempre está ahí: cualquier día me apunto al gimnasio y me vuelvo una tía buena. Pero en lo profundo de mi corazón no me veía manteniendo la motivación el tiempo suficiente como para observar un cambio real. Me imaginaba creciendo y evolucionando de joven redondita a adulta redonda, embarazada hinchona, madurita degradada y anciana lastimosa.
A ver, yo nunca he estado gorda, gorda tal cual. Pero siempre he sido... cómo lo diría... blandita.
[DISGRESIÓN: Esto me recuerda a la peor frase que me ha dicho nunca un tío, y que ya os dije que os contaría en algún momento.
Situación: en la cama, semidesnudos, chico cuyo nombre no voy a revelar intenta convencerme para que tengamos sexo porque yo no lo veo claro. En un momento dado, me agarra alguna parte carnosa del cuerpo, tipo muslo, o culo, o algo.
YO: Este curso, como no he hecho deporte, me he quedado un poco más blandita.
ÉL: Ya...
Obviamente, no mojó. Lectores varones, apuntad en vuestro manual de seducción que la mejor manera de tratar a una mujer es no diciéndole nunca jamás bajo ninguna circunstancia que está gorda. De hecho, como me dijo una vez mi hermano, la frase perfecta es "a ti te faltan un par de kilos". FIN DE LA DISGRESIÓN]
Una de las muchísimas cosas que me molan de escalar es que me está dando la posibilidad de ser una yo que nunca había pensado que pudiera ser. Una yo física. Si a mí me dicen que iba a estar comentando por Facebook vídeos donde un tipo noruego hace dominadas con un dedo, me habría reído. ¿Moi? Yo soy una intelectual. Yo anido en el mundo abstracto y difuso de las ideas, y utilizo el cuerpo básicamente para llevar las gafas.
Me lo decía IA: que no eres una gafapasta, mujer, que tú eres deportista, que una cosa no está reñida con la otra. Pero no creo que sea deportista. Sigo subiendo a los pisos en ascensor y paso de ir en bici al curro teniendo la moto. Creo que lo único que pasa es que escalar me gusta lo suficiente como para que no me suponga un esfuerzo de la voluntad. La diferencia entre sudar en un gimnasio deseando con todas mis fuerzas que el tiempo pase, y sudar en el roco deseando poder transplantarme la piel de las manos para seguir entrenando, es parecida a lo que hablábamos ayer de follar con un chico anodino o con un DDM (como categoría, no como persona concreta).
Desde que escalo estoy más musculosa por todas partes; de hecho, ahora el chico del diálogo anterior no podría decir "Ya", porque no sería cierto y porque, además, podría darle una paliza. Se me ha ensanchado la espalda, me lo noto en las chaquetas de invierno. Además, me han salido callos en las manos y ni siquiera me importa; me los limo con primor cada vez que me hago la manicura. También se me está formando el juanete del escalador en la parte externa del dedo gordo del pie. Si me llegan a decir que sacrificaría la estética magnífica de mis pies sagrados por algo que no fueran taconazos maravillosos, no me lo habría creído.
Todos estos cambios no sólo no me molestan, sino que me gustan. Y me encanta estar fuerte, como si hubiera algún tipo de continuidad entre la mente y el cuerpo. Como si mis nuevos bíceps pudieran servirme para aguantar el peso del resto de la vida.
¿Hay moraleja? Siempre. Es la siguiente: vive como si no hubiera mañana y también como si no hubiera ayer. Como si haberte pasado la vida huyendo del deporte no te impidiera convertirte ahora en una guerrera de la roca. La existencia está llena de posibilidades sorprendentes y el mayor límite está en ti, en tu coco. Os lo digo mientras escribo con los antebrazos doloridos, desde el orgullo de mis agujetas, tocando alucinada mis bíceps bajo la piel de mis brazos.
Nota: La de los vídeos soy yo, obvio. Cuando aún era rubia. Son muy cortitos porque con la mierda del HD ocupan un montón y no puedo subirlos más largos. Pero así me veis escalar, que me hace ilusión. Y veis la espalda que estoy echando. Que yo antes no era así, de verdad: Elsa, MQEN, dad testimonio.
Nota para quien entienda de escalada básicamente IA: Es en San Bartolo, Bolonia, en el sector Mosaico, probando por primera vez "No es broma, es kanfor", 6a+. La pared es de arenisca y es una pasada, con cantos y regletas, pelín desplomada y muy bonita. ¡Y voy de primera! Aunque dejé las dos primeras cintas puestas porsiaca.


