massobreloslunes

jueves, 6 de enero de 2011

¿No es bonito pensar hoy...


... en todos los niños en sus camitas, cerrando fuerte los ojos para dormirse antes, con la ilusión de que vengan Los Reyes?

Por mi parte, esta tarde he ido al Carrefour y he comprado:
- Un roscón tamaño mínimo (¿un rosquín? xD).
- Un brik de chocolate a la taza.
- Un brillo de labios.
- Un exfoliante de vainilla y macadamia.
- Un pelapatatas.

He llegado a mi casa, me he tomado medio roscón y una taza de chocolate, he envuelto las demás cosas en papel de regalo y las he colocado en el sofá. Luego lo he espolvoreado todo con caramelos sin azúcar de regaliz y fresa.

Y que no se diga que la ilusión se pierde con la edad.

miércoles, 5 de enero de 2011

El mal capilar II: El Flequillo Venganza

Hoy he ido a la peluquería. Yupi por mí, que trabajo y me puedo permitir ir a la peluquería pija cada dos meses, en lugar de esperar a ahorrar lo suficiente mientras me convierto en un champiñón gigante. He vuelto a Llongueras y no sé por qué, después del episodio del mal capilar. Supongo que por perezón de buscar otra peluquería en Cádiz y por si me tocaba alguna peluquera que no fuera la Nazi Flequillil (En adelante, NF).

Obviamente, había tres peluqueras y me ha tocado la NF. La parte buena es que hoy estaba muy llena la peluquería y no me ha parecido que fuera una tapadera de un negocio de venta de drogas, como la vez anterior.

Yo hoy no estaba por hacerme mala sangre. La NF me ha dado el catálogo de peinados Llongueras, que me sé ya entero y que no sé para qué miro, si en general parece que a todas les hayan cortado el pelo de rapideo para mandarlas a la guillotina. En fin. Le he explicado a la NF más o menos lo mismo que la vez anterior, pero introduciendo una peligrosa innovación. Chachán.

- Nazi Flequillil, te explico: llevo como cinco años con el flequillo más o menos igual y querría innovar. Quiero probar con un flequillo inclinado. Tú sabes: la raya un poco al lado y una línea que descienda suavemente a lo largo de mi frente divina.

La idea que yo tenía en mi mente era más o menos así:


La próxima vez le llevo la foto.


- Claro, claro – ha contestado la NF en un tono sospechosamente sumiso.

Ha empezado a texturizarme la cabeza como una chalada, lo cual está guay, porque la última vez no me texturizó y tuve que texturizarme yo en casa con unas tijeras de cocina, que tiene huevos si has pagado treinta y cinco pavos para que te corten el pelo. Yo levantaba de vez en cuando la vista del Hola y me iba gustando el resultado.

[Inciso: yo no sé por qué la gente dice que ir a la peluquería le sube la moral. Personalmente, cada vez que paso más de cinco minutos leyendo una revista del corazón acabo deprimidísima porque Halle Berry me saca veinte años y está bastante más buena que yo, porque nunca tendré la cara de Natalie Portman y porque Carlota Casiraghi está de vacaciones en el Caribe mientras yo me caliento los pies con una bolsa de cereales. Fin del inciso.]

Y hemos llegado a la parte delicada. El flequillo. Me lo ha recortado levemente de forma inclinada y luego ha empezado a secarme.

- ¿Podrías dejarme el flequillo más corto?

- Sí, sí, lo miramos en seco.

Me tendría que haber callado, porque la asertividad en la peluquería, como ya expliqué, tiene una reserva limitada, y para qué desperdiciarla cuando el flequillo me lo pensaba mirar en seco. Me ha empezado a secar tirándome del pelo como si me odiara, pero el resultado molaba bastante y me he dejado hacer.

Entonces hemos llegado al flequillo. Me lo ha recortado un poco y me ha preguntado qué tal, en un derroche de humildad anormal en su especie.

- ¿Me lo podrías dejar más corto? - Ahora sí, asertividad: haz tu aparición.

Y aquí la cagamos. Porque en ese momento entra en acción el Flequillo Venganza (en adelante, FV). El FV se define como aquel flequillo que te dejan las peluqueras cuando el primero que te hicieron no te ha gustado. Es un rollo “con que no te gusta, ¿eh? Pues ahora te vas a cagar”.

Cuando me ha enseñado el resultado, me he dado cuenta de que tenía dos opciones.

1) Decirle que no me gustaba y arriesgarme a un flequillo aún más vengador. Un nivel de venganza muy superior, un Kill Bill de los flequillos. He temblado sólo de pensarlo.

2) Callarme como una perra e intentar arreglarlo en casa.

Obvio que he escogido la opción 2. Las otras peluqueras revoloteaban a mi alrededor diciéndome que había quedado divina de la muerte, y de hecho el resto del corte está bastante chulo. Supertexturizado. Sin embargo, el Flequillo Venganza... bueno, es muy vengador.

Así de vengador:



Por el amor de Dios, ¿qué coño es esto? ¿Por qué no hay dos pelos de la misma longitud? ¿Por qué es como si una rata furiosa me hubiera estado dando mordiscos en el flequillo?

Lo peor es que volveré.

Aunque sólo sea por tener temas para el blog.

martes, 4 de enero de 2011

Vicente, Psicólogo Interno Residente en... ANSIEDAD


NOTA 1: El programa no me dejaba poner las tildes, pero sabéis que yo sé ponerlas. Espero.
NOTA 2: A veces los pacientes llaman "doctor/a" a los psicólogos. Es un localismo pintoresco y no tiene nada que ver con la envidia de pene que los psicólogos sentimos hacia los médicos.

lunes, 3 de enero de 2011

Para Steve Jobs



Me quiero comprar una carcasa para mi Macbook. Fue idea de Luna, mi R externa que, además de fabulosa, es cuidadosa y dulce, y no le gusta que los objetos se estropeen. La carcasa es de color, así que protege y a la vez adorna, y deja pasar la luz evitando que el portátil se dañe.

Me pregunto si no podrían inventar algo parecido para el corazón. Algo que permita usarlo con confianza, sin miedo a que se raye, sin impedir que la luz lo atraviese.

Después pienso que quizá tendrían que empezar por inventar un iHeart. Un corazón blanco y bonito, eficiente y de diseño, con un montón de aplicaciones útiles y compatible con todo tipo de programas.

Que le durara mucho la batería e inmune a los virus.

Que no se quedara nunca colgado.

sábado, 1 de enero de 2011

Día D


Me despierto el día de año nuevo con restos de pintalabios rojo, la cabeza embotada y los pies fríos. En mi casa estamos solos mi perro y yo, y él lleva un rato a los pies de la cama, esperando a que me despierte para abrirle la puerta de la calle.

Me levanto de la cama porque me meo, mientras me pregunto cómo es posible tener resaca sin haber bebido una gota. Desayuno un poco de pan con queso y un vaso de vitamina C efervescente y me echo un neobrufén al coleto. Luego abro el grifo de la bañera. Feliz baño nuevo, pienso para mí, y me río sola, encantada de haberme conocido.

Mientras se llena la bañera toco un poco el piano, mirando mis dedos torpes de uñas rojas sobre el teclado polvoriento. Pobre piano desafinado y solitario. Me siento una mezcla entre espesa y paranoide mientras canturreo escalas y piso los pedales con los pies desnudos. Luego enciendo la chimenea con un tronco gigante y un montón de pastillas y echo unas cuantas ramas de romero que arranqué el otro día de un matojo. Romero romero. Que se vaya lo malo y entre lo bueno.

La bañera ya está llena, y yo transporto el portátil con cuidado, desafiando a la humedad y a la mala suerte. No sé qué voy a poner, pero sé que será Quique. Ayer por la noche, mientras mis amigas y yo jugábamos al Bang vestidas de vaqueras (unas más que otras), alguien dijo que tienes que empezar el año como quieres que sea el resto del tiempo, y al final, tu sabes, todo se reduce a Quique.

Así que barajo opciones. No quiero empezar un año Daiquiri. Es un buen disco para un baño, pero lleva demasiada tristeza .El Salitre me gusta mucho. Es muy Cádiz, muy viento de poniente y verano y olor a sal en el aire, pero justo por eso no me pega ponerlo aquí, en Málaga, lejos de la bahía y de la playa de la Caleta. En Ajuste de Cuentas hay demasiada gente, y no cabríamos todos en la inmensa soledad de la bañera. El Pájaros Mojados sería una buena elección. Sobre todo porque podría sentirme identificada con el primer tema y sus vientos cantando alegres a la resaca.

Luego llego al Kamikazes y algo cambia en mí, como la lucecita que se enciende detrás de mi cerebro falto de sueño. Como si una espada tocara hueso. Kamikazes enamorados no es mi canción favorita de Quique; creo que le falta estribillo. Pero me gusta el concepto. Me siento identificada con la imagen de una amante desquiciada en su particular avioneta en llamas. Sé que voy a estrellarme y no me importa. Después, claro está, así me va.

Así que dejo el Kamikazes y me meto en el agua, disolviendo las sales de baño entre los dedos y preguntándome por qué no hacen la suficiente espuma. Pensando que me gustaría sacar una foto de mis pies sobre el agua, el derecho apoyado en la rodilla izquierda y el otro al fondo, las uñas rojas brillando sobre la loza blanca. Pero ya basta de arriesgar aparatos eléctricos por hoy.

Y escucho a Quique el día de año nuevo, en mi casa solitaria, con el perro tumbado sobre la alfombrilla de ducha, sumergida en sales medio disueltas. Y pienso que a mi vida, como a la canción, a veces le falta estribillo, pero nunca deja de gustarme el concepto.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Mi propio post de despedida del año


Queridos lectores:

Estoy harto depresiva esta tarde. No sé si es porque se me acaban las vacaciones, porque no tengo ganas de salir esta noche o porque sé que a las doce no habrá nadie con quien besarme bajo el muérdago.

Aun así, no quería dejar pasar la oportunidad de publicar mi propio post de despedida findeañera.

2010 empezó fatal, admitámoslo. Quiero decir, que empezar empezar, empezó bien. En casa de J., bailando Mecano y haciéndonos regalos estúpidos, como un mechero con el dibujo de una langosta (yo) o un libro de "211 cosas que una chica lista debe saber" (él). Y no, señor K., ninguna de ellas es cómo hacer una buena mamada. Que nos conocemos.

Después me presenté al PIR y me salió muy bien. Pero resulta que un día de febrero, una semana después de ir a ver juntos una peli ñoña en San Valentín, mientras preparábamos arroz a la cubana y hablábamos de Emilio Aragón, J. me miró a los ojos y me dijo "Oye, ¿y si nos tomamos un descanso?", como quien propone irse a dar un paseo al parque del barrio.

A mí me sentó como una patada en el estómago. Estuvimos toda la tarde teniendo una de esas conversaciones angustiosas y eternas donde lo mismo lloras, que te ríes, que te besas, que te escupes metafóricamente hablando. Aquella noche dormí allí, y recuerdo la sensación de levantarme al baño y mirar todos los objetos que compartíamos, mi líquido de lentillas sobre el lavabo, las cabezas juntas de los cepillos de dientes, y saber con claridad que aquello se había acabado.

Desde entonces he tenido que aprender a vivir sin J. y ha sido difícil, porque estaba pegado a mí como una de esas calcomanías que salían en los bollicaos y que tienes que rascar mucho para quitarte del todo. Y que después te dejan la piel en carne viva.

2010 también ha sido el año en que El Artista Anteriormente Conocido Como Mi Mejor Amigo y yo dejamos de hablarnos, por razones que no vienen al caso y que tienen que ver mayoritariamente con la parte borderline de mi personalidad. Yo me arrepentí y él se mantuvo en sus trece hasta el día de hoy. Esa circunstancia me tiene el corazón roto por una esquina, con una herida profunda y vertical que, afortunadamente, hoy por hoy parece estar cicatrizando con salud y razonable limpieza.

Pero 2010 también ha sido un año de cosas buenas.

Ha sido el año en que, sin saber cómo, me vi en Madrid pulsando un botón que me destinaba cuatro años a la Ciudad del Viento. El año en que he aprendido la diferencia entre el levante y el poniente, me he comprado una silla para la playa y un paraguas recio que aguante la lluvia lateral. El año en que he aprendido lo que son la penita, la fatiguita y el llanto enmoresío.

Ha sido el año de mi primera nómina seria, chispas, y mi primera paga extra. El año en que, por primera vez, me senté frente a personas que me contaron que estaban tristes, ansiosos, que tenían miedo o que querían morirse. Personas que me han confiado secretos, me han dado las gracias, se han cabreado conmigo o se han sentido aliviadas de tener alguien que les escuche. He inventado tareas absurdas, he enseñado relajación sobre la mesa, he dibujado diez millones de autorregistros en medias cuartillas y me he peleado con Diraya, el sistema informático creado por el maligno para ser utilizado en el SAS.

Ha sido el año en que he empezado a vivir sola, y he sabido lo genial que es poder hacer lo que quiera en mi territorio, pero lo triste que es tener que llorar sola con las rodillas abrazadas y sabe que nadie va a venir, por fuertes que sean los sollozos. Pero lo genial que es irme a dormir sabiendo que tengo un techo sobre mi cabeza, y que mi techo lo pago yo, y que puedo ocupar toda la cama de matrimonio, y que nadie va a comerse los huevos de mi nevera, y que aunque me gustaría a veces que alguien cuidara de mi es un alivio saber que yo sola puedo hacerlo, y hacerlo muy bien.

También ha sido el año de conocer a personas que ahora no puedo imaginar fuera de mi vida. El año de comprar zapatos con Luna, de discutir sobre Lacan con Jesús, de intentar arreglar el mundo con José Luis, de pensar pacientes con Nacho. El año en que comprendí que tengo una profesión hermosa y terrible, y supe lo que es poder reunirse con personas que comparten la pasión por ella y dar vueltas a las veinte mil esquinas de los seres humanos.

He ido de camping, he viajado a Pamplona, he paseado por Cádiz escuchando a Quique González, tumbada en la playa de la caleta para contextualizar el Salitre. Me han robado el corazón unos cuantos chicos, y yo creo que no se lo he robado a nadie, pero podré vivir con ello. He meditado mucho (demasiado), y estoy intentando aprender cómo vivir esta cosa llamada vida con el menor dolor posible, propio y ajeno. He perdido el botón mental de la ficción, pero he empezado a escribir poesía.

Y he estado viva. Eso es bueno.

No voy a pensar propósitos. Siempre son los mismos. Escribir más, meditar más, hacer algo de deporte por el amor de Dios Marina que te vas a oxidar como un columpio viejo, ser buena persona, comer mucha verdura. Me paso la vida haciéndome este tipo de propósitos y me las apaño para cumplirlos intermitentemente.

Si me atreveré a formular algunos deseos.

Quiero que mi familia esté bien, quiero que mis amigos estén bien y quiero que mis pacientes estén bien.

Quiero divertirme, quedarme como estoy en el terreno laboral y mejorar un poco en el terreno literario.

Quiero que no le pase nada a mi rodilla izquierda que no se cure con un poco de natación. Que se me curen los ovarios poliquísticos. Que se vaya para siempre el Acné del Averno.

Y quiero alguien a quien querer y cuidar.

Feliz 2011. Que os traiga todo lo bueno que os merecéis por tener la paciencia de leerme. Gracias por visitar este rincón. No tenéis idea de lo mucho que significa para mí escribir aquí y de lo que me alegro de que lo compartáis. Los conocidos, los desconocidos, los que llegáis escribiendo cosas raras en google y después descubrís que os gusta. Mis 16 leales seguidores. Gracias a todos.

De nuevo:

Feliz 2011.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Perfeccionando lo simple III: Siesta invernal


Dormir la siesta es fabuloso. Dormir, en general, es fabuloso, pero la siesta tiene un componente de autoindulgencia decadente que me encanta. En plan "hale, paso de todo, a dormir durante el día que me sobra tiempo". Yo soy una siestera profesional desde los quince años, época en la que me acostaba en pijama y con las persianas bajadas un par de horas todos los días. Cuando me di cuenta de que se me estaba pasando la juventud, empecé a moderarme un poco y a perfeccionar el método. Actualmente creo que entiendo bastante de siesta, y es por eso que voy a compartir mi sabiduría con vosotros.

Esta entrada habla de la siesta invernal porque cada estación tiene una dinámica siestil completamente diferente. No vas a comparar sudar bajo el ventilador a acurrucarse bajo una mantita. Empezamos por el invierno, que es lo que pega ahora.

Para una buena siesta invernal hacen falta varios elementos:

1) La superficie siesteadora. Yo recomiendo un sofá. Si os acostáis en la cama, lo más probable es que durmáis más de la cuenta, y a no ser que seáis profesionales de la siesta, como una servidora, dormir mucho os sentará mal. Aunque esto no es la panacea para el despertar. En segundo de carrera tuve una fase con verdaderos problemas para levantarme de la siesta y empecé a cambiar de superficie para ver si la incomodidad lo solucionaba. Acabé echándome siestas de dos horas sentada en un sillón (verídico).

La foto que encabeza el post es mi sofá de siestear. El mejor sofá que he tenido ever. Pongo la almohada en la parte del chaise longue y me quedo traspuesta. Y sí, mi nevera está al lado del sofá.

2) El soporte de cabeza. Personalmente no puedo con los cojines. Por muy suaves que sean, nunca jamás podrán competir con la suave y fresca tela de la almohada acariciando tu rostro. Así que no seas vago/a. Levántate, ve a por tu almohada y acóplala en tu sofá de siestear.

3) La mantita. Ah, la mantita. Para una buena siesta invernal hay que encontrar una que sea a la vez cálida y ligera, suave y sin pelusas, práctica y cubriente. A mí me gustan las mantas largas, que no se me salgan los pies por abajo. Esto es fácil, porque soy tan bajita que durante un tiempo tuve miedo de ser enana, así que para mí casi cualquier manta es una manta larga.

4) La fuente de calor. Os preguntaréis por qué hace falta una fuente de calor si ya tenemos la mantita. A ver, esto que voy a explicar a lo mejor sólo me pasa a mí, pero sed clementes. El caso es que mis casas, la de Cádiz y la de Málaga, no tienen calefacción. En la de Málaga, concretamente, hace casi más frío que en la calle. Es decir, que la mantita no es suficiente. Y paso de echarme la siesta con edredón, porque entonces sí que no hay quien se levante. Conclusión: hace falta una fuente de calor adicional.

Si vivís en casas maravillosas con calefacción central y suelo radiante, que sepáis que os tengo envidia de la mala, pero que os doy permiso para omitir la FCA (Fuente de Calor Adicional).

Si, como yo, vivís en un sitio "con clima cálido" donde "la calefacción no merece la pena" (silbido de odio entre mis dientes), aquí tenéis varias opciones para la FCA.

- La chimenea: fabuloso si tienes una cerca y no te da perezón encenderla. En mi casa de Málaga utilizamos mucho la chimenea y es un entorno ideal para el siesteo: atmósfera acogedora y temperatura buena. Además, una se siente un poco como en una peli americana, todo bucolismo y galletas hechas en casa. También mola el sexo de chimenea, pero lamentablemente hace mucho que no lo practico.

- El brasero. Dicen que cuando Dios cierra una puerta abre una ventana. Cuando en Andalucía se cierran las puertas de la calefacción central, Dios abre la ventana del brasero. Hace un tiempo fantaseaba con inventar un brasero portátil, algo así como una mesa camilla unipersonal alrededor de la cintura que pudiera llevar durante el invierno. De lo contrario el brasero de tu casa te atrapará y te invalidará para llevar a cabo actividades útiles, como fregar los platos o ir al baño, y acabarás sondada en tu sofá viendo Sálvame con tal de no alejarte de su acogedor calorcito, mientras las ratas procrean en tu fregadero.

- Otra persona. Esto puede parecer lo ideal, pero ¡ojo! No es tan fácil encontrar compañía para siestear. El maromo (o la maroma) en sí tiene que ser gustoso, acoplable, con buen olor y que no se mueva mucho al dormir. Si encontráis uno así, guay. Si no, cada uno por su lado, tú en la cama y yo al sofá con la almohada, y aquí paz y después gloria.

Una cosa buena que tienen las personas como FCA es que puedes tener sexo sandwich (siesta-sexo-siesta).

- Si no tenéis ninguna de estas opciones disponibles, como me pasa a mí en Cádiz, ¡tranquilos! Voy a hablaros de un invento que sacudirá vuestras existencias y las cambiará para siempre:


Calentad la bolsita y ponedla en vuestros pies/regazo/al lado imitando el calor de vuestra no-pareja. ¿Quién necesita a otros seres teniendo este invento maravilloso? Dios creó el brasero, luego creó la bolsita de cereales y luego las repartió por Natura y los mercadillos del mundo. Id a comprar una ahora.

5) Las provisiones. Hay dos elementos clave en este apartado. Uno es el agua. De la siesta invernal te levantarás con una sed del Averno, y el trayecto entre tu cálida mantita con FCA y el grifo se te hará insoportable. El otro es el chocolate o, en su defecto, algo dulce. ¿Por qué se levanta uno de la siesta con ansias de dulce? No lo sé, pero como decía un amigo de mis padres, "las neurosis hay que culminarlas", así que date ese capricho. Si estás a dieta, puedes hacerte una infusión. O chupar sacarina, ya como veas.

Ok. Ya lo tenemos todo. Ahora viene un elemento clave: el tiempo. ¿Cuánto es lo adecuado?

Hagamos aquí una breve aclaración. ¿De qué tipo de siesta estamos hablando?

- Siesta de diario. Estás cansado del curro pero tienes que seguir haciendo cosas. No puedes dejarte ir demasiado, entre otras cosas porque si no esta noche no habrá quien te acueste y el círculo vicioso de falta de sueño se repetirá. Esta siesta debe durar unos 25 minutos, aprox. Es la típica siesta que todo el mundo alaba como la siesta perfecta, la que mejora el corazón, la tensión y el apetito sexual, pero que se dejen de rollos. Para mí una buena siesta dura dos horas, punto; el resto es un querer y no poder. Pero estas siestas pueden estar muy bien si se trabajan de forma adecuada.

- Siesta de viernes: estás reventado después de toda la semana y quieres mandar al mundo a tomar por culo y olvidarte de tu triste existencia. Esta siesta te la puedes permitir más larga. Una hora y media no está nada mal.

NOTA: Yo personalmente NO PUEDO dormir una hora. O duermo media o duermo una y media. No sé por qué; debe de ser por las fases del sueño o algo así. No obstante, cada cuerpo es un mundo, así que probad con una hora y me contáis qué tal.

- Siesta DHD o Dormir Hasta que Duela: Has ido a trabajar de empalmada, o tus vecinos tienen un bebé que no te ha dejado dormir, o te ha bajado la regla y pasas de todo. Ok. No pongas despertador, acóplate a dormir y despiértate de noche, con dos cojones. Te sentirás mejor, o tan mal que no te quedará más remedio que ponerte las pilas y salir de tu bucle de autocompasión.

Una vez decidida la duración, colocaremos algún dispositivo electrónico fuera de nuestro alcance. ¿Cómo de fuera? Pues depende. Yo me lo pongo alejado, pero no tanto como para tener que salir de debajo de la mantita-FCA, porque si lo hago así soy capaz de dejarlo sonar hasta que pare con tal de no levantarme.

Después adoptaremos la posición de siestear. En mi caso, de lado y con la mano bajo el moflete, como los niños chicos. Aquí es donde la siesta alcanza su máximo de placer. Esos momentos en los que el tiempo se detiene, han acabado las obligaciones de la mañana y no han empezado aún las de la tarde, y puedes relajarte, dejarte ir y parar un poco tu mundo.

Ahora piensa en cosas bonitas. Algunas sugerencias son:
- Piensa en el chico que te gusta. Si no tienes ninguno, te lo inventas.
- Recuerda viajes con tus amigos.
- Imagina la playa en verano. Imagínate tumbado, sin nada que hacer, escuchando las olas y las voces lejanas de los niños. Por favor, imagina algo idílico, rollo playa hippie de Formentera, y no la Caleta en agosto.
- Recita poesía de memoria. Despacito.

Y bueno, podría decir más cosas sobre la siesta, pero este post me está quedando obscenamente largo y creo que como inicio a una Siesta Invernal Perfecta no está nada mal.